Rey adicto a la venganza, Trump teme catástrofe como la de 1929

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El magnate dijo en Evian que no quiere ser comparado con Herbert Hoover, presidente de EU cuando el crack bursatil que llevó a la Gran Depresión. Mientras Irán lo obliga a negociar bajo sus propias condiciones, es tachado de ‘perdedor’ y ‘traidor’ por los ultras de Israel y The Boss no puede amarrar a sus mastines talmúdicos

Por Carlos Fazio (*)

Dibujo Adán Iglesias Toledo (**)

 

Tras la frágil entrada en vigor del memorando de entendimiento entre EU e Irán para poner fin a las hostilidades y tratar de alcanzar un acuerdo duradero en 60 días –saboteado inmediatamente por Israel–, el periodo de complejas conversaciones diplomáticas entre las delegaciones de Washington y Teherán entraron en una fase que, de resultar satisfactorias para la lucha existencial de la nación persa, ubicaría a sus autoridades en el umbral de una victoria estratégica contra el proyecto sionista-estadunidense y marcaría un punto de inflexión en la dominación imperial en Medio Oriente,

De cara a esas negociaciones tácticas, Irán sabe que la perfidia, la traición, la mentira, las amenazas y el engaño flagrante y manifiesto han sido características esenciales de la política de EU y su proxy, Israel, que opera como un apéndice del Pentágono y del lobby sionista AIPAC (Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos). De allí que más allá de las tensiones y disonancias de la coyuntura, la gran pregunta es si será posible que el criminal de guerra y prófugo de la Corte Penal Internacional, Benjamín Netanyahu y su banda de psicópatas talmúdicos exterminadores de niños, terminen disciplinándose ante la voz de mando de Donald Trump, The Boss (El Jefe), según se autoproclamó el magnate en la cumbre del G7 de Evian, Francia.

A pesar del descomunal despliegue aeronaval del Pentágono en el golfo Pérsico, la táctica de guerra asimétrica de desgaste y la capacidad de Irán para cerrar el Estrecho de Ormuz fueun duro golpe político, militar y psicológico para la administración Trump, y arrojasombras sobre la hegemonía de Estados Unidos.

La guerra de agresión de EU e Israel no logró ninguno de sus objetivos declarados: cambio de régimen, clausurar el programa nuclear iraní, destruir sus misiles balísticos de última generación y poner fin al apoyo de Teherán a los otros miembros del Eje de la Resistencia: Hamás en Gaza, Hezbolá en Líbano, Ansarolá en Yemen y las milicias iraquíes.  

Como señaló el reconocido internacionalista clásico de la escuela realista estadunidense, John Mearsheimer, “Irán ganó la guerra y el cabildero israelí hundió a Estados Unidos”. Lo que dejó al jefe de la Casa Blanca en una posición más débil que cuando ordenó la guerra a traición el 28 de febrero pasado.Por eso, el ‘equipo inmobiliario’ del presidente (su yerno Jared Kushner y Steve  Witkoff, ambos pérfidos simuladores sionistas) se vio obligado a solicitar a la mediación paquistaní abrir una nueva fase de conversaciones.

Negociación secuencial, vinculatoria y con rendición de cuentas

Irán llega a esta etapa con una posición de fuerza y con el control de la escalada militar. A través de canales pakistaníes, qataríes y omaníes, los negociadores iraníesimpusieron en el memorando de entendimiento plazos inamovibles, vincularon cada concesión a un compromiso previo por parte de Estados Unidos y dejaron claro que nuevos ataques contra el Líbano podrían desencadenar un enfrentamiento regional más amplio y que cualquier acuerdo podría fracasar.

Además de esa forma de negociación secuencial –que se extiende más allá de los asuntos militares–, cada fase establece un marco claro de rendición de cuentas inmediata y diaria, lo que impide que EU ofrezca promesas vagas a cambio de concesiones sustantivas por parte de Irán y moldee las percepciones sobre la marcha de las conversaciones.

