Crear un mundo nuevo es encontrar las palabras para nombrarlo.

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Por Claudia Suárez Delgado (*)

 

Desde el 2 y hasta el 18 de octubre se viene llevando adelante la 48° Feria Internacional del Libro de Montevideo. Este espacio conjuga la presentación de libros, conferencias, espacios de venta, ofertas y diversas actividades conectadas con la lengua escrita.

En este marco entrevistamos a Paula Simonetti.

Mate Amargo – Nos gustaría que te presentes y que nos cuentes: ¿qué significan para vos los libros, la poesía, la comunicación escrita?, ¿qué son en tu vida?

Paula Simonetti – Presentarme, la primera pregunta ya es difícil, porque hago, soy un poco lo que hago y no sé muy bien por dónde empezar. Soy Paula Simonetti, soy socióloga, soy poeta, soy investigadora, docente. Desde hace unos meses estoy trabajando como asesora de letras en la División Artes y Ciencias del Departamento de Cultura de la Intendencia de Montevideo que co-organiza, junto con la Cámara Uruguaya del Libro, la Feria del libro. Justamente hay una pensadora boliviana Silvia Rivera Cusicanqui, que la adoro, que es una gran referente, que me ayudó a pensar un poco esta convivencia de perfiles que tengo.

Ella habla de lo “cheje”, que es una expresión Aymara que sirve para pensar, que pueden convivir elementos que son muy distintos, incluso a veces contradictorios, sin pensar en una armonía, en una fusión, en una identidad, coherente. Incluso la convivencia en la diversidad que también abarca el conflicto. Me pasa un poco eso, es que primero soy socióloga, después poeta, no dejé de investigar para dedicarme a la gestión, son lugares que conviven, que a veces entran en tensión.

A veces puedo observar, a veces trato de entender cómo funciona la cultura institucional o el mundo cultural. Está la otra Paula, que escribe, la que se relaciona con el lenguaje desde un lugar mucho más incierto, más íntimo. Ahora también, hay otra, que tiene una responsabilidad más concreta de intervención o de decisiones sobre algunas políticas culturales, en conjunto con, por supuesto, un equipo de gente. El director de la división, Alejandro Nión, que está pensando fuertemente también la cuestión de la descentralización de las políticas culturales, con el tema de bibliotecas y otras cuestiones. También trabajando muy en conjunto con Débora Quiring.

Es raro porque durante muchos años, en mi doctorado y en mi trayectoria de investigación, estudié el trabajo cultural, también específicamente los escritores, escritoras y mi tesis de doctorado fue sobre las personas que hacen que suceda la cultura, las políticas culturales, trabajadores y trabajadoras que a veces son invisibles. Que hacen de todo, que articulan entre instituciones, recursos, personas, que ponen mucho, mucho cuerpo, mucho afecto, mucho compromiso y que a veces terminan subsidiando las fragilidades de las instituciones con ese trabajo.

Bueno, también volví un poco a estar adentro de lo que había estudiado, porque había estado coordinando el Centro Cultural Urbano, pero es interesante conservar un poco esas contradicciones. No me voy a convertir en una gestora que hace, hace, hace y deja de mirar desde la investigación, tampoco dejar la poesía.

Creo que hay algo de que esos lugares se pregunten y se incomoden entre sí, porque también un poco cada uno ve lo que otro no ve.

A veces, como que la sociología me obliga a estar muy atenta siempre a las desigualdades, a las estructuras, a ¿qué de esto particular que pasa, es un problema público?, si es recurrente, ¿no?

Y la gestión te enfrenta a las condiciones materiales que hacen posible las cosas.

Y la poesía, a mí, me obliga a mirar lo pequeño. A prestar atención y a conservar, dentro de la vorágine y la velocidad creciente -de la que habla Circe Maia-, la capacidad de asombro y la curiosidad, que nos puede llegar a salvar.

Estoy hecha de varios lugares que por suerte no terminan de fundirse y a mí me interesa trabajar y pensar desde esa fricción.

