Por Claudia Suárez Delgado(*)
Vladimir Riboira, Andrea Basso y Jorge Gutiérrez llevan algunos años trabajando juntos, pintando murales, haciendo esculturas y dando talleres en el municipio F. Juntos son el colectivo GUBARI. Les entrevistamos para conocer más su trabajo y cómo se vive hacer arte, desde y con la periferia.
Les pedimos a cada uno de ellos que se presentara a través de un par de párrafos y esto nos compartieron:
Andrea Basso – Nací en Montevideo y mi recorrido en las artes visuales se fue construyendo entre la práctica artística, la docencia y el trabajo colectivo en territorio. Soy licenciada en Artes Plásticas y Visuales (Fac.Artes-Udelar), desde hace años desarrollo mi labor como docente y tallerista en distintos ámbitos educativos y comunitarios. Mi producción artística se nutre de esas experiencias: el trabajo con otros, la construcción colectiva, la intervención en espacios públicos y el vínculo con contextos sociales diversos. A lo largo del tiempo participé en proyectos de muralismo, intervenciones urbanas y propuestas comunitarias, donde el arte aparece como una forma de encuentro y de construcción de sentido.
Jorge Gutiérrez – 79 años, podría decir que pinto desde niño ya que formo parte de una generación que vivió su infancia leyendo Historietas. Entre tantos recuerdos, tardes hermosas después de la Escuela en el patio de mi casa, dibujando, creando guiones con otros niños, sobre una gran mesa de tablones. Después de terminar Primaria asistí a Talleres del Maestro Esteban Garino…ahí quizás mis «comienzos». Colaboré en publicaciones de Re indicaciones Barriales, Olla Popular en mi barrio de Nacimiento PLÁCIDO ELLAURI, boletín en la Lucha por mejoras en el Sistema de Luz Eléctrica, por Piedras Blancas también con formato de Historieta, año 84’…85’. Mi primera Exposición fue por el año 89’ organizada por el CCZ N° 11 en el año 90’ en el CLUB RENTISTAS y también una Muestra de Cerámica en la Iglesia Santa Gema. Años en lo que hoy es Paseo Sarandí en Ciudad Vieja…feria de Tristán Narvaja y Villa Biarritz. A partir de allí lograr exponer y vender en Uruguay y el exterior.

Por el 2022 concurrí a Talleres con el Maestro Emilio BOLINCHES, quién aún hoy me estimula a «Darle duro a esos Candombes, que son diferentes al resto». No tuve Formación Académica ya que apenas pude terminar Primaria. Me considero un Trabajador del Pincel, continuamente pintando, buscando. Llevo ya muchas Muestras Colectivas e Individuales, tanto con GuBaRi como con colectivos coyunturales que me invitan.
Vladimir Riboira – Durante mis años de adolescencia fui confirmando mi pasión por la expresión plástica que traía desde niño, participando de la efervescente campaña de prensa y propaganda en la Brigada Líber Arce de la UJC a fines de los 80’s, luego participando del Circuito Cultural Cooperativo promocionado por Fucvam, que consistía en talleres y muestras de pintura en varias cooperativas. Al poco tiempo, para fines de los 90’s, decidí complementar esas experiencias y hacer el curso de dibujo y pintura de UTU: Dr.Pedro Figari, posteriormente fueron años de gran producción y experimentación con diferentes estilos que pasaron por el cubismo, el expresionismo abstracto y el arte constructivo que en definitiva siguen atrayendo mi atención e influenciándome hasta el día de hoy con una temática que contempla lo social y lo universal.
Cómo nace GUBARI.
Todo empezó con una pared cuando se reformó la Plaza Huelga General para hacer el Intercambiador Belloni, se quería conservar el mural histórico que estaba en el muro que iba a demolerse. Lo había pintado Eduardo Pereira en 2003 en conmemoración de los 30 años de la Huelga General de 1973. Martín Grosso, gestor cultural del municipio F en ese momento, convocó a artistas de la zona. Se presentaron cuatro. Quedaron tres: Vladimir Riboira, Andrea Basso y Jorge Gutiérrez. Así nació GUBARI.
