Por Claudia Suárez Delgado (*)
El Museo Histórico Nacional y el Taller López de la Torre de la Facultad de Artes de la UDELAR, inauguraron una muestra que interviene en la colección permanente de Casa Rivera. Los museos, son de las instituciones que generan los relatos nacionales. A través de sus recorridos y sus selecciones, se selecciona qué conservamos y difundimos de nuestro pasado. Estas selecciones conforman nuestra identidad y hacen a la cultura constituyente, en este sentido tan importante es lo que se cuenta como lo que se omite. La historia de qué colectivos y eventos forman parte de nuestra identidad nacional, ¿qué historias merecen ser contadas?
Un grupo de estudiantes de Bellas Artes interviene la muestra del museo Casa de Rivera del Museo de Historia Nacional desde un pensamiento crítico, decolonial y colectivo. La muestra se llama “Nada es lo que parece”, participamos de la inauguración y charlamos con dos de las estudiantes que trabajaron en el proyecto.
«Lo que buscamos es visibilizar y cuestionar la narrativa del museo, la elección de las obras, cómo se montan, cómo se exponen, por qué», dice Adriana César, estudiante del taller. Agustina Medina, otra de las participantes, agrega: «La colección era la misma desde hace mucho.»

En el texto curatorial que presenta la muestra nos cuenta: “Las intervenciones son el resultado de un proceso de investigación y deliberación llevado adelante por un grupo de estudiantes y docentes del Taller López de la Torre, en diálogo con el personal del Museo y con artistas, activistas e historiadores, con quien compartimos el interés en revisar críticamente los relatos que hemos heredado sobre nuestra nación”. El proceso tuvo inicio en 2025 en el curso Arte y Política en Nuestramérica. “El curso abordó diferentes momentos en la historia del arte y la construcción de pensamiento teórico en nuestro continente, desde un encuadre anticolonialista/decolonial. Esto nos llevó a estudiar las formas en que el arte – en particular los monumentos y obras comisionadas por el Estado – han sido movilizadas para construir un relato sobre la identidad nacional fundado en la exclusión de sujetos colectivos subalternizados y racializados. La muestra se acompaña de una serie de ensayos que serán publicados a fines de 2026, en donde se describe el proceso de investigación y de conceptualización de las intervenciones, que se realizaron a partir de una detallada revisión de fuentes documentales, materiales e iconográficas”. En este mismo texto agradecen en particular al director del MHN Andrés Azpiroz y todo su equipo por la apertura a la propuesta. En este sentido las estudiantes plantean:
«A nosotros también nos sorprendió cómo fue el recibimiento», dice Adriana. «Siempre estuvieron muy abiertos a charlar, a discutir y a entender. Creo que al trabajar acá y tener la noción interna de cómo pasan las cosas, tienen idea de lo que precisaba ser actualizado.»
El museo facilitó el acceso a los antecedentes documentales desde el primer momento. Eso permitió rescatar documentación histórica que en algunos casos sorprendió incluso al propio personal. «La cosa a veces queda guardada y uno no sabe la potencia que existe», dice Agustina. No es la primera vez que el espacio abre las puertas a este tipo de intervenciones: cuando el equipo del taller hizo su primera visita, ya había otra artista interviniendo obras en la sala.
La investigación y curaduría estuvo a cargo de Manuela Albín, Nuna Amorín, Adriana César, Agustina Echegaray, Sofía González, Pilar González, Ana Laura López, Agustina Medina y Ana Pedraja. El equipo docente del curso fue Ana Laura López y Pilar González, de la Facultad de Artes de la UDELAR, con la participación de Guillermina Mongan como docente invitada desde la Universidad de La Plata.
En la inauguración participó además el colectivo Hermosa Intervención con la presentación de su Museo Afroviviente, brindando vos a través de escenas teatralizadas a mujeres indígenas, afro, lanceras: poniendo en el centro la imagen y la voz de poblaciones invisibilizadas, convertidas en adorno o folklore, deshumanizadas por los relatos construidos.
