Por Sdenka Saavedra Alfaro (*)
Dibujo, Adán Iglesias Toledo (**)
Las continuas violaciones al derecho humanitario y al derecho internacional por parte del régimen israelí y Estados Unidos representan una de las premisas más contundentes en la historia contemporánea; así lo ha denunciado la cancillería iraní en un informe titulado «Estados Unidos e Israel son los culpables de los crímenes de guerra más graves desde 1949», donde señala que, durante las últimas ocho décadas, han perpetrado crímenes de guerra, genocidio y crímenes de lesa humanidad en Palestina, Líbano, Siria, Irán y toda Asia Occidental.
Una denuncia que se sustenta en hechos concretos como los ataques de Washington y Tel Aviv contra Irán en 2025 y 2026, hechos que violan la soberanía de la nación persa y el derecho humanitario, con un patrón reiterado contra civiles e infraestructura civil como la masacre de 168 niños y profesores en Minab con misiles Tomahawk, el ataque al estadio Lamerd con municiones de racimo el 28 de febrero de 2026 y el bombardeo de viviendas en Qeshm con bombas de una tonelada el 30 de julio de 2026, a lo que se suman ataques contra hospitales, universidades, escuelas, zonas residenciales, puertos y aeropuertos, con cerca de 3.400 muertos según la Organización de Medicina Forense de Irán, graves violaciones al artículo 147 del Cuarto Convenio de Ginebra que protege a civiles en conflictos armados.

Los Convenios de Ginebra de 1949, suscritos por 196 países, establecen normas fundamentales para limitar la brutalidad en conflictos armados, incluyendo la distinción entre objetivos militares y civiles, la proporcionalidad, la necesidad militar y la prohibición del sufrimiento innecesario, obligando a proteger a quienes no participan en los enfrentamientos; sin embargo, Estados Unidos e Israel violan sistemáticamente estos acuerdos mientras Naciones Unidas y la comunidad internacional guardan silencio, normalizando una cultura de impunidad que amenaza todo el orden jurídico construido para civilizar la guerra y proteger a la población civil.
Esta tendencia se evidencia también cuando no se ejecuta la orden de arresto contra Benjamín Netanyahu emitida en 2021 por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y lesa humanidad en Palestina, un declive del derecho internacional que nos lleva a preguntarnos si aún se puede creer en estas instituciones, mientras el genocidio en Gaza se erige como una de las catástrofes más significativas de la historia, con más de 200.000 muertos según el informe de DD.HH. de Ginebra, que muestra un descenso poblacional del 10% desde octubre de 2023, y miles de personas viven entre ruinas, hambre y desplazamientos, entre tanto «300 niños palestinos han sido asesinados en Gaza: un promedio de un menor muerto cada día», según UNICEF, y 1,1 millones de niños carecen de requisitos mínimos para sobrevivir.
Este guion de violencia también se repite en el Líbano, donde Israel ataca con fósforo blanco prohibido internacionalmente, causando cerca de 5.000 muertos, 12.277 heridos y más de un millón de desplazados, según la Agencia Nacional de Noticias (NNA) del Líbano.
¿Cuántas vidas más costará la impunidad? Los crímenes en Gaza, Líbano e Irán no cesan, el capitalismo, el lobby armamentístico y la arrogancia del poder dictan las reglas del juego mientras gran parte de la comunidad internacional, por temor o intereses estratégicos, guarda un silencio cómplice que se convierte en el mejor aliado de los criminales, porque la impunidad no es un accidente, es una decisión política que cobra vidas y silencia verdades incómodas, y hasta que la justicia llegue, la sangre de niños y mujeres seguirá manchando la conciencia del mundo.
(*) Sdenka Saavedra Alfaro, Escritora, corresponsal de HispanTV
(**) Adán Iglesias Toledo. ADÁN. Cuba.La Habana 1965. Licenciado en Educación Plástica por la Universidad Pedagógica Enrique José Varona. Trabajó como Profesor de Educación Artística. Sus caricaturas se han publicado en Tribuna de La Habana, Dedeté, Palante y otras publicaciones nacionales y extranjeras. Desde el año 2001 forma parte de la plantilla de la publicación humorística Dedeté y es su actual director. Es miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, miembro de la Unión de Periodistas de Cuba y miembro de la Agencia de Autores Visuales. Posee la Distinción por la Cultura Nacional.