Nos cuentan que fue un gran desafío. El muro nuevo tenía 90 metros cuadrados. El original era mucho más chico. Las fotos que consiguieron eran granuladas, sacadas con cámara analógica. «Eran unas fotos todas granuladas porque eran murales del 2003 y de casualidad se consiguieron», recuerda Jorge. Cuadricularon, ampliaron, cuadricularon de vuelta. Los retratos de los mártires estaban irreconocibles en las fotos originales. Buscaron las mismas fotos de referencia, las sacaron en grande, las cuadricularon chiquito para que quedara lo más parecido posible. Pintaron en pleno invierno, en lo alto. Y mientras trabajaban, pasaba gente que se detenía. «Yo participé del otro mural», decían. Nos cuentan que en la primera ejecución el barrio participó de la pintada. Le avisaron a Eduardo Pereira, el autor, que iban a reproducir su obra. Dijo que no tenía problema.
Los tres venían trabajando solos antes de GUBARI. Habían coincidido en encuentros de murales, como el que se hizo en la plaza de Punta de Rieles donde se pintaron 15 murales con chapones de madera, con artistas de Argentina y de acá. O en el Maciel.
A partir del mural del intercambiador decidieron conformarse como colectivo. La siguiente convocatoria fue del área social del municipio: un mural en el espacio de ecoeducación del bañado de Humedales de Carrasco. Tenían un fondo sobrante de un proyecto de investigación y les propusieron intervenir la casa del espacio. Diseñaron animales del bañado. Y ahí, dice Jorge, «nos tiramos al agua»: construyeron esculturas con varillas, material reciclado y el barro del propio bañado. «Capaz que por separado ni ahí logramos eso que logramos.»
Han pintado murales en muchos espacios del barrio, en homenaje a pintores y poetas uruguayos: Pintaron en la plaza de Punta de Rieles; hicieron el mural del centro cultural La Chimenea, un lugar que lleva ese nombre por la fábrica que existía en el barrio hace décadas. «La historia laboral del barrio, de la zona, de trabajo social, militancia social, recoger la historia que no se borre», dice Jorge. «Los gurises de 20 años nunca vieron una chimenea ahí. La ven ahora pintada en la pared.» Pintaron murales sobre desaparecidos en los muros del hipódromo. Tres murales de Mario Benedetti e Idea Vilariño. Trabajaron en escuelas. Cada trabajo tenía presupuesto, pero casi siempre el dinero no alcanzaba para las horas reales que le metían. «Hacíamos un esfuerzo bárbaro y estábamos horas y horas haciendo cosas», dice Vladimir. Era más el tratar de demostrar lo que hacen como grupo que lo económico. «Más vinculado a lo social que a lo económico, porque en realidad nos daba más trabajo de lo que cobraba.»
Si uno mira la obra de GUBARI, hay algo que la atraviesa: toma temáticas como los impactos de la pandemia, los desaparecidos, la historia obrera del barrio, los artistas nacionales, el territorio y sus memorias. Es arte militante, construye cierta identidad y construye en clave de izquierda. Vladimir agrega: «Eso también capaz que te lleva a que es un poco relegado, porque como que estás dentro de un cajón y no te abren las puertas en todos lados tampoco.»
El mercado del arte en Uruguay es chico y elitista. Las galerías miran hacia otro lado cuando llegás de Punta de Rieles. Nos cuentan que cada actividad tiene un costo: «Hay una exposición en Florianópolis, pagá no sé cuánto y te llevamos la obra». Vladimir tiene tres cuadros en Brasil. «Cuando se cumple el año, yo digo, no quiero ni traerlo.» bromeando sobre los costos a pagar para trasladarlos nuevamente a Montevideo.
Una de las cosas que más preocupa al colectivo es la transmisión. Los murales cuentan historias que las nuevas generaciones no conocen: la fábrica que había en el barrio, la chimenea, el trabajo del abuelo, por qué lo echaron, qué peleaba. «Creo que hubo en determinado momento como que un eslabón comunicacional de traspasar determinadas experiencias, como que se cortó», dice Vladimir, que es el más grande del grupo. «Tanto valores como vivencias.» No es solo olvido espontáneo. «El sistema te lleva a determinadas cosas. Cuando querés acordar, te metiste en una vorágine que no da para eso.» El tiempo para escuchar una historia se volvió escaso. Los chicos de hoy no paran quietos. Pero tampoco es que no les interese: cuando están pintando y alguien se acerca a preguntar qué están pintando y por qué, se da sola la charla. El mural tiene eso: es lo más directo que existe. «Es hasta más cortito que un TikTok», dice Jorge. Democrático también: todos tienen derecho a verlo, solo tienen que pasar por ahí.
