El otro Messi

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Por Andrés Correa (*)

 

Los tableros de las terminales financieras en Nueva York y los teléfonos inteligentes de los repartidores de aplicaciones en el conurbano bonaerense muestran dos países que parecen no pertenecer al mismo planeta. En los despachos oficiales, el presente transcurre bajo una atmósfera de euforia técnica: la inflación de mayo se desplomó al 2,1%, y la de junio podría empezar con 1, el riesgo país perforó el piso de los 437 puntos básicos y la calificadora Standard & Poor’s elevó la nota soberana del país de CCC+ a B-.

Sin embargo, basta con apagar las pantallas y caminar por las avenidas de Buenos Aires, Córdoba o los centros urbanos de la Patagonia para constatar que el «milagro libertario» opera bajo una lógica de redistribución regresiva brutal. La estabilidad tiene un precio, y lo está pagando la base de la pirámide social.

Mientas en las canchas del Mundial de fútbol masculino Messi rompe récords. En el Ministerio de Economía, Luis Caputo, es el otro Messi que rompe récords de endeudamiento, de precarización laboral, de baja de consumo e industricidio nacional.

Trabajar para ser pobre

El desempleo en la Argentina bajó formalmente al 7,8%  en el primer trimestre de 2026 apenas un 0,1% menos que en el mismo periodo del año anterior. Pero la cifra es un espejismo que esconde una mutación alarmante del mercado laboral: la precarización absoluta.

Según los últimos datos oficiales del INDEC, el trabajo informal alcanzó un histórico 44,2%, trepando 2,2 puntos porcentuales en términos interanuales. Mientras el empleo registrado privado destruyó 32.211 puestos, la economía informal absorbió a 403.758 personas. Hoy, casi la mitad de los ocupados en el país carece de aportes jubilatorios, cobertura médica o paritarias que los protejan de la pérdida del poder adquisitivo.

Esta brecha ha instalado de forma estructural el fenómeno del pluriempleo. Las plataformas digitales y el monotributo ya no son opciones de autonomía laboral, sino botes de salvamento para una clase media y trabajadora que se ahoga. La postal diaria se repite: profesionales y empleados formales que, al terminar su jornada, encienden el motor de un auto para realizar viajes por aplicación o estiran sus noches completando changas digitales para intentar cubrir la canasta básica.

El impacto geográfico de este reajuste es desigual y asoma con fuerza en regiones tradicionalmente prósperas. En las provincias patagónicas, la transición desde los yacimientos convencionales hacia el desarrollo concentrado de Vaca Muerta en Neuquén ha dejado un reguero de despidos en la industria petrolera tradicional. Santa Cruz, Córdoba y el Gran Buenos Aires lideran hoy los índices de desocupación y precarización en el país.

Deuda y soberanía en Nueva York

Mientras la economía real se achica para no demandar divisas, el andamiaje financiero oficial vuelve a recostarse sobre una receta conocida en la historia argentina: el endeudamiento. El ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, ex trader del JP Morgan, ha vuelto a quedar en el ojo de la tormenta política y mediática. Impulsada por voces del periodismo como Reynaldo Sietecase y respaldada por dirigentes territoriales de la oposición como el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, cobró fuerza una irónica postulación de Caputo al récord Guinness como «el mayor endeudador de la historia», en alusión a los megacréditos tomados bajo la administración de Mauricio Macri y las maniobras actuales.

La polémica sumó un capítulo legal de enorme peso con la publicación del Decreto 478/2026 en el Boletín Oficial. A través de esta norma, el Ejecutivo aprobó operaciones de emisión y refinanciamiento de deuda pública por hasta US$ 5.000 millones, cediendo formalmente la jurisdicción legal a favor de los tribunales de Nueva York.

Ante las críticas en las redes sociales, el propio Caputo salió al cruce en la plataforma X para defender la medida: «No es nueva deuda, sino refinanciamiento, y al 6% de tasa. O sea, un ahorro enorme para los argentinos». Ya vimos la película cuando nos dicen otras palabras ahora refinanciamiento antes reperfilamiento o sinceramiento, en fin, la cesión de soberanía jurídica y las condiciones del decreto demuestran que el programa actual está diseñado para garantizar la rentabilidad del capital concentrado, local y norteamericano, a expensas de la autonomía jurídica del Estado.

