Al Movimiento Obrero

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A 60 años del Congreso Inaugural de la CNT, homenaje en el Senado de la Nación, palabras del Senador Óscar Andrade

 

Señora presidenta: el poeta paraguayo Augusto Roa Bastos decía que a veces el olvido puede olvidar que olvida. Es inabarcable en una exposición contar la historia del movimiento obrero, de las trabajadoras y los trabajadores uruguayos, y de sus causas.

Cuando en el año 1966 se alcanza el primer Congreso de la CNT, los fundadores sostenían con mucha claridad que ese proceso era heredero de un siglo de luchas, de penurias, de sacrificios, de esfuerzos, de militancia, de ética.

La cuestión social no fue solamente importada. Es más, yo diría, ni siquiera fue principalmente importada.  Cualquier estudio serio sobre las condiciones de trabajo del siglo XIX indica que fue el momento en el que surgieron las primeras sociedades de auxilio mutuo y las primeras manifestaciones sindicales. Es muy conmovedor que, casi un siglo y medio después, aún no tengamos noticias certeras sobre qué pasó con la Huelga de Cuñapirú, en el hoy departamento de Rivera, pues en 1880 todavía era el departamento de Tacuarembó. Sabemos que, durante meses, los mineros –principalmente italianos– sostuvieron una huelga dura que disolvió el Ejército. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Dónde fueron a parar esos trabajadores? ¿Cuál fue el saldo? A la historiografía todavía le falta encontrar puntos de acuerdo. Unos años antes se había fundado la Sociedad Tipográfica. Estamos hablando de una década antes de que empezara la huelga del 1.° de mayo, que diera lugar a la conmemoración más universal de todas, producto del martirio de los principales dirigentes de aquella huelga, que marcharon a la horca en un juicio que los absolvió con posterioridad a ser ahorcados; algunos de ellos ni siquiera estaban en el lugar de los atentados. Las sociedades de auxilio fueron combinándose con las sociedades de resistencia y dando forma a las primeras manifestaciones sindicales, en momentos en que –si uno analiza la cuestión de la alimentación de los trabajadores, la vivienda y el hacinamiento o la salud, temas que no dejan de estar plenamente vinculados– la condena de la tuberculosis para segmentos importantísimos de los trabajadores a fines del siglo XIX era brutal.

En el Uruguay, la esclavitud fue abolida en el 1842, pero las formas de trabajo forzoso en algunos sectores de actividad, como bien ha documentado hoy la historiografía, se mantenían. Alcanza con ver el reclamo de la huelga de los albañiles de 1895; en la plataforma colocaban, para un período del año, once horas de trabajo. Y la respuesta conservadora a esas once horas de labor era que el secretario general del gremio de los albañiles, don Pedro Denis, era enemigo de los trabajadores. Hay debates que atraviesan la historia y pareciera que estuviéramos reproduciendo la misma discusión; la huelga del puerto en 1905, la discusión en medio del conflicto portuario con Domingo Arena defendiendo a los huelguistas desde diario El Día y La Democracia cuestionándolos. Hay un artículo sobre los agitadores, que reivindica el papel de los sindicatos en una huelga que terminó derrotada.

Al año siguiente, en la exposición de motivos del primer proyecto de ley de Batlle y Ordóñez sobre las ocho horas, se fundamenta –en esto de entender el papel y el protagonismo de los trabajadores– que en muchos sectores de actividad los obreros de la industria ya habían conquistado aquellas ocho horas que se discutían en el mundo.

La cuestión social, por un tiempo largo, fue tratada como cuestión policial. En 1905 se funda la Federación Obrera Regional Uruguaya –mayoritariamente libertario el movimiento sindical, la corriente principal– y, simultáneamente, la UGT.

La huelga ferrocarrilera fue despedazada por el Ejército en beneficio de las compañías británicas por 34 años. Hubo que esperar la salida de la Segunda Guerra Mundial para refundar la Unión Ferroviaria. He aquí el internacionalismo, señora presidenta.

El 1.° de mayo de 1909 son fusilados los trabajadores que conmemoraban el acto en la Argentina; el responsable militar era el coronel Falcón y se asesinan once obreros. Conmueve ver cómo acá la respuesta fue una gigantesca movilización. En ese mismo año, cuando condenan al educador Ferrer por los sucesos de Barcelona –la leva militar para los pobres y no para los ricos termina con la muerte de Ferrer–, hay también una movilización. ¡El internacionalismo!

