Mate Amargo, continua con el homenaje al Che y los compañeros caídos en Pando: Cultelli y Salerno, Zabalza en el acto del 23 de octubre pasado. En esta oportunudad presentamos el discurso de la compañera Estefanía Díaz, integrante del Comité Central del MLN-Tupamaros
¡Buenas noches, compañeras y compañeros!
Siempre es una gran responsabilidad estar en este lugar, reivindicando la visión de la organización, compartiendo nuestras causas, recordando a nuestros mártires, a quiénes nos inspiraron en la lucha por un mundo de justicia, dignidad y solidaridad.
Hoy, en este acto en que recordamos al Che, Cultelli, Salerno y Zabalza, queremos tomarnos unos minutos para hablar de nuestros caídos. Que se cuentan por cientos, quizás por miles, en territorio nacional y latinoamericano. En este sentido nuestra organización, a partir del planteo de compañeras históricas, están recopilando: los nombres, las historias, las fechas, de las distintas circunstancias en que compañeras y compañeros cayeron peleando por el MLN-Tupamaros. Y es a ellos a quiénes nos debemos.
Invitamos a todas y todos los aquí presentes a aportar datos, de muchos compas anónimos que cayeron en operativos, murieron en la cárcel o en la tortura, todos bajo la represión…Sabemos que no entregaron su vida para ser reconocidos como héroes, ni sacar rédito personal ni aparecer en una lista, no hicieron más que pelear por una vida digna y un mundo mejor sin explotados.
Sabemos también que muchos de estos compañeros y compañeras de generación se formaron en el anonimato, que algunos solo memorizaban alias…pero esta lista no es para ellos, es para quienes les seguimos en la fila de la historia de la organización, porque el capital político del MLN no solo radica en sus ideas, se hizo carne en la entrega de cada una y cada uno de ellos, y gracias a ellos hoy estamos acá.
Así que no nos puede quedar ningún compa sin nombrar, porque nombrar es político y el próximo 22 de diciembre los vamos a reivindicar a todos y cada uno, con su historia y sus circunstancias.

Recordar al Che y a nuestros caídos en Pando es un acto de reafirmación de nuestro programa, de nuestros horizontes, del porqué militamos. Militamos para aportar a la construcción de una sociedad en la que la vida esté por encima de la ganancia, de allí la consigna de este acto.
Como dijo Fidel en la Cumbre de Río en el 92’: “la cuestión sigue siendo hoy entre el capitalismo y la vida”.
En función del lucro, el capitalismo subordina la vida a la ganancia. En pos de las utilidades han degradado el ambiente natural y puesto en riesgo las condiciones que hacen posible la vida en el planeta Tierra.
Ese capitalismo que somete a miles de millones de seres humanos a la miseria, hace que en una era de abundancia haya millones de seres humanos postrados por la miseria.
Capitalismo que somete a los cuerpos, que los subordina a la rentabilidad, los oprime, los explota y que engendra violencia, una violencia desatada cotidiana que lacera, que lastima la vida de millones de personas a lo largo y ancho de este mundo.
Recordar al Che y a los caídos en Pando es reafirmar nuestro compromiso con la liberación nacional y el socialismo, por esos millones de los que hablábamos recién. Y manifestar esto, no es apelar a consignas vacías, ni a referencias pasadas de moda, no es un acto de nostalgia, es la reafirmación de la vigencia y actualidad de nuestro programa revolucionario. Es que a diario debemos reflexionar nuestra práctica revolucionaria.
Una fracción de los sectores más concentrados del capital transnacional a través del aparato político militar del Estado norteamericano, ha desatado una ofensiva por la Gran Patria Latinoamericana. Una ofensiva feroz, desaforada y descarada, casi sin disimulo de ninguna especie han manifestado sus personeros que fueron por el petróleo y han celebrado haber conseguido ese petróleo.
Hace algunos años atrás, una generala a cargo del comando sur de EEUU manifestó que América Latina era relevante porque poseía muchos recursos naturales. Nada novedoso, simplemente hoy estamos viendo como una y otra vez la injerencia yankee pisa fuerte, y cada vez más cerca.
Muchas cosas han cambiado desde los tiempos del Che y Pando, pero muchas están esperando ser cambiadas. El imperialismo como forma extrema del capitalismo sigue allí, oprimiendo a las grandes mayorías, imponiendo a sangre y fuego la apropiación de nuestros recursos naturales, concentrando en pocas manos los frutos del trabajo de millones.
Ese orden injusto, atroz, explotador, que priva de oportunidades efectivas de vida, que sobrecarga a todos con los estímulos del consumo, pero que priva a los pobres de toda gratificación real. Ese orden genera violencia, una violencia que él quiere resolver con más violencia, con feroz represión, siempre contra los más pobres.
El hoy aparece duro, extremo, y en ese sentido el Che y Pando proyectan un haz de esperanza, esperanza de redención, de emancipación. Esperanza de que la vida se imponga al lucro y a la ganancia.
La feroz ofensiva lanzada por algunos sectores del gran capital transnacional no puede ser enfrentada mediante el juego permanente de las concesiones, de las cesiones, porque está claro -así lo ha dicho Trump- ellos lo quieren todo y lo quieren ya.