Como lo ha venido haciendo desde el inicio de la guerra de agresión, cuando la información es insuficiente o incierta, Trump podría intentar llenar ese vacío con su propia narrativa, para moldear potencialmente la opinión pública tanto a nivel nacional como internacional de formas que perjudiquen a Irán. De hecho, junto con su amanuense, el director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Rafael Grossi, Trump y su maquinaria de propaganda tóxica buscanembarrar la mesa de negociaciones, contrabandeando el tema sobre las inspecciones de sitios nucleares iraníes (prevista para discutirse en la segunda fase del memorando), tratando de crear hechos consumados mediante el ruido mediático.

Para Irán, el énfasis en neutralizar la guerra híbrida y psicológica en curso, implica que la dimensión diplomática del conflicto va más allá de las negociaciones oficiales y abarca la percepción pública y la guerra cognitiva.

A su vez, el hacer hincapié en la implementación precisa y completa de la Disposición Uno (terminación de las operaciones militares), refleja el reconocimiento de que la ambigüedad crea oportunidades de manipulación. La condición relativa a la retirada de las fuerzas de ocupación israelíes del sur del Líbano representa una aplicación específica del principio general de fin de las operaciones militares.

El énfasis del ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, en que, sin la retirada –o el inicio de un proceso de retirada de tal forma que permita su conclusión antes del final del período de negociación de 60 días–la primera disposición no se considera cumplida, establece un estándar claro de cumplimiento.

Este requisito aborda una táctica común en cualquier resolución de guerra: declarar el fin de las hostilidades mientras se mantiene la ocupación del territorio. Tales tácticas permiten al agresor, en este caso Israel, afirmar que cumple las disposiciones del alto el fuego mientras conserva los frutos de la agresión. Al insistir en que el cese de las operaciones militares incluya la retirada de los territorios ocupados, Irán impide esta maniobra y garantiza que el fin de las hostilidades produzca una restauración real de la integridad territorial y el fin de la ocupación ilegal.

 

Irán, el Eje de la Resistencia y Ormuz

Para Irán el Líbano es una línea roja. Pero además, la referencia específica al país de los cedros y a la lucha contra la ocupación israelí refleja las dimensiones regionales de la guerra. El apoyo de Irán al Frente de la Resistencia encarna un compromiso estratégico con la oposición a la ocupación ilegal en toda la región. El marco de condiciones protege explícitamente los derechos del Frente de la Resistencia, incluida la lucha contra la ocupación, garantizando que el proceso de negociación no se produzca a expensas de compromisos regionales más amplios.

Por otra parte, el requisito de que Estados Unidos ponga fin por completo al bloqueo naval ilegal en el estrecho de Ormuz en un plazo de 30 días, aborda una preocupación de seguridad crítica. Los bloqueos marítimos representan una forma de guerra económica que impone costos significativos a la nación objetivo, al tiempo que evita a menudo la confrontación militar directa que caracterizaría otras formas de agresión. La importancia estratégica de esta condición va más allá de las preocupaciones económicas inmediatas. Al poner fin al bloqueo naval, Estados Unidos eliminaría una herramienta coercitiva significativa, reduciendo el margen de presión del enemigo y normalizando las operaciones marítimas de Irán.

Como se decía arriba, si la implementación del memorando de entendimiento es imprecisa o incompleta, la otra parte puede explotar esas ambigüedades para afirmar cumplimiento mientras mantiene en realidad la presión coercitiva. Así, el requisito de una implementación precisa cumple múltiples funciones estratégicas: impide la explotación de ambigüedades por parte de EU, preserva la credibilidad de Irán y elimina la tentación de repetir los ciclos de guerra, alto el fuego, traición, perfidia y negociación llevados a cabo por EU e Israel en las dos últimas guerra, la de “los doce días” de junio de 2025 y la del Ramadán de febrero de 2026.

En lugar de jugar a la defensiva, Teherán diseñó el memorando de tal forma que obtuviera el alivio de las sanciones, el acceso al dinero congelado, exenciones para la exportación de petróleo y el control sobre el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, todo ello antes incluso de que comenzaran las partes más difíciles de las negociaciones nucleares.

