Por Claudia Suarez Delgado (*)
Uruguay se suele presentar como ejemplo de convivencia, pero el costo de esta supuesta gala de civismo se ha pagado con la supresión de la identidad, la diversidad y la historia de diferentes grupos y colectivos. Borramos cualquier característica que los muestre como diferentes, basta ver como -consciente o inconscientemente- al extranjero que llega a nuestro país le enzampamos un mate.
De los colectivos más violentamente invisibilizados y obligados a mantener en secreto su identidad han sido las propias poblaciones originarias. Todas las personas aprendimos en la escuela que los pueblos originarios de este territorio desaparecieron, así se nos mencionara Salsipuedes o no (nunca con la carga de violencia que un genocidio de tal magnitud merecería). Siempre el discurso fue, no existen más. A su vez, el discurso oficial hablaba de un pueblo nómada sin desarrollo cultural, espiritual o político. Nada bueno había en ellos, se nos transmitió, más que la “garra charrúa” honrada en la pelea junto a Artigas o en algún partido de fútbol.

Por otro lado, en muchas casas permanecía la memoria de alguna abuela o abuelo indígena, el contacto particular con los ciclos de la luna y prácticas o rituales que se realizan dentro del hogar. Y se sabe desde niño que no deben ser públicos, so pena de ser visto como ignorante, inculto o inferior.
Frente a esta realidad, algunas personas defienden su origen, sus saberes, recuperan y honran la diversidad, nos interpelan, y habilitan a habitar la propia.
Charlamos con Patricio Saavedra, él es artista visual, docente y se reconoce como afroindígena, es el creador de la muestra Kuntai Ma, la lucha continúa.
La muestra expuesta en el MUMI, Museo de la Movilidad e identidades reúne obras plásticas que son retratos de personas acompañadas de plantas nativas sobre recortes de prensa y otras simbologías de los pueblos originarios. El autor nos cuenta que la muestra surgió de la pregunta: ¿cómo eran los charrúas?. Esto nos introduce en una de las grandes dificultades de acceso a nuestra historia, la historia fue y sigue siendo contada por el conquistador. Las reproducciones, imágenes que tenemos, que se conservaron de la época, fueron realizadas por dibujantes europeos. Esta era una práctica extendida, los dibujantes eran enviados para recoger registro, pero este se realizaba desde el prejuicio y el desconocimiento europeo. Por otro lado muchas veces alimentaba un mercado y anhelo fantasioso por lo fantástico ya que estás imágenes eran luego vendidas y en la sensibilidad cultural europea de la época las tierras a conquistar estaban llenas de salvajismo, rarezas, espacios a civilizar y de esta forma expiar la matanza y explotación perpetuada.
La respuesta para el artista fue ir a buscar a los Charrúa hoy en día. Nos dice: “Están vivos. Y ahora sus rostros recorren Uruguay”. Para esto realizó el trabajo junto a CONACHA (Consejo de la Nación Charrúa) y así retratar a Charrúas en el siglo XXI.
Nos dice: “Noelia Lagos, vicepresidenta de la organización, comenzó a hacerme llegar fotos de personas del pueblo charrúa que querían participar. Gente de Paysandú, de Colonia, de Canelones, de Tacuarembó”.
Para el artista este proyecto tiene arraigo en su historia, él nació en Buenos Aires, hijo de un uruguayo y de una argentina. Se considera afroindígena: por el lado paterno sabe que un tatarabuelo fue esclavizado; por el materno, su familia viene del norte argentino, del pueblo de Agüita (Diaguita) en Tucumán. Esa ascendencia estuvo presente siempre, aunque de fondo. Como en tantas familias, de eso no se hablaba en público.
El padre siempre tuvo interés en la historia, como hobby. Guardaba libros, diarios, recortes. Noticias que le llamaban la atención sobre los afroindígenas, sobre historia, política. Era de izquierda. Cuando había conversación, traía hechos históricos, nos dice.
Cuando Patricio revisó esas cosas, encontró una recopilación de crónicas de diarios de 1800 y 1900. Muchas de esas noticias eran de Rivera. “Enseguida, uno, cuando lee Rivera es inevitable asociar con la situación de los charrúas», dice. «Los charrúas del siglo XXI son consecuencia de lo que pasó después de 1831». El catálogo de la muestra plantea: «Los archivos coloniales y los relatos oficiales conservan apenas fragmentos de esa historia. Desde esa incompletud, estos retratos señalan lo borrado, lo ocultado y lo interrumpido, al tiempo que entienden la identidad como una construcción viva, ligada a la memoria, el territorio y la cultura.»

