Por Diego Duarte Calleja (*)
Durante décadas, el debate sobre las políticas de vivienda ha estado centrado, entre otras cuestiones, en la reducción del déficit habitacional, la calidad constructiva de las viviendas y el acceso al suelo urbano. Sin embargo, cada vez adquiere mayor relevancia una dimensión menos visible, aunque no por ello menos importante, los efectos que estas políticas generan en las trayectorias de vida, en la construcción de identidad y en los vínculos comunitarios de las personas que participan en ellas.
Desde esta perspectiva, la vivienda no puede ser entendida únicamente como una estructura física destinada a satisfacer una necesidad básica. Como señalan diversos autores, constituye también un espacio de reproducción de la vida cotidiana, de construcción de relaciones sociales y de generación de sentidos de pertenencia. La vivienda es, simultáneamente, refugio material y espacio simbólico; es el lugar donde se construyen proyectos familiares, memorias, afectos e identidades.
El Movimiento para la Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural (MEVIR), creado en 1967 a instancias del Dr. Alberto Gallinal Heber, ha desempeñado un papel fundamental en el acceso a la vivienda de familias rurales y de pequeñas localidades urbanas del Uruguay. Su intervención no se limita únicamente a la construcción de viviendas, sino que incluye, instalaciones productivas, infraestructura comunitaria, equipamientos públicos y acciones destinadas a mejorar las condiciones generales del hábitat.

A diferencia de otras políticas habitacionales, los planes nucleados de MEVIR se caracterizan por la participación directa de las familias en la construcción de sus viviendas mediante el sistema de ayuda mutua. Durante un período de tiempo que puede extenderse entre doce y dieciséis meses, los participantes dedican entre dieciocho y veinticuatro horas semanales por familia al trabajo grupal, acompañados por equipos técnicos integrados por arquitectos y trabajadores sociales y de obra, por capataces y oficiales de la construcción. Esta particularidad convierte al acceso a la vivienda en un proceso social singular que involucra convivencia, organización colectiva, resolución de conflictos, aprendizaje compartido y construcción de vínculos duraderos.
Diversos autores han señalado que las identidades no constituyen atributos fijos ni esencias inmutables, sino construcciones sociales que se producen y transforman a través de la interacción con otros. En este sentido, la experiencia de participar en MEVIR puede comprenderse como un espacio de construcción identitaria donde las personas resignifican quiénes son, cómo se perciben y cuál es su lugar dentro de la comunidad. La identidad se construye en la experiencia, en las relaciones y en el reconocimiento mutuo. Por ello, la condición de participante de MEVIR trasciende ampliamente la definición administrativa “clásica” de usuario de una política pública.
Al momento de comprender cómo se configura esta identidad, las entrevistas realizadas muestran que los participantes asocian su experiencia a valores como la ayuda mutua, la solidaridad, el compromiso, la perseverancia, la comunidad y la superación personal. Mientras que desde la institución suelen destacarse aspectos vinculados a la solidaridad, la austeridad y la ayuda mutua, los participantes enfatizan especialmente el esfuerzo compartido, el trabajo colectivo y el sentimiento de comunidad construido durante el proceso grupal. Los resultados sugieren que la identidad del participante no es simplemente atribuida por la institución, sino que emerge de la articulación entre las experiencias personales, las relaciones sociales desarrolladas durante la obra y los valores promovidos por la política habitacional.
Uno de los hallazgos más significativos refiere al fortalecimiento de los vínculos sociales. El 84 % de los entrevistados manifestó que la experiencia de trabajo mediante el sistema de ayuda mutua influyó de manera importante en su sentido de pertenencia a la comunidad, mientras que el 16 % restante señaló que tuvo alguna influencia. Ninguna persona entrevistada consideró que la experiencia hubiera sido indiferente en este aspecto.
Este resultado adquiere especial relevancia en un contexto caracterizado por procesos crecientes de individualización y debilitamiento de las formas tradicionales de integración social. La construcción colectiva de las viviendas obliga a coordinar esfuerzos, compartir responsabilidades, negociar diferencias y desarrollar relaciones de confianza entre vecinos que, en muchos casos, no mantenían vínculos previos. Desde esta perspectiva, el barrio comienza a construirse socialmente mucho antes de la entrega de las viviendas.