Súper RIGI: El superhéroe de las corporaciones

El núcleo ideológico del gobierno de Javier Milei logró otra cuota parte de sus objetivos ya que la Cámara de Diputados aprobó con media sanción el denominado «Súper RIGI» (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias). Un marco legal diseñado a la medida de las corporaciones multinacionales que desmantela las facultades de regulación del Estado argentino por los próximos 30 años.

Las fallas y concesiones del proyecto son inéditas:

  • El texto aprobado no aclara de manera explícita los límites ni las exigencias sobre emisiones de carbono, uso intensivo de agua potable o abastecimiento energético local.
  • El Estado no podrá auditar ni exigir el cumplimiento de las normativas de forma directa en los tribunales locales. Cualquier controversia o litigio deberá resolverse exclusivamente en tribunales arbitrales externos a la justicia argentina.
  • Se cuestiona que las grandes empresas gocen de estabilidad fiscal por 30 años, mientras que el entramado de pequeñas y medianas empresas sigue operando bajo una alta carga impositiva.

Para los sectores más optimistas que respaldan la gestión oficial, un universo político e industrial mucho más amplio que la estructura partidaria de La Libertad Avanza, estas herramientas y la calma del dólar garantizan que el presidente pueda aspirar a la reelección el próximo año, apostando a que la opinión pública prioriza la estabilidad cambiaria  y la baja de la inflación por sobre cualquier variable social. Aunque las últimas encuestas revelan  un franco deterioro en la imagen de Javier Milei, que registra un 60% de imagen negativa, se debe en parte los escándalos políticos como el caso de Manuel Adorni, quien tuvo que renunciar a la Jefatura de Gabinete además del «humor social» ligado al consumo con la caída brutal del poder adquisitivo, la pérdida de empleos formales y las fuertes subas de tarifas más el pésimo servicio de transporte y servicios públicos que mutaron de la paciencia inicial a la preocupación.

Ingeniería financiera y exclusión

El gran peligro de este modelo rentístico-financiero radica en sus profundas inconsistencias de fondo. El esquema actual sobrevive gracias a los activos e inversiones que ya se encontraban en marcha antes de diciembre de 2023. Luis Caputo ostenta su propia colección de marcas históricas, el ministro juega un campeonato de resistencia donde sus «títulos» se miden en el velocímetro de la inflación, el salto olímpico del riesgo país y esa capacidad casi mística para gambetear los vencimientos de la deuda, pateando la pelota hacia adelante mediante un infinito esquema de ingeniería financiera.

La estrategia de mantener el dólar planchado para enfriar los precios actúa como un yunque sobre la industria local, que quiebra ante la apertura de importaciones. Sin dólares genuinos en el Banco Central, la economía argentina se encamina hacia una formidable pared de vencimientos en el año 2027.

Si para ese entonces el gobierno no logra reabrir los mercados voluntarios de crédito o asegurar el auxilio financiero directo de aliados geopolíticos de peso una apuesta que depende de la suerte electoral de Donald Trump en los Estados Unidos, el riesgo de una corrida cambiaria ante el temor de los mercados por un posible default es total.

Luis Caputo “el Messi de las finanzas” según Milei renueva el glosario para simular novedad. Ayer lo llamaban «bicicleta financiera»; en el presente «carry trade». Hubo una época de «tablitas» y bandas cambiarias; hoy el aire se llena de siglas sofisticadas: repos, bonos bajo ley local, préstamos garantizados y Bopreal. Sin embargo, detrás del humo de la nueva jerga, el esqueleto del mecanismo permanece idéntico, intacto y voraz.

El ciclo se repite con la precisión de una tragedia planificada: ingresan dólares  frescos con el único fin de oxigenar el esquema, el capital financiero se multiplica en un ecosistema artificial, se abren discretamente las puertas de salida para los grandes apostadores y, cuando la música se apaga, el Estado conserva la deuda y con la tarea de atender las urgencias.

La paradoja del experimento argentino se resume en una métrica histórica devastadora: en los últimos 30 años, el país triplicó sus exportaciones de alimentos; en los últimos 11 años, triplicó la pobreza y la exclusión social. La Argentina del software, las finanzas descentralizadas y los recursos naturales blindados para el exterior avanza a paso firme, mientras en las calles de la economía real, el pueblo corre el riesgo de dejar de ser ciudadano para convertirse, simplemente, en un usuario precarizado de su propio territorio.

 

(*) Andrés Correa, Periodista argentino-uruguayo, director y conductor principal del Programa Radial «De Fogón en Fogón», corresponsal de Mate Amargo en Buenos Aires, Argentina.

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