Cada retrato convive con una planta nativa: Arazá, Espinillo, Tala, Pitanga, Guaviyú, Mburucuyá, Tacuara, Ibirapitá. La elección de cada planta fue parte del proceso de trabajo: algunas surgieron por intuición, otras por estética, otras por simbolismo. El artista nos cuenta que una compañera le prestó un libro de flora nativa con ilustraciones. Leyó propiedades, colores, distribución territorial. Y fue armando la composición de cada pieza desde ahí, cruzando lo visual con lo simbólico.
Para Elvira, una señora de Paysandú, eligió la Pitanga. «Me venía la cuestión medicinal, la cuestión como más familiar», dice. Para Santiago, un muchacho de Canelones, la Tacuara: «por la lanza.» Encontramos en el catálogo. «La obra propone una reflexión sobre la persistencia de la memoria, el vínculo con el territorio y las formas de continuidad cultural.», las plantas enraízan la presencia del territorio.
Patricio Saavedra estudió Formación Docente en Comunicación Visual, tiene estudios avanzados en Bellas Artes, ha trabajado en mosaico, aerografía y como muralista -junto al colectivo “Indelebles”- fueron parte del encuentro de muralismo en el Saint Bois, Punta de Rieles y en el departamento de Rocha. Una obra suya fue donada a la escuela Joaquín Suárez por el Día Internacional de Nelson Mandela. Hoy trabaja como Docente en Secundaria. «Es la primera vez que hago una muestra individual. Estoy contento por la temática y también porque hay posibilidad de recorrer lugares y aprender cosas.»
«A mí, como artista visual, lo que me pasa es que me gusta pintar para que quede lindo, sino también que dé algo.» El arte como instrumento de algo más, como apertura a un diálogo.
Kuntai ma tiene varios puntos de itinerancia confirmados. Está ahora, en agosto, en el MUMI en Montevideo. De ahí va a la Casa de Artigas, en Sauce, por tres semanas. En octubre estará en el Centro Cultural de Rocha durante el fin de semana de Patrimonio y las semanas que siguen. En noviembre en el Museo de Artes Visuales de Florida. En enero en Parque del Plata. En febrero en Colonia. En marzo en San José. También en Soca y en Joaquín Suárez hasta mayo o junio del año próximo.

El artista cuenta que además de desear que llegué a distintos puntos del país y la temática pueda ser trabajada, hay personas retratadas que viven en Paysandú, en Colonia, en Canelones, en Tacuarembó. Muchas de ellas no conocen a Saavedra en persona: llegaron a través de una foto. «Me gustaría que justamente esa persona que se animó a mandarme la foto y que la pinté pudiera verla en vivo», dice.
En cada punto de itinerancia, junto a CONACHA, se organizan conversatorios abiertos. Han participado referentes de Patrimonio, alcaldes, directores de Derechos Humanos. El objetivo es que la muestra sea una excusa para la conversación. «Que no sea simplemente un mirar, sino un compartir entre todos. Qué nos pasa con los pueblos originarios de Uruguay y cómo resignificar algunas cosas.»
Kuntai ma, en charrúa, significa «la lucha sigue». Pelear contra la invisibilización y la negación es una de sus formas. Les invitamos a acompañar los conversatorios y disfrutar la muestra.
Patricio Saavedra, artista visual. Instagram: @saavarte. Mail: [email protected]
(*) Claudia Suárez Delgado es licenciada en Psicología, ceramista, especialista en Gestión Cultural, militante en organizaciones de la economía solidaria, feminista, integrante de la Red de intelectuales y artistas en defensa de humanidad (REDH) y de la Fdim, parte del colectivo Libertadoras antifascistas.uy