El politólogo Robert Pape denomina a esto “maximización del poder”: utilizar las negociaciones no para encontrar un término medio, sino para acumular más ventajas con el paso del tiempo.

The Boss y sus mastines talmúdicos

Para Trump, limitado por la política interna, las inminentes elecciones de mitad de legislatura, las divisiones dentro de su propia administración y el deseo de asegurar de manera urgente un éxito diplomático, se trata de una maniobra a fin de ganar tiempo y apaciguar a los mercados petroleros y de bonos. Y como advirtió Pepe Escobar, para, de forma encubierta, “convertir en arma el marco de alto el fuego”.

En el mejor de los casos, si The Bosslogra aplacar a sus mastines sionistas, la estrategia bélica imperial continuará a un ritmo más lento, con una negación plausible aún mayor. El deep state(Estado profundo) y la plutocracia gobernante en Washington, nunca aceptarán el núcleo condicionado, vinculante y verificable de los 14 puntos de Irán; no tienen ningún interés en algún tipo de paz con Irán. Además, como ha subrayado el canciller ruso Serguéi Lavrov, “EU es incapaz de llegar a un acuerdo”.

Por eso mismo, desde el ala belicista del Senado aceitada por el lobby sionista llegaron los cuestionamientos al cese al fuego. Jeanne Shaheen calificó el memorando firmado por Trump como una “capitulación total”. Su colega Bill Cassidy dijo que “Reagan se estará revolviendo en su tumba” y calificó la guerra como “el peor error de política exterior en décadas”. Y Chris Murphy, demócrata, lo describió como un “acuerdo descabellado”, una “humillación” y “un pago multimillonario a cambio de nada”. “Trump se rindió. Y eso es, en esencia, lo que representa este memorando”, dijo.

El martes 23, con 50 votos a favor y 48 en contra, el Senado de Estados Unidos aprobó una resolución que pretende poner fin a la ofensiva militar de Washington contra Teherán. Ya aprobada por la Cámara de Representantes, la iniciativa legislativa insta al presidente Trump a cesar las hostilidades en Irán o buscar la autorización de los congresistas para seguir adelante con los ataques. Si bien la resolución es en gran medida simbólicay no tienen fuerza de ley, su aprobación constituye una declaración contundente por parte del Congreso y entraña una reprimenda a las acciones militares del gobierno.

En parte, junto con el vicepresidente JD Vance; la jefa de gabinete de Trump, Susie Wiles; el director de la CIA, John Ratcliffe; los secretarios de Guerra y de Estado, Pete Hegseth y Marco Rubio, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, la culpa del desastre la tiene Netanyahu. Todos ellos estaban presente hace apenas cuatro meses, cuando el primer ministro israelí persuadió a Trump en la Sala de Crisis de la Casa Blanca, para que se uniera a él en lo que a la postre sería una catástrofe estratégica. Netanyahu le aseguró a Trump  que juntos derrocarían al régimen iraní y acabarían con “sus ambiciones nucleares” antes de que tuviera la oportunidad de cerrar el Estrecho de Ormuz. Pero no sucedió así.

Narcisista irrefrenable, en su arrogancia Trump cometió un error fatal que Clausewitz habría denominado la confusión entre la guerra real y la guerra sobre el papel. Y eso tuvo un costo: según cifras preliminares de un próximo análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), el conflicto le costó al Departamento de Guerra (el Pentágono) unos US$ 40 mil millones de dólares. La realidad, pues, le pasa ahora a Trump la factura en lo interno.

Pero no le fue mejor entre sus viejos compinches de Tel Aviv, que, basados en mitos y falsos relatos impulsan una versión fabricada y distorsionada de la Torá (el Antiguo Testamento) y en la consecución del “Gran Israel”, recrudecieron sus planes de colonización e implantación mediante las operaciones de tierra arrasada, limpieza étnica y castigo colectivo en Líbano, Gaza y Cisjordania ocupadas.