Hace unos meses atrás el gobierno norteamericano se refirió a esta organización como una amenaza, en una acción que refleja una vez más su pretensión de erigirse como juez y gendarme global. La élite norteamericana pretende arrogarse el derecho de juzgar, establecer estándares, de señalar, de imputar, cuando ha sido esa élite la que, mediante la rapiña y la conquista, ha pretendido perpetuar su dominio sobre todo el hemisferio y sobre todo el mundo.
Esa élite ha practicado el terrorismo político en toda la extensión del globo, ha asesorado, asistido y promovido regímenes políticos que han practicado la más feroz de las represiones de sus respectivos pueblos; esa élite es la que promovió el entrenamiento en Panamá de los miembros de las fuerzas de seguridad de América Latina en la tortura y en la guerra sucia y envió agentes, colaboradores, asesores que adiestraron en esas artes a policías y a militares.
Extraer a un Presidente de su propio país, manipular las elecciones de otros países, promover la detención de fiscales generales sin orden judicial, entre otras tantas acciones escandalosas que fueron noticia este año. Todas ellas en nombre de la erradicación de la corrupción y el narcotráfico. Lo que no cuentan es que lo hacen para mantener el orden del poder económico transnacional que históricamente ha tenido dominio sobre nuestra casa: Latinoamérica. Esta ofensiva feroz no es más que un imperio desesperado por mantenerse en pie, en un escenario dónde emerge la multipolaridad global.

Saludamos al 8vo. Congreso cro. José “Pepe” Mujica de nuestro querido Frente Amplio, que el pasado fin de semana reunió a más de tres mil frenteamplistas de todo el país y también del exterior. Es parte de nuestra naturaleza democrática mezclarnos a discutir sin importar que lugar se ocupa dentro de la estructura, en el gobierno o en la institucionalidad, ¿qué otro partido político lo hace? Ninguno. Al Frente Amplio lo construye su gente, sus militantes.
El congreso no puede verse como una fotografía tomada ese fin de semana, porque en su esencia, fue un proceso que forjó desde su interna durante varios meses y continuará. El debate sacudió a la militancia, nos sacó de ese estado anímico bastante incómodo y quejoso, y nos juntó en nuestro territorio para contestar algunas de las interrogantes comunes: nuestro problema del hoy, hacia dónde nos dirigimos y porqué debemos ser movimiento en el hacer, proponer, escuchar y movilizar.
Permitirnos profundos balances y reflexiones a tan solo una semana, es pecar de ingenuidad, no es tan simplista, ni sencilla ni de una sola persona cómo seguimos pa’ delante. La fuerza política tendrá que hacer camino y nosotros, como tupamaras y tupamaros, tendremos que estar en esos espacios de construcción, para accionar y contribuir con nuestro pensamiento revolucionario.
Al igual que en el Congreso, la militancia deberá seguir fortaleciendo sus pilares fundamentales de nuestro Frente Amplio, que también hacen a su esencia: el juntarse, el discutir y discernir la realidad entre las más variadas opiniones, pero que al pasar raya, quede una síntesis en común. Y ahí el resultado, la unidad en su diversidad, tan vigente y necesaria como en sus orígenes.
Reivindicamos a nuestra izquierda política que continúa afirmándose en sus principios fundamentales, como herramienta política anti oligárquica, anti imperialista, anti patriarcal y anti racista, construida y sostenida por miles de militantes. Nuestro compromiso sigue estando allí.
Nuestra fuerza política no puede darse el lujo de que lo que discute quede en el casco duro de su militancia ni plasmado en una síntesis escrita. La historia hoy nos dice que tenemos que ser izquierda que derrame, que siga echando su suerte con los que menos tienen. Que nos entienda desde una madre que espera en la puerta de una escuela, un peón de campo, hasta una joven saliendo de una facultad, cuando nos acercamos a decirles que es por un país más justo por el que gastamos suela.
Nuestro Frente Amplio necesita más retazos, más pluralidad en su diversidad, pero con esa fortaleza de ser una unidad política: en los planteos, en la construcción de políticas donde los débiles estén en el centro y donde todos nuestros esfuerzos estén consolidando terreno frente a una derecha que no descansa, que anda por lo bajo y se sigue organizando. Acción permanente en el movimiento, afuera y de todos los días.
No podemos descuidar ni seguir perdiendo terreno en el campo de las ideas, con mucho sacrificio, más de lo que perdimos, pudimos recuperar el gobierno, no debemos descuidar la herramienta de gestión, cómo una forma más de materializar nuestras convicciones en un mundo mejor.
Los invitamos a todos y a todas las tupamaras a continuar luchando, en la trinchera que nos toca por una sociedad más justa. A hacer frente a las injusticias, a organizarse, a ser creativos…a RECUPERAR el espíritu revolucionario y a pensar qué sociedad queremos construir. Hoy, la encrucijada está en la lucha por la vida, frente a la ganancia de unos pocos en el mundo. Hoy más que nunca, una sociedad más justa es urgente y necesaria.
Cómo lo manifestaba el Fte. Estudiantil en su proclama del 86’ y que hoy seguimos reafirmando “Queremos, luchamos, por una democracia de bases, donde la participación no sea un mero discurso, una consigna, construida día a día caminando hacia la construcción del poder popular.”
La senda está trazada.
Habrá patria para todas.
Habrá patria para todos.