La primera huelga grande fue en 1911.

El primer conflicto sostenido mayoritariamente por mujeres fue en el barrio La Mondiola, en el año 1912 y fue el de las lavanderas que lavaban al borde del arroyo de Silva, el que separaba los barrios La Mondiola y Pocitos. Una resolución municipal prohibió a las lavanderas lavar por razones ambientales, pero las lavanderas eran afro y pobres, pero no tontas, por lo que preguntaron: «Si hablamos de contaminación, ¿y el saladero de Silva?». Se amotinaron, fueron presas y se volvieron a amotinar, lo que generó mucho impacto social. Y la memoria tiene estas cosas, pues un hijo de esas lavanderas fue el famoso Garufa, a quien se inmortalizaría en el tango. En esa época, el barrio La Mondiola era un barrio de rancheríos; acá está la cuestión urbana, a la que hacía mención el senador González previamente.

La huelga en Juan Lacaze, también de mujeres, fue derrotada en 1913. El asesinato con una bala de un Mauser de El Gallego Alonso fue en la huelga de Conchillas de 1914, que derivó en una interpelación parlamentaria acá y que fue en el mismo año en que se aprobó la primera ley sobre salud y seguridad en el trabajo, la Ley N.º 5032, avanzadísima para su tiempo y la antesala de lo que sería la aprobación de la ley de ocho horas en 1915. Estos son los orígenes del movimiento obrero. En ese momento no solo se aprueba la ley de ocho horas, sino que el gobierno de Batlle y Ordóñez sobre el final decide contratar a 25 dirigentes sindicales para que hicieran fiscalización. Es evidente que hubo reacciones conservadoras que entendían que se había ido demasiado lejos con la cuestión social.

También está la huelga del frigorífico Montevideo, en la que asesinan a Melanio Goró, el primer mártir de la industria frigorífica, en 1917. La historia del movimiento sindical está cargada de martirio. En 1918 se da el conflicto portuario y la Semana Roja de la huelga tranviaria, que terminó con cuatro trabajadores asesinados. En el velorio de Mario Rodríguez, entre los dirigentes anarquistas hacen uso de la palabra Frugoni y Julia Arévalo, jovencísima militante sindical del medio rural y organizadora.

La historia del movimiento obrero es una historia cargada de sacrificios y también de debates internos y divisiones.

En la década del 20 se funda la Unión Sindical Uruguaya, también producto de los debates internacionales. El mundo había transitado una carnicería en la Primera Guerra Mundial y de allí había emergido la Revolución Rusa, lo que conmovió los debates internos en el movimiento obrero acerca del papel del Estado y la participación de los sindicatos en la promoción de políticas públicas, un debate que venía de la Primera Internacional, sobre la acción sindical, sus tácticas, sus estrategias. En el mismo año, en 1923, en que se funda la Unión Sindical Uruguaya, muere el 1.º de mayo, en medio de la represión, Jesús Salandri.

Las condiciones de organización del movimiento obrero y sindical no tenían como único problema la cuestión económica. Hace poco se cumplieron 100 años de dos actos contra la represión policial de los trabajadores en Cerro Carmelo. El 29 de agosto de 1926, en medio de ese acto mueren Eustaquio Mattos y Ercoline en un enfrentamiento con la Policía. Y hay un elemento muy simbólico: Eustaquio Mattos era militante del Partido Comunista y muere en la acción de proteger a Chinatti, que era anarquista, que estaba haciendo uso de la palabra.

La larga historia de lucha del movimiento obrero y popular marca la cancha en el sentido de la necesidad de la unidad, esta que, señora presidenta, se consolidó hace 60 años. En 1929 se funda la Central General de Trabajadores del Uruguay y su secretario general, el Vasco Lazarraga, después sería diputado e internacionalista, ya que formaría parte de las brigadas internacionales que fueron a combatir el pronunciamiento de los militares que intentó y logró ahogar por medio de la sangre a la República Española con el apoyo del nazismo y del franquismo. La dictadura de Terra encontró al Movimiento Sindical Uruguayo dividido en tres centrales sindicales y débil, pero aun así hubo una huelga muy importante de los gráficos en 1934 y otra aún más importante del sindicato de la construcción en el 1936 y voy a decir por qué; porque la huelga de la construcción del 1936 dio paso a la llamada ley de la Liga, del año 1937, que establecía que lo que firmara la Liga de la Construcción con el sindicato, esos laudos iban a ser obligatorios para todas las empresas del país. Fue un germen indisimulable de lo que sería unos años después la ley de los Consejos de Salarios. Esta ley fue abiertamente violada, de ahí la huelga de 1938 y el asesinato de Dámaso Caballero por parte de provocadores en medio de esa huelga ese mismo año.