Tras la orden de ataque, como dos viejos amigotes, Trump y Netanyahu persiguieron los mismos objetivos de dominación y se repartieron los papeles de “policía bueno” y “policía malo”. Pero en la coyuntura, tras perder la guerra, y con un desplome estrepitoso de su popularidad –el diario The Economisten colaboración con YouGov mostró que el índice de aprobación de Trump era de tan solo el 37 por ciento esta semana, en tanto el índice de desaprobación ha aumentado a casi el 60 por ciento–, la decisión de Trump de gestionar la crisis para salir del pantano de cara a las elecciones intermedias de noviembre en EU y la consiguiente perspectiva de su destitución si pierde, erosionó esa sintonía.

De hecho, la saturación y el fastidio de Trump con Netanyahu ya había comenzado a manifestarse durante las negociaciones para un alto el fuego en la Franja de Gaza, según revela el libro Cambio de régimen: dentro de la presidencia imperial de Donald Trump (Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump),publicado este martes por dos periodistas del New York Times. De acuerdo con sus autores, Maggie Haberman y Jonathan Swan,el 27 de septiembre de 2025, Trump y sus principales negociadores, Steve Witkoff y Jared Kushner, llamaron al primer ministro israelí para convencerlo de que aceptara el plan de paz de 20 puntos con Hamás. En el transcurso del diálogo, el mandatario estalló contra Netanyahu, diciéndole:  “Todos están hartos de ti, Bibi. Todos los judíos están hartos de ti. Incluso los dos judíos que están en esta llamada están hartos de ti”, refiriéndose a Witkoff y Kushner. Al mismo tiempo, Trump se calificó a sí mismo como “el mejor amigo que Israel jamás haya tenido (…) Todos te odian, y yo te he apoyado”, indicó. El presidente instó a Netanyahu a aceptar el acuerdo para poner fin a la guerra en Gaza y le advirtió que la negativa resultaría en un “divorcio” entre ambos aliados.

La semana pasada, Trump declaró al New York Times que Netanyahu debería agradecerle por evitar la “aniquilación nuclear” de Israel. Pero Netanyahu –quien según John Mearsheimer y el comentarista conservador Tucker Carlson  arrastró a Trump a la guerra con Irán y lo hizo cómplice del genocidio en Gaza–, está ahora políticamente acorralado y necesita escalar la conflagración en Líbano y no dar la impresión de que está obedeciendo órdenes de Trump, para sobrevivir a sus críticos de la oposición, que van por él, y sortear el juicio por corrupción que lo llevaría a la cárcel.

Con el apoyo de sus ministros más extremistas, Itamar Ben-Gvir, de Seguridad Nacional, y Bezalel Smotrich, de Finanzas, si Israel sigue atacando el Líbano, es la apuesta de Netanyahu, el memorando de Trump se vuelve insostenible. Y si Trump intenta frenar a Israel, se arriesga a una ruptura con el mismo aliado al que afirma haber protegido. Por eso los partidarios de Netanyahu arremetieron contra Trump llamándolo “traicionero”, “débil”, “perdedor”, y tildaron de “canalla” al vicepresidente JD Vance, y a Witkoff y Kushner de “chicos judíos comprados por Qatar”. Se rumorea, además, que el Mossad podría utilizar las nuevas revelaciones sobre el caso Epstein para limitar más a Trump u obligarle a detenerse.

Así, mientras para Teherán la coyuntura representa un gran logro estratégico –en su metamorfosis Irán pasó de paria a potencia regional y, a la inversa, Israel encarna hoy el papel de Estado canalla–, la sensación de derrota es palpable en los círculos de poder y la sociedad israelí en general. Ahora Israel está a punto de descubrir qué se siente al estar al otro lado. Aislado. Bajo la lupa. Percibido por el país más poderoso del mundo no como un aliado vital, sino como un lastre. A partir de ahora, Israel tendrá que vivir en un mundo en el que la “vaca sagrada” –como la llamó John Mearsheimer– ha sido sacrificada y su carne se está subastando para obtener beneficios políticos.

