La política virtual y un presidente de 25 mil dólares

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Por Ricardo Pose (*)

Hace algunos años la senadora Constanza Moreira había advertido que el terreno político estaba emigrando hacia un espacio virtual, donde la disputa central está en los relatos y la gestualidad, pero la política real, esa que mide el ciudadano común, es la que finalmente cobra facturas electorales, a pesar de los falsos positivos que bombardean los mensajes, y de la cual no escapan, los yerros personales.

En una bien servida mesa, con una estufa a leña prendida al fondo, en lo que da la sensación de un cálido hogar, están sentados Luis Lacalle Pou, Andrés Ojeda, Carolina Cosse y el presidente Yamandú Orsi.

Ese encuentro ya delata una parodia, a pesar del realismo de las imágenes (seres de carne y hueso vistos como en película) y de los inconfundibles tonos de voz.

Para las más de veinte mil personas que lo vieron en el momento que yo lo vi, no cabe duda que es un material muy bien elaborado con IA, que esos diálogos jamás podrán darse al menos en público, a pesar del estilo a veces bonachón en que caen nuestros políticos.

Sin embargo, los temas de los que hablan fueron noticia y motivo de debate: por un lado chascarrillos de los actos de corrupción abalados por el ex presidente Luis Lacalle, como defensa de los chascarrillos contra la compra de la camioneta particular del presidente Yamandú Orsi.

La primera conclusión a la que arriban los sectores más despolitizados viendo ese material, es la de que: “todos los políticos son iguales”.

La pregunta que queda flotando, con qué tipo de materiales la gente hace su síntesis política: ¿con los que le traen un resumen re direccionado y hecho con humor e IA, o del debate que pudo ir siguiendo en las distintitas notas de prensa, o una confusa mezcla de ambos?

Esta pregunta no es antojadiza y sería interesante, a la hora de analizar las respuestas de las encuestas de opinión sobre la gestión del presidente, conocerla; en definitiva, saber cómo se informa la mayoría de la población, para entender sus respuestas.

La política del humo

Es cierto que hay un manejo intencionado en la forma de dar la información por parte de los grandes medios hegemónicos y algunas redes, pero no todo lo que circula es inventado, o como está de moda por el resto del continente, parte de la guerra cognitiva.

Es cierto que a veces uno percibe que hay carencias en el gobierno a la hora de qué y cómo informar, pero no todos los errores son producto de esa carencia.

Es cierto que hay un ejército de boots dedicados a fogonear en las redes, en la mayoría de los casos con información falsa, pero no todo lo que pasa es obra de un plan orquestado.

Lo que sí es cierto es que en ese mundo virtual donde aceleradamente se va repatriando la política, la batalla está dada por la gestualidad y el relato.

El mismo esfuerzo por obtener la mayor cantidad de votos en las elecciones, insumen los asesores de comunicaciones para que sus dirigentes reciban vistas y likes, muchas veces al precio de exponer al político como una cáscara de huevo, vistosa pero hueca.

Un día aparecen bailando los ex candidatos presidenciales de la derecha, Álvaro Delgado con Valeria Ripoll, o Petinatti (el comunicador de la derecha sionista) haciendo bailar un malambo a Orsi.

La fenomenal idea de los cráneos del equipo de comunicaciones es que los dirigentes luzcan como unos muchachos macanudos que son iguales al resto de los mortales, aunque la mayoría de las y los mortales no tienen ganas de bailar con ingresos de menos de 25 mil pesos por mes, y el malambo sea una expresión mínima en la actual sociedad uruguaya.

Los otros puntos de referencia de la política real, extraviados en la política virtual, es la calidad del debate político; obligados a escribir una frase de 250 caracteres que impacte en las redes y sea tomada por la prensa, o exponer en no más de un minuto una fundamentación. Esto va vaciando de contenido el debate y termina imponiéndose quien logre reproducir sus productos mayor cantidad de v6eces, en general frases rimbombantes que no dicen nada o un disparate tan descomunal, que por descomunal se hace viral.

En el centro de todo ese escenario, por supuesto, las hinchadas, la militancia partidaria virtual, en general de poca pata en el barro, que repica los mensajes y agrega algo de su propia cosecha.

Luego, la izquierda y algún sector lúcido del progresismo, se queja porque la gente vota la imagen sobre el programa.

Un presidente de 25 mil dólares

Uruguay se va macondeando (Macondo el pueblo de 100 años de Soledad) y uno podría explicar el fenómeno (o desearía) adjudicando responsabilidades a la frivolidad política de la nueva derecha, pero hay un corte transversal que creo -en parte- se explica por lo anteriormente expuesto sobre la política virtual.

Un vicepresidente debe renunciar por usar la tarjeta corporativa para la compra de un colchón y un traje de baño; el Jefe de la Seguridad presidencial no solo teje una red de corrupción a partir de su cargo sino que además espía a la ex esposa del presidente; el gobierno otorga una visa a un narco; y ahora, como en el mejor ejemplo del lobbismo empresarial, el actual presidente obtiene una rebaja de 25 mil dólares en la compra de un vehículo.

Algunas breves consideraciones; hay un primer debate que surge de que cuando se produce el hecho de la compra y el beneficio Orsi aún no era presidente en ejercicio, pero si ya había ganado las elecciones.

Aunque sin lugar a dudas, en un país legislatizado como Uruguay, todo debe atenerse a la ley, y algunas acciones pueden no estar contempladas en el manual de Ética de la función pública, ese debate no debería ser producto del accionar de un dirigente del progresismo.

Mientras en Uruguay sigue sin solución la pobreza infantil, la gente en situación de calle y los niveles de violencia, las barras instalan el debate entre la compra de la moto del ex presidente Luis Lacalle Pou y la rebaja del vehículo de Orsi. En definitiva, de cómo adquirieron mayores privilegios, gente ya de por sí privilegiada.

Quizás en el mundo de la política virtual, recibir una rebaja no es un acto de corrupción y es hasta una señal de apoyo al nuevo gobierno de los sectores empresariales, dedicados a la filantropía en formato de lobbismo macanudo (con el que además se financian campañas electorales).

Pero el progresismo debe apelar, abrazar una radicalidad ética, con ese método tan viejo y caro al republicanismo uruguayo: además de ser, hay que parecer.

Es cierto que, como en el pasaje bíblico, quienes desde la derecha intentan sacar rédito político están moralmente inhabilitados para tirar la primera piedra, también es cierto que la política virtual está vaciando la política del peso de la culpa y la responsabilidad.

Parece difícil que la población que viaja apiñada en los primeros ómnibus de la madrugada, que sus hijos comen en el comedor escolar, que van a la parada solo con la tarjeta de STM por si los rapiñan, entiendan la gauchada aceptada por alguien que los representa, y en el cual depositaron su confianza, no por sus méritos propios, sino por el dedo de Mujica.

(*) Ricardo Pose, es Periodista en: Mate Amargo, Caras & Caretas, Ceiba Periodismo con Memoria; Coordinador WEB Telesur; Columnista de El Otro País, periódico España; y radial en Cadena del sol (Rocha-Uruguay), Radio Gráfica de (Bs. As.-Argentina), Voces en Conversa (Maracaibo-Venezuela). Blog personal «El Tábano». Participa en Foros de debates de Lauicom (Universidad de la comunicación Venezuela). Integra la RedH capítulo Uruguay y la Dirección (suplente) del Sector Prensa Escrita de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU)

Fotografía de portada: Claudia Suárez Delgado

 

 

 

 

 

 

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