La década de los cuarenta, en el marco de la salida de la Segunda Guerra Mundial, tiene dos fenómenos. Por un lado, un proceso de industrialización del país, la clase obrera industrial cuasi se duplica en quince años; y, por otro, un hito en las relaciones laborales en Uruguay: la Ley de Consejos de Salarios y asignaciones familiares, que logra que los sindicatos de oficios, departamentales, fragmentados, vayan a un proceso de sindicalización de rama. Acá hay algunas referencias de la década de los cuarenta, de lo que se llamó después la «generación de Cuesta», que son ineludibles; una es el propio Gerardo Cuesta, llegado desde Soriano, y el proceso que hace en los sindicatos metalúrgicos: uno dirigido por Rosario, otro dirigido por Gerardo y, más adelante, el que dirigía Toledo de ATPA; también el Congreso Obrero Textil con la inevitable mención a Héctor Rodríguez y, además, la figura más importante –del siglo y medio de lucha– para los trabajadores que es José «Pepe» D´Elía, en ese entonces integrando ASO, junto con Gerardo, Julio y otra cantidad de militantes. La década de los cuarenta tiene errores, aprendizajes y tiene, también, mucho de heroísmo, de enfrentar la reglamentación sindical, esa imagen extraordinaria de la ocupación de las fábricas metalúrgicas en 1950, en el mismo momento en que en el último segundo el «Mono» Gambetta chapaba la guinda en el aire que anunciaba que Uruguay era campeón del mundo. El mismo «Mono» Gambetta que se fue a abrazar con ese albañil sindicalista que era Obdulio. Los trabajadores metalúrgicos escuchaban el partido en las fábricas ocupadas porque no se les respetaba la retroactividad del convenio colectivo, en medio de una ofensiva patronal muy dura.

La unidad de los trabajadores se fue construyendo en ese proceso de lucha y de unidad. En la acción de la huelga de ACAP, en 1950, es cuando asesinan a Dantier Gómez, militante de la Federación Obrera de la Lana. En 1951 se aplican las Medidas Prontas de Seguridad, en el marco de la solidaridad de los gremios autónomos con el conflicto de FANCAP. En 1952 también se aplican Medidas Prontas de Seguridad para enfrentar el conflicto de salud pública que deriva en una cantidad de dirigentes sindicales presos; esto fue, reitero, en el año 1952. Gerardo Cuesta fue, preso, al cuartel de Mercedes, y lo mismo pasó con cantidad de los principales dirigentes sindicales. La huelga de Ferrosmalt del año 1955, que le costó la vida a María del Carmen Díaz, fue en el mismo momento que teníamos los primeros procesos. Uno –o los que más han estudiado esto– puede ubicar la sindicalización rural en la huelga de «La Rosal» del año 1932, en el movimiento de los colonos de San Javier de 1933, donde muere Julia Scorino y es llevada detenida Julia Arévalo; un mes antes había sido detenido el Vasco Lazarraga.

De 1954 a 1956 se da el proceso de los peones de tambo, primero marchan los de Florida y, después, los de Capurro –los pagos del colega–; la primera marcha a pie de trabajadores rurales del interior del país a Montevideo, fue en 1956, para reclamar salario mínimo. Repasé las actas parlamentarias y el laudo de los peones de tambo se termina votando el 8 de febrero de 1956, después de una larguísima discusión parlamentaria e intentos de postergación. El  año 1956 fue emblemático para la unidad de los trabajadores por la huelga de la industria frigorífica. Hay unos cuantos compañeros de la FOICA y de San José en la barra.

La Federación Autónoma de la Carne sale de ese conflicto con mártires en la espalda, con los primeros mártires de la industria frigorífica: un compañero muere haciendo huelga de hambre y otro, baleado por la Policía, pero sale reclamando que se abra un espacio para la unidad sindical.

