Volviendo a nuestras raíces: la palabra oral que se hace memoria escrita

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Por Mónica Alejandra Puleri Campos(*)

 

Agosto nos convoca desde el pulso más profundo de la tierra.

Este primer día del mes no es una fecha cualquiera en el calendario de nuestras raíces: marca el inicio de nuestro nuevo año cultural y ancestral. Es tiempo de siembra, de apertura y de renovación.

Por eso, no hay mejor momento que este amanecer de nuestro ciclo para abrir formalmente este espacio en el diario, emprendiendo un camino que también nos conducirá a septiembre, mes en el que honramos la memoria inquebrantable de la mujer indígena y el legado de Bartolina Sisa.

Este rincón, que hemos decidido bautizar «Volviendo a nuestras raíces», nace con un propósito claro: hacer pública la memoria resguardada, democratizar los saberes transmitidos en la intimidad del hogar y romper el cerco de un silencio que se extendió durante siglos.

A diferencia de otros pueblos de nuestra América, que dejaron su huella grabada en piedras, telares o complejos sistemas de nudos, nuestros pueblos originarios —el pueblo Charrúa y el pueblo Guenoa— confiaron su tesoro más preciado al viento y a la voz humana.

La transmisión oral fue nuestro refugio y la forma de preservar nuestra identidad. Sin embargo, esa misma oralidad, resguardada celosamente en el ámbito de lo privado, también implicó un enorme riesgo: el peligro del olvido, de la dispersión o de las miradas ajenas que pretendieron dar por extinguida nuestra cultura.

Hoy, como clan de mujeres, como Clan Rúa La-at, tomamos la decisión consciente y política de abrir ese camino que durante generaciones permaneció resguardado. Sentimos que ha llegado el momento.

La memoria oral que recibí de los labios de mi abuela —esas historias, relatos y cosmovisiones que latieron al calor del hogar— no puede seguir siendo un secreto de unos pocos. Guardar lo transmitido sin compartirlo es permitir que la sombra del silencio siga ganando terreno; plasmarlo en la palabra escrita es sembrarlo en el territorio para que eche raíces en las generaciones presentes y futuras.

Escribir estas líneas no significa traicionar la tradición oral, sino protegerla. Es transformar el relato susurrado en un testimonio perdurable, para que la voz de quienes nos precedieron continúe viva y siga encontrando nuevos oídos y nuevos corazones.

Con esta primera entrega, que inaugura nuestro año ancestral, nos encontraremos una vez al mes para recorrer juntos las historias, leyendas, vivencias y sentires de los pueblos Charrúa y Guenoa.

Invito a las lectoras y los lectores a acompañarnos en este viaje por la memoria viva de nuestra tierra, a escuchar las voces de nuestras abuelas, que hoy se vuelven tinta, y a recordar que nuestra historia no pertenece únicamente al pasado: vive en el presente y camina con nosotros hacia el futuro.

 

(*) Mónica Alejandra Puleri Campos es referente del clan Rúa La-at Charrúa, de Migues-Canelones

Foto de Portada: Obra de Miguel Angel Olivera Prieto “Aún la luna”

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