Entrevista con Graciela Ramírez Cruz, periodista y luchadora argentina.
Por Julieta García Ríos (*)
Esta es la historia de una mujer que lucha, quiere y abraza. Es hija de republicanos españoles que sobrevivieron al fascismo y emigraron a la Argentina de Perón. En el país sureño nació ella: Graciela Ramírez Cruz. También sobreviviente del horror, el de la última dictadura cívico- militar- eclesiástica argentina. Para muchos es Gra, la incansable luchadora de todas las causas justas. En Cuba es un rostro conocido. El pueblo la identifica con los Cinco Héroes, en referencia a Gerardo, René, Fernando, Antonio y Ramón, luchadores antiterroristas que estuvieron presos en cárceles estadounidenses. Ella, junto a Alicia Jrapko, presidió el Comité Internacional por su liberación y por más de quince años, tocó las puertas el mundo, para dar a conocer el caso y acompañar a las madres, esposas e hijas.

Por su perseverante batallar, en esa y otras causas, y su solidaridad infinita hacia la Mayor de las Antillas fue condecorada con varias medallas, la Félix Elmusa, por su labor periodística, en 2011 con la Medalla de la Amistad, que confiere el Consejo de Estado de la República de Cuba y otras distinciones.
La hermandad con la Isla y el amor hicieron que, en el año 1994, en medio del dramático Período Especial, se asentara definitivamente en La Habana, donde trabaja en estrecha colaboración con el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).
Es persistente, inquieta, leal. Tiene el don de aglutinar personas. Por ello su rol ha sido estratégico y determinante en la solidaridad internacional hacia la patria que también hizo suya. Desde la corresponsalía de Cuba en Resumen, la cual dirige, narra al mundo la realidad de Palestina, Venezuela, el Líbano y de esta isla insurgente. Gesta y produce libros, documentales y hermosos proyectos como fue el podcast Mujeres al Sur, reconocido en 2023 por el sitio Feedspot en el quinto lugar entre los 50 mejores podcasts feministas en español.
Mate Amargo conversa con Graciela para acercarnos a la Cuba que llegó en los 90 y a la de hoy, esta que pretenden doblegar el imperialismo, ahora con Trump y su secuaz Marco Rubio.

Julieta García Ríos (J.G.R.)- ¿Cuándo comienzan tus lazos solidarios con esta isla caribeña?
Graciela Ramírez Cruz (G.R.C.)– Yo vivía que en Madrid cuando cae el bloque socialista y el Muro de Berlín. Entonces toda España y Europa aseguraba: “lo único que falta es Cuba. Ahora sí cae”. Le contaban los días. Las agencias de viajes vendían boletos instando a venir rápido y conocer cómo había sido el socialismo. Mucha izquierda creyó que sin la URSS, la Revolución Cubana sería insostenible. En cambio, los compañeros con los cuales trabajaba en la Asociación Argentina Pro-Derechos Humanos de Madrid, desde donde denunciamos las leyes de Obediencia Debida e indulto a los genocidas, nos aferramos a apoyar su resistencia. Desde el Club de amigos de la Unesco, formamos el grupo Latinoamericanos con Cuba, que de inmediato se integró al Movimiento español de Solidaridad con Cuba (MESC). Lo primero era ayudar y enviar lo que se pudiera: leche en polvo, artículos de aseo, monturas para hacer los espejuelos, material escolar, juguetes para los niños. Medicinas en menor medida porque todavía Cuba tenía todo un reservorio. Al revés, los compañeros venían y quedaban sorprendidos de la medicina natural cubana y siempre pedían llevar.
Colectábamos materiales y denunciábamos el carácter genocida y extraterritorial del Bloqueo Económico de Estados Unidos contra la Isla y sus leyes criminales. En el año 1992 en Madrid, recibimos a Fidel y acompañamos a la prensa cubana que cubrió la II Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno, realizada en la capital española los días 23 y 24 de julio. Fue toda una experiencia fabulosa, que concluyó el 26 de julio con una gran manifestación. El 25 de julio apareció publicada una solicitada en el diario El País, sin querer se produjo un enfrentamiento con el escritor peruano Mario Vargas Llosa que aprovechaba cada espacio para insultar a la Revolución Cubana.
