Lula logra una victoria épica en una elección que parecía perdida

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En escasas tres semanas, el ‘Ejército de Lula’ sale airoso en una guerra asimétrica digital contra la plataforma Meta del tecnomagnate Mark Zuckerberg y las maniobras mesiánicas y apocalípticas del bolsonarismo

Por Carlos Fazio (*)

Lula pudo. Pudo y cumplió. Cuando en las horas siguientes a su derrota en la primera vuelta del domingo 4 de octubre la desazón cundía entre la militancia del Partido de los Trabajadores, el legendario líder metalúrgico hizo acopio de experiencia, sacó la casta y aseveró que él era “muy bueno en el mata-mata”, “en el cabeza a cabeza”, y que derrotaría en el balotaje a “otro” Bolsonaro. Y desafiante, lanzó: “Bolsonaristas, prepárense, porque vamos a derrotarlos”. Entonces pocos creyeron que se produciría el milagro. Y sin embargo, contra todo pronóstico, Lula obtuvo otra victoria épica.

La misma noche de la derrota del 4 de octubre, Valter Pomar, otro dirigente histórico
del PT, señaló que la campaña de Lula no había cometido “equívocos” o “errores” sino
“cagadas homéricas”, y exhortó a las bases partidistas a “trabajar duro”, pero “mucho” y “sin tregua”, todos los días, hasta las 17 horas del domingo 25 de octubre, para derrotar a las milicias, a Faria Lima (nombre de la principal arteria donde está enclavado el centro financiero de San Pablo), a los mercaderes del templo, los feminicidas, racistas, fundamentalistas, negacionistas y –sobre todo– a los imperialistas, a los golpistas y a los traidores de la patria.

Lula y Pomar no araban en el vacío. Ya entonces una legión de jóvenes se había
echado a andar con independencia de la dirigencia petista, y capitaneado por André
Janones, el denominado “Exército de Lula” comenzaría a librar una dura guerra mediática asimétrica en las fangosas trincheras de las redes digitales, desafiando el poder omnímodo del tecnoplutócrata de Silicon Valley, Mark Zuckerberg, y dando la pelea a la manipulación algorítmica de la plataforma Meta y la guerra sucia, los bulos, la desinformación, los discursos mesiánicos, las cruzadas morales, las rencorosas amenazas apocalípticas de la extrema derecha bolsonarista.

Janones, un abogado de 42 años, militante del partido Red de Sostenibilidad (REDE) y
diputado reelecto por Mina Gerais, creó un canal de WhatsApp llamado “Ejército de Lula” que trabajó a diario y de manera incansable para reforzar la militancia digital, subir a la red carpetas enteras con fotos, audios sin editar, cortes de vídeo y tipografías para que cualquiera pudiera hacer con ellos lo que le diera la gana, sin pedir permiso ni pasar por el filtro de ningún censor de partido.

Esa renuncia al monopolio del mensaje lo cambió todo. De pronto, como señaló
Miquel Pellicer en “Anatomía de la victoria digital de Lula”, la imagen del líder del PT no dependía ya de un diseñador encerrado en un búnker de São Paulo, sino de un joven de 18 años en una favela montando una coreografía en TikTok, de una ilustradora independiente dibujando sátiras o de un vecino grabando un mensaje en jerga local para el grupo del fútbol sala. El relato “dejó de oler” a mitin cerrado y empezó a circular como lo que realmente era: contenido fresco que te pasa un amigo y que te saca una sonrisa.

Al soltar las riendas, en tres semanas, ese canal pasó de 50,000 a 10 millones de
personas. Una cifra descomunal que, en un escenario que parecía totalmente adverso e inclinado a favor del bolsonarismo, funcionó como una auténtica infantería digital, que, cumpliendo las “misiones” encomendadas por el así llamado “janonismo cultural”, logró romper el cerco algorítmico de Meta y consiguió colarse en los teléfonos de esa inmensa mayoría de votantes que apaga la tele cada vez que habla un político.

Como parte de la estrategia integral de campaña, Janones también fue el artífice de
una audaz operación de reapropiación simbólica. Durante años, la ultraderecha se había apropiado de la camiseta de la selección de fútbol y los colores verde y amarillo de la bandera nacional, asociando la idea de patria a su proyecto político reaccionario, autoritario. Janones convocó a los simpatizantes de Lula a rescatar esos colores, y en un par de semanas, interminables mareas de personas vestidas con la camiseta verdeamarela recorrieron las calles e inundaron con fotografías las redes. El mensaje era de alegría, optimismo y esperanza, no de desazón, a pesar de la derrota en primera vuelta. De paso, la narrativa digital desmontó la falsa dicotomía entre patriotismo y justicia social.

El diputado de Mina Gerais también logró que Lula usara celular, algo a lo que se
había resistido durante décadas. Por eso, la noche de la victoria, el 25 de octubre, en su primer discurso después de que se confirmara su triunfo, el mandatario reelecto aseguró que usará el teléfono para comunicarse de manera más seguida con los ciudadanos. Del mismo modo, agradeció en varias ocasiones el trabajo del “comandante” de su ejército digital.

Ana Elisa y la selfie

Pero además de Janones, hubo otros protagonistas en la campaña de cara al balotaje. Una de ellas es Ana Elisa Santos Silva, una influencer de 21 años que fue electa como diputada federal por Minas Gerais en las elecciones del domingo 4 de octubre. Según recogió Terra, Santos Silva, quien cuenta con más de cinco millones de seguidores en Instagram, se reunió un par de días después de la primera vuelta de las presidenciales con el equipo de comunicación del presidente Lula, para proponer cambios orientados a reforzar su presencia en las redes sociales y acercarlo al público joven. Entre las principales apuestas figuró la publicación de videos grabados en formato selfie, con la cámara frontal del teléfono y un
estilo más directo e informal. Tras el encuentro, Lula difundió varias grabaciones de este tipo y llegó a autodenominarse el “rey de las selfies”. La ahora joven diputada dijo a la agencia francesa AFP, que Lula “es una persona que uno nota que siempre está abierta a escuchar, a oír críticas, obviamente constructivas”.

Sin duda, la remontada “imposible” de Lula quedará registrada en los manuales de
ciencia política como la demostración palmaria de que la hegemonía digital de los
tecnomagnates de Silicon Valley y las fuerzas de ultraderecha no son un destino ineluctable. En un entorno plagado de hostilidad corporativa, con algoritmos ‘cargados’ y direccionados que amenazaban amortiguar la voz del lulismo, y ante una derecha bolsonarista golpista avezada en la intoxicación mediática masiva, las bases juveniles petistas no se resignaron a dar la pelea en el barro y salieron victoriosas.

Vienen ahora nuevas batallas para Lula y los suyos, ante un Congreso conformado
mayoritariamente por legisladores bolsonaristas que buscarán la revancha, con un liderazgo de Flavio Bolsonaro ahora a la “Juan Guaidó” desde Estados Unidos, adonde llegó tras su graciosa huida con la complicidad de Javier Milei y Donald Trump. Pero esa será otra historia.

 

 

(*)  Carlos Fazio, escritor, periodista y académico uruguayo residente en México. Doctor Honoris Causa de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Autor de diversos libros y publicaciones. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (Capítulo México)

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