El bloqueo criminal y genocida asfixia y mata de manera silenciosa

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La diplomacia cubana refuta a Mike Waltz. representante de Donald Trump y Marco
Rubio en la Asamblea General de la ONU. Votan 136 países a favor de la discusión
programada para octubre próximo, que intentó ser saboteada mediante amenazas por EU.

Nueve sufragaron en contra y 30 países se abstuvieron.

Por Carlos Fazio (*)

Dibujo, Adán Iglesias Toledo (**)

El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, denunció este martes ante la Asamblea General de la ONU las consecuencias del ilegal bloqueo impuesto por Estados Unidos contra la isla, y respondió a las acusaciones formuladas por el representante permanente de Washington, Mike Waltz. Durante su intervención, el canciller cubano presentó ante la sala del organismo internacional imágenes sobre los efectos de las medidas punitivas estadunidenses, especialmente las relacionadas con el cerco energético, negado por Waltz.

Rodríguez aseveró que la administración Trump lleva a cabo una guerra multidimensional, no convencional, que dura ya casi siete décadas y se ha vuelto más cruenta y despiadada en los últimos siete meses, tras del bloqueo naval a la entrada de hidrocarburos a la isla considerado por las autoridades cubanas un acto de guerra. Añadió que el cerco para impedir el acceso de combustible de carácter comercial y humanitario, mediante amenazas directas y acciones coercitivas unilaterales, incluye el acoso y amedrentamiento de buques tanqueros por medios navales militares de Estados Unidos.

Sin mencionar directamente al presidente Donald Trump ni a sus secretarios de Estado y de Guerra, Marco Rubio y Peter Hegseth, respectivamente, señaló que Estados Unidos, autor de los bombardeos nucleares contra Hiroshima y Nagasaki, y responsable de decenas de intervenciones militares y el amparo de las más cruentas dictaduras militares en América Latina y otras regiones, ha dirigido reiteradas amenazas de agresión militar a la isla a través de los más altos niveles gubernamentales y fuentes públicas que describen opciones y preparativos bélicos.

Bruno Rodríguez habló durante el debate extraordinario de la Asamblea General para reabrir el tema 38 de su agenda “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”, cuya votación anual en la ONU está prevista para octubre próximo. El apoyo el martes a la causa cubana contó con136 sufragios a favor, nueve en contra y 30 abstenciones.

El canciller isleño dijo a los Estados miembros que el daño humanitario sistemático contra la población cubana constituye un acto de “castigo colectivo”, y recordó que el propio presidente Trump ha dicho que no cree que “se pueda ejercer mucha más presión salvo entrar y destrozar el lugar”. Rodríguez subrayó que el bloqueo genocida “asfixia y mata de manera silenciosa”, y que atender ese “crimen despiadado” es también una responsabilidad de las Naciones Unidas. Al respecto, señaló que el gobierno de EU y en especial su Departamento de Estado difunden la mentira de que el bloqueo no se dirige contra el pueblo cubano, sino solamente contra sus autoridades.

En ese sentido, la delegación cubana interrumpió a Mike Waltz varias veces durante el debate y lo llamó “mentiroso”. A su vez, el canciller Rodríguez denunció que el representante de EU había tratado de “ejercer un acto de censura” que, dijo, “será posible en un campamento de Boinas Verde, pero no en este magno recinto”. Y se refirió al “gastado argumento” del gobierno estadunidense, según el cual “el cerco de combustible contra Cuba no existe, que el bloqueo es una mera justificación del gobierno cubano para sus problemas internos, que Estados Unidos solo ejercen el derecho de negarse a comerciar con Cuba y de aplicar un simple embargo (…) Es una mentira en la que no cree nadie”.

Ante el pleno, sostuvo que “la hostilidad y amenaza que enfrenta Cuba forma parte de una preocupante secuencia de violaciones al derecho internacional y es preludio de lo que mañana podría ocurrir en cualquier otro país”. Cuestionó a la Asamblea si ese “ es el nuevo orden mundial al que nos dirigimos”, y dijo que es ineludible defender los valores fundacionales de las Naciones Unidas, el derecho internacional y la Carta del organismo, así como hacer valer la promesa de preservar a las generaciones presentes y futuras del flagelo de la guerra.

Mencionó que existen conversaciones diplomáticas bilaterales entre Estados Unidos y Cuba, pero dijo que “no muestran progreso y es difícil que lo tengan si la expectativa de quienes lo conducen en Washington, es tratar a Cuba como un adversario vencido o conquistado, como una posesión colonial o un dominio sobre el cual Estados Unidos tiene jurisdicción y autoridad”.

Denunció, asimismo, que esa política criminal y genocida responde “al capricho anticubano y revanchista” de un segmento minúsculo, pero poderoso e influyente que se concentra fundamentalmente en el sur del estado de Florida, pero que “muestra capacidad de manipular al sistema político” de EU y orientar la conducta del actual gobierno.

El ministro reiteró que la isla “no representa una amenaza a la seguridad nacional de la mayor potencia militar y nuclear del planeta, agresiva, depredadora, orientada a imponer la paz a través de la fuerza (…) Cuba no es una amenaza. El bloqueo, sí. La nación amenazada es Cuba. Pero somos una nación comprometida y defensora de la paz, del derecho internacional, el multilateralismo, la verdad y la justicia”.