J.G.R.- Cuéntanos cómo fue esa confrontación.
G.R.C. – Yo estaba repartiendo copias de la solicitada que habíamos publicado con enorme esfuerzo, era tan adverso lo que se decía de Cuba que colectamos dinero y pagamos el anuncio de media página. Denunciaba el bloqueo y llamaba a la manifestación del 26 de Julio. La solicitada encabezaba «Sitiada la esperanza -No al Bloqueo- Resguardemos a Cuba”.
“Bienvenido Fidel, admiramos la dignidad de su pueblo” La firmaban desde Rafael Alberti a Mario Benedetti, Antonio Gades, Charo López, Comisiones Obreras y toda la izquierda parlamentaria española. No cabían más firmas porque no teníamos más tiempo para colectar dinero para pagar un espacio mayor.
Al salir del Metro, cerca del Palacio de Cibeles noté algo extraño. Había una valla y toda la prensa concentrada allí. Me acerqué con el objetivo de entregar a los medios aquel mensaje en respaldo a la Revolución Cubana. La policía me dio paso al confundirme con una periodista. Al llegar descubro que Vargas Llosa estaba dando declaraciones. Hablaba horrores de Cuba y de Fidel. Caminé hacia él y le entregué una copia del texto. Él me sonrió y siguió hablando, al momento mira de reojo, lee el título y lo aprieta dentro de su mano hasta hacerlo una pelota que tiró al suelo. Le entrego otra, él vuelve a hacer lo mismo. Cada vez que el escritor peruano arrojaba el texto con tanto desprecio al suelo, sentía una bofetada en el alma. Tanto esfuerzo, tanta energía, para que ese vendepatria lo pisoteara. Al darle la tercera y ver sus intenciones no pude contenerme. Le dije de frente: «Usted avergüenza la conciencia de América Latina, más aún por ser un mestizo de piel morena. Si Cortázar lo escuchara se vuelve a morir”. Sentí un golpe seco en la espalda, luego otro.

Un policía me puso un megáfono al revés para taparme la boca, otro me dio un puntapié en el tobillo que me hizo trastabillar, pero no lograron hacerme caer ni que soltara las copias del anuncio pagado que toda la prensa luego se lo llevó. La televisión española filmó todo y por la noche salí en los titulares de los noticieros «Defensora de Castro se enfrenta a Vargas Llosa». Al día siguiente, con el pie vendado presencié el momento en que Antonio Gades leyó públicamente la solicitada, desde el balcón del Club de Amigos de la Unesco. Fue maravilloso.
J.G.R.- ¿Cómo recuerdas a la Cuba de los años 90?
G.R.C.- En 1992 viajé por primera vez a Cuba junto a mis amigas. Me enamoré de su pueblo y sus playas. Quedé muy admirada al ver la modestia que tenían en cuanto a la propaganda política. Yo esperaba los grandes carteles de la URSS, el ego a los dirigentes y no encontré eso. Me sorprendió cuanto hacían por conservar la memoria de sus héroes y heroínas, que daban nombre a las escuelas, hospitales, avenidas y hasta en el lema de los pioneros de ser como el Che.
Luego conocí en Madrid a mi compañero. Me enamoré del hombre culto, que hablaba varios idiomas, cantaba y tocaba en la guitarra canciones de la trova. Entonces ya era Doctor en Física, graduado en la Lomonósov de Moscú y realizaba en Madrid una investigación científica, y como buen cubano participaba en las acciones de la solidaridad. La relación se afianzó y en el 93 volví para conocer a su familia… y un año después, el 5 de agosto de 1994, dejé atrás la independencia de mi buhardilla en Madrid, una vida relativamente cómoda, y vine a vivir aquí.
Dos amores marcaron mi decisión: el personal y mi profunda admiración por la Revolución Cubana y Fidel.
