Por Juana Francisca Gómez(*)
Este sábado se estrenó el documental uruguayo “Chacra” en Sauce. Así empieza la ruta de exhibiciones de la película en distintos lugares de Canelones. Conversamos con el documentalista Ernesto Gilman sobre su ópera prima.
Mate Amargo – ¿Cómo surgió el documental?
Ernesto Gillman – Capaz que empiezo por el final al principio. Estrenamos el año pasado, en el Festival de Cinemateca, y el preestreno fue en el último Doc Montevideo.
También estuvo en algunos festivales como el AtlanticDOC y el DETOUR. Y ahora llegó el día clave que es mostrar a mis vecinos, a la gente de acá, ya que la peli está inspirada, obviamente, en la chacra. Para mí tiene todo el sentido poder iniciar la gira canaria, acá en Sauce. Tenemos un acuerdo con el Departamento de Cultura de Canelones para hacer una serie de exhibiciones en todo el Santoral, ahora en invierno.
El proyecto y la película, es algo que me llevó un montón de años de mi vida. Yo trabajo en cine hace muchos años, soy técnico, soy docente también. Fue una inquietud que tuve. Soy montevideano, pero me vine a vivir a una chacra en Sauce hace treinta años. El contacto que hice con el mundo de los chacareros, fue algo muy fuerte en mi vida. Y siempre pensé que quería hacer una película.
Hacer una película es todo un emprendimiento muy grande, es una empresa. Y ya esto fue una cosa que la fui haciendo mientras hacía otras cosas. Llevó un montón de tiempo.
Básicamente es el retrato de mis vecinos. Hablé con Juan y Olga, que son los vecinos del Paraje la Armonía e hicimos un cortometraje que se llama “Vaca”. Eso me permitió experimentar. Luego nos pusimos a filmar esta otra película cuyo nombre original era “Carne”. Como todas las cosas, y sobre todo en el documental, la realidad y la vida van transformando las cosas. Pasó a llamarse “Chacra”. En un principio estaba mucho más volcada al tema del alimento, al tema del sacrificio del animal y de la comida. El acento estaba puesto ahí. El montaje y las cosas que nos fueron ocurriendo en el camino hicieron que fuera algo un poco más abarcador de la vida chacarera en general. Terminó siendo “Chacra”.

M.A. – ¿Por qué fuiste a vivir a Sauce?
E.G. – Me vine a vivir acá con un grupo de amigos, todos montevideanos. La iniciativa surge de la solución a un tema habitacional. Queríamos alquilar algo juntos. Había una parte de esos amigos que vivían juntos en una casa común, pero no queríamos estar amontonados en una casa. Y no teníamos plata para comprarnos la casa, ni comprar nada. Nos surgió la posibilidad de irnos un poco para afuera de Montevideo. Inicialmente queríamos ir para el oeste. Y terminamos viniéndonos para acá, para el norte, que era lo más accesible para nosotros. Y al final compramos una chacra y ahí construimos nuestras casas. Es como una comunidad. Vivimos acá hace 30 años. Se llama La Comarca. Con el tiempo, se armó otra comunidad enfrente nuestro, en otro terreno pegado, que se llama La Tierra. Algunos se dedicaron al trabajo que tiene más que ver con la tierra y con agroecología, otros se dedicaron más a la construcción. Otros, seguimos con otros oficios. Yo tengo el oficio por el lado del audiovisual. Otros compañeros son del teatro, otros son científicos, hay doctores, doctoras. Es variado mi barrio.

M.A. – ¿Tenías una visión idealizada de la vida de campo?
E.G. – La verdad que fue un poco de casualidad que llegamos acá. Nosotros queríamos un lugar muy lejano porque todos trabajamos en Montevideo. Tenía que ser un lugar que te tomaras un bondi y pudieras estar en Montevideo en un rato, en una hora. Los 30 kilómetros era como nuestro límite y Sauce queda a 30 kilómetros. Queríamos un lugar en contacto con la naturaleza. Criar a nuestros hijos en un entorno más saludable y más amigable para la crianza de un chiquilín, no en medio de la ciudad. Originalmente esa era nuestra primera intención. Luego, todo ello se fue modificando, porque nos tocó venir a una chacra. A mí me impactó muchísimo la vida de los chacareros, el concepto de vecindad que ellos tienen. Lo comprometidos que son con sus vecinos. Ellos te dicen que son más importantes que la familia. Construimos acá todo un circuito, muchas, muchas cosas. En aquel entonces Sauce tenía un rasgo más de pueblo del interior.
Ese fue nuestro impulso inicial, después la vida también nos fue haciendo madurar y cambiar cosas. Cuando vinimos, para nosotros, era un barrio, básicamente, como que eso era nuestro. Y después nos fuimos dando cuenta que estábamos conformando una comunidad.

