Por economiapolitica.uy *
Dibujo de Adán Iglesias Toledo **
El componente principal que explica que al primer semestre de 2026 la actividad económica continuara estancada ha sido el comercio exterior, especialmente en lo que hace al incremento incesante de las importaciones, que como parte de la oferta de bienes y servicios hacia el mercado interno le resta al PIB (Producto Interno Bruto). Por otro lado, la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) en su más reciente publicación[i] detalla la expansión del comercio internacional, pese a la crítica coyuntura internacional, a la vez que este se reconfigura en torno a la producción y comercio de los “servicios modernos”, como le denomina, con énfasis en los servicios digitales. Los sectores de la producción material no crecieron en dicho período, y las exportaciones asociadas tampoco, por lo que Uruguay se acopla a este contexto internacional en la producción y exportación de servicios globales (informáticos, consultorías, software, finanzas).
En efecto, el abastecimiento de la demanda interna nacional está cada vez más anclado en la oferta de bienes y servicios provenientes del exterior, esto es, en las importaciones. De acuerdo con las cuentas nacionales del BCU (Banco Central del Uruguay) a junio de 2026 (2º. Trimestre), los valores anualizados de las importaciones crecieron casi 6% con respecto a los de un año atrás, impulsando a la oferta total en + 1,9%. A la par entonces, los bienes y servicios nacionales quedaron rezagados y perdieron participación en el consumo interno. Este es un proceso que se viene procesando post pandemia, desde 2021, cuando se recupera la economía, y luego con la puesta en práctica de una agresiva política antiinflacionaria basada en valorizar la moneda nacional a través de la tasa de interés, que abarató las importaciones a través del conocido “dólar barato”. De esta manera las importaciones de bienes duraderos, especialmente electrodomésticos e informáticos, se dispararon: a junio de este año las importaciones de automotores crecieron 26% y la de bienes duraderos 19% respecto al mismo período de 2025.

La CEPAL ubica el momento histórico del comercio internacional en un nuevo panorama marcado por las tensiones geopolíticas y la competencia por el liderazgo en el ámbito de las tecnologías avanzadas, en particular la inteligencia artificial (IA), que reconfiguran el comercio, pero además, y para nuestra región tal vez lo más importante, elevando el valor estratégico de las infraestructuras logísticas, de la transición energética y de la disponibilidad de los minerales críticos.
Pese a este contexto inestable, el comercio internacional de bienes se ha mantenido dinámico, creciendo más de un 5% en el primer semestre 2026, y el de servicios lo hizo a una tasa superior, liderado por “los servicios modernos vinculados a las tecnologías digitales, la IA, los servicios empresariales y las actividades intensivas en conocimiento”. Así las cosas, América Latina y el Caribe han mostrado flujos comerciales en ascenso en lo que va de 2026, aumentando un 18% las exportaciones y 13% las importaciones. En este plano, nuestro país se desajusta con exportaciones estancadas e importaciones en alza. Es que el principal impulso para el continente provino de la suba en los precios de los minerales y metales, bienes que no se encuentran en nuestra canasta exportadora. Por ello, cuando la CEPAL proyecta situaciones favorables en las exportaciones para 28 de los 33 países que componen la región, Uruguay queda relegado a las últimas posiciones.

Sin duda la región se está beneficiando de un proceso que revaloriza sus recursos naturales, pero, advierte la CEPAL, la cuestión principal no consiste en exportar lo más que podamos de materias primas, insumos energéticos y alimentos, “sino también aprovechar estos recursos para impulsar actividades con mayor valor agregado, y ligadas a la innovación y el desarrollo tecnológico” a la par que se avanza en la inserción internacional, creando sus propias cadenas de valor, a través de “mayores flujos de comercio, inversión, tecnología y cooperación productiva”.
La región podría resistir de mejor manera al contexto internacional fraguado por una profunda (¿final?) crisis del capitalismo en su fase imperialista, renovando su integración mediante el fortalecimiento de la infraestructura y la logística común, la convergencia regulatoria y las cadenas regionales de valor, facilitando el comercio en esta coyuntura comercial favorable. ¿Dará el actual contexto político para esto? Se ha conformado una mayoría de gobiernos derechistas, aliados de la renovada política de subordinación que promueve el presidente Trump, que han inmovilizado las instituciones del progresismo anterior – CELAC, UNASUR – a la vez que fomentan los acuerdos bilaterales, especialmente con EEUU. El triunfo de Lula da Silva en Brasil detuvo la ola reaccionaria en el continente, y siembra esperanzas para revertirla.
La CEPAL, que promovió activamente la industrialización del continente en el siglo XX, advierte ahora sobre el nuevo paradigma que busca reproducir las estrategias basadas exclusivamente en la manufactura orientada a la exportación, con el riesgo evidente de generar “enclaves altamente productivos e integrados internacionalmente, pero con una capacidad limitada para absorber el grueso de la fuerza laboral”. Efectivamente, si observamos en Uruguay, el empleo en la industria (manufacturas, energía y construcción) descendió de representar el 21% de la población ocupada en 2011 al 17% en el primer semestre de 2026 (una pérdida de 50 mil puestos de trabajo), pese al gran volumen de inversión extranjera que se dio en el período. Por su parte, el sector servicios (excluyendo la administración pública), remontó su importancia en la generación de empleo desde un 67% en 2011 al 75% de la población ocupada en 2026[ii], esto es más de 200 mil nuevos puestos de trabajo.
La revolución en las tecnologías digitales y en las comunicaciones ha transformado a las actividades productoras de servicios al punto que abandonando los límites fronterizos se han trasformado en bienes transables internacionalmente. Compartimos con los investigadores de la CEPAL, que esto “no supone sustituir una estrategia de industrialización por otra basada exclusivamente en los servicios”, sino que además se proyecten sobre el amplísimo horizonte productivo industrial y agropecuario para ampliar la productividad y la remuneración de la fuerza de trabajo nacional allí ocupada. Hay aquí también un sesgo muy pronunciado en el destino del producto, fundamentalmente en la exportación, y en competitividades muchas veces basadas en la localización en zonas francas, lo cual aísla sus innovaciones del resto del aparato productivo.
Como hemos visto ya en otros artículos, le generación reciente de empleo se ha localizado en muy buena medida en las actividades productoras de servicios, y también hemos comprobado como desde allí también se ha impulsado el crecimiento del salario real en virtud de las mejores remuneraciones a las que acceden sus trabajadores. Sin duda que una estrategia basada en la expansión de los “servicios modernos”, como se define al conjunto del software, ingeniería, logística, diseño, servicios financieros, investigación y gestión de datos, demandará trabajadores altamente calificados lo cual pueda “llevar a una distribución desigual de sus beneficios entre distintos grupos de ingreso y territorios”. Por ello la importancia de los encadenamientos productivos, en los que estos servicios modernos distribuyan ganancias de productividad al resto.

