Venezuela: dos brotes bajo los escombros

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Por Ricardo Pose (*)

Dibujo, Marina Cultelli (**)

 

El 24 de junio, aprovechando el feriado por el aniversario de la batalla de Carabobo, los venezolanos acuden a los rituales de las fiestas de San Juan que desde hace una semana se vienen realizando.

Ese miércoles, mucha gente acudió de noche a los distintos puntos de festejos, donde al son de tambores, se rinde culta al Santo.

Por ello, la madre y una hermana de Lara, viajaron a Caracas, y no estuvieron en el apartamento donde vive en Caraballeda, en el Estado de La Guaira.

Desde el sexto piso donde está el apartamento, Lara contempla el atardecer; la costa del Mar Caribe, una de sus vecinas que viene rumbo a ingresar al edificio de hacer los mandados con una bolsa grande en la mano, y que extrