Fidel: Primera Estrategia de Desarrollo y Liberación Nacional

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Por Gabriela Cultelli (*)

Dibujo, Michel Moro Gómez. (**)

 

Bien vale la pena rescatar hoy aquel primer programa de desarrollo expuesto en su defensa cuando del juicio por el asalto al cuartel Moncada. El programa se expresó a través de 5 medidas clave y otros 6 puntos, que luego se difundieron en Cuba como programa revolucionario, y en el mundo después.

No se trata de un análisis histórico muerto en el tiempo (como si alguno lo fuera), se trata de transponer y dinamizar propuestas liberadoras que, a 73 años de aquella gesta, siguen resultando válidas para el hoy de la Patria Grande y vastas regiones del mundo pobre que parecen en peligro de extinción, como el mismo Fidel dijera en la conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente, Río de Janeiro 1992:

Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre.

Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo (…) La solución no puede ser impedir el desarrollo a los que más lo necesitan. Lo real es que todo lo que contribuya hoy al subdesarrollo y la pobreza constituye una violación flagrante de la ecología. Decenas de millones de hombres, mujeres y niños mueren cada año en el Tercer Mundo a consecuencia de esto, más que en cada una de las dos guerras mundiales. El intercambio desigual, el proteccionismo y la deuda externa agreden la ecología y propician la destrucción del medio ambiente. (…) Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta.” En definitiva, de eso también se trataba aquel primer programa (Distribución de la riqueza, desarrollo inclusivo), en principio a nivel nacional, pero con una propuesta que lo amplificaba a nivel regional y mundial.

Aquel alegato histórico, como destacó años más tarde el propio Fidel, constó de 3 partes. La primera, destinada a denunciar los salvajes crímenes cometidos por la dictadura batistiana; la segunda, sobre la necesidad de emprender esos caminos de lucha; y la tercera, tras un análisis de la coyuntura cubana de aquellos años, propone un programa de acciones para el cambio, en principio no socialista como tal, pero sí socializante. En esta última nos detendremos, buscando su importancia para el hoy.

Fidel: Desarrollo inclusivo en el programa del Moncada

Los modelos de desarrollo en tanto que económicos son sustancialmente sociales, su potencialidad o no, depende de las fuerzas que pueden llevarlos adelante. Fuerzas dinámicas y cambiantes, con una correlación variable en los distintos momentos y sobre las cuales actuamos, determinando las corrientes de pensamiento, fuerzas que, a su vez, están determinadas por la base material de su existencia.

De allí que lo primero que surge en La historia me absolverá, en esta tercera parte, es el concepto de Pueblo, donde se descartan a los “…sectores acomodados y conservadores de la nación, a los que viene bien cualquier régimen de opresión, cualquier dictadura, cualquier despotismo, postrándose ante el amo de turno hasta romperse la frente contra el suelo…”, pasando luego a la descripción de esa “masa irredenta”, como los desempleados, obreros del campo, de la industria, agricultores pequeños, maestros y profesores, pequeños comerciantes, profesionales. No parece muy diferente en esencia a la que hoy constituye la fuerza de cambio en nuestra región, pero sí distinta en sus formas y, sobre todo, en sentirse sujeto de los cambios en momentos en que la derecha avanza en todo el continente. La identificación de estas fuerzas con las cuales podrá o no construirse un modelo de desarrollo alternativo, constituye un aporte sustancial al análisis hoy, y no tomarse en cuenta en ciertos y sesudos análisis del “deber ser” poco aporta a la conciencia posible o real de nuestros tiempos.

Y así, la primera ley anunciada es precisamente cumplir la ley, y valga la redundancia, o sea, hacer valer la Constitución, que, entre otras cosas, por ejemplo, en varios de nuestros países, queda establecido en el papel que nuestras repúblicas serán libres e independientes de todo poder extranjero, asegurando, asimismo y nuevamente solo a nivel de expresión, la supremacía del interés general sobre el individual, estableciendo, en todo caso de igual forma, un modelo jurídico de igualdad.

Continúa esa primera ley con cambios institucionales necesarios, tales como la transformación del Poder Judicial, a los efectos de asegurar lo primero, pero los comentarios aquí sobran: ¡qué lejos y a la vez qué necesario resulta en muchos de nuestros países! De hecho, la concreción de esta necesidad nos devuelve a la primera característica mencionada para la construcción de un modelo alternativo de desarrollo, o sea, a la capacidad transformadora de la fuerza social de los cambios.

La segunda ley explícita en “La historia que me absolverá”, es la ley de Reforma Agraria, donde se ha avanzado poco en la región, y el propio desarrollo capitalista y la desprotección o protección pública insuficiente, en los casos en que se ha podido avanzar, han hecho retroceder, con poco acompañamiento a las formas cooperativas y/o comunales que podrían elevar la productividad de manera sustentable. La transnacionalización de la tierra hoy no solo se configura como un atentado directo a la soberanía, sino que es uno de los elementos que ponen en peligro nuestra propia existencia, o como decía en la década de los 90 Fidel Castro en el discurso citado: “Los bosques desaparecen, los desiertos se extienden, miles de millones de toneladas de tierra fértil van a parar cada año al mar. Numerosas especies se extinguen. La presión poblacional y la pobreza conducen a esfuerzos desesperados para sobrevivir aun a costa de la naturaleza”. ¿Qué formas buscar en cada caso? Diferentes, sin dudas, no solo lo demostró Uruguay en los 15 años de gobiernos frenteamplistas; el caso de Bolivia fue singular también, aunque en ninguno de estos superamos el avance transnacional, y está claro que no basta solo con aprender de las experiencias pasadas, volviendo otra vez a la cuestión de la correlación de fuerzas ya expresada.

