Por Ricardo Pose (*)
Desde junio del 2026 el planeta vuelve a sacudirnos intensamente, como hacía mucho no lo hacía; trágicos e intensos terremotos causaron estragos en Venezuela, Colombia, Japón, España, Indonesia y unos buenos sustos en México, Ecuador y Chile.
Varios países de Europa arden y, donde no hay fuego, la ola de calor es agobiante; según la NOAA (Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos), existe un 95 por ciento de probabilidad de que el fenómeno Súper Niño llegue a tener una intensidad muy elevada en el Pacífico, entre octubre y diciembre del presente año, por el aumento continuo de las temperaturas del océano.
En varias partes del planeta, los extremos oscilan entre las sequías y las inundaciones.
La pandemia del Coronavirus 19 parece controlada, pero mantiene a la humanidad en alerta ante posibles mutaciones, ya comprobadas, aunque por el momento menos letales; en tanto el Ébola está resultando difícil de contener en El Congo.
Según la ciencia, el planeta no está ante el advenimiento de un nuevo eón[i], pero la acción del humano y su imperante organización -económicamente capitalista en su estructura y superestructura- está modificando el ritmo de los ciclos naturales, que atentan contra la actual adaptabilidad de nuestra especie, que denominamos genéricamente Cambio Climático.
La profesora venezolana Carmen Bohórquez, con motivo de un homenaje a los 100 años del natalicio del comandante Fidel Castro recordaba que: “Cuando en 1992, el Comandante Fidel lanzó aquella advertencia en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, Brasil, sobre el peligro de extinción de la vida sobre el planeta; y junto a esta advertencia, hizo la pregunta que la humanidad toda debería hacérsela en algún momento y que nosotros parafraseamos: ¿qué estamos haciendo hoy intelectuales, artistas, científicos, luchadores sociales, trabajadores, y sobre todo, jóvenes, para lograr revertir esa predicción que, desde entonces y hasta el día de hoy, se ha convertido en la posibilidad más cierta para todos los humanos; incluidos los que, sintiéndose dueños del mundo, sueñan y están haciendo planes para vivir en la Luna o en Marte: ¿es ya la humanidad una especie en extinción?”
Recojo el guante de la profesora Bohórquez, en un aporte que no tiene pretensiones de ser original, pero si asume el desafío planteado de participar en un debate que resulta necesario y urgente.

Barajar de nuevo
Si nuestra existencia como especie encima de la corteza terrestre ve amenazado el acceso al agua potable, a las tierras cultivables y a habitar suelos que no se desbrocen o terminen inundados o desertificados, bien vale el derecho de volver a poner a flamear el estandarte Utópico de Tomás Moro y cuestionar desde la política, pero también desde la esencia de la dignidad humana, la Propiedad Privada de la Tierra.
Si el espacio de tierra habitable se reduce por efecto de los fenómenos de la naturaleza y la superpoblación de la especie, entonces el acceso al usufructuo del hábitat es una condición sine qua non, para toda la humanidad.
Aunque no es motivo de este artículo proponer el diseño de la organización que deberá darse la humanidad en su nueva adaptabilidad, hay algunas viejas respuestas que se convierten en un rumbo.
La necesaria nueva adaptabilidad tiene un componente solo humanamente posible en una actitud antimperialista y anticapitalista, que encuentra en el viejo planteo del venezolano Simón Rodríguez un posible diseño, su sueño de una sociedad basada en la Toparquía[ii].
El relato debe hacer centro en la histórica y actual Desigualdad, como el principal factor de injusticia generado dentro de la especie humana, donde la pobreza es su consecuencia natural, pero no la causa.
Barajar de nuevo, implica los cambios de Paradigmas, donde la dignidad huma es el centro y meta, y eso implica el cambio del concepto de Mercancía por el de Valor de Uso, el concepto de Desarrollo de bienes y el hiperconsumo por una -racional y equilibrada- disponibilidad total de bienes y servicios.
“De cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”, es la vieja consigna que debe volver a ser pendón, innegociable.