La muestra también se apoyó en la colaboración de la Unión de Trabajadores Rurales y Agroindustriales del Uruguay (UTRAU) y en el trabajo de investigación que involucraba distintos archivos, entre ellos la Biblioteca del Museo del Ejército.

La propuesta no crea un espacio separado ni propone una sala nueva. Interviene directamente la exposición permanente. Las obras elegidas son parte del canon histórico nacional: «Abayubá» y «Zapicán» de Edmundo Prati, «El Cabildo de 1808» de Jorge Calasso, «La Patria Vieja» de José Luis Zorrilla de San Martín, «El Hachero» de Manuel Correa y «La Asamblea de la Florida» de Eduardo Amézaga.
Junto a las intervenciones, la muestra expone obras de Fernando Foglino y de Pablo Uribe, estas últimas cedidas por la Fundación Banco República.
Cada intervención propone una lectura distinta de la obra original. Frente a «La Patria Vieja» de Zorrilla de San Martín, pintura que retrata construyendo el ideal de la cultura gaucha como símbolo de la identidad nacional, el equipo montó una vitrina con objetos y documentos actuales que denuncian condiciones de vida de los trabajadores rurales, conflictos laborales, problemáticas medioambientales e impacto del agronegocio. La pieza se llama Patria Nueva, Problemas Viejos y es una vitrina con objetos y documentos, acompañada de una pieza sonora compuesta a partir de fragmentos de expedientes y relevamientos sindicales, construida durante el proceso de investigación en el campo.
Mientras uno escucha frases como: “No hay producción de primera con salarios de tercera”, “No hay país productivo posible si se vacía de gente el territorio”, “En 2008 los trabajadores Rurales accedieron a la jornada laboral de 8 horas casi un siglo después que los trabajadores urbanos”, entre otras, puede ver recortes de prensa que dan cuenta de un trabajador rural muerto por intoxicación, convocatorias contra el maltrato animal, indumentaria de trabajo rural.
Otra de las piezas intervenidas da cuenta del proceso de concurso de la obra «Cabildo de 1808» de Jorge Calasso. La intervención titulada El Concurso expone toda la documentación del proceso institucional detrás de la obra: las bases del concurso, las memorias de intención de los participantes, la toma de decisiones compositivas y las repercusiones públicas del fallo del jurado.
La obra pone en cuestionamiento: ¿qué se premia?, ¿qué imágenes se eligen para representar la historia?, ¿cómo se vinculan los artistas con el Estado? y el rol de los concursos, quiénes integran los jurados, los criterios de premiación y la recepción pública de las obras determinan qué representaciones se construyen como claves en la identidad nacional. Recuperar este episodio permite revisar la persistencia del concurso como modelo de relación productiva entre artistas y Estado, y los criterios de legitimación que determinan qué representaciones y prácticas merecen ser premiadas, exhibidas y recordadas.
En este sentido en el espacio en el que estaba la emblemática pintura “Asamblea de la Florida” de Eduardo Amézaga se intervino con la instalación “Haz lo que yo firmo y no lo que yo hago” Esta intervención presenta un Video, un libro de condolencias y una acción participativa. En el texto curatorial plantean: “La intervención reimagina la pintura histórica, a partir de una primera observación sobre la ausencia de mujeres en el conjunto de notables que con su impulso legislador dieron nacimiento a nuestra nación, el proceso de investigación en los antecedentes de la obra nos llevó a considerar la peculiar relación entre intenciones, hechos e interpretaciones que pueden ser desplegadas en el cruce de la política, la historia y el arte.