M.A. – Alguien dijo que la poesía puede cambiar el mundo, ¿qué crees vos al día de hoy? o ¿en qué medida la poesía ha cambiado tu vida?

P.S. – Hoy me pasó algo en la feria, hay un stand en el piso uno y medio, que es de las bibliotecas de la ciudad, que funcionan bajo la órbita de la división de artes y ciencias donde estoy, y es una anécdota mínima pero me hizo pensar un poco en las bibliotecas. Yo, buena parte de mi educación sentimental ocurrió en Paysandú, y en una biblioteca de Paysandú fue que conocí a Onetti y a Vallejo. O sea que los pude leer de primera mano. En Paysandú, en ese momento no había mucha librería y no había en casa una disponibilidad de libros y de decir quiero leer esto y conseguirlo ya en un clic.

Entonces el encuentro con esos dos, que en su momento me moldearon mucho la sensibilidad, me hace pensar en las bibliotecas como esos lugares que no son solo un lugar donde se prestan libros, sino ¿qué posibilidades de encuentro con el mundo puede abrir una biblioteca para alguien? En la feria me pasó eso, como que estaba yendo de un lugar a otro, en la velocidad de la gestión, en la velocidad creciente, y una señora me paró con uno de esos susurradores. Me dijo “¿te puedo susurrar algo?”, y me susurró como un pequeño cuento sobre una bicicleta que al final le terminaba hablando del sentido de la vida y, bueno, fueron cinco segundos, pero cuando termine nos miramos y estábamos las dos emocionadas. Era una actividad que estaba ocurriendo de narración oral de las bibliotecas de Montevideo, que llevan algunas actividades a la feria.

Una biblioteca te puede poner adelante a Vallejo a los 14 años, también te puede poner adelante una voz, un taller, una historia.

Entonces las bibliotecas está bueno que estén en la feria, pero también pensar un poco el movimiento inverso, como las ferias los libros los escritores también circulen por las bibliotecas y por los barrios porque la literatura, igual que cualquier cuestión que tiene que ver con la sociedad, está muy atravesada por las desigualdades, eso también lo vengo analizando con mi sombrero de socióloga, ahí me fui un poco por las ramas.

Y hablando de ramas, Ángel Rama que pensó en Latinoamérica, hoy creo que más que nunca necesitamos volver a pensar en Latinoamérica, lo estamos celebrando por sus 100 años.

Si la literatura puede cambiar el mundo, me queda grande y tampoco quiero caer en la idea de que leer nos va a hacer mejores personas, hay toda una idea muy moralizante en torno de la cultura y el arte que está bueno también sacudir un poco.

La literatura es una forma, hace muchas cosas con el mundo. Por un lado es una forma de conocer el mundo y, también en clave un poco sociológica, que estoy muy tomada por las ciencias sociales, pido disculpas al gremio de poetas también, pero la idea de la imaginación sociológica que trae un autor que me gusta mucho. Es esa capacidad de conectar la biografía y la historia, entender que algo que vivimos como muy exclusivo, o sea, exclusivamente nuestro, puede estar relacionado a algo que le pasa a la sociedad entera. La literatura a veces hace movimientos parecidos, aunque por otros medios, conectan distinto con nuestra sensibilidad porque vos a veces te encontrás con un verso. O  pasa con las canciones también, vimos lo que pasó con la poesía del Indio Solari.

Había alguien que decía que crear un mundo nuevo es encontrar las palabras para nombrarlo y hay algo de la experiencia de decir, ¡pucha! Esto era lo que yo sentí o una experiencia que estaba viviendo y nunca la había podido nombrar.

Esto que siento existe, con estas palabras Y no solamente la literatura interpreta o trabaja con lo existente, sino que también tiene esa cosa maravillosa de extrañarnos sobre el mundo, de interrogarnos, de ponernos incómodos, de ensayar mundos y de ensayar futuros, pasados, de darnos amigos y amigas, de hacernos vivir vidas que no vivimos y posibilidades que estaban en el campo pero no sucedieron. Sobre todo la pregunta política también ahí, de ¿qué pasaría si todo fuera de otra forma?, ¿no?