En 1957 llega la hora de la marcha de los trabajadores del arroz. Un histórico militante socialista, Leguizamón, obrero metalúrgico que trabajó en Treinta y Tres junto con dos docentes, Ademar Gómez, comunista y Toledo, socialista, que ayudan a la organización de los trabajadores del arroz –creo que el hijo de Toledo está aquí arriba, en la barra– y en su honor está el homenaje a los mártires en dictadura del Partido Socialista.

La marcha del arroz emula lo que pasó con los peones de tambo y. digo esto porque, en medio de la huelga del arroz, se conocieron el ruso Rosencof –quien iba a cubrir por el diario El Popular– con Sendic –quien iba a cubrir por el semanario Claridad.

La marcha y la huelga de los trabajadores del arroz parte de La Charqueada hacia Montevideo y logra un reconocimiento de los beneficios, igual que los trabajadores de tambo, pero a la vuelta los esperaba el Ejército, los despidos, la represión y la persecución; estas cosas pasaron.

Al otro año ocurre con la huelga de la remolacha. Tuve el gusto de conocer a don Pedrito Aldrovandi, compañero bueno que terminó preso en esa huelga de la remolacha de 1958, año histórico porque confluyeron las demandas sociales y sindicales de un movimiento sindical que venía a impulso de ir encontrando su unidad con la lucha estudiantil por la autonomía y cogobierno de la Universidad.

En el año 1959 se abre el proceso de la asamblea constitutiva para, ahora, sí, construir la unidad de los sindicatos. La UGT se disuelve como gesto para intentar construir la unidad; la CSU había quedado muy desprestigiada. Había intentado quebrar la huelga de los arroceros y  había intentado quebrar la huelga de la remolacha.

A su vez, ocurrió el asesinato de Urian Correa, trabajador de los cines, en un complejo proceso donde se favorecía, por parte de esta central, que quedó sin sindicatos, netamente vinculada al Departamento de Estado y a la embajada norteamericana –hay muchísima documentación de esto– y se abrían, ahora sí, los procesos de unidad.

En el 1958 hubo  tres 1.º de mayo; después de la nueva huelga de los frigoríficos –1960 y 1961– hubo un solo 1.º de mayo y en ese proceso unitario, que terminó no consolidándose, se funda la CTU. La idea era fundar la Central Única de Trabajadores, que presidió don José «Pepe» D´Elía, pero no estaban todos los sindicatos adentro, no estaba la Federación Autónoma de la Carne, no estaban los sindicatos de los entes que se encontraban en un proceso de reorganización que llevó a un conflicto muy duro en la UTE. De ahí surgen dirigentes extraordinarios como El Ruso Turiansky, con quien tuve el altísimo honor de militar.

Se habilita un proceso de discusión unitario en medio de una América Latina que estaba cada vez más convulsionada por los golpes de Estado. Particularmente un factor de la unidad fueron las tristes noticias que llegaron de Brasil con el golpe de Estado a Quadros y Goulart.

El 17 de junio, un par de meses después del golpe en Brasil, el movimiento sindical convoca a una movilización con la consigna: «Soluciones sí, golpes no». En setiembre de ese año se reúne el coordinador por primera vez de la CNT, y a propuesta del Congreso Obrero Textil, se formula una definición que pasaría a ser histórica: en caso de que en Uruguay hubiera golpe de Estado, iba a haber huelga.

La experiencia brasilera de que no hubo una respuesta organizada al liberticidio ubicado en Uruguay, en caso haber golpe de Estado, la respuesta va a ser la huelga. Veníamos de años muy duros. Walter Motta fue asesinado acá, a la vuelta del Palacio Legislativo, en medio de una movilización de la industria frigorífica; esas cosas pasaron.

Al año siguiente, el coordinador convoca al Congreso del Pueblo –y esta también es una seña de identidad del clasismo y del movimiento sindical uruguayo: no quedarse solo en la lucha reivindicativa–; lo sigue la historia del movimiento sindical. A la salida de la dictadura se convoca un Encuentro Nacional por Soluciones; a fines de los 90, la Asamblea Nacional del Pueblo Uruguayo; en medio de la crisis de 2002 –la más dura– el Movimiento por el Trabajo y la posibilidad de articular un programa de cambios.

Hace unos años se desarrolló el segundo Congreso del Pueblo, hoy con propuestas en clave de la Estrategia Nacional de Desarrollo. Otra característica de esta clase obrera y de este movimiento sindical: no quedarse solo en la lucha reivindicativa inmediata.