Cabe consignar que el manido recurso de la “guerra existencial” utilizado por Netanyahu desde hace años, se convirtió ahora en el acontecimiento militar más perjudicial para la economía israelí desde la fundación de ese Estado. Un informe publicado por el sitio web de noticias israelí Zman Yisrael, reveló que la ola de hostilidades que libra Israel desde el 7 de octubre de 2023 en Gaza, Líbano, Siria e Irán se ha convertido en la campaña militar más costosa de su historia. El reporte indicó que el impacto total del conflicto ha alcanzado aproximadamente 228 mil millones de dólares, cifra que incluye los gastos directos del gobierno, las pérdidas macroeconómicas y la asistencia militar estadunidense.

El documento aclaró que esas categorías no computan la extensa ayuda militar suministrada por Washington durante la contienda, la cual ascendió a unos 26 mil millones de dólares en forma de armamento, municiones, equipos de combate y soporte logístico, incluido el financiamiento de lo que el portal digital describió como “la mayor movilización de fuerzas de reserva en la historia de Israel”.

A nivel personal, la popularidad de Netanyahu, como la de Trump, se ha desplomado de forma catastrófica en Israel. Y al igual que el magnate, recoge los pedazos de su arraigada fatuidad y arrogancia.

El líder de la oposición, Yair Lapid, acusó a Netanyahu de haber perdido la guerra mientras volvía “loco” a Trump con su petición de indulto. El exministro de Defensa, Benny Gantz, describió el memorando como un “fracaso estratégico”, y el ultranacionalista Avigdor Lieberman propuso responder cualquier disparo de Hezbolá con ataques contra los centros de mando y control de la organización en Dahiya y Baalbek; por cada misil iraní lanzado destruir la isla de Kharg y el puerto de Bandar Abbas, y que el Mossad se centre en el derrocamiento del régimen del ayatolá (tarea que ha definido y asumido como una prioridad el nuevo jefe de la inteligencia israelí, Roman Gofman).

Igual de extremista, Itamar Ben-Gvir, clamó que “por cada lágrima de una madre israelí, mil madres libanesas deben llorar y todo el Líbano debe arder. (…) Hay que volverse loco. Borrar. Aniquilar al terror”. Como se escandalizó con razón el canciller iraní, Araqchi, ¡se trata de un ministro!

 

Trump: no quiero ser comparado con Herbert Hoover

El domingo 21 de junio, mientras el vicepresidente JD Vance entraba en la quinta hora de negociaciones con los representantes iraníes en el complejo turístico de Burgenstock, a orillas del lago Lucerna, en Suiza, Trump intervino con una amenaza inoportuna de volver a bombardear Irán. Durante una entrevista telefónica con Trey Yingst, de Fox News, Trump violó de manera flagrante el artículo 2 del memorando de entendimiento de Islamabad, al amenazar en términos soeces y de manera directa a los negociadores iraníes, advirtiéndoles que en caso de que el Cuerpo de Guardias Revolucionarias Islámicas cierre el Estrecho de Ormuz, “los voy a hacer mierda (…) Lo cierran, y (…) ni siquiera lograrán llegar a salvo de vuelta a su jodido país”. Esa amenaza de decapitación provocó, en protesta, el abandono temporal de la delegación gubernamental persa en Burgenstock.

Trump. “un rey adicto a la venganza, con una corte decadente”, según lo describen los periodistas del New York Times, Haberman y Swan, está desolado. Y enamorado de sí mismo, teme fracasar. Por eso dijo en Evian que no quiere ser comparado con Herbert Hoover, el presidente republicano bajo cuyo mandato se produjo el colapso bursátil de 2029 que derivó en la Gran Depresión. De allí que para tratar de evitar la catástrofe económica de su presidencia imperial, como Mambrú, Donald se fue a la guerra (por U$Slana, pues), pero ahora corre el riesgo de salir trasquilado.

 

(*) Carlos Fazio, escritor, periodista y académico uruguayo residente en México. Doctor Honoris Causa de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Autor de diversos libros y publicaciones. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (Capítulo México)

(**) Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capítulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales, y ha sido premiado más de 40 veces en su país y otros países.

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