Extracto del discurso de la compañera Eugenia Godoy

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Mate Amargo, continuando el homenaje al Che y los compañeros caídos en Pando: Cultelli, Salerno y Zabalza y en el acto del 23 de octubre pasado. Extracto del discurso de la compañera Eugenia Godoy, integrante del Comité Central del MLN- Tupamaros

Buenas noches compañeros y compañeras.

Estamos en otro octubre, en otro acto tupamaro, donde nos encontramos para recordar nuestra historia, para homenajear al Che, a Cultelli, Salerno y Zabalza. A todos aquellos que estuvieron antes y a reafirmar la convicción de seguir levantando esas banderas pesadas. A quienes lucharon por construir una sociedad más justa y estuvieron dispuestos y dispuestas a comprometer su vida, a quienes no se conformaron con la realidad que les era dada y se involucraron para transformarla. Sí, nos encontramos para recordar, pero también para preguntarnos ¿qué hace esta generación hoy con esa historia?

Una historia que nos compromete, que nos obliga a mirar el presente y a reconocer cuánto hemos avanzado, pero también cuánto nos falta por construir y qué responsabilidades tenemos quienes queremos construir una patria para todos y todas. Homenajear no debe ser una cosa de una vez al año, es una responsabilidad que asumimos día tras día. Y si algo nos enseña la historia, nuestra historia, es que detrás de cada conquista hubo organización, hubo compañeros y compañeras dando discusiones, hubo también derrotas y esperanza.

Hubo gente que, incluso cuando parecía que todo estaba en contra, no se resignó a aceptar que las cosas tenían que ser así. Esa es una parte fundamental de nuestra identidad, la idea porfiada de que el destino no puede ser decidido por quienes concentran la riqueza y el poder y que nadie puede arreglarse solo. Estamos convencidas de que la vida de las personas puede ser mejor cuando construimos colectivamente y cuando hay solidaridad.

Cuando los derechos no dependen del bolsillo de cada uno y cuando el Estado asume la responsabilidad de estar donde más se lo necesita. Y esa es la convicción que debemos traer hoy al presente. Porque hoy tenemos responsabilidades distintas de las que tenían aquellos compañeros y compañeras.

Las responsabilidades de tomar decisiones, de administrar recursos que son de toda la sociedad y de demostrar con hechos concretos lo que significa poner la política al servicio de las grandes mayorías. Y hay una pregunta que quiero traer hoy acá. ¿Qué significa ser un gobierno de izquierda? ¿Qué significa defender un gobierno de izquierda? ¿Significa enumerar lo que hicimos? ¿Significa responder a cada crítica? ¿Significa conformarnos? Hay quienes creemos que significa comprender que cada decisión del gobierno tiene consecuencias en la vida cotidiana de la gente.

Que detrás del presupuesto hay prioridades. Que detrás de cada medida que se lleva adelante hay un rumbo del país que queremos construir. Que detrás de cada decisión de invertir en infancia, en educación, en salud, en vivienda, en seguridad o en trabajo, tenemos una definición sobre ampliar las oportunidades para quienes no la tienen fácil.

Significa también que estamos profundamente comprometidos con su rumbo, sus objetivos y su estrategia. Y dedicamos a nuestros cuadros más valiosos para su construcción cotidiana. Con compañeras y compañeros, como Pacha y tantos otros, que un día sí y otro también se levantan con la preocupación de construir un Uruguay mejor a través del gobierno nacional.

Y que sí, también significa poder mostrar lo que estamos haciendo y explicar por qué lo hacemos. Por eso quiero traer tan sólo algunas de las medidas impulsadas por nuestro gobierno. Desde el Ministerio de Industria, Energía y Minería con la compañera Fernanda Cardona como ministra, se vienen llevando adelante transformaciones históricas.

Porque sin crecimiento no podemos proyectar el Uruguay del futuro ni pensar en políticas sociales viables. Por eso, a través del plan industrial, el foco está en que Uruguay no sólo produzca materias primas, sino que agregue valor, que genere trabajo de calidad y que fortalezca su industria nacional. Un plan industrial que apoye las MIPIMES, que impulse la innovación y que conecte el conocimiento con las necesidades de nuestra gente.

Que aproveche nuestras oportunidades y las capacidades de cada territorio. Porque el desarrollo no puede quedar librado únicamente al mercado. Necesitamos un Estado que sea capaz de planificar, que sea capaz de invertir y de marcar el rumbo.

Un proyecto de país que genere más trabajo, más soberanía y más oportunidades para todos y todas, más allá de un período de gobierno. Porque estamos decididos que el mejor país es el país con desarrollo para todos y todas. Un país que es un lugar confiable para que otros y otras busquen oportunidades de inversión, como la que anunció nuestro presidente Yamandú hace algunos días, de más de 5.000 millones de dólares.

La mayor inversión de nuestra historia. Inversión que no es otra cosa que la prueba de la apuesta de los gobiernos del frente amplio en energías renovables, telecomunicaciones y educación pública, a través de nuestras empresas públicas. Y vemos que eso da fruto y sigue siendo el camino correcto para ganar en infraestructura, conocimiento y trabajo soberano.