Este antecedente del Congreso del Pueblo fue tan importante, que dicho programa es el que adopta el movimiento sindical, que ese año convocó a su primera acción de Mesa Representativa y sindicato, preparando lo que fue el primer congreso de la central que cumplió en estos días 60 años.

El bautismo del movimiento sindical fue muy duro, señora presidenta, porque ya en 1967 se aplicaron Medidas Prontas de Seguridad en el puerto y para los bancarios; hubo bancarios presos y la prohibición de hacer el congreso continental.

A fines de ese año, con la muerte de Gestido, la cosa fue peor: clausura de prensa. ¿Cuál fue la respuesta del movimiento sindical? El 20 de febrero, en el Paraninfo de la Universidad, con un conjunto de personalidades firmantes, entre quienes estaban don Atahualpa del Cioppo, Tálice, José Pedro Cardoso, el «Ruso» Turiansky, todos encabezados por José «Pepe» D´Elía, armaron un comité por las libertades democráticas.

El 1.º de mayo de 1968 no se logra llegar a la parte oratoria porque es reprimido duramente; muere una participante del acto, Pesia Grimberg, por un paro cardíaco provocada por los gases lacrimógenos. Hay represiones estudiantiles. Hay mártires estudiantiles que son simultáneamente mártires estudiantiles y obreros: el primero, Liber Arce, y Susana Pintos que tenía la doble condición de ser estudiante y trabajadora de Ancap.

Fue en ese contexto en que el movimiento sindical da sus primeros pasos como Convención Nacional de Trabajadores, con un informe contundente que sale por unanimidad de una comisión investigadora del Senado que funciona entre fines del 69 y 70, íntegramente conformada por los partidos tradicionales –imaginemos la composición del Senado del 70–, que documenta unánimemente y de manera detallada las miles de circunstancias de tortura en las cárceles a militantes sociales y sindicales, con 5300 trabajadores presos en el marco de las medidas prontas de seguridad.

En ese contexto de clausura, tortura, atentados y desapariciones, fue que tuvo que dar los primeros pasos la CNT: el asesinato de Rodríguez Muela en el 72, la masacre de los ocho obreros del Paso Molino; hay un paro de 48 horas después de la muerte de Gancio Mora, de «Torito» Serveli –del vidrio–, de Mendiola, de Abreu, de Fernández y de López.

En esas condiciones de deterioro democrático y de estado de guerra interno, la central tuvo que prepararse, frente al episodio de los médicos de octubre y los comunicados de febrero. En esas condiciones de deterioro democrático profundo, .el mismo día en que un decreto disolvía las cámaras parlamentarias, en el corazón de La Teja, en Laureles y Carlos Tellier, en el viejo local del Sindicato del Vidrio, se firmó un decreto. ¡Cómo no voy a mencionar, en un día como el de hoy, al «Gallego» Antonio Iglesias! Los trabajadores tomaban la decisión más heroica –el comunicado que sale esa madrugada es muy claro–, la de llevar adelante las resoluciones de los congresos. Esa discusión de la Convención Nacional de Trabajadores como coordinador la había reafirmado el primero congreso, el segundo congreso y el tercer congreso de la central: si hay dictadura, hay huelga.

Miren que hubo dictadura en casi toda América Latina, bajo El Plan Cóndor, para desestabilizar, pero la huelga general para responder a la dictadura fue acá. Fue una huelga pacífica y organizada que costó carísimo en todos los planos. Ni hablar del martirio de Peré y Medina, que fueron asesinados en medio de la protesta y la reivindicación; fue una consulta ciudadana. Ni hablar de la cantidad de compañeros presos; hubo que habilitar el Cilindro. Ni hablar de la cantidad de compañeros despedidos. La respuesta de la dictadura fue muy dura. Hay una entrevista que le hacen a Bolentini, donde molesto, dice: «¿Qué me preguntan por la CNT? La CNT no existe. ¿Es que acaso no leyeron el decreto?»

Y tuvo una obsesión la dictadura: construir una alternativa distinta a la del movimiento sindical. Voy a ir a eso, pero quiero hacer un homenaje a los trabajadores y las trabajadoras que pusieron la piel en la huelga general, la huelga más importante y más heroica que conoce la historia de nuestro país. Y quiero hacerlo con un poema que les dedica Ángel Oliva, que después pasa a ser parte de una canción de Zitarrosa y que se titula: «Hoy desde aquí».