Entonces, no sé si cambia el mundo, pero si cambia nuestra relación con el mundo, la forma de nombrarlo, de imaginarlo, de percibir cosas que antes no veía.

Hubo un evento muy importante en la feria que fue el Simbiosis, el Festival de Literatura Extraña, recomiendo mucho que vean lo que se está escribiendo desde esos lugares, porque hay mucho de la vanguardia, y de lo que está sucediendo en Latinoamérica con la literatura extraña, que desborda muchas categorías.

La narrativa extraña estuvo presente en la feria, también no solo en la feria céntrica sino que fue a las bibliotecas de Peñarol, estuvo por Goes, generó un encuentro y una comunidad que esperemos que sea el nacimiento de un festival que tenga larga vida.

 

M.A. – Al día de hoy ¿sentís que la literatura, la poesía, está aportando a la vida? o ¿cuáles son los límites que operan para que esto no pase?

P.S. – Te decía de la velocidad creciente, Circe Maya, de la economía, de la tensión y todo eso. Hay una cuestión de la literatura, específicamente de la poesía, que disputa un poco la cuestión de la velocidad, de la dispersión. Porque la poesía te pide lo contrario, realmente te pide que te detengas y trabaja mucho con el silencio, con la atención casi microscópica sobre el lenguaje y eso también es una forma de habitar otros mundos adentro de este y el lenguaje no es nada menor. Es una de las materias con las que nos relacionamos afectivamente, con las que pensamos, con las que elaboramos nuestra memoria, con las que construimos los vínculos con las personas, con el mundo no humano también. Entonces la poesía también es un poco un entrenamiento de la atención.

Hace poquito hicimos un taller en Paysandú, muy lindo, donde hicimos una deriva. Y bueno, hay gente que está muy habituada a pasar por esos lugares. Les pedimos, con Lilián Silveira, una entrañable docente de literatura con la que descubrí mis ganas de escribir en serio hace muchísimos años, una consigna muy pequeña de salir a caminar y mirar solamente los márgenes, los bordes de las veredas donde no miramos. Todo lo que apareció y después lo pudimos rescatar en la escritura fue increíble, porque siempre caminamos como medio convencidos de que estamos viendo, pero en realidad la atención es selectiva. Y mirar ahí para abajo, en una grieta, donde hay una flor, una inscripción, una cosa rota, fue una maravilla.

A veces con la literatura pasa un poco lo mismo, a veces hay que sacar un poco la mirada de las grandes luces, los reflectores y mirar también por las grietas, por los márgenes y buena parte de lo que está, de lo que te decía de simbiosis, y de ¿dónde buscamos lo nuevo?, que era ahí tu pregunta, no hay que mirar los lugares más consagrados.

Las cosas más fermentales aparecen justamente en los bordes. En simbiosis aparece una combinación entre el terror, lo fantástico, la literatura más especulativa. Estuvieron autores de América Latina y autores uruguayos como Tamara Silva, Ramiro Sanchiz, Eugenia Ladra, Juan Mattio y Claudia Amador, comandados por el Hoski y su equipo, esas narrativas permiten torcer la realidad. Hay muchas preguntas, sobre los cuerpos, sobre las tecnologías, sobre nuestros miedos, sobre las formas de imaginarnos o no como comunidad, como futuro. Entonces esas flores raras que crecen por las grietas, bueno las flores raras es un libro de poesía de mujeres uruguayas. No estoy hablando de romantizar los márgenes, pero sí creo que desde la política cultural hay que generar mejores condiciones para que esas experiencias puedan florecer y existir sin perder su autonomía y  también escuchar y aprender a mirar donde en general no ponemos la luz.

 

M.A. – ¿Qué nos recomendás recorrer en la feria?

