Los olvidados de la sociedad uruguaya, los pueblos originarios

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Por Martín G. Delgado Cultelli (*)

La sociedad uruguaya siempre se ha pensado como blanca, descendiente de los barcos, a lo sumo solo ha reconocido su aporte afro. Todo el meta-relato nacional hace hincapié entre el divorcio entre la sociedad uruguaya y los pueblos originarios. El relato de invisibilización y exclusión de lo indígena ha sido tan fuerte, que no existe la categoría de “mestizo” (como en otras regiones del continente) en el imaginario nacional, a pesar de que la población criolla/gaucha claramente podría entrar en la categoría de “mestizos”.

Esta exclusión radical de los pueblos indígenas de los imaginarios del país esta relacionado con la propia construcción del Estado Nacional. No nos olvidemos que en los primeros años del Uruguay independiente se llevaron a cabo una serie de campañas militares genocidas contra la Nación Charrúa y contra los guaraní-misioneros de Bella Unión. El hito de esta política represiva anti-indígena fue la Masacre de Salsipuedes de 1831. A esto hay que agregarle la política de tierras del gobierno de Rivera que tendió a privatizar y extranjerizar las tierras que antiguamente ocupaban los charrúas (que en su mayoría eran tierras fiscales), así como la destrucción de los cabildos indígenas misioneros. Es fácil de entender la relación entre negación indígena y la política genocida y de despojo territorial con la cual se fundó el Uruguay republicano.

Pero la visión que hace hincapié en la desaparición absoluta de los indígenas charrúas en dichas campañas militares también es parte de este imaginario nacional que se divorcia de lo indígena. Aquellos que lloran por la brutalidad de las matanzas de Rivera, pero siguen negando la presencia y legado de los pueblos originarios, también son parte de los mismos dispositivos de blanqueamiento. Pero más allá del análisis y deconstrucción de los discursos dominantes del Uruguay, que niegan la presencia y legado de los indígenas, vallamos a los datos.

Según los estudios genéticos de los últimos años (Sans, 2022), el aporte genético biparental indígena es del 14% a nivel país, con 19% al norte y 11% al sur. En el caso del ADN mt (se trasmite por vía materna), el promedio es de 35%, con lugares como Tacuarembó y Bella Unión con un importante aporte del 62% y 64% respectivamente. Mientras que el ADN croY (aporte por vía paterna) es del 0,5%, con 3% en Tacuarembó y 0% en Montevideo.

Estos datos nos hablan de que después del aporte europeo, el indígena es el más importante (incluso más que el afro). Los pueblos originarios son el segundo grupo que más aporto a la conformación demográfica del país. Este aporte también esta focalizado en el norte, donde incluso llega a ser el principal aporte poblacional (en Tacuarembó y Bella Unión lo raro es no tener algo de indígena), y es menor al sur (donde la colonización fue más temprana y llegaron más inmigrantes europeos). El aporte genético indígena también tiene una división de géneros, la mayor parte viene por vía materna, mientras que por vía paterna es ínfima. Esto quiere decir que se extermino a los varones indígenas y los europeos se apropiaron violentamente de las mujeres indígenas. El mestizaje tiene una raíz colonial. Esta es una reafirmación en datos genéticos del proceso genocida y colonialista que se vivió con los pueblos originarios.

Pero también existen datos estadísticos censales sobre la presencia indígena. De acuerdo al último Censo Nacional 2023 el 6,4% de la población del país se reconoció con ascendencia indígena. Esto muestra un crecimiento con respecto a los registros de años anteriores. En 2011 era de un 5% y en 1996 de un 0,4%. No hay registros censales antes de 1996 y hay que remitirse recién hasta 1852, esta es una de las razones que la población indígena haya quedado invisibilizada. Los departamentos con mayor ascendencia indígena autoreconocida son Tacuarembó con un 9,6%, Rocha con un 8,3% y Salto con un 7,6%. En el Censo 2011 habían salido Tacuarembó con un 8%, Salto con un 6,4% y Montevideo con 5,9%. Si bien Montevideo (6,6% de acuerdo al último censo) y Canelones (6,2%) no son lo departamentos con mayor población indígena en términos porcentuales, en términos absolutos concentran la mayor población indígena del país. Esto se debe a que son los departamentos más poblados y que gran parte de su población son migrantes de otras zonas del interior. La migración interior-capital sigue siendo una realidad demográfica que afecta particularmente a la población indígena.

Algunos de los departamentos con mayor porcentaje indígena como Tacuarembó, Salto y Artigas (7,4% según censo 2023) son de los que tienen mayores Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI). Según el Censo 2011 había una desigualdad entre la población de ascendencia europea y la indígena en términos de NBI, mientras la europea estaba en un 30%, la indígena estaba en un 36% (y la afro en un 49%). Todavía no se han divulgado públicamente datos sobre la situación socioeconómica de la población indígena de acuerdo al Censo 2023.

Este crecimiento en datos censales tiene que ver con el activismo de las organizaciones indígenas de los últimos 30 años y los cambios culturales y de sensibilidad de la población uruguaya en su conjunto. Las organizaciones indígenas han hecho una verdadera revolución cultural en un país que históricamente se ha pensado como blanco y europeo. El desfasaje entre autoreconocimiento censal y los datos genéticos es otra prueba de la política de destrucción cultural. Que un 35% de la población tenga aportes genéticos, pero solo un 6,4% lo reconoce, es prueba del genocidio cultural o etnocidio que se aplicó en estas tierras.

A pesar de ser el segundo grupo en aporte demográfico al país, que sufrió políticas genocidas y etnocidas y que algunos datos indican cierta pauperización económica. Los pueblos originarios son la única minoría que no cuenta con leyes de reconocimiento, ni políticas publicas institucionales. A pesar de que hace 40 años existen organizaciones de descendientes, estas no son tomadas en cuenta a nivel institucional. Capas que es hora de empezar a discutir una política de reconocimiento cultural. Es momento de empezar a discutir una Ley Indígena Nacional.

(*) Martín G. Delgado Cultelli, militante charrúa y del movimiento Indígena latinoamericano. Experto en Pueblos Indígenas, Derechos Humanos y Cooperación Internacional, Universidad Carlos III de Madrid.:

Bibliografia

Sans, M. 2022. Invisibilización indígena en el Uruguay: genética, historia y género. Runa vol.43 no.2 Ciudad Autónoma de Buenos Aires

INE: https://www.gub.uy/instituto-nacional-estadistica/comunicacion/publicaciones/anuario-estadistico-nacional-2024-volumen-n-101/21-informacion-censal-2 (cons

ultado 4/7/2026)

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