El video exhibido en el lugar en donde habitualmente se encontraba la obra de Amézaga —ubicada ahora en otra sala del Museo— reemplaza los rostros de los representantes que firmaron la Ley de independencia de 1825, por los rostros de quienes integraban el gabinete de Tabaré Vázquez durante su segunda presidencia, signatarios de la Ley 19.580 de Violencia hacia las Mujeres basado en Género, promulgada en diciembre de 2017. La voz en off describe las bondades de esta ley, tomada de un video promocional del Instituto de las Mujeres del Ministerio de Desarrollo Social. La Ley de Independencia y la Ley 19.580 son comparadas en su carácter performativo, que instala en el imaginario la creencia de un avance emancipatorio que no se corresponde con una implementación real de sus intenciones. La intervención se completa con un libro de condolencias, en el que mujeres y disidencias son invitadas a copiar el texto de la ley con carbonilla, un material que se borra fácilmente si no es fijado con procedimientos concretos. Con este gesto nos llamamos a reflexionar sobre la distancia que separa la proclamación de normas legales, de su cumplimiento efectivo. En un presente marcado por el aumento de los discursos y las prácticas de odio hacia las mujeres, con la repetición performática y colectiva del texto, conjuramos la responsabilidad del Estado para hacer cumplir las leyes que nos amparan.”
Para culminar tomaremos la intervención que recibe a las personas visitantes, al entrar al museo varias reproducciones de las obras Abayuba y Zapican en diferentes tamaños y materiales, disponiéndolas apiladas de tal forma que resulta evidentemente incómodo para la estética típica de los museos. En el texto curatorial nos explican “Desde su nacimiento en Italia en 1811, la pareja de caciques inventada por los Blanes, se ha reproducido en un número incierto de copias, ampliaciones y versiones en diversos materiales, tamaños y contextos. Sus progenitores siempre han sido artistas, hombres, blancos, criollos. Su prole, dispersa y en continuo movimiento entre dependencias oficiales, espacios públicos, museos y depósitos, oficinas y archivos, sigue creciendo sin trazabilidad, gracias a los modelos del proyecto Patrimonio 3D.
Ante esta constatación, no quedaba más que intentar reunir a este malón de indios impostores, y trazar un primer borrador de su árbol genealógico. Estas figuras, que no convocan simbólica, afectiva o estéticamente a quienes hoy llevan adelante la dura tarea de reivindicar la actualidad y persistencia de la cultura indígena en nuestro país, son sin embargo importantes en otro sentido. Los falsos caciques, a pesar de su falta de verdad, siguen operando como violencias y exclusiones a los pueblos indígenas y quienes desean aportar a la reconfiguración de la injusticia de estas relaciones.”
Esta muestra nos permite preguntarnos nuevamente ¿dónde encontrar nuestra historia? luego de sufrir siglos de borramiento, interpretación colonizadora y vaciamiento. Paseando por el museo se ven imágenes de glorias bélicas, abanicos y lujos de las elites blancas y objetos que formaron parte de la -muchas veces- violenta evangelización de la Iglesia católica. Solo queda preguntarse ¿cuándo las claves de la identidad que transita nuestras calles, nuestros bailes, nuestra espiritualidad, nuestras luchas, nuestra diversidad repleta de mestizaje…tendrá lugar en estos espacios? Y no me refiero solamente a los de los pueblos originarios, sino también a todos los saberes subalternos de quienes bajaron de los barcos con grilletes, secuestrados para ser esclavizados o cargando su pobreza y sus culturas también prohibidas e invisibilizadas en su propia tierra en Europa.
La muestra estará disponible hasta el 5 de octubre de 2026 en el Museo Histórico Nacional, Casa Rivera, Rincón 437, Montevideo. Se está coordinando con el museo la agenda de visitas guiadas, tanto para público general como para centros educativos.
Para seguir las novedades: @elviajedeltaller en Instagram.
(*) Claudia Suárez Delgado es licenciada en Psicología, ceramista, especialista en Gestión Cultural, militante en organizaciones de la economía solidaria, feminista, integrante de la Red de intelectuales y artistas en defensa de humanidad (REDH) y de la Fdim, parte del colectivo Libertadoras antifascistas.uy