M.A. – ¿En qué momento pensaste que querías hacer un documental?
E.G. – Si tengo que poner un momento, el segundo invierno que estábamos viviendo acá viene Nené, que es un vecino ya fallecido, que es como la fuente de inspiración de la película. Está dedicada a Nene y Mirna que son una pareja de viejitos, no tan viejitos en aquel entonces. Nos tocaron ellos como vecinos y para nosotros fueron como abuelitos, porque siempre nos brindaron todo, un amor, una belleza, el vínculo que establecimos con ellos.
El segundo invierno me invitó a una carneada en la casa. Yo tenía nociones de que era una carneada, más o menos, tenía cierto vínculo con el campo, de haber visto faenas, de haber estado en un frigorífico, filmando y ver la muerte de bichos. No soy alguien impresionable, pero me impresionó la impecabilidad con que el canario, con su lomo todo doblado de podar viñas, levantaba el marrón y le daba ahí al ternero, un marronazo, y luego lo degollaba. Ver esos trescientos quilos de bicho morir en ese momento, esa mañanita fría, para mí fue como un golpe muy fuerte y dije “yo quiero hacer una película con esto”.
Un ternero que lo había criado desde chico. Lo fue a buscar a un tambo y se lo trajo de tres, cuatro días de nacido. Se lo sacan al toque a las vacas. Él lo había criado y le había dado amor, porque él amor que le daba a sus bichos era increíble. Tenía una relación con los bichos y con las plantas, con todas las cosas que le daba todo el entorno. El proceso de pegarle a un ternero, una vaca, es una cosa maravillosa. Tenía la lechera, que la ordeñaba todas las mañanas y traía un ternero que mamaba, se alimentaba de la vaca lechera.
Entonces él comparte esa leche de la vaca, un poco se la lleva él para la casa y otro poco se la deja al ternero. Al segundo año se sacrifica, vienen vecinos, son dos, tres días de trabajo intenso.
Ahí agarré mi camarita, yo tenía una camarita amateur y filmé mucho en aquella época. Todavía tengo esos recuerdos ahí, tengo ese material, fue el motivo inspirador.

M.A. – ¿Qué punto de vista de director tiene el documental?
E.G. – Es un gran tema el punto de vista. La película tiene una cuestión observacional muy importante. Es más contemplativa que otra cosa. Mis personajes eran Juan y Olga. Cuando yo filmé en realidad, otro personaje para mí muy importante era el ternero que había nacido. Luego en el proceso de montaje final pasó a segundo plano el ternero y entraron más en primer plano Juan y Olga. Cambiamos toda la película y ahí cambió de nombre la película también.
Me costó un montón darme cuenta porque terminamos de filmar y hubo un montón de años que la película estuvo parada, porque yo no estaba conforme con cómo estaba quedando y no encontraba la película, y no estaba conforme.
Quería filmar más pero no tenía plata, hasta que el productor Pedro Barcia, un día trabajando en otra película que estábamos haciendo juntos, me dijo: “¡vamos a sacar la carne del freezer y prender un fuego!” Medio que me sacudió. Me tuve que sacar de encima un montón de preconceptos e ideas que yo ya tenía de la película.

M.A. – ¿qué pensás del tema campo en este momento? ¿hay una visión del documentalista y otra del vecino?
E.G. – Para mí es imposible salirme de cineasta documentalista y de vecino chacarero, para mí es todo lo mismo. Lo que me sensibiliza y me ocupa es el tema de la agricultura familiar, el saber, el conocimiento tan grande que hay de parte de los chacareros que trabajan la tierra, que producen nuestro alimento. Está sucediendo que las generaciones no van tomando esa posta. Que el mundo, la vida y las formas como nos organizamos los seres humanos se pierden al dejar de lado y no cuidar ese conocimiento, toda esa información.
Lamentablemente lo estoy viendo acá, delante de mis ojos. Siempre discuto con el propio Juan, que él opina que lo que hace él está abajo, siente que no es importante lo que él hace. Siempre le digo que no, que él está arriba, que él nos está dando de comer y que lo que él hace es de las cosas más importantes que hay junto con una maestra, un doctor, son trabajos súper importantes y que ahí tienen un conocimiento. El tipo sabe de mecánica, sabe de bichos, sabe de la tierra, de curar, mira y entiende lo que está pasando y se da maña con todo.

(*) Juana Francisca Gómez es escritora y miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)
Fotografias: Equipo de Comunicación – Departamento de Cultura – IMC
Ficha técnica
Título: Chacra Género: Documental
Protagonistas: Juan Moreira y Olga González Dirección: Ernesto Gillman
Estudio: Nadador Cine
Producción: Pedro Barcia, German Ormaechea, Juan José Lopez, Ernesto Gillman y Pablo Doudchitzky
Fotografía: Arauco Hernández Montaje: Guillermo Madeiro
Música original y diseño sonoro: Daniel Yafalián Color y créditos: Alberto Rodríguez, Átomo animación Producción de campo: Pedro Barcia
Foquista: Karin Porley Año: 2023
Duración: 70 minutos
Localizaciones: Sauce y santoral canario, Uruguay. Trailer:
Redes: https://www.instagram.com/chacra_pelicula/
Apuntes para seguir la rueda:
Festival de Cine Nuevo https://www.detour.uy/
Festival de Cine Documental del Uruguay https://atlantidoc.com/site/
Agenda Cultural Canelones https://www.instagram.com/canelonescultura/?hl=es-la
+Cinemateca https://mascinemateca.org.uy/home
Películas uruguayas en Retina Latina https://www.retinalatina.org/peliculas/el-viaje-hacia-el-mar/