Por Michel Torres Corona (*)
Portada, Adán Iglesias Toledo (**)
La vida es un asunto de elecciones: ¿de qué lado estar? ¿Qué causas defender? ¿Quién nos puede representar mejor? Y no solo es un asunto individual, por supuesto. En Brasil, por ejemplo, el domingo se vivió una jornada electoral en la que parte de la sociedad votó para elegir un nuevo presidente. No hubo un resultado definitivo y habrá segunda vuelta, más o menos alrededor de la fecha en la que habrá elecciones en España, recién anunciadas por Pedro Sánchez; y se acercan también las elecciones de medio término en Estados Unidos.
Todas esas elecciones tienen un impacto en el mundo y en Cuba, porque detrás de esas votaciones se esconde una lucha entre el auge de la ultraderecha y los que se debaten entre la abstención y el votar al «menos malo». Con esas elecciones, pudiera también decidirse cuán difícil será en el futuro la batalla de nuestro país contra el fascismo, ese que se expresa lo mismo en forma del bloqueo petrolero, del genocidio en Gaza, de la invasión a Venezuela o de la discriminación y deportación masiva de migrantes.
Cuando hablamos de Brasil, estamos hablando también de uno de los últimos valladares del auge neofascista que sacude al planeta. Y hay un peligro real de que ese fascismo a la brasileña, que llamamos bolsonarismo, y que a su vez es una versión carioca del trumpismo, gane en la segunda ronda. Lo cual implica también que Cuba pudiera tener otro enemigo más en la región, o mejor dicho, que el imperialismo gane otro Estado subalterno.

Pero en Estados Unidos también se acercan días de contienda y, por lo divertidos que andan los enemigos políticos de los republicanos en esos lares, quizás pudiera haber esperanza de un cambio. Sin embargo, no todo el mundo por allá anda tan divertido. Algunos, ante la posibilidad de que ocurra un descalabro electoral del trumpismo, se desesperan e intentan azuzar al monstruo, llamando abiertamente a una invasión contra Cuba. Lo más triste del caso es que son personas que nacieron aquí, en el mismo lugar que piden ahora destruir con bombas.
Sí, es triste que cosas así sucedan; y sí, también es útil, porque nos permite mostrar esa cara de la contrarrevolución, apátrida e inmoral. Allá se manifiestan en Washington y por acá van a las fiestas de la embajada gringa a comer hotdogs, incluso en medio de una caída del SEN. Está todo público en las redes, pueden buscarlo. El rostro más visible de la contrarrevolución doméstica por estos días, parte de esa tropa que anda en permanente romance con los diplomáticos estadounidenses y con el fundamentalismo religioso, es una muchacha que se hace llamar Ana Bensi y que recientemente fue procesada y sancionada por un tribunal.
Aunque se intente mostrar como perseguida política, lo cierto es que fue sancionada, tras querella privada, por un delito común, un delito contra el honor y la privacidad de un ciudadano, en este caso un policía. Y no privación sino limitación de libertad, aunque es cierto que con este caso pudiéramos hablar —como hemos hecho otras veces— sobre la pertinencia de la sanción, sobre su proporcionalidad… pero la ley existe, eso es innegable.

La vida es una cuestión de elecciones. Y las elecciones tienen consecuencias. La respuesta a aquellos que eligen ser cómplices del asedio imperialista contra nuestro país debe ser política sobre todo, pero tampoco puede otorgársele impunidad. Y en la defensa contra ese asedio se pueden cometer —y se han cometido— errores y excesos, pero eso no quiere decir que perdamos de vista quiénes son los verdaderos enemigos del pueblo cubano, esos que lo mismo con sanciones económicas o con actos de terrorismo buscan asfixiarnos y amedrentarnos. Hace poco, el 6 de octubre, se cumplió medio siglo del Crimen de Barbados, cuando un avión cubano fue derribado por una bomba colocada por terroristas entrenados y financiados por la CIA. Es imposible dejar de recordar las consecuencias que, como país soberano, hemos tenido que asumir.
¿Qué se puede agregar sobre lo peligroso que es que el fascismo gane en Brasil o en España? ¿Qué más se puede decir sobre Marco Rubio, Trump y toda la caterva de corruptos y mentirosos que dirigen al país más poderoso del planeta? ¿Qué más hablar sobre los que invocan a Dios para justificar lo mismo el bloqueo contra Cuba que la matanza de niños en Palestina, Irán y el Líbano?
Cuba representó y sigue representando hoy todo lo contrario. Eso es lo que hemos elegido: no somos una amenaza, solo decidimos no someternos, cometer nuestros propios errores, sin tutelajes ni injerencias. Nosotros, los comunistas, los revolucionarios, los patriotas todos, podemos cometer errores, incluso podemos llegar a ser injustos… pero estamos del lado correcto de la Historia. Si no nos creen, miren para el otro lado. Y elijan.
(*) Michel E. Torres Corona, abogado y comunicador cubano, conductor del programa «Con Filo» de la Televisión Cubana. Director del grupo editorial Nuevo Milenio, es además colaborador de varios medios de su país y el mundo.
(**) Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capítulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales, y ha sido premiado más de 40 veces en su país y otros países.