Un gobierno que administra sus propios desencuentros

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“Estás desorientado y no sabés
Qué trole hay que tomar para seguir
Y en ese desencuentro con la fe
Querés cruzar el mar y no podés
La araña que salvaste te picó (…)

(Desencuentro. Cátulo Castillo)

 

Por Andrés Correa (*)

Dibujo, Adán Iglesias Toledo (**)

 

Hay un momento en política donde el triunfo de una elección es, al mismo tiempo, el inicio de su desintegración. La Libertad Avanza experimentó, tras las elecciones de medio término, en octubre del 2025, el peligroso éxtasis de arrasar con todo. Con las urnas aún calientes y la aprobación a sangre y fuego de la ley de reforma laboral, en febrero de éste año, el oficialismo se mostró envalentonado, embriagado por una ilusión: creyeron que el “sujeto histórico», aquel de las luchas sociales que tanto desvela a la oligarquía argentina, había muerto definitivamente para dar paso al consumidor absoluto, aislado y sumiso.

Pero, hay quienes advierten que es exactamente cuando se obtiene lo que deseas que la verdadera pesadilla comienza. El modelo hiper-desregulador no encontró su límite en la oposición fragmentada, sino en su propia imposibilidad política. El freno de mano de esta maquinaria depredadora llegó con las denuncias de enriquecimiento ilícito, recepción de dádivas y posible defraudación y posterior renuncia del entonces Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que consumió en 4 meses buena parte del capital político que los libertarios habían consolidado en las urnas. El gobierno no administra el país; administra su propio y brutal desencuentro.

El laberinto libertario

Para entender la obscenidad de este laberinto, podemos ir al decreto sobre practicaje portuario, con firma del el entusiasta ministro desregulador, Federico Sturzenegger y el visto bueno autómata del presidente argentino, Javier Milei que derivó en un paro que dejó 185 barcos varados. ¿Cuál es la ironía suprema aquí? El Estado, en su frenesí por destruirse a sí mismo, descubrió puertas adentro, a través de la Armada, que no tenía con qué reemplazar a los prácticos en huelga. En 48 horas, las petroleras avisaron que quedaban tres días de combustible. Pues entonces, el Gobierno retrocedió, acordó bajar las tarifas que cobran los prácticos para disimular la derrota ante su propia feligresía y siguió de largo. El episodio expone la falla estructural del régimen libertario: la castración de lo público.

El diagnóstico interno es el de un poder que no termina de ordenarse porque rechaza la noción misma de «orden» estatal. Así es que el Gobierno disolvió por decreto, el Coro Nacional de Niños tras casi 60 años de actividad. Un golpe al patrimonio cultural de Argentina.
Existe una suerte de bypass institucional permanente donde ministros como Sturzenegger excitan a un Milei que solo admira los pergaminos académicos y su cruzada contra «los privilegios». Mientras tanto, la mesa política ampliada es una tragicomedia: Karina Milei opera como el deber ser insaciable de la administración, Diego Santilli oficia de bombero en un país en llamas, los Menem y Santiago Caputo entran y salen de la escena según el humor del emperador. El dato más atroz es el aislamiento de Milei. Replegado en Olivos, ensimismado en su comunicación vía la red X (ex Twitter), anestesiado por los viajes internacionales y la teoría económica austríaca, el Presidente se ha convertido en un fantasma que no interviene en la crisis real, delegando el sufrimiento de los cuerpos en las fuerzas del mercado.

 

Los límites a la ley de tierras

La desconexión del gobierno llegó a las calles con la fallida «ley de tierras». En primer lugar no le encontraron el precio a los gobernadores aliados. Cuando el oficialismo intentó vender la ley de inviolabilidad de la propiedad privada en pleno clima nacionalista post Mundial, chocó contra la materialidad de la historia. A diferencia de debates técnicos, la campaña se viralizó fuertemente a través de Instagram y X (ex Twitter) gracias al apoyo de artistas populares e influecers (como Lali Espósito, Tini Stoessel, Ca7riel, Diego Leuco, Martin Cirio y muchos más) incluso convocando a movilizar el día de la sesión en el Senado. El 6 de agosto, mientras Victoria Villarruel (en un perpetuo juego de tensión política con Milei) quedaba a cargo de la Presidencia del país, por otro viaje presidencial. El Congreso se blindó. Afuera, el frío y una lluvia torrencial que le daba a la escena un tinte de tragedia popular clásica, la movilización de sindicatos, agrupaciones políticas, sociales y culturales con miles de personas autoconvocadas desbordaron los cálculos oficiales. Y allí apareció la verdad del modelo: el operativo de seguridad. Balas de goma, vallas, gases lacrimógenos y una trabajadora de prensa con la base del cráneo fracturada. Pensemos un momento en esta atrocidad: la libertad de mercado siempre requiere, tarde o temprano, la ruptura de los huesos de trabajadores o de quienes resistan a un modelo de país para pocos.

