Ollas

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Primera parte

 

Por Juana Francisca Gómez (*)

 

Conversamos con Anabel Rieiro sobre los relevamientos nacionales de ollas y merenderos populares en Uruguay, un proceso de investigación que indaga sobre los “horizontes comunitarios deseables y posibles”.

 

Mate Amargo – ¿Cómo surge la investigación?

Anabel Rieiro – Este es el tercer relevamiento. Habíamos hecho uno en 2020, otro en 2022 y ahora este en el 2025. Comenzamos en la pandemia ante toda la emergencia alimentaria y de distinto tipo que estábamos atravesando, quisimos ver, en principio la magnitud, sacar una foto de esa solidaridad organizada que se estaba dando.  Ahí empezamos a investigar y vimos que, si bien existen memorias de lucha contra el hambre que se reactivan en el momento con mayor fuerza para hacer frente a las distintas crisis, no había mucho sistematizado ni estudiado en la historia. O sea, que en realidad son memorias que se transmiten, pero que de alguna manera quedan invisibilizadas en la historia más oficial de nuestro país.

En el 2022 hicimos un nuevo relevamiento para ver también cómo se había modificado ante la continuidad, también de redes, y también de organizaciones como la coordinadora popular.

El fenómeno va cambiando en los distintos contextos, entonces en el 2025 nos propusimos hacer un nuevo relevamiento para ver cómo se había modificado.

Durante estos tres relevamientos también hicimos otros trabajos que eran más cualitativos, con entrevistas a redes, a distintos actores, para ir ubicando el contexto e indagar que ha ido cambiando.

En el 2020 se habían relevado alrededor de 700 iniciativas en todo el país, sobre todo nos llamó mucho la atención que el 60% estaba en el interior del país.

En un momento el Estado responde, con partidas muy precarias también, para dar apoyo de insumos, a través de la organización “Uruguay Adelante”, no a partir de las organizaciones e instituciones que se encargan en general de los temas de alimentación. Se decía que este cambio era una forma de gestión eficiente.

Luego se va dando como un periodo donde empieza a ver una confrontación cada vez más grande entre las organizaciones y el Estado, con unas campañas de deslegitimación a la organización popular. Ahí también quisimos ver qué era lo pasaba a nivel cualitativo y cuantitativo.

Fuente: https://hdl.handle.net/20.500.12008/52990

 

M.A. – ¿Qué cambios han visualizado en esta nueva foto del 2025?

A.R. –  Primero podemos ver qué la tendencia al 60% de iniciativas en el interior del país, se revirtió, ahora en el último relevamiento el 64% están en Montevideo. Ahí hay una tendencia que se puede explicar porque también en la ciudad y en los entornos se encuentra mayor pobreza estructural. Puede que en el interior haya funcionado más como un dispositivo de emergencia. Pero cada territorio tiene sus particularidades tanto en el interior como en los distintos barrios de Montevideo.

Por otra parte hay distintas redes territoriales que tienen, por ejemplo, una conformación vecinal, familiar, hay otras redes que tienen una composición más colectiva, de alguna manera más comunitaria. Casi el 60% de las iniciativas mantienen este rasgo. Pudimos visualizar que en este periodo las vinculadas a aspectos religiosos representan el 21%. Hay distintas vinculaciones con la religión, a veces se usa solo la parroquia o el salón comunal, las infraestructuras, o es un grupo, digamos, vinculado por alguna de las actividades de la iglesia. Después el 13% está más vinculada a los clubes deportivos.

Fuente: https://hdl.handle.net/20.500.12008/52990

 

M.A. – ¿Y las redes territoriales?

A.R. – De las redes territoriales organizadas vemos una heterogeneidad bastante importante. En los barrios más populares es más común el perfil de mujeres que abren sus casas, cocinan en la casa, se arma una organización más vecinal, familiar a partir de eso.

El centro de Montevideo tiene un perfil un poco más comunitario, donde se usa algún servicio, alguna infraestructura de algún sindicato o alguna organización de la zona.

El perfil de los que asisten a la olla, es también distinto, es realmente heterogéneo. El 26,5 % son niños y jóvenes y este porcentaje se profundiza en los merenderos que alcanza a un 85%. El perfil prioritario mismo son familias. El 12% dicen que son trabajadores zafrales o trabajadores que tienen un sueldo que a fin de mes van a la olla porque no les alcanza para llegar a fin de mes. El 11%, por ejemplo, son personas en situación de calle. Eso se da sobre todo en el centro.

Otra característica es la modificación de la relación entre organizadores y comensales. Muchas veces tenemos como una idea de que los que cocinan no comen a la olla y lo que veíamos es que el 46% de las iniciativas comen también lo que cocinan, el 17% a veces, si alcanza o no alcanza. El 36% nunca come en la olla o sea que cocinan para otros.

En los comensales encontramos que el 30% tiene algún comensal que siempre colabora. Son dinámicas que se dan en esa interacción social.  El 49% para ser más exactos, solo cocinan algunos y no tienen la colaboración de los comensales, esto se explica en gran medida, dado que el perfil prioritario de los comensales son niños y jóvenes. Eso es una tendencia.

Después hay otras tendencias, por ejemplo, ante la baja de insumos, lo que se hace es mantener el espacio, la organización del espacio y esa interacción social. Algunas se transformaron en merenderos. Obviamente el merendero lleva menos insumos y menos trabajo. Estas transformaciones podrían explicarse también por el desgaste de los colectivos.

La feminización que hay en este tipo de acción es una característica visualizada en los tres relevamientos. Hay una política doméstica centrada en el cuidado que, de alguna manera, sale a la calle. Un acervo de cuidados, que también se amplía a lo comunitario. Si en el 2020 ya era el 57% mujeres que llevaban adelante estas iniciativas, hoy conforman el 66% de las personas. Fueron la mayoría las mujeres las que trabajaban al comienzo de la pandemia y esta tendencia crece también para sostener estos colectivos. Así que hay ahí unas grandes protagonistas que son las mujeres.

La cuarta tendencia que se consolida es que el Estado llega, o sea, la cobertura del Estado llega a la mayoría de las iniciativas. El 91% dijo que recibía algo o tenía relación de alguna manera con el Estado, siendo el 62% el principal donante.

Esas son tendencias grandes que vemos para entender el fenómeno a nivel macro.

 

(*) Juana Francisca Gómez es escritora y miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)

 

Apuntes:

 

https://www.colibri.udelar.edu.uy/jspui/handle/20.500.12008/52990

 

 

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