La tercera ley, también de carácter distributivo, en este caso relativa a la posibilidad de otorgar participación en las ganancias industriales a quienes las crean, a los trabajadores, se ha planteado en diversas oportunidades y formas desde el mismo movimiento obrero, muy poco tenida en cuenta en la región. Lo expuesto no implica que, en términos de ajustes salariales y consejos de salario mediantes, sí se haya logrado una mayor participación en la masa total de los valores creados observados en la distribución del PBI en ciertos períodos y momentos históricos. En todo caso, siempre atado a la conflictividad social y a esa correlación ya mencionada de fuerzas sociales que, repetimos, hace tan importante su identificación concreta. La cuarta ley era otra relativa a la distribución del producto del trabajo, en este caso en relación con los pequeños arrendatarios de tierras.

La quinta es una ley anticorrupción, en tanto que confiscación de bienes mal habidos, constituyendo, en el caso de Cuba de 1953, una fuente para las cajas de retiro y financiamiento de hospitales y otros servicios públicos. Más allá de este particular, el estudio y la búsqueda de las fuentes de financiamiento para la seguridad social resultan siempre una base indiscutible de cualquier modelo de desarrollo inclusivo, muchas veces trastocándose en ahorros o ingresos impositivos que implican otra suerte de distribución, en este caso de los ingresos, una forma de riqueza.

El corolario de las medidas es la aclaración pertinente de integración latinoamericana expresada en la solidaridad: “la política cubana en América sería de estrecha solidaridad con los pueblos democráticos del continente y que los perseguidos políticos de las sangrientas tiranías que oprimen a naciones hermanas, encontrarían en la patria de Martí, no como hoy, persecución, hambre y traición, sino asilo generoso, hermandad y pan”.

Sustentando su realización en las fuerzas populares que lo levanten, o como él lo expresaba: “A ese pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: `Te vamos a dar`, sino: `¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!`”; En términos generales, el modelo quedaría sustanciado en los siguientes ejes

 

  • Cambios institucionales requeridos
  • Distribución de los ingresos y la riqueza
  • Especial mención a la solidaridad de los pueblos del continente
  • Con políticas que alimentaban ese plan de desarrollo tales como un importante proceso de industrialización, sustanciado en la diversificación de la producción y las exportaciones, sin la cual parece difícil cerrar brechas de desarrollo-subdesarrollo, ni resolver problemas estructurales de empleo e ingresos de la población.
  • Se suman otros puntos centrales más donde vuelve a la necesidad de profundizar sobre los problemas de tenencia y extranjerización de la tierra, los servicios públicos (producción de electricidad y comunicaciones), así como profundos desarrollos en los sistemas de educación, salud y vivienda.

 

Parece tan vivo y reciente en el año de su centenario.

Aquí, en su propio continente, Fidel aparece tan vivo en cada discusión programática de las fuerzas políticas y sociales que de una u otra manera resultan expresión de la organización posible o existente de ese pueblo que él conceptualizara, y que configura la base y la cima de toda política transformadora como alianza de clase posible para el desarrollo sostenible y soberano, aun en tiempos de hoy y venideros.

No son discursos “viejos” o pasados de moda, se trata de discursos que atienden a trabas que, cambiadas las formas, siguen hoy presentes y/o latentes. La perspectiva liberadora de fondo y los elementos metodológicos que sustentan esta estrategia de desarrollo inclusiva plasmada en “La historia me absolverá”, dejaron ya de ser un papel frío de la historia, para volverse reflexión permanente de todo lo que nos falta por andar y delinear como rumbos.

(publicado en REDH Cuba)

 

 

(*) Gabriela Cultelli, Economista, asesora, investigadora y docente uruguaya. Co- directora de este medio de prensa alternativo, MateAmargo, Coordinadora del capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad y del colectivo feminista de la REDH «Libertadoras».

(**) Michel Moro Gómez MORO. Cuba. Ciego de Ávila. 1988. Graduado de Conservación y Restauración de la Universidad de las Artes en 2016. Ha realizado seis exposiciones personales y participado en importantes muestras colectivas nacionales e internacionales. Es colaborador habitual de varias publicaciones en Cuba y sus dibujos editoriales han aparecido en medios de varios países como Brasil, Irán y Estados Unidos. Ha obtenido más de 40 premios internacionales como el Primer Premio en la categoría gag en el World Press Cartoon 2022 (Portugal), Primer Premio en la 3rd Niko Nikolla International Cartoon Biennial, 2024 (Albania) y Primer Premio en II Salón del Humor LEA_ Festival, 2025 (Atenas). Ha ilustrado seis libros en España y participado en varias compilaciones en Cuba y otras naciones. Ha colaborado con el cine de animación. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

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