El camino es culebrero
En el actual contexto, donde las actuales relaciones sociales, políticas y económicas se encuentran condicionadas por el imperialismo estadounidense (en particular en nuestro continente) y los neo fascismos se imponen con respaldo electoral en varios países del planeta, la necesidad de una nueva adaptabilidad como especie humana -entre ella y con relación al planeta- parécese tornarse quimera.
El llamado a un alzamiento de los desposeídos contra el dominio del 1% super rico del planeta, deja de ser únicamente, ante la terrible postal de las catástrofes naturales, un radical programa político, para adquirir la jerarquía de un fin, un objetivo ético, una zanahoria tras la cual definir la nueva senda de la humanidad.
Las contradicciones Imperio – Nación, y la Norte – Sur, hoy enfrentan un emergente escenario polarizado caracterizado por la tensión entre lo Físico contra lo Digital, siendo en éste último donde El Poder va construyendo su fortaleza amurallada.
La Inteligencia Artificial (que dilapida recursos naturales para su existencia) impone nuevas lógicas en todas las esferas de la actividad humana, cambiando paradigmas radicalmente (como la sustitución de la Guerra Nuclear por la Digital, o la expansión colonizadora y expoliadora hacia la Luna u otros planetas) para exclusivo beneficio de una minoría social[iii].
La interrogante, paulatinamente desplazada del relato y el ejercicio intelectual que urge retomar, es si las contradicciones anteriormente mencionadas adquirirán en algún momento la intensidad alcanzada como en su momento fue la disputa Capital – Trabajo.
Si la resolución de esa contradicción era la revolución proletaria tras el programa del Manifiesto Comunista, la actual parece convocar a la insurgencia de los Desposeídos, los físicos, los de sangre, músculo y pensamiento.
No es novedad que son los pobres los que sufren las peores consecuencias de las calamidades.

Del diván a la trinchera
Como ya describía Marx, la clase en sí describe a un grupo de personas que comparten una misma situación económica y relación con los medios de producción, pero sin conciencia colectiva. La clase para sí ocurre cuando ese grupo adquiere conciencia de su identidad, se organiza y lucha políticamente por sus propios intereses.
Ese desafío es más acuciante en la actualidad y es uno de los grandes trastornos generados por el desarrollo tecnológico y las transformaciones en el mundo laboral, acompasados de un relato donde el único horizonte ofrecido para las masas desposeídas, es la piedad religiosa o ceñir la vida a una supervivencia, día a día.
En el actual contexto, y sin dejar de reconocer el avance científico en los diagnósticos en Salud Mental, el sujeto revolucionario, rebelde, cuestionador, se encuentra inmerso en una sociedad donde, por un lado, la racionalidad se ahoga en la depresión y la multiplicidad de creencias religiosas, metafísicas e idealistas atentan -en su mayoría- contra cualquier horizonte de emancipación.
Las tecnologías de dispositivos de comunicación móvil han ocupado el lugar de las sombras de la caverna de Platón, trasformando radicalmente los vínculos interpersonales, jerarquizando las conductas individualistas.
La dominación desde la comunicación, y la cultura del entrenamiento, es el arma desarrollada por un grupo privilegiado que detenta el poder económico, militar y desde el tecno feudalismo.
“El comienzo del siglo xxi, desde un punto de vista patológico, no sería ni bacterial ni viral, sino neuronal”, describe en su trabajo La sociedad del cansancio, Byung-Chul Han.
Agrega como elemento para una profunda reflexión que, “la sociedad disciplinaria de Foucault, que consta de hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día. En su lugar se ha establecido desde hace tiempo otra completamente diferente, a saber: una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios genéticos. La sociedad del siglo xxi ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento”.
Contra esta realidad es que planteamos los cambios de paradigmas, de desistir de los conceptos de desarrollo que exigen un país productor y consumidor de enormes niveles de energía, y produzca y sobre produzca bienes materiales que nadie necesita irremediablemente, para moverse (un auto por cada miembro de la familia en edad de conducir), para vestirse (donde el precio lo condiciona la grifa y no la calidad), para distraerse (el imperio de la frivolidad), para alimentarse (el alimento como producto de marketing social, en el medio de la pornografía de las hambrunas), para percibirse (el culto al cuerpo en la dictadura narcisista de la imagen).