Otro es el panorama regional en el comercio de servicios. Las proyecciones realizadas por la CEPAL para las exportaciones de servicios ubican a Uruguay en el grupo de avanzada, previendo para nuestro país un crecimiento de 13% para el año 2026, por encima del promedio general, que registraría una variación de 11%, y también del MERCOSUR (12%). Delante de nuestro país se ubican cuatro países con muy fuerte incidencia del turismo, lo cual eleva la importancia de los “servicios modernos”, que al primer trimestre de este año totalizaron exportaciones por un valor de 4.343 millones de dólares[iii], acumulados en los últimos doce meses (año móvil), que representa un 57% del valor total exportado en servicios, y 18% del total de las exportaciones en dicho período. Esto es resultado de una evolución muy importante desde 2005, como lo señala la propia Comisión: “en promedio, los países que registraron mayor crecimiento anual (en servicios modernos) entre 2005 y 2024 fueron el Uruguay (16,1%) y Costa Rica (15,5%), seguidos de Colombia (13,4%), Nicaragua (13,1%) y la República Dominicana (12,9%)”.
Las diferencias entre países en torno a este fenómeno de los servicios modernos parecen apuntar a las estrategias de políticas públicas. Aparte de las políticas de subsidios, financiamiento y de ubicación de emprendimientos y empresas en zonas francas, sin duda las fortalezas digitales y en la conectividad que ha construido ANTEL son un importante diferencial, así como la infraestructura y la logística en el flujo de información. Las instituciones son importantes, y allí están la ANII, Uruguay XXI, pero aún falta en el desarrollo del conocimiento científico y tecnológico propios, donde la UDELAR y la UTEC tiene mucho más para aportar.
En fin, estos servicios modernos, o servicios globales de exportación como los califica Uruguay XXI, se vuelven vitales para la impostergable diversificación productiva del país. Pero no solamente diversificando exportaciones y actuando en forma de enclave desde una zona franca[iv], sino potenciando el funcionamiento interno doméstico, creando encadenamientos con los sectores de la producción material, de tal forma de ir limando los límites históricos que nos ha impuesto la dependencia con el exterior.
Anexo gráfico


(*) EconomiaPolitica.uy es un Programa de asesoramiento, investigación y formación en Economía Política.
(**) Prof. Adán Iglesias Toledo, Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC. Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero.
[i] Perspectivas del Comercio Internacional de América Latina y el Caribe 2026.
[ii] Por cierto, una estructura productiva y laboral muy cercana a los registros de la Unión Europea. Estados Unidos lidera en cuanto a preponderancia de los servicios en la estructura del valor agregado nacional (83%), y en China, en un proceso similar, ya llegan a representar el 60% de la fuerza laboral ocupada.
[iii] El BCU, en la información que proporciona a través de la Balanza de Pagos, clasifica en “Otros Servicios” los siguientes: “Mantenimiento y reparaciones, Construcción, Servicios de seguros y pensiones, Servicios Financieros, Cargos por el uso de la propiedad intelectual, Servicios de telecomunicaciones, informática e información, Otros servicios empresariales, Servicios personales, culturales y recreativos y Bienes y servicios del gobierno”.
[iv] En nuestro artículo del 13/7/2026, “Estrategia y Cambio Estructural” decíamos “El cambio estructural en el valor exportado se dio entonces al interior de los servicios, con el constante incremento de la importancia de los servicios globales, en detrimento del turismo y el transporte”