ESTRATEGIA Y CAMBIO ESTRUCTURAL  

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Por economiapolitica.uy *

Dibujo del Prof. Adán Iglesias Toledo **

 

El objetico estratégico central del Programa del Frente Amplio 2025-2029 define una sociedad alternativa a la vigente, que se transforma a su vez en una guía para la acción política de gobierno y del consecuente despliegue social de la militancia frenteamplista. En su página 15 expresa “Se trata de construir conscientemente, desde la sociedad y el Estado, una sociedad centrada en lazos solidarios, organizando la producción, circulación y consumo de bienes y servicios con base a la resolución de necesidades, buscando condiciones de vida de alta calidad para todas las personas, sin explotación del trabajo ajeno y que permitan desarrollar capacidades humanas para la gestión democráticas de las organizaciones, para la participación y toma de decisiones”.

Decimos alternativa pues la lógica capitalista de producción predominante se desarrolla con base en la obtención de ganancias privadas a través de la explotación del trabajo asalariado, que se transforman en dinero a través de consumos que responden fundamentalmente a necesidades creadas por la publicidad y el marketing. Las relaciones de producción y de consumo se desarrollan en condiciones subalternas, no democráticas, para las clases marginadas de las estructuras de poder dominantes que deciden sobre la inversión, la producción y el consumo.

Aquel objetivo central implicaría “la transformación sustancial y gradual del modelo productivo existente”, para lo cual “el país necesita contar con una estrategia de desarrollo”. Una Estrategia Nacional de Desarrollo Sostenible (página 16), cuyas acciones prioritarias se desplegarían a través de la planificación estratégica del Estado, mediante la “transformación y diversificación de la matriz productiva”, sobre la base de las Empresas Públicas, una mayor transformación de las materias primas y estableciendo sectores económicos prioritarios y los instrumentos que los impulsarán.

Este desafío de cambios estructurales comenzó dos décadas atrás, con el acontecimiento histórico del primer gobierno de izquierda en Uruguay, quebrando la ancestral alternancia bipartidista. Hay resultados muy diversos que intentaremos describir, y pensar como seguir.

La diversificación productiva tuvo resultados contradictorios. Las Empresas Públicas, como lo marca el programa, tuvieron un papel muy relevante, y sencillamente revolucionaron el acceso a servicios de energía eléctrica y telecomunicaciones a toda la población, poniendo al país en un sitial de privilegio en el mundo y la región en lo que hace al avance tecnológico siglo XXI. A su vez actuaron como los principales sustentadores del aumento en la productividad, y por tanto de la competitividad de la producción de bienes y servicios producidos en territorio uruguayo. En efecto, la productividad del trabajo aumentó en promedio al 3% anual, particularmente en los sectores con grandes empresas intensivos en tecnología, y en el sector agropecuario que mantuvo el crecimiento con menor empleo de mano de obra. A partir de 2019 la productividad se estancó – también la dinámica de las empresas públicas – en un desarrollo a dos velocidades, aumento en el sector agropecuario y disminución en los servicios donde el producto y el empleo crecieron a la par.

Si en el análisis nos instalamos ahora en la estructura productiva, en primer lugar constatamos el crecimiento diferencial entre el sector material de la producción y el de servicios. En lo que va del siglo XXI, la producción material (agro, manufacturas, construcción y energía) creció a razón de 1,6%, mientras la producción de servicios lo hizo a un ritmo de 2,7%. Ello determinó una pérdida de importancia, especialmente de la industria manufacturera, en la generación de riqueza y de empleo, por lo que el objetivo de diversificación productiva, entendida esta como el proceso transformador del modelo agroexportador, no se ha dado. En el año 2000, agro e industria constituían el 28% del valor de agregado global, en el año 2025 tan solo el 23%, como vemos en el cuadro 1.

El cambio estructural visto en el destino de la producción de bienes y servicios puede adquirir otras facetas. Desde este punto de vista la apertura de la economía al exterior es la que muestra el cambio más relevante. Medida como la participación de exportaciones e importaciones en el PIB global, evolucionó donde el consumo interno y las exportaciones muestran las más importantes variantes. En el año 2000, el comercio exterior de bienes y servicios que representaba el 38% del PIB, en 2025 aumentó al 60%, con un desarrollo particular de las exportaciones, que si bien ha mantenido un superávit con el exterior, el 70% del valor exportado se concentra en solo 10 productos que reafirman el carácter agroexportador y poco diversificado de nuestra economía[i]. Es interesante además observar, como los puntos de partida de este proceso (2002 y 2020) son el inicio de las dos grandes crisis de los últimos 25 años, reflejo de nuestra dependencia del ciclo capitalista mundial de los commodities (materias primas provenientes de la agricultura y de la ganadería).

El otro rasgo de la producción nacional que hemos anotado, la creciente participación de la producción de servicios, también se muestra en las exportaciones, y especialmente en ciertos servicios, denominados Servicios Globales de Exportación, que suma los ingresos por servicios de software, audiovisuales, diseño, financieros, empresariales y profesionales, entre otros, cuya actividad se concentra en el marco legal especial de las Zonas Francas. El cambio estructural en el valor exportado se dio entonces al interior de los servicios, con el constante incremento de la importancia de los servicios globales, en detrimento del turismo y el transporte, como lo muestra el siguiente cuadro.

La síntesis entre crecimiento económico y desarrollo se revela en el enfoque por ingresos del PIB, esto es, la distribución del valor producido y comercializado. Las cuentas nacionales nos permiten un acercamiento a dicha distribución a través de la participación de la remuneración al trabajo (dependiente e independiente), de las ganancias que apropia el capital como excedente del valor agregado por el trabajo a materias primas e insumos, y del estado por medio de impuestos directos e indirectos. De acuerdo con las series publicadas por el BCU, la remuneración del trabajo dependiente (salarios) en el PIB en el año 2000 alcanzaba el 40% del PIB, mientras el excedente (ganancias empresariales) el 31%. A mediados de la década, el crecimiento económico asociado a una redistribución del ingreso se había constituido en un proceso de desarrollo que conjugaba ciertos cambios estructurales, la masa salarial creció en su participación del PIB (44% en 2014), aunque las ganancias empresariales aumentaron en mayor proporción, haciendo más grande la tasa de plusvalía (cuadro 3).

Desde 2022 en adelante la masa salarial se situó en 40%, en un contexto de disminución del valor agregado al volumen de materias primas e insumos utilizados globalmente, lo cual reafirma la necesidad de políticas industriales y crecimiento desde adentro hacia afuera en la inserción internacional. Ello exige acciones deliberadas hacia actividades económicas prioritarias – una estrategia – y una planificación que marque un rumbo económico y social sostenible y soberano.

Está en curso una Estrategia Nacional de Desarrollo con participación del PIT-CNT, cámaras empresariales y academia. Presentada por Presidencia y la OPP (Oficina de Planeamiento y Presupuesto), la estrategia, mediante el fortalecimiento de las capacidades productivas, tecnológicas y humanas del país apunta a una “mejora sostenida del bienestar de la población”. El proceso comenzó en junio, trabajando sobre competitividad; en julio, sobre productividad; y en agosto, sobre sostenibilidad. De allí en adelante se implementarán las propuestas acordadas. El año 2027 contendrá la etapa de seguimiento, evaluación y revisión.

Anexo Gráfico

(*) EconomiaPolitica.uy es un Programa de asesoramiento, investigación y formación en Economía Política.

(**) Prof. Adán Iglesias Toledo, Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC. Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero.

 

 

 

[i] Carne, celulosa, soja, leche en polvo, arroz, madera y subproductos de trigo y cereales.

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