P.S. – Hicimos una apuesta interesante que es en la entrada del atrio, cuando pasás la puerta giratoria. ¿Qué te encontrás ahí? ]Originalmente es el stand institucional de la Intendencia, que como política de apoyo a la edición independiente, armó la librería de la ciudad, es algo que se viene haciendo desde hace un par de ediciones y va creciendo. Este año hicimos una convocatoria pública, y ahí hay más de 20 proyectos y editoriales independientes que me parece que está bueno ahí meterse un poco, en ese stand y dejarse llevar por las cosas nuevas que hay y los proyectos muy pequeños que hacen las apuestas más difíciles, que publican poesía. Hay una editorial preciosa que hace unos libros cocidos, que tienen un trabajo impresionante, hacen las apuestas más riesgosas también.

Del ecosistema del libro, publican poesía, publican primeras obras, géneros que muchas veces no tienen una venta asegurada, toman decisiones arriesgadas digamos y bueno hacen un riesgo económico pero también una apuesta. Se llama bibliodiversidad que intentamos promover y bueno generar este espacio para editoriales y proyectos que no podrían costear un stand propio porque los stand, bueno, como en todas las ferias del libro tienen un costo. Ahí el stand está cumpliendo esa función que decía, de generar condiciones para que puedan, para que esos libros encuentren lectores, que fundamentalmente es como el fin último de todo lo que hacemos, llegar a los lectores.

Está bueno de la feria que te permite encontrarte con cosas que, por ahí no ibas a buscar, es también una función fundamental de las librerías y de las y de los libreros como figura, ahí también fundamental junto con los y las bibliotecarias.

Una cosa que sucedió este año es que Circe Maia ganó el premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda y decidimos celebrarla en la feria y para mí fue de lo más emocionante que viví en la feria estos días. Por supuesto a Circe no le hubiera gustado y no le hubiéramos hecho nunca un homenaje así, en un pedestal y llena de solemnidad, invitamos a poetas jóvenes a leerla, hicimos un homenaje leyéndola, que creo que es la forma más linda de celebrar una poeta, leerla. Estuvieron siete escritoras, muy buenas todas, y también contaron un poco qué relación tenían con su obra y obviamente que no estaban hablando de una poeta a la que admiraban, sino que tenían a Circe en el cuerpo. Malena Luján creo que fue que dijo que cada vez que sale, sabe que tiene como una espalda que se llama Circe Maia. Eloisa Boleta dijo que Circe era un pilar y apareció la idea de Circe en nuestra mesa de luz por eso de la intimidad; y Soledad Castro-Lazaroff decía que Circe no es solo una de nuestras más grandes poetas, sino la más entrañable, me parece una palabra muy acertada porque están las entrañas ahí. Y estaba Alicia Ferreira, una de las hijas de Circe, y habló y contó unas anécdotas preciosas. Hubo una sensación afectiva y física ahí que la tradición literaria no es una estatua, que también es esa cosa de la voz, que pasa de un cuerpo al otro y fue uno de los momentos que más me emocionó.

M.A. – ¿Cómo entendés al día de hoy el vínculo de la literatura y la política?

P.S. – Bueno, va a venir Ezequiel Safferstein, que es un sociólogo, investigador argentino que viene trabajando mucho el tema de la cuestión de los libros en la batalla cultural y en el tema de las nuevas derechas. Va a venir a presentar su libro, recién salido del horno: “El libro negro de la nueva derecha, ¿cómo se construyó y cómo se gestiona la batalla cultural?”. Va a estar el martes 13 de octubre a las 17 horas en la Sala Dorada.

Va a estar Ezequiel y van a estar acompañándolo desde la UDELAR: Florencia Dansilio y Magdalena Broquetas. Organizamos esta actividad con la Facultad de Humanidades.

También con la Facultad de Humanidades organizamos una encuesta de públicos.