Guerra híbrida y desinformación

En el marco del debate en la Asamblea General de la ONU que intentó ser boicoteado, silenciado y amordazado sin éxito por Washington, conviene tener en cuenta algunas modalidades de la guerra multidimensional de desgaste y castigo colectivo de EU contra Cuba.

Como argumentó con profusión de datos el canciller Rodríguez, se trata de una guerra de larga duración contra la población cubana. De un caso de manual de guerra híbrida multidimensional (Rosa Miriam Elizalde dixit). De guerra cognitiva. De disputa de sentido. Porque a Cuba no sólo se le bloquea; también se le narra, denigra y caricaturiza de manera sistemática.

Por eso, en su puja con J. D. Vance por suceder a Donald Trump en el sillón de la
presidencia imperial, Marco Rubio, en su sietemesina gusana obsesión por destruir a la Revolución Cubana, ha venido desplegando una intensa ofensiva mediática que, a través de una aceitada maquinaria de producción simbólica en red de redes –de diarios digitales (Axios, Infobae), plataformas hegemónicas (Facebook, Instagram, You Tube, X y Tik Tok), canales audiovisuales, operadores políticos (Marc Caputo en Axios; Tomán Lejtman en Infobae; Mario Pentón en Radio y TV Martí) e influenciadores articulados alrededor del ecosistema anticastrista de la Florida (CiberCuba, Cubanet, Telemundo 51, El Toque, La Tijera)– ha fabricado una lectura tóxica, sesgada y prejuiciada de la realidad cubana.

Mediante esa arquitectura de influencia y guerra cognitiva para producir percepciones, que actúa como vocería amplificadora y legitimadora de sus posiciones como secretario de Estado, asesor de Seguridad Nacional, estratega y actor político, el “mendaz” Rubio –como lo llamó el canciller cubano Bruno Rodríguez–, busca ubicarse, con fines político-electorales, a la cabeza del ala militarista del trumpismo.

En esa guerra híbrida de intoxicación política, que funciona por capas y trabaja por
acumulación, simultaneidad y adaptación de formato desde plataformas con incentivos algorítmicos distintos, las filtraciones (atribuidas siempre a fuentes anónimas) y los discursos propios de la guerra psicológica (con eje en la polarización binaria amigo/enemigo), ocupan un lugar central.

Pero la guerra de información no se libra solo mediante noticias falsas, sino también con narrativas y matrices de opinión que convierten cada hecho cubano en argumento para la agresión mediante coberturas circulares y sincronizadas, que no explican sino que sentencian; donde la conclusión previamente fabricada –fracaso sistémico, colapso, crisis humanitaria, cambio de régimen– aparece antes que la información y el análisis. El receptor no percibe repetición coordinada para generar percepción, sino apariencia de consenso. En esa cadena, la narrativa deja de depender de una pieza y se convierte en ecosistema.

El resultado es un encuadre donde la actual crisis en la isla deja de ser explicada por sus causas (en mayor medida y más allá de los errores propios: el bloqueo, las sanciones, el acceso limitado al combustible y un largo etcétera), y pasa a ser usada como un recurso de combate político-ideológico; como “prueba” de una supuesta inviabilidad nacional, manufacturada mediante etiquetas estigmatizadoras que nombran al gobierno como ‘régimen’, ‘dictadura’ o ‘comunista’, palabras que no funcionan como simples descripciones, sino como un encuadre previo. Y cuando aparece una explicación alternativa, ya llega tarde: el marco emocional fue instalado antes. Se trata de un patrón de comunicación política con fuerte carga emotiva e impacto audiovisual, que despoja a la sociedad cubana de complejidad, pluralidad, legitimidad y derecho a defender sus decisiones soberanas.

En la propaganda de Rubio y su jefe, el narcisista cleptómano de la Casa Blanca, el “pueblo” es apropiado discursivamente como víctima y colocado frente a un “régimen” represor, presentado como enemigo absoluto. La exclusión del contexto completa la operación. Un país sometido a sanciones punitivas, presión energética y campañas de descrédito es narrado como si actuara en condiciones normales. Esa omisión no es neutral. El silencio u ocultamiento de datos también comunica y permite culpar a Cuba de todos los efectos de la agresión imperial (inversión causal).

Cuando el bloqueo desaparece del encuadre, la víctima aparece como culpable de su propia asfixia. Siempre el mismo guion: el imperio crea el infierno y se presenta como la solución salvífica. Es el “hacer gritar la economía” de Nixon y Kissinger en Chile (1971/73) y del secretario del Tesoro, Scott Bessent, en Irán (2026).

Todo eso fue lo que logró desmontar la diplomacia cubana en la ONU, pese a las marrullerías y el juego sucio del representante de Trump y Marco Rubio en la sala, quien intentó en vano embarrar la cancha en un nuevo intento fallido por impedir la condena de la comunidad internacional al bloqueo de EU a la isla.

 

(*) Carlos Fazio, escritor, periodista y académico uruguayo residente en México. Doctor Honoris Causa de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Autor de diversos libros y publicaciones. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (Capítulo México)

(**) Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capítulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales, y ha sido premiado más de 40 veces en su país y otros países.

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