Éramos un núcleo familiar de ocho personas en una casa hermosa en Lawton, un barrio obrero alejado del centro de la ciudad. Me sorprendía como mi suegra madrugaba todos los días para lavar los pañales de tela de mi sobrino recién nacido. Lo hacía para aprovechar al máximo las horas de luz, porque los apagones en aquel momento eran de 12 horas y más. El cambio fue grande. Era difícil trasladarse en la ciudad por la ausencia del transporte. Para comunicarme con mi familia en Madrid, había traído un fax, pero el costo era tan alto, que tuve que depender del tiempo de ida y vuelta que tardaban las cartas.
J.G.R.- ¿Cómo ves a la Cuba de hoy?
G.R.C.– Estoy sumamente preocupada por la situación de la Revolución Cubana a la que quieren exterminar.
Las diferencias son muy grandes con el Período Especial. En aquella época la Revolución era mucho más joven y estaba mejor armada para enfrentar la situación.
A pesar del cimbronazo tan fuerte que significó la caída del campo socialista, la infraestructura del país, tanto escolar como sanitaria, estaba en muchísimas mejores condiciones. Entonces tenía 32 años y hoy tiene 67. Todo lo que no se pudo corregir, arreglar, modificar, sostener poco a poco se deterioró por acumulación. En estos últimos ocho años, el imperialismo utilizó en su campaña de desacreditación, la falta de la presencia física del Comandante en Jefe. Su partida, en el 2016, marca también un golpe muy grande.
Hoy estamos transitando por uno de los momentos más peligrosos para la Revolución Cubana. Hay un sector vergonzoso, apátrida y resentido, de personas que nacieron en Cuba, y cómodamente desde Miami le piden invasión a Trump y a Marco Rubio. Mis padres eran republicanos andaluces que se fueron a Argentina por la miseria que había en España. Pero nunca los escuché decir que querían para España una invasión extranjera. Jamás. ¿Cómo pueden pedir invasión? No hay inocencia en el pedido ni falta de consciencia, quieren que corra sangre. Entonces tendrán que hacerse cargo de la masacre, y de las respuestas.
Yo estoy feliz de estar en Cuba y de esta resistencia. No quisiera que invadieran, que hubiera una guerra, que murieran inocentes cubanos, ni los extranjeros que estamos aquí dispuestos a dar la vida por Cuba, ni estadounidenses confundidos que pueden venir creyendo que esto es una dictadura.

J.G.R.- Constantemente se nos acusa de dictadura, tú que la viviste y sobreviviste a ella, ¿qué opinas?
G.R.C.- Cuando mencionan a nuestros gobiernos revolucionarios como dictaduras reacciono con una virulencia enorme. La palabra dictadura es terrible, de un daño tan feroz hacia los seres humanos que debería penalizarse a quienes emplearan esa denominación para definir a gobiernos que se han alzado con el poder por la dignidad de los pueblos, como es el caso de la Revolución Cubana. El cubano es un pueblo amoroso que canta y baila y quiere que lo dejen vivir en paz.
J.G.R.- ¿Qué mensaje le darías a nuestros amigos?
G.R.C.- Espero que la solidaridad se active más. Llegamos muy tarde con Venezuela. Es terrible. Hoy está en manos de Estados Unidos y Maduro capturado y secuestrado en una cárcel yanqui. Cuba no es Venezuela.
Cuba está en el alma de los pueblos, para ofrecerse para defenderla, pero hay que salir a la calle, hay que manifestarse frente a las embajadas, hay que juntar ayuda para este pueblo y no perder tiempo. Hay que ofrecerse a venir a defender Cuba. Eso también. Si Cuba cayera como dijo Pablo Neruda, caeríamos todos. A Cuba hay que amarla, protegerla y como en el 92 ayudar a salvarla.
(*) Julieta García Ríos, Periodista Cubana, actualmente trabaja en el Museo de la Música de La Habana y colabora con diferentes medios de su país y de la Patria Grande, como Mujeres al Sur. Es miembro de la UPEC.