Patrimonio y reconocimiento indígena

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 Martín G. Delgado Cultelli (*)

 

El 25 de setiembre, en una sala llena de Presidencia de la República, se realizó el lanzamiento oficial que la temática del Día del Patrimonio de este año, que sería “Raíces Indígenas: pasado, presente y futuro”, un anuncio muy esperado por las comunidades indígenas del país. En el acto oficial, las autoridades competentes, hablaron de que esta era una forma de reconocer a las comunidades indígenas del país, las cuales en conjunto con las poblaciones criollas, afrodescendientes y migrantes europeas ayudaron a conformar al Uruguay contemporáneo. Si bien debería ser algo básico concebir a los pueblos originarios como uno de los actores centrales en la conformación demográfica y cultural del país, parece que es necesario explicarlo. Y en ese sentido este año del patrimonio, 3 y 4 de octubre, adquiere una dimensión mucho más trascendental que la de otros años.

Parece una obviedad, pero es necesario recordar que nuestro país cuenta con una presencia humana ininterrumpida desde hace más de 12000 años. Estamos hablando de más de 600 generaciones de personas que vivieron, amaron, sufrieron y gozaron en estas tierras. Los estudios genéricos han demostrado que muchos linajes indígenas contemporáneos se remontan a la época del poblamiento[1], lo cual habla de la dimensión trascendental de la presencia originaria en el país. En esos miles de años de habitar este territorio se fueron generando una diversidad de formas de vida que quedaron plasmadas en los diversos etilos de cerámica, en los diversos estilos de artefactos líticos (de piedra), en los “Cerritos de Indios”, en los cairnes o chenques (construcciones en piedra en las zonas serranas), en las pinturas rupestres y petroglifos y en la diversidad de semillas nativas de maíz, zapallo y poroto que se siguen cultivando en el país.

El hecho de que la mayoría de lxs uruguayxs no conozca ni a los Cerritos de Indios del Este, los cairnes de las Cuchillas, las pinturas rupestres o la diversidad de cultigenos de origen indígena que se siguen utilizando, es prueba de la brutal política de borramiento cultural que sufrieron nuestros pueblos. Que la gente conozca más a Stonehenge, el Partenón, Machu Pichu o Chichen Itza es un ejemplo de genocidio cultural ininterrumpido desde la llegada de los europeos hace 500 años hasta la actualidad.

Este borramiento radical, también se puede ver en las proyecciones de extranjerización permanente que hace una parte de la sociedad hacia los pueblos que ancestralmente habitaron esta región. Estamos hablando del clásico discurso de que los charrúas eran “argentinos” o que los guaraníes son “paraguayos”. En ese sentido es importante recordar que los Estados contemporáneos de Uruguay, Argentina y Paraguay son invenciones de los últimos 200 años y cuyas fronteras contemporáneas, son incluso más recientes en el tiempo. Pero cuando hablamos de las identidades de charrúas, guaraníes y otros grupos indígenas, estamos hablando de pueblos con una presencia mucho más antigua que la de los Estados nacionales modernos y cuya territorialidad es muy distinta a la de las actuales fronteras estatales. No existe un “indio nacional”, existen pueblos preexistentes a los Estados y cuya territorialidad sobrepasa la de los Estados.

Es importante mencionar que la primera mención al etnónimo charrúa aparece ya en 1526, en la zona del actual departamento de Colonia, por el explorador español Diego García (Rodríguez et al, 2026). Es bueno recordar también que al momento de la llegada de los europeos en el siglo XVI había dos grandes grupos etnolingüísticos. Por un lado, el de la familia lingüística charrúa, que involucraba a los charrúas propiamente dichos, a los guenoa o minuanes, a los chaná y chaná-timbú (Jaime y Viegas Barrios, 2013). Por el otro lado estaba la familia tupí-guaraní, que englobaba a los carios, a los tapés y a los mbya. Sobre los bohanes, podemos especular que eran parte de los charrúas porque siempre estaban junto a estos. Sobre los arachanes sabemos que no era guaraní-parlantes, pero no tenemos idea de que lengua hablaban, lo mismo pasa con los yaros. Estos son los efectos del colonialismo y el borramiento cultural, sabemos de estas gentes que vivieron aquí, pero no sabemos ni que lengua hablaban. Las formas de vida que predominaban eran las estructuras tribales comunitarias de cazadores-recolectores y agricultores incipientes. Ya con la introducción del ganado en el siglo XVII, muchos de estos pueblos se volvieron nómades pastores. Los primeros rodeos de ganado en estas tierras fueron los hechos por los indígenas.

A pesar de las campañas militares genocidas, primero de los imperios coloniales europeos, luego de los ejércitos republicanos criollos, la herencia indígena siguió subsistiendo en la población. Más del 30% de la población del país tiene ascendencia indígena por vía materna, siendo en el norte del país más del 50% de la población. O sea, no se puede entender la conformación del norte, sin entender a los pueblos originarios.

Pero la presencia indígena no solo está en el ADN, documentos históricos o en sitios arqueológicos, en los últimos 40 años ha emergido todo un movimiento indígena. Toda una diversidad de comunidades, agrupaciones y clanes familiares se han organizado para recuperar la memoria de sus ancestros y reclamar los derechos que históricamente el Estado ha negado. En casi todos los departamentos del país hay alguna comunidad, agrupación o familia que se organiza como indígena y realiza un activismo. El CONACHA ha sido una de las organizaciones más grande y más importante en todo este proceso de revitalización cultural y activismo. Si hoy en día celebramos el patrimonio indígena es porque hubo un movimiento que le reclamo al Estado y puso el tema en la agenda pública. Esa es la Resurgencia Indígena del Uruguay. Y pensar el Uruguay, es pensar como el país se va a relacionar con dichos pueblos, a través del reconocimiento de derechos o a través del negacionismo y el genocidio cultural.

(*) Martín G. Delgado Cultelli, militante charrúa y del movimiento Indígena latinoamericano. Experto en Pueblos Indígenas, Derechos Humanos y Cooperación Internacional, Universidad Carlos III de Madrid.

Bibliografía:

Jaime, B. W. O., y Viegas Barros, J. P. (2013). La lengua chaná: Patrimonio cultural de Entre Ríos. Editorial de Entre Ríos.

Rodríguez, M. E. et al. (2025). Trayectorias de la invisibilización charrúa: De las tolderías y el malón a la vida moderna en las ciudades y campos uruguayos. En M. A. Bartolomé y A. M. Barabas (Eds.), Procesos de Etnogénesis en América Latina (pp. 125-172). Fondo de Cultura Económica / Instituto Nacional de Antropología e Historia

[1] Serie Linajes, FHUCE, ver:

(consultado 19/6/2026)

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