Una inversión que generará miles de puestos de trabajo para abrir oportunidades a empresas nacionales y también para ampliar la matriz de formación y ensanchar los horizontes de los jóvenes. Por otro lado, tenemos la noticia de que 95.000 uruguayos salieron de la pobreza en el último año, la pobreza pasó del 17,7% al 14,8% entre el primer semestre del 2025 y el mismo período del 2026.

Mientras que la indigencia cayó del 1,8 al 1,2%. Estamos hablando de que 95.000 personas dejaron de estar bajo la línea de la pobreza y es el indicador más bajo desde al menos 2019. Esto no responde a una única medida.

Es la combinación del empleo, de la recuperación salarial y de políticas dirigidas a las infancias. Estamos hablando de que 95.000 personas dejaron de estar bajo la línea de pobreza y esto no es simplemente un número. Estamos hablando de decenas de miles de hogares que lograron superar el mínimo de ingresos necesarios para cubrir sus necesidades alimentarias y no alimentarias.

No es indiferente dónde se ponen las prioridades. Cuando el trabajo, los ingresos y la protección social están en el centro de las políticas públicas es cuando vemos estos resultados. En materia de vivienda también tenemos grandes avances donde también contamos con una serie de compañeros y con la ministra de vivienda Tamara Paseiro.

Hace una semana se presentaron los avances del plan de vivienda y hábitat, y hoy se pueden constatar algunos datos. Ya se han concretado cerca de 9.345 soluciones habitacionales durante el primer año de gestión y hay 20.000 más que están en curso. Además se van a destinar 700 millones de dólares de inversión para los asentamientos porque el foco de invertir en quienes más lo necesitan sigue estando presente.

Y hablar de inversión en vivienda también es hablar de infancia, de convivencia y de oportunidades. En la misma línea que también lo traía Leonel, tenemos el plan más barrio, porque cuando hablamos de seguridad hay algunos que intentan poner el foco del discurso donde el único camino posible es endurecer las penas y más cárceles como si los problemas que tenemos como sociedad se pudieran resolver así. Nosotros creemos que hay otro camino y no por desconocer los problemas de seguridad. Por eso tenemos planes como el más barrio que se va a estar llevando adelante en 21 territorios y que combina distintas intervenciones de seguridad pero también infraestructura de vivienda, de recuperación de los espacios públicos y de políticas sociales.

Porque mejorar la convivencia de los barrios no es solamente aumentar el patrullaje sino también es abrir las calles, iluminar los espacios públicos y devolver la posibilidad de todos los vecinos y vecinas de circular por los territorios. Hace unos días también tuvimos, a través del secretario de presidencia, el anuncio de uno de los compromisos asumidos en la campaña y en el diálogo social, la medida de la nueva causal jubilatoria para quienes tengan 60 años y 30 años de aportes. Durante el gobierno de Lacalle Pou se llevó adelante una reforma jubilatoria que no hizo otra cosa que aumentar la edad de retiro y reducir las prestaciones de algunos trabajadores.

Hoy este gobierno lleva adelante este nuevo proyecto que busca atender a aquellas personas que llegaron a los 60 años después de una larga vida de trabajo sacrificado, con menores ingresos, y que hoy les resulta más difícil insertarse en el mercado laboral. Por último un compromiso claro con la educación. Este gobierno lo puso en el centro de su presupuesto con medidas claras como la ampliación de las becas Butiá, haciendo que su acceso se multiplique por seis en lo que va a ser el quinquenio, ampliando la cobertura de los comedores en educación media, reforzando la extensión del tiempo pedagógico y otras medidas como el aumento del 50 por ciento del bono escolar, del bono crianza, que viene además con un bono escolar para que todos los gurisas puedan empezar las clases en las mismas condiciones.

Un presupuesto y un rumbo de país claro porque tenemos que hablar de esos avances con claridad, no para decir que está todo resuelto sino porque como políticos y como militantes debemos dar cuenta de lo que se hace. También sabemos que asumir el gobierno no significa tener todas las respuestas y que muchas veces las transformaciones no ocurren al ritmo que quisiéramos. Hay problemas estructurales que vienen de lejos y situaciones que tampoco admiten la mayor demora.

Por eso también asumimos nuestra capacidad de escuchar, de revisar, de corregir y de reconocer también dónde tenemos que hacer más. La defensa de un proyecto de izquierda tiene que estar vinculada con la vida real de la gente; con si un gurí puede estudiar y alimentarse bien; con si un joven encuentra oportunidades para construir su proyecto de vida; con si una persona que atraviesa una situación difícil encuentra una comunidad y un estado presente y justo ahí es donde se juega buena parte del sentido de lo que nosotros venimos haciendo. Y mientras discutimos estos desafíos en Uruguay, no podemos perder de vista el escenario regional e internacional en el que estamos situados.