Ángel Oliva decía: «Apoya tu mano derecha en mi cabeza y con tu brazo izquierdo aprieta mi cintura. Pon tus labios en el umbral de mi boca y acompáñame.

Es noche y allá están, sembrando, durmiendo debajo de los tornos, apretados junto al horno frío, compartiendo el tabaco y la foto del hijo.

Pan y rosas para los hombres del mundo, para los que siembran el trigo y levantan la flor. No te vayas, conversa con ellos, y sabrás qué fuerza tienen las palabras con sudor, y verás músculo a músculo, sostener gajo a gajo los gajos de la tierra.

Aquí están los obreros, ocupando y cantando, y volviendo a ocupar. Ocupando y cantando, cantando a la luz en que se teje sangre recién caída; sangre recién caída y caliente por venir.  Pan y rosas para los hombres del mundo, para los amantes de la paz, para los iniciadores de la máquina y la producción maquinista, para los vestidores de los sitios por donde el hombre pasa, para los que siembran el trigo y levantan la flor.

Hoy cuando me desperté, miré las paredes despintadas de mi cuarto y solté una carcajada, un beso y un pan. 15 de marzo de 1985. La luz resbala por nuestros hombros, y los ojos se abren sin fierros ni fusiles; somos nosotros, los del dolido traje gris y los versos clandestinos, los que sabemos seguro que entre espuelas, martillos y esperanza, dulce y amarga patria nos espera».

Mire, señora presidenta, de las primeras cartas que llegaron a Bordaberry en ese proceso cívico-militar fueron de protosindicatos, de manifestaciones sindicales. Se intentó rápidamente armar una cosa alternativa a la CNT. Cuando decimos que la dictadura tuvo como enemigo principal a los trabajadores organizados, lo queremos documentar. Cartas de la CTU, de una «Federación de Trabajadores de la Construcción» aplaudiendo el golpe de Estado. Y después estuvo la convocatoria a la Sala Verdi. En medio de la huelga general fueron requeridos cerca de 60 integrantes de la mesa representativa, muchos de ellos encarcelados y clandestinos, y en esa condición se hizo una convocatoria a las corrientes minoritarias de la CNT para fundar un sindicato alternativo. Y esa convocatoria fue promocionada por radio, convocada con mucha capacidad de difusión. Tomó la palabra Gromaz, de Funsa y habló fuerte y claro el «Gallego»: «¿Qué me hablan de libertad cuando están nuestros compañeros presos?», dejando en claro que ninguna diferencia interna podía estar por encima de la solidaridad y la ética proletaria.

Al mes siguiente la dictadura sacó un decreto para convocar a la afiliación a sindicatos libres en el Ministerio de Trabajo. Yo siempre digo que el primer plebiscito que pierde la dictadura fue con los trabajadores organizados, porque la CNT desde la clandestinidad define agarrar las planillas y convocar a los trabajadores –en medio de la dictadura, con los dirigentes presos– a reclamar afiliarse a los sindicatos de la vieja CNT que habían disuelto por decreto. Y fueron miles y miles de compañeros los que llenaron esa planilla, que hicieron que después en el ministerio no hubiera más planilla para buscar y tuvieron que imprimirse, por el costado, para seguir reivindicando que esa historia de lucha, de coraje, de ética, de épica que había construido el movimiento sindical, no había dictadura que la pasara por arriba. Y unos meses después pasó lo mismo con la elección universitaria, la primera de las elecciones libres; fue un día trágico para el continente, pero de orgullo para el movimiento estudiantil. Digo «trágico» porque fue el 11 de setiembre, cuando estaban asesinando a Salvador Allende, y ese día la FEUU tuvo un triunfo histórico.

¿Que si se pagó precio en la dictadura, señora presidenta? ¿Que si se pagó precio? Con allanamiento de locales; yo ya no me acuerdo de cuántos años hace –pero son unos cuantos– que pisé por primera vez el local del sindicato de la construcción, en la calle Yi. Ahí hay un cuadro con una llave, señora presidenta –ahora también hay un Sitio de la Memoria–, y esa llave nos recuerda a todos los trabajadores de la construcción que ese sindicato fue transformado en un centro de detención y tortura después de la huelga del 9 de octubre del 74. ¡No hacían discursos los sindicatos contra la dictadura! ¡El 9 de octubre del 74, huelga de 24 horas!