Mientras el sol brille
Varias veces Fidel ha recordado el ciclo fatal de la materia descripto por Engels: “quizá antes pasen millones de años, nazcan y bajen a la tumba centenares de miles de generaciones, pero se acerca inexorablemente el tiempo en que el calor decreciente del Sol no podrá ya derretir el hielo procedente de los polos; la humanidad, más y más hacinada en torno al ecuador, no encontrará ni siquiera allí el calor necesario para la vida; irá desapareciendo paulatinamente toda huella de vida orgánica, y la Tierra, muerta, convertida en una esfera fría, como la Luna, girará en las tinieblas más profundas, siguiendo órbitas más y más reducidas, en torno al Sol, también muerto, sobre el que, a fin de cuentas, terminará por caer. Unos planetas correrán esa suerte antes y otros después que la Tierra; y en lugar del luminoso y cálido sistema solar, con la armónica disposición de sus componentes, quedará tan sólo una esfera fría y muerta, que aún seguirá su solitario camino por el espacio cósmico. El mismo destino que aguarda a nuestro sistema solar espera antes o después a todos los demás sistemas de nuestra isla cósmica, incluso a aquellos cuya luz jamás alcanzará la Tierra mientras quede un ser humano capaz de percibirla”.
Engels, desde el materialismo dialéctico y antes que el pánico se abrazara de la teoría del caos, calmó las almas, escribiendo que lo descripto no era el fin de la materia, sino su posible transformación a un nuevo estado material.
Según los estudios científicos, el sol seguirá encendido unos 5 mil millones de años, lo que parece un tiempo suficiente para una nueva organización de la sociedad humana, sin olvidar que, durante ese tiempo, algún planeta enano puede hacer carambola chocando contra la Tierra, o las aguas oceánicas ocuparán más tierra firme, desplazando poblaciones de las actuales orillas.
La nueva adaptabilidad de la humanidad, requiere de un cambio radical, de una revolución social que permita, en el tiempo en que la tierra tenga signos de habitabilidad, un hábitat digno para todos y todas.
(*) Ricardo Pose, es Periodista en: Mate Amargo, Caras & Caretas, Ceiba Periodismo con Memoria; Coordinador WEB Telesur; Columnista de El Otro País, periódico España; y radial en Cadena del sol (Rocha-Uruguay), Radio Gráfica de (Bs. As.-Argentina), Voces en Conversa (Maracaibo-Venezuela). Blog personal «El Tábano». Participa en Foros de debates de Lauicom (Universidad de la comunicación Venezuela). Integra la RedH capítulo Uruguay y la Dirección (suplente) del Sector Prensa Escrita de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU).
NOTAS
[i] Un eón es la unidad de tiempo geológico más grande que existe, equivalente a mil millones de años, o bien un periodo larguísimo e indefinido de tiempo. La palabra viene del griego aion, que significa eternidad.
[ii] En la antigüedad (como en el Egipto helenístico o el Imperio Romano), un toparca era el gobernador de un distrito o territorio pequeño llamado toparquía. En el contexto latinoamericano, la palabra fue popularizada por el filósofo y educador venezolano Simón Rodríguez en su obra Sociedades Americanas (1828). Rodríguez la propuso como: Una alternativa al modelo colonial y eurocéntrico altamente centralizado, Un sistema basado en la descentralización, soberanía y autonomía de las pequeñas regiones, Una forma de democracia directa, donde los pequeños conglomerados deciden sobre sus propios intereses, Un modelo político-pedagógico donde la escuela y la comunidad se integran para resolver los problemas del propio territorio.
En las últimas décadas, el concepto ha sido rescatado por movimientos sociales en Venezuela. Es el rumbo de construcción del poder popular, los consejos comunales y las comunas, planteando que la toma de decisiones debe nacer desde las bases del territorio.
[iii] El 1% más rico del planeta está compuesto por aproximadamente 56 millones de adultos que concentran entre el 37% y el 41% de la riqueza personal mundial, de acuerdo con datos actualizados del World Inequality Lab. Esta élite económica posee un patrimonio conjunto que supera al del 95% de la población mundial combinada