Los tres dan talleres. Jorge lleva años en el Centro Cultural El Hornero. Andrea ha trabajado con niños en distintos espacios del barrio en educación formal, escuelas, utu y no formal, Vladimir también. Ninguno de los tres tiene formación docente formal. Vladimir dice «cero pedagogía, pero me manejo», y se ríe. Lo que tienen es otra cosa: saben leer el estado del grupo. Cuando los gurises no tienen ganas de dibujar, sacan libros de la biblioteca y leen. Cuando está lindo, salen al barrio a dibujar caballos y árboles. Cuando el grupo es irregular —un día vienen siete, al otro día tres, al siguiente diez que nunca vinieron— inventan propuestas que funcionen para una sesión sola.
«Tenemos que tener en cuenta los contextos en que estamos trabajando», dice Andrea. «La problemática que trae un niño a veces de la casa, que lo que quiere a veces es que alguien lo escuche, que le dé un poco de cariño, que le diga un chiste, que lo haga reír.» La clase de arte es muchas veces eso antes de ser clase de arte. La herramienta pedagógica más fuerte que tienen es el amor por lo que están enseñando y el respeto por quienes quieren aprender.
Hay algo que GUBARI repite de distintas maneras a lo largo de la entrevista: cuando hay intención desde las políticas públicas y personas que les importe el tema, las cosas pasan. Cuando no hay, todo queda frito. En un momento se impulsó la cultura en el municipio F. Eso permitió que naciera GUBARI, que se hicieran los murales del bañado, que hubiera convocatorias. Cuando esa gestión terminó, el impulso se cortó. «No hay un plan que trascienda a las administraciones», dice Jorge.
Las esculturas que hicieron en el bañado están deterioradas. Nadie se encargó de mantenerlas. La de Punta de Rieles la pintaron arriba. «Todo eso está totalmente ninguneado», dice Jorge.
GUBARI se ha presentado a varios concursos como colectivo. No ganó ninguno. La pregunta que se hace Vladimir es válida: cuando se convoca a colectivos y se dice que se tiene en cuenta el trabajo social, ¿realmente se tiene en cuenta? «Esa es mi pregunta. Que tendría que estar entre el jurado: esta gente trabaja, aporta a lo social. Y creo que no.»
Les pregunté, Si tuvieran toda la financiación, ¿qué harían?
Andrea tiene una idea que tiró una vez y no prosperó: un mural con muchos personajes del territorio, una suerte de Sueño Dominical de Diego Rivera pero de acá, con las figuras de la zona. Un trabajo articulado con los espacios culturales de cada barrio: el Hornero, Las Chimeneas, Punta de Rieles. Un reconocimiento colectivo a quienes construyeron este pedazo de ciudad.
Vladimir quiere un taller físico digno. Un espacio grande donde el colectivo pueda trabajar, guardar materiales, recibir a otros. Jorge quiere que los artistas del municipio se encuentren. Un llamado abierto, exposiciones rotativas, intercambio entre zonas. «Tendrían que reunirse los gestores y decir: tengo cinco artistas que hacen eso, ¿qué tenés vos? Cambiamos.» Eso no existe. Cada uno juega en su chacrita.
Los tres coinciden en algo más básico: deben valorar más lo que hacen «Con todo lo que hemos hecho: murales de 90 metros cuadrados, esculturas a mano, soldadas como pudimos, las muestras…otros con menos llegan más rápido», dice Vladimir. Y enseguida se corrige: «No sé si llegan, pero son vistos más rápido que nosotros.»
Llevan años construyendo identidad de barrio, transmitiendo historia, peleando contra el olvido y la desidia con brocha y pincel. «La cultura es una de las mejores armas contra la violencia», dice Vladimir. «La persona se interesa en la cultura, ahí se forma, forma comunidad con otros.» y desde esta perspectiva vienen aportando a su barrio.
(*) Claudia Suárez Delgado es licenciada en Psicología, ceramista, especialista en Gestión Cultural, militante en organizaciones de la economía solidaria, feminista, integrante de la Red de intelectuales y artistas en defensa de humanidad (REDH) y de la Fdim, parte del colectivo Libertadoras antifascistas.uy
Fotografías GUBARI