Tuve el honor de trabajar con el «Negro» Jacinto en el Punta Carretas, que fue dirigente y tomó esa decisión. Uno dice: bueno, pero era visto lo que iba a pasar después, que se comió 9 años de prisión y los compañeros entendían.  «Pepe» D’Elía una vez contó que la intención era la huelga de la construcción; después, de los frigoríficos y después ver si la central podía convocar en diciembre, ¡pero fue tan brutal la represión a los trabajadores de la construcción!

Esto pasó con el local de Fenapes y, al otro año, con el de la Untmra. ¿Por qué allanaron, se quedaron con el local de la Untmra y pusieron una comisaría de la 12 ahí y tenían guardados a compañeros? Porque los compañeros de la Untmra decidieron poner un cartel con una frase de Artigas. ¡Si tendrá que ver! ¡Una frase de Artigas! ¡No lo pudieron soportar y fueron y allanaron el local!

Pero la dictadura no fue solo de allanamientos de locales. Miren, si tendrá paradojas la historia: Gilberto Coghlan fue asesinado en tortura, como lo había sido Batalla –el «Nucho»– previo a la dictadura, en Treinta y Tres. El mismo día que se instalaba el Consejo de Estado acá –¡el mismo día!– estaba siendo asesinado este compañero de la Unión Ferroviaria y, poco después, Nuble Yic, también José Arpino Vega, Carlos María Argenta Estable, Julio Correa, Bonifacio Olveira, Julián Basilicio López, don Gelós Bonilla –cuyos restos estamos buscando hasta hoy–, Fernández Nieves, Cháves Sosa, de quien encontramos los restos. A mí me emociona la historia de Cháves Sosa; ¿por qué lo agarraron a Cháves Sosa? Porque era el cumpleaños de la hija y quería llevarle un juguete y los principales dirigentes sindicales se lo hicieron, ¿y qué le encontraron? Un peluche para su gurisa; como dije, hace no tanto encontramos sus restos.

También recuerdo a Julio Escudero, Humberto Pascaretta, Luis Arigón, Óscar Baliñas, Óscar Tassino –creo que el hermano está en la barra–, Ricardo Blanco, Gerardo Cuesta –asesinado en el Militar–, Félix Ortiz, Omar Paitta –que tuvo como veinte casas en la clandestinidad y, en un momento, cuando la mujer estaba embarazada de la tercera hija, dudó acerca de irse o quedarse y decidió quedarse porque venía el plebiscito del 80 y no podía irse; siguió en la lucha clandestina–, Miguel Mato, Liberoff –ese médico de pueblo en la Argentina– y Rosales –obrero de la construcción que lo iba a cuidar–, Gerardo Gatti, Hugo Méndez, León Duarte –dirigente histórico de la Funsa y referencia de la unidad del movimiento–, Ademir Bentancour, Adalberto Soba, Carlos Alfredo Rodríguez, José Pedro Callaba, Mary Luppi Mazzone, José Enrique Michelena, Fernando Bosco, Gustavo Goycoechea, Atalivas Castillo, Eduardo Gallo, Gustavo Arce, Severo Barretto –militante de UTAA–, Félix Maidana –también de UTAA–, Luis Urtasun, Arocena Linn, y tantos otros. La lista es interminable; no me daría el tiempo para mencionar toda la lista de presos en dictadura. Sin embargo, el movimiento sindical halló la forma de resistir, de que la dictadura saliera herida de muerte, de que cada 1.º de mayo tomara la manera de celebrarlo tanto que cuando la dictadura cambia la fecha del 1.º de mayo para el 5 de mayo, en el 80, los informes de Inteligencia son contundentes en el sentido de que los trabajadores encontraron la forma de seguir con eso. Ese día muere Reyes, trabajador de la Nordex.

Recordamos al PIT, el primer 1.º de mayo del 83, el papel de la Fucvam –a esto se va a referir, seguramente, Gustavo–, el papel del canto popular para encontrar en la copla la forma de traducir la protesta de un pueblo –el del 80, el del río de libertad– que peleaba por su libertad.

La dictadura fue derrotada por la lucha del pueblo uruguayo. El movimiento sindical siguió en pie ese 1.º de mayo de 1983 y también de 1984. En 1984 culmina con una consigna muy profunda: Un solo movimiento sindical. No pudieron el decreto, Bolentini, la cárcel, la tortura ni el exilio contra el papel del CNT coordinando en el exterior. En decenas de países había CNT organizadas, colaborando, juntando recursos para las familias de los compañeros que estaban presos. Estaban organizando la venida de los hijos. Hay que resaltar el papel de AEBU.