Lograron una media sanción pírrica, tras retirar el capítulo sobre la extranjerización de tierras y las modificaciones a la Ley de Manejo del Fuego. Patricia Bullrich admitió que meses atrás el proyecto pasaba entero. Y aquí radica el quiebre: la imagen positiva de Milei cayó del 45% al 35%, quebrando el activo más sagrado de cualquier dogma político: la esperanza. Varias encuestadoras revelan que más de la mitad de la población sabe hoy, que mañana será un día peor.

La variable que nadie controla

Si vamos al hueso de la economía real es ahí donde la ideología se vuelve verdaderamente sádica. El empleo es la variable que nadie controla. Como señala Ricardo Arriazu, una voz del establishment, no un agitador marxista, la transición productiva destruye empleo más rápido de lo que lo crea. Los sectores que demandan divisas (energía, minería y agro) no absorben la mano de obra masiva del conurbano que la industria y el comercio están expulsando. Arriazu lo dice claro: los trabajadores no tienen la culpa de pagar el costo de un ajuste estructural para el que no fueron invitados.

Desde la disidencia libertaria, Diego Giacomini advierte la trampa financiera: el gobierno posterga el problema fiscal acumulando deuda en pesos a tasas obscenas, garantizando una futura inestabilidad cambiaria. El esquema de Luis Caputo ya es un cadáver sin sepultar. Pero es Gustavo Lázzari, desde el mundo pyme, quien nos entrega la imagen más pura de la perversión del sistema según su propia experiencia hay trabajadores pidiendo de rodillas a sus patrones que los despidan para poder cobrar la indemnización y pagar deudas impagables.

 

La deuda puertas adentro

Acá la victoria final de la crueldad planificada. Un informe del CEPA sobre datos del Banco Central revela que la morosidad trepó al 12,3% en bancos y a un apocalíptico 29,6% en billeteras virtuales. Casi cuatro de cada diez jóvenes están en mora. Mientras el salario real se derrumbó hasta un 18,7%, las familias se endeudaron para comer y pagar la luz. Las tasas desreguladas de las fintech con Mercado Pago y Marcos Galperín como estandartes del nuevo feudalismo digital, operaron como una guillotina algorítmica.

La respuesta de Santiago Bausili (titular del BCRA) culpando a la «imprudencia de los deudores», apelando al riesgo moral y que es un simple acuerdo entre privados y para justificar no intervenir, contrasta violentamente con la advertencia del arzobispo Jorge García Cuerva. El sobreendeudamiento ya no es un problema técnico; es la asfixia moral de un pueblo. Es la perversión absoluta del deseo: el sujeto suplicando su propio desempleo para calmar al acreedor digital.

Argentina tiene con deuda en mora a casi 6 millones de personas, un abismo que Javier Milei se niega a mirar.

 

Pérdida de imagen y margen

Hay un desacople trágico entre el tiempo helado de la macroeconomía y el tiempo angustiante de los cuerpos sociales. El ministro de Economía, Luis Caputo, juega de trader y según denuncian desvía fondos fiduciarios (como los viales) que son colocados en activos financieros como plazos fijos, títulos públicos y Letras del Tesoro además la estrategia macroeconómica de absorción de pesos conocida como carry trade o bicicleta financiera, un esquema que se basa en mantener tasas de interés reales positivas con rendimientos tentadores en pesos  y un tipo de cambio oficial fuertemente contenido.  Mientras que Milei se aferra al fetiche de la baja inflacionaria, que no logra controlar en forma definitiva. El gobierno perdió el margen de error político. Y cuenta según estudios de opinión pública con una desaprobación que oscila entre el 57% y el 64%.

El laberinto libertario no tiene salida porque está construido sobre una premisa falsa: la creencia de que se puede gobernar un país de carne y hueso desde la asepsia de una hoja de cálculo, olvidando que, al final del día, la realidad, un nudo indigerible de hambre, incertidumbre y deuda, siempre, inexorablemente, viene a cobrar su parte.

 

(*) Andrés Correa, Periodista argentino-uruguayo, director y conductor principal del Programa Radial «De Fogón en Fogón», corresponsal de Mate Amargo en Buenos Aires, Argentina.

(**) Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capítulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales, y ha sido premiado más de 40 veces en su país y otros países.

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