La derecha continúa avanzando en América Latina a través de la injerencia directa en los procesos electorales y la utilización de las relaciones comerciales como motor para el beneficio de unos países frente a otros. El gobierno de los Estados Unidos avanza en la definición de los destinos de los países de nuestra región. Es en este escenario que nos paramos con el orgullo de saber que hemos sido capaces de no ceder ni un milímetro de nuestra soberanía ante las tantas presiones que hemos recibido.

Y hay algo más que también tenemos que poner sobre la mesa, estamos viviendo un tiempo donde las derechas más radicales crecen en distintas partes del mundo y empiezan a disputar el sentido común de las nuevas generaciones y eso nos tiene que interpelar a todos y todas, no sólo a los jóvenes. Sabemos que muchas veces lo que sucede…y nos tiene que interpelar porque no tenemos que ver a los jóvenes como que son los culpables de los males de toda esta época y de que es una generación que está perdida.

Nos tiene que interpelar a nosotros y a nuestra capacidad de escuchar, de comprender qué es lo que les está pasando, qué es lo que les preocupa, cuál es el futuro que se imaginan. Porque cuando un joven siente que no tiene oportunidades y no encuentra un proyecto de vida, ese malestar puede convertirse en una búsqueda de respuestas muy distintas. Algunas van hacia la construcción colectiva y otras encuentran respuesta en el individualismo, en la exclusión o en discursos que identifican culpables pero que no necesariamente ofrecen soluciones a los problemas de fondo.

No alcanza con indignarnos frente al crecimiento de las ultraderechas. Y acá hay una tarea que para nosotros y nosotras es fundamental, volver a construir esperanza. Y la esperanza se construye cuando hay motivos concretos para creer que las cosas pueden cambiar y que vale la pena organizarse para cambiarlas.

Tenemos que demostrar que la política puede transformar la vida cotidiana, que el Estado puede estar presente cuando más se lo necesita y que la educación, el trabajo, la vivienda y la salud no dependen exclusivamente del lugar a donde uno le toca nacer. Y especialmente tenemos que lograr que un gurí o que una gurisa sienta que tiene un lugar en esta sociedad y que su futuro no está escrito de antemano, que puede tener un proyecto de vida. La tarea de hoy es no relegarle el futuro a quienes hacen de la desesperanza una herramienta política.

No podemos aceptar que se instale la idea de que no hay alternativas, de que la política no sirve y de que lo colectivo pertenece a otros tiempos. En un mundo donde se pone de moda lo vintage, nosotros no anhelamos volver atrás. El camino es que todos se encuentren una causa por la que comprometerse y un proyecto que les permita imaginar una vida mejor.

Y es en este contexto que tenemos que pensar nuestra militancia, nuestro rol. ¿Qué lugar ocupa la solidaridad en un mundo que muchas veces nos empuja a competir entre nosotros y nosotras? ¿Qué lugar ocupa lo colectivo cuando se nos quiere convencer de que cada uno tiene que resolver sus problemas en soledad? ¿Cómo sostenemos la esperanza en este mundo de incertidumbres? Porque gobernar es una responsabilidad enorme pero no se agota ahí. La transformación no puede quedar en manos únicamente de quienes transitoriamente están ocupando cargos de gobierno.

Se necesita de participación, de organizaciones barriales, de organizaciones estudiantiles, sindicales, de colectivos y personas que estén dispuestas a involucrarse en los problemas de la gente. Bien sabemos nosotros que estar en el gobierno no nos excluye de estar en la calle, en los barrios, en cada lugar por donde pasa la vida cotidiana. Porque la política no sucede solamente en el parlamento, en los ministerios o en las reuniones militantes.

Así también se construye democracia y vaya si será importante en estos tiempos que corren. Porque desde esta organización también tenemos la certeza de que ningún proyecto puede sostenerse si se pierde el vínculo con las personas a quienes pretendemos representar. Así que compañeros y compañeras, defender un gobierno y sus avances forma parte de nuestra responsabilidad política y de nuestra responsabilidad histórica.

No militamos solamente para administrar mejor. Militamos porque creemos que hay injusticias e igualdades que no estamos dispuestas a aceptar. Militamos porque sabemos que no todas las personas parten del mismo lugar y que debemos construir las condiciones para que todas y todos puedan vivir con dignidad.

Militamos porque tenemos esperanza y porque vivir es tener una causa para luchar. Y hoy militamos convencidos de que se están llevando adelante las transformaciones indispensables para quienes más lo necesitan. Porque al final como al principio, de eso se trata nuestra historia.

De personas que se animaron a imaginar un mundo diferente y decidieron trabajar para hacerlo posible. La tarea sigue siendo nuestra. Con los desafíos de este tiempo y con las herramientas que tenemos hoy y con todo lo que aún nos queda por construir.

Y hoy, en el aniversario de Charlie García, me parecía importante traerlo porque a todos los que estamos acá nos gusta. Lo recordamos con un pedacito de una letra de Sui Generis que dice “la mediocridad para algunos es normal, la locura es poder ver más allá.”

Muchas gracias compañeros y compañeras.

 

¡Habrá patria para todos y todas!

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