La derrota de la dictadura trajo otras agendas. La lucha contra la impunidad en los años 80, la lucha por la defensa de las empresas públicas. El organizarse en medio de la crisis de 2002 para intentar encontrar una salida en una situación compleja y dramática de destacadísimos compañeros militantes.

Yo sabía que me iba a pasar esto con este homenaje y es que el tiempo no me iba a dar. No se los puede nombrar a todos, a los que dieron la piel para construir sindicatos en el medio rural, a los pioneros y a las pioneras, a las mujeres trabajadoras, a Jorgelina, a la cantidad de compañeros que tuvieron gestualidades que la historia no debe olvidar. «La Bruja» Pacella era metalúrgico. Había estado preso y luego había sido expulsado del país. Apenas llegado del exilio, como todos los integrantes de las direcciones estaban presos, le pidieron que volviera. Volvió y cayó preso nuevamente. Pero volvió, tuvo esa decisión y ese coraje. Es esa historia la no queremos que se pierda y queremos homenajear.

Acá todo el mundo sabe que yo no hablo del movimiento sindical desde afuera. No podría. No me saldría por una cuestión de historia. En el año 1989 me afilié al Suopa. Era un puño y una espiga y lo integraban viejos anarcos panaderos. Teníamos una gestualidad que siempre me resultó muy buena que es que aparte del aporte sindical, se donaba un jornal por mes para la bolsa de trabajo para el que estaba desocupado. Era un sindicato muy pequeño, sin negociación colectiva, pero aun siendo muy pequeño y débil tenía esas gestualidades. Bastante más adelante fui montajista metal–mecánico y tuve la posibilidad de recibir el carné de la Untmra  que es un sindicato maravilloso. Pero, bueno, 25 años de mi vida los pasé en el sindicato de la construcción, conociendo algunas de esas historias, viviendo otras y aprendiendo muchas cosas. Aprendí que, en el centro de trabajo, al compañero que recién entra hay que habilitarle que entre a la olla sin pagar esa semana porque seguro que anda guerreado. Estuve aprendiendo de «El Virginiano», quien decía que la primera lección de un militante sindical es que el hambre del hijo de un trabajador tiene que doler igual sea blanco, colorado o comunista. ¡Te tiene que doler igual! La guiñada en la panza de ese gurí nos duele igual. ¡Y hay cosas que no se saben de los sindicatos! Hay cosas que se saben poco o que no siempre están en la tapa de los diarios.  Hoy, 10.000 hijos de trabajadores de la construcción son becados por el Focap que se construyó en medio de la lucha. Son 10.000; es bastante. Nos da una enorme alegría porque quebramos eso. Están los compañeros de Sintep que hacen brigadas solidarias y los de Aute lo mismo, y la Pedroza… ¿Que te equivocás? Pero, ¿cómo no te vas a equivocar? Pero, ¡qué tradición!, ¡qué historia!, ¡qué ética!, ¡qué orgullo! ¡Qué orgullo el movimiento sindical uruguayo que es reconocido en el mundo! Se trata de una gesta que nació en el siglo XIX, que atravesó penurias y martirios, que construyó programas y propuestas. Hoy se cumplen 60 años de haberse fundado la central más poderosa de la historia del país; una central que cuando las papas quemaron supo estar a la altura de la historia y que pagó un precio altísimo, que pasa a ser una causa y una mochila en la espalda. Entonces, como permanecer ajena esta casa cuando, en sus días más tristes y dolorosos, si hubo un sector de la sociedad que se jugó la ropa no solamente en la retórica, sino en la cancha concreta para defender la democracia, fue el de los trabajadores uruguayos y su movimiento sindical.

Entendíamos que esta gestualidad no podía pasar inadvertida.

Nos podemos preguntar cómo sería el Uruguay sin el movimiento sindical, sin los trabajadores organizados y sus luchas, sin sus conquistas, sin su acción colectiva, sin su acción comunitaria y sin su impronta. Y bueno, sería un país mucho peor.

Entonces, hoy es un día de homenaje y de reconocimiento, y también de alegría y de orgullo por tener en el país la clase obrera que tenemos.

Muchas gracias, señora Presidenta.

 

 

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