Economiapolitica.uy *
Héctor Tajam **
Dibujo del Prof. Adán Iglesias Toledo ***
15-08-2026
Muy pertinente el recuerdo que ha realizado Gabriela del planteo que Fidel hiciera en 1953 conocido por su última frase: “La historia me absolverá”. Porque constituye realmente un plan de desarrollo cuando todo estaba por hacer. No es nuestro caso, pero tenemos un desafío enorme, superarnos a nosotros mismos, con la audacia de políticas diferentes para un mundo diferente, y para un Uruguay que no se despega aún de la desigualdad y la exclusión.
Para esta ocasión, de carácter introductorio, recordé tres temas centrales que discutíamos en los años setenta, 20 años después del alegato de Fidel, para la coyuntura y el mediano plazo, porque la visión utópica estaba siempre presente, el socialismo como alternativa al capitalismo, en tiempos en que aún existía la Unión Soviética, y Cuba era una referencia ineludible.

Los tres temas
El primero de ellos, la democracia formal y la democracia real. Cuestionábamos esa democracia que desde la institucionalidad del liberalismo republicano nos alienaba en una participación aparente que asumía representarnos a partir de instancias electorales, en las cuales muchos de quienes decidían el resultado lo hacían como rehenes de la necesidad, en situaciones de pobreza e indigencia, ante candidatos que se acercaban con prebendas, acomodos y promesas nunca cumplidas. La democracia real era una respuesta comprometida con la participación efectiva, real y con decisiones soberanas de un pueblo decisor. Un tema central que aún hoy sigue vigente. Es más, hoy adquiere una importancia más grande cuando hay todo un paradigma que el imperialismo está imponiendo, en aquellos lugares donde esa democracia formal se intenta superar.
¿Por qué empezar por acá si el tema es el desarrollo? Porque aquello de ciudadanos rehenes de la necesidad en el plano de la democracia formal, desemboca en el siguiente tema, el debate sobre crecimiento y desarrollo.
Para la teoría oficial, el crecimiento resolvía todo. Algo muy similar cuando hoy discutimos el tema del derrame, crecer y derramar, un proceso que en realidad concentró la riqueza y mantuvo la desigualdad. El desarrollo fue una respuesta a esa teoría del derrame, porque lo entendíamos como la interacción del crecimiento con la distribución y la justicia social, con resultados en mejoras del bienestar, y con cambios los cambios estructurales indispensables para que esos avances se sostuvieran. En otras palabras, que el desarrollo fuera resolviendo aquello de ser rehenes de la necesidad y, por lo tanto, también estaba resolviendo la cuestión central de la democracia. Entonces, las dos cosas se unían cuestionando la concepción por la cual democracia liberal más teoría del crecimiento basada en el mercado era la reproducción del sistema en sus raíces económicas, sociales e ideológicas.
El tercer tema tenía que ver con el plano internacional. No era una cuestión tan simple de que la democracia y el desarrollo, con rumbo al futuro socialista, se pudieran resolver en el plano del territorio nacional, cuando el imperialismo norteamericano demostraba a diario su política intervencionista. Por ello la estrategia de desarrollo nacional, que residía en decisiones soberanas, para lograr un resultado acabado debía estar en el entorno de lo que definíamos lucha por la soberanía a nivel continental. Y ahí estaba el tema de la liberación nacional, y la necesidad de la continentalidad del proyecto, el otro a resolver.
El sistema colonial nos insertó en una división internacional de trabajo que nos introdujo en una dependencia comercial y financiera de la cual no hemos logrado salir. La balcanización del continente luego de la independencia la estrechó aún más, y en poco tiempo los mecanismos neocoloniales comenzarían a intervenir. En ese contexto, luego de la década perdida de los años 80 del siglo pasado, dos economistas realizaron planteos que adquirieron gran relevancia. En 1988, el economista egipcio Samir Amín publicó “La Desconexión”, en el cual el tema central fue la búsqueda de la autonomía para la construcción de proyectos de desarrollo nacional en economías periféricas que eludieran la dependencia del mercado internacional, que nos sujetaba a través de una división internacional del trabajo que nos asigna el papel de proporcionar insumos y materias primas que serán transformados por nuestros antiguos colonizadores. Una relación asimétrica que nos sujeta al subdesarrollo y mantiene las desigualdades internas, atrapados en ese nexo subsidiario a patrones de acumulación del mundo desarrollado que cambian, se transforman, mientras el nuestro sigue prácticamente igual. Cambiar eso implicaba democracia real, desarrollo integral y continentalidad del proyecto emancipador.