El libro está interesante y creo que la posibilidad de tenerlo de Ezequiel acá charlando también, también nos alerta de la cuestión de la romantización de los libros de esto que te decía antes, porque nada de la cultura ni del arte nos vuelve progresistas, democráticos, buenas personas. Está muy buena la conversación que vamos a tener con Ezequiel sobre esto, sobre la relación entre libros, política, nuevas derechas. Y también venía investigando él antes cómo se fabrica un best seller político, hay una frase muy famosa de Chartier, que también después fue el título de un libro de José Luis de Diego, un gran estudioso de la edición, que es, “los autores no escriben libros”. Digamos que no tenemos que mirar solo el autor, sino, ¿qué es lo que hace posible que exista un libro?. Y ahí aparecen un montón de actores, humanos y no humanos, desde el papel, que es un tema muy importante, que se encareció mucho. Bueno, no voy a entrar ahí, pero ahí Ezequiel empieza a estudiar todo lo que pasa con las editoriales, los editores, el marketing, los medios, las presentaciones, las ferias, las comunidades de lectores. Y la verdad es que las nuevas derechas entendieron bastante bien que la política también se disputa en el terreno cultural y es sorprendente todo lo que muestra ese libro y toda la investigación que hizo Ezequiel, sobre los libros de estos intelectuales de derecha: Agustín Laje, Nicolás Márquez. Cómo las nuevas derechas captaron que un libro, una editorial, la feria, un influencer y una conversación pública catalizan, intervienen muy fuerte en la construcción de un sentido común, ahí se vuelve a la pregunta si el libro puede cambiar el mundo, obviamente que un libro solo no, pero si lo vemos como algo más, como parte de una red de circulación de ideas y afectos, si participan de las disputas por definir cómo interpretamos lo que pasa, lo que nos pasa…y, está bueno también que en la feria haya espacio para pensar eso. ¿Qué hacen los libros?, ¿quién los produce?, ¿quién consigue hacerlos circular?, ¿qué mundos nos ayudan a imaginar?, ¿qué mundos no?

Y después, por último, ya pensando un poco como la cuestión del evento, porque la feria no deja de ser un acontecimiento, un evento y siempre me quedó la frase de los brasileros que: “Um evento e vento”, ¿no?. ¿Qué queda?, que es la pregunta del millón, ¿las personas?, ¿los eventos?, ¿los acontecimientos?. ¿Qué queda después de esa cantidad enorme de actividades? hay como 300 actividades en esta feria del libro, se saca una foto, se pasa a lo siguiente como esa sensación que vos tenías de escroleo, claramente la política cultural no se puede pensar desde los eventos que se producen o, por lo menos, nos interesa pensar que relaciones quedan. Capaz que una editorial independiente ahí encuentra nuevos lectores. Capaz que es el lugar, la plataforma donde una escritora encontró a alguien con quien después va a trabajar, capaz que una persona de las bibliotecas se cruzó con una biblioteca que después tiene en su barrio, que se puedan establecer esos vínculos. También si la institución aprendió algo y no hay que empezar de cero y podemos dejar ciertas capacidades instaladas.

Me gusta mucho esto que vamos a hacer de la encuesta de públicos, porque es importante saber quiénes vienen y quiénes no vienen, y también está lo otro que no se puede medir tan fácil que son los encuentros, esta señora que te contaba que en cinco minutos con un susurrador me paró un poco la velocidad y me susurró. Estas poetas jóvenes diciendo y nosotros sintiéndolo claramente porque ahí se notaba que, como Circe Maia, está en el cuerpo, entonces la cuestión de construir las condiciones para que esos encuentros sean posibles, después por suerte no podemos controlar qué pasa y eso es una suerte, pero bueno se intenta que se generen las condiciones para que todo eso se produzca.

 

(*) Claudia Suárez Delgado es licenciada en Psicología, ceramista,  especialista en Gestión Cultural, militante en organizaciones de la economía solidaria, feminista, integrante de la Red de intelectuales y artistas en defensa de humanidad (REDH) y de la Fdim, parte del colectivo Libertadoras antifascistas.uy

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