Por Ricardo Pose (*)
Dos funcionarios municipales conversan en la puerta de lo que se convertirá en un centro de acopios de donaciones y campamento de refugiados, en el barrio de Quinta Crespo, en Caracas Venezuela.
El venezolano no pierde su sentido del humor, y éste se ha conservado en frases populares.
Valorando el ataque militar de Estados Unidos del 3 de enero y los terremotos, uno de los trabajadores se lamenta de la situación en una frase clásica de la venezolanidad y el otro responde: es como si le hubiéramos quitado el tetero (chupete) al niño Jesús.
Otra expresión puede ser, robarle los clavos al Cristo, pero sea cual sea lo que desate la ira de dios, hay una parte del pueblo que, ironizando con la posibilidad de un divino castigo, es consciente de lo que está ocurriendo en Venezuela, son catástrofes bien terrenales y humanas.
Una nación agredida desde el cielo por la decisión humana del gobierno de Estados Unidos y su Presiente Donald Trump, y por tierra, por las fuerzas de la naturaleza, el movimiento de las placas tectónicas caribeña y Sudamericana, cuyas consecuencias, sin estudios de sismología, ya habían sido advertidas a los conquistadores españoles por parte de los pueblos originarios.
Los dos terremotos acaecidos con una diferencia de 40 segundos entre el primero y el segundo, de una escala de 7.2 y 7.5, son un hecho inédito dicen los expertos en sismología, y supera al ocurrido en Turquía que se consideraba uno de los más fuertes y trágicos. Al mismo tiempo, sobre la tragedia humana, la derecha venezolana y los intereses geopolíticos de Estados Unidos, buscan provocar un sismo político.
En un balance oficial detallado tras seis días de haberse registrado el doblete sísmico que afectó a Venezuela, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, informó que los equipos de rescate nacionales e internacionales lograron rescatar con vida de 6.461 personas desde el pasado miércoles 24 de junio.
De acuerdo con el censo y los análisis con drones efectuados en el estado La Guaira, declarado zona de desastre, las autoridades calculan que aproximadamente 30.000 personas se encontraban en los sectores de Caraballeda y Catia la Mar al momento de la tragedia.
A través de encuestas hospitalarias y testimonios, se determinó que entre 13.400 y 13.500 ciudadanos lograron evacuar las zonas afectadas por sus propios medios o ayudados por allegados.
Al sumar estas evacuaciones auto gestionadas con los rescates técnicos, la cifra de personas que salvaron la vida en el litoral central asciende a 19.861.
Hasta el cierre de éste artículo, primero de julio, el balance oficial confirma el fallecimiento de 1.943 personas y un total de 10.571 heridos. El número de damnificados se ubica en 15.866 personas, para quienes el Gobierno Nacional ha habilitado 14 campamentos temporales en el estado La Guaira y otros 55 distribuidos entre Caracas, Miranda y demás entidades afectadas.
Rodríguez señaló que la cantidad de personas que reciben atención integral, sumando los hospitalizados y quienes se encuentran en refugios, asciende a 28.380, mientras que el acumulado de familias atendidas de forma general alcanza las 80.870 en todo el país.
Para sostener a las comunidades en la zona de desastre, se han distribuido 3.191.692 litros de agua potable y 707 mil toneladas de ayuda humanitaria internacional.
En cuanto a la infraestructura, el análisis técnico determinó que hay 855 edificios dañados en todo el territorio nacional. De esa cifra, 189 sufrieron un colapso total (de los cuales 158 se concentraban en La Guaira), mientras que 666 presentaron daños graves o colapsos parciales.
Al respecto, el legislador explicó que en Caraballeda la mayoría de los edificios colapsados correspondían a unidades vacacionales, mientras que en Catia la Mar el impacto golpeó principalmente a estructuras de residencia permanente.