En 1990 Osvaldo Sunkel, economista chileno, publicó “El desarrollo desde adentro” como una alternativa al “desarrollo hacia afuera” que marcó la historia de la dependencia latinoamericana. Lo que Samir Amin denominó desarrollo y crecimiento autocentrado, Sunkel lo describía como una creación de capacidades internas de acumulación, innovación y encadenamientos propios que conectaran la producción local con la región y el mundo, sin descuidar la ampliación del mercado interno con equidad social. Una dinámica económica que además podría superar los ciclos de los commodities, que en un funcionamiento perverso de destrucción lo que en el auge se había creado, nos mantiene en la senda del subdesarrollo.
Hoy ese planteo debe responder a un gran desafío tecnológico, conectado además con una concentración del poder corporativo jamás vista, cuya dimensión justamente amenaza todo intento de soberanía, democracia y desarrollo autocentrado. La búsqueda de inversión extranjera tiene que ver con todo esto, un tema que domina la política económica de todo el continente, y estrechamente ligado a la meta de liberación nacional definirá si diversifica la economía o se continúa en la antigua dependencia de especialización exportadora.
La inversión extranjera directa tuvo un gran impacto en la economía uruguaya, adquirió un gran volumen en ancas del boom de precios internacionales de los productos de exportación nacionales desde la primera década de este siglo, a la vez que introdujo cambios que diversificaron la matriz productiva agropecuaria, especialmente a raíz de la expansión forestal y de la superficie dedicada al cultivo de soja. Por otro lado, junto al inicio del acuerdo Mercosur, se procesó una importante extranjerización, que significó también desindustrialización, del parque industrial. La concentración y extranjerización en el comercio de grandes superficies, que se ha desplazado al comercio de cercanía, siguió avanzando y son cuatro grandes conglomerados que se reparten el territorio nacional. Proceso que no se ha detenido[i]. Todo este proceso acumuló un stock de inversión extranjera de 36.802 millones de dólares, equivalente a 45% del PIB del año 2024 (ultimo registro del Banco Central), donde destacan las inversiones en la industria manufacturera (27%) y en el sistema financiero (25%). Por país de origen de la inversión lidera España (21% del total) por su presencia en el sector financiero, luego Argentina (12%), Brasil (9%) y Países Bajos (7%), este ultimo partícipe del negocio de la celulosa.
Es interesante recalcar dos apreciaciones que realiza Martín Buxedas[ii]. La importancia del sector forestal y de las exportaciones de celulosa, 2° producto de exportación del país, fueron fruto de una decisión de desarrollo sectorial, que más allá de sus implicancias políticas y ambientales, revela el impacto de decisiones que dejaron de apoyarse en la elección “desde adentro”. El otro ejemplo fueron el sustento a la producción de energía con fuentes renovables y la fundación de ALUR y el proyecto de biocombustibles.
Por otro lado, no es necesario tener inversiones extranjeras en toda la economía. Muchas veces hay inversiones que esconden una pérdida en una “ganancia” de puestos de trabajo, y que finalmente se traducen en otorgar beneficios innecesarios. Es el caso del supermercadismo, donde no se contabilizan los empleos perdidos en el entorno por una competencia imprevista y de volumen decisorio.
Finalmente, en este tema como recuperar capacidad de decisión y grados de soberanía en torno a una estrategia nacional de desarrollo, o sea en su vínculo con la liberación nacional.
En primer lugar planificación, sectores prioritarios para un desarrollo autocentrado, a lo Samir Amín.
En segundo lugar, competencia de proyectos de inversión en el marco de un monto finito de renuncia fiscal.
Muy importante, estratégico, la captación deliberada de tecnología, con participación de la Universidad de la República en laboratorios que incluyan además la presencia de instituciones estatales.
Acuerdo regional sobre política de captación de inversiones, para evitar que la competencia se transforme en una sangría de recursos sin fin.
(*) EconomiaPolitica.uy es un Programa de asesoramiento, investigación y formación en Economía Política.
(**) Héctor Tajam es Economista, Director del Programa EconomiaPolitica.uy y Columnista de Mate Amargo. Fue Diputado (2005/10) y Senador (2010/15) por el MPP – Frente Amplio. Miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)
(***) Prof. Adán Iglesias Toledo, Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC. Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero.
[i] Ver “URUGUAY FOR EXPORT: capital extranjero y declive del empresariado nacional” – Rodrigo Alonso, Juan Geymonat y Gabriel Oyhancabal, compiladores – Editorial Ediciones del Berretín – Montevideo 2023
[ii] Ver Martín Buxedas en URUGUAY FOR EXPORT