La ayuda mutua puede interpretarse así como un mecanismo de producción de capital social. Más allá de su eficiencia como modalidad constructiva, genera redes de reciprocidad, confianza y cooperación que fortalecen la cohesión comunitaria. En términos de producción social del hábitat, no solo se construyen viviendas, sino también relaciones sociales que contribuyen a sostener la vida colectiva en el tiempo.
Quizás uno de los resultados más contundentes del estudio sea el referido a los cambios en la autopercepción de los participantes. El 96 % de las personas entrevistadas afirmó que, luego de culminado el proceso social y constructivo, incorporó una nueva identidad personal y grupal vinculada a su experiencia en MEVIR.
Las entrevistas muestran que el acceso a una vivienda digna representa mucho más que una mejora material. Para muchas familias implica alcanzar una meta largamente esperada, experimentar mayores niveles de estabilidad y seguridad, fortalecer la autoestima y desarrollar nuevas capacidades personales y colectivas. El proceso de construcción colectiva permite además adquirir habilidades organizativas, fortalecer la confianza interpersonal y consolidar un sentimiento de orgullo asociado al esfuerzo realizado.
En este sentido, la vivienda opera como un factor de transformación material y simbólica. No solo modifica las condiciones objetivas de existencia, sino también la forma en que las personas se relacionan consigo mismas, con los demás y con el territorio que habitan. La participación en el proceso constructivo favorece la apropiación del espacio y la construcción de una identidad territorial, donde el barrio deja de ser únicamente un conjunto de viviendas para convertirse en un lugar cargado de significados, memorias y experiencias compartidas.
La investigación muestra que el impacto de MEVIR va mucho más allá de la construcción de viviendas. Para muchas familias, la experiencia supone formar parte de un proceso colectivo que fortalece vínculos, promueve valores de solidaridad y cooperación, genera nuevas formas de participación y contribuye a transformar la manera en que las personas se perciben a sí mismas y se relacionan con su comunidad. Sin embargo, como ocurre en toda experiencia que involucra a personas, el proceso no está exento de tensiones, diferencias y desafíos vinculados a la convivencia, la organización colectiva y los límites propios de un marco institucional previamente definido. Lejos de opacar los resultados alcanzados, estas situaciones permiten comprender la complejidad de los procesos participativos y los desafíos permanentes que implica construir comunidad.
En un país donde el debate sobre la vivienda suele centrarse casi siempre en la cantidad de soluciones habitacionales o en la magnitud del déficit existente, estos hallazgos invitan a ampliar la mirada. La experiencia de MEVIR sugiere que las políticas de vivienda también pueden contribuir a fortalecer el tejido social, generar arraigo territorial y promover procesos de desarrollo humano que trascienden ampliamente la dimensión material de la vivienda. Porque, en definitiva, una casa no es solamente un techo, es también un espacio desde el cual las personas construyen pertenencia, proyectos de vida, comunidad y futuro.
Fuente
(El presente artículo es una síntesis de los principales hallazgos expuestos en la Monografía final de la especialización de Estudios Urbanos e Intervenciones Territoriales realizada por el autor del artículo).
Duarte Calleja, Diego. 2025. “Impactos de la política de vivienda llevada a cabo por MEVIR en la identidad de sus participantes”. En Procesos urbanos y políticas habitacionales en la coyuntura actual, editado por DTS – FCS – Universidad de la República, Montevideo.
(*) Diego Duarte Calleja es Licenciado en Trabajo Social (Facultad de Ciencias Sociales – Universidad de la República). Especialista en Estudios Urbanos e Intervenciones Territoriales por Facultad de Ciencias Sociales (UdelaR) y Doctorando en Estudios Urbanos por la Universidad Nacional de General Sarmiento UNGS de Bs As Argentina. Desde hace 10 años trabaja en MEVIR, Treinta y Tres
Fotografía de portada Carlos Pereira das Neves