Viaje al infierno
Caminar hoy por la Guaira, donde sobrevive el paisaje de una ciudad pensada frente al mar, es como recorrer las ruinas, salvando las diferencias, por Gaza; pero bien es la postal de una nación agredida desde el cielo y por la tierra.
Cuando la gente aún no asimilaba los bombardeos del 3 de enero por parte de Estados Unidos, el atardecer del 26 de junio quedará registrado como un radical cambio de vida en 40 segundos: la pérdida de la vivienda, las heridas que dejan huellas, el fallecimiento de familiares (muchísimas hijas e hijos, el desgarro de los desgarros del alma), la desaparición de vecinos, amigos y parientes, que habrá que suponer, sucumbieron en cuerpo y alma bajo las ruinas que más temprano que tarde serán removidos junto con los escombros.
A tres días del Día Uno, (como queda identificado popularmente el 24 de junio), en las distintas zonas de la Guaira, Catia la Mar, Los Caribes, el aire se espesa con el olor fétido de cuerpos, pues los calores de ésta zona influyen en acelerar la descomposición.
Las fachadas caídas de algunos edificios permiten ver el interior de los apartamentos e imaginar, como sería la vida de aquellas familias, segundos antes de las 18 horas.
A pesar de la sensación de desolación que ocasionan los derrumbes y edificios vacíos, el movimiento de voluntarios civiles, militares, y rescatistas venezolanos e internacionales, es febril.
Aprendemos rápidamente el lenguaje del rescate: un puño en alto exige silencio; el grito eufórico de Vida, es señal de que hay personas vivas, aunque puedan estar inconscientes.

La solidaridad que no registran los sismógrafos
Bajo el gobierno del Comandante Hugo Chávez, se edificaron en barrios populares los gimnasios verticales Gran Base de Paz, estructuras antisísmicas de 5 pisos que pueden albergar con dignidad, en este caso a las familias rescatadas.
Primero se iniciaron como Centros de Acopio, para paulatinamente irse convirtiendo en campamentos, como el visitado por Mate Amargo, el Centro de Acopio de Quinta Crespo.
Su coordinador Morris López, explica que este centro de Acopio coordina con otros centros ubicados en los barrios populares de Caracas y con otras instituciones, como las organizadas por las comunas, y se van distribuyendo las donaciones de ropa, medicamentos y víveres en función de las necesidades.
El Parque Ali Primera, es el centro neurálgico donde llegan las familias de la Guaira y otros lugares de caracas afectados por los terremotos, para luego ser derivados a distintos campamentos.

Las cuadrillas del gobierno municipal, más una infinidad de organizaciones de voluntarios, se encargan de las distintas tareas de contención y atención de las familias.
El instituto de niños, niñas y el adolescente, son encargados de captar la situación de menores que perdieron sus familiares.
En un colegio en el Barrio de San Juan, las familias pernoctan en la vereda por las noches, esperando una evaluación de los daños de los más de 20 edificios afectados, para valorar si pueden volver a habitarlos.
Tomando en cuenta ésta realidad, el consejo comunal ha organizado en la escuela del barrio un campamento que permita dar actividades recreativas durante el día a los niños, y monitorear las condiciones de salud de todos los habitantes.

¿Terremotos inducidos?
Las valoraciones políticas en Venezuela son inevitables; nadie es ingenuo para no tomar en cuenta lo que impactan los terremotos en el medio de una andanada contra la revolución bolivariana.
Es difícil no asociar la agresión militar del 3 de enero con la injerencia cada vez mayor del gobierno de Estados Unidos, e incluso, hay quienes van más lejos y no descartan una relación entre las maniobras de rescate realizadas en mayo por Estados unidos en su embajada en Venezuela y lo que ahora ocurre.
Luego de todo, la información la brinda el Servicio Geológico de Estados Unidos y aunque uno parte de la base de la concepción humanista en el manejo de la información, no deja de pertenecer a un gobierno que busca calificar a Venezuela como un estado fallido.
Alguien recordó pasados los terremotos, el retorno de las lluvias a Irán; la posibilidad de terremotos inducidos suena descabellada pero no improbable, con un gobierno como el de Trump, dispuesto a utilizar todos los medios para hacer de Venezuela su Estado 51.

(*) Ricardo Pose, es Periodista en: Mate Amargo, Caras & Caretas, Ceiba Periodismo con Memoria; Coordinador WEB Telesur; Columnista de El Otro País, periódico España; y radial en Cadena del sol (Rocha-Uruguay), Radio Gráfica de (Bs. As.-Argentina), Voces en Conversa (Maracaibo-Venezuela). Blog personal «El Tábano». Participa en Foros de debates de Lauicom (Universidad de la comunicación Venezuela). Integra la RedH capítulo Uruguay y la Dirección (suplente) del Sector Prensa Escrita de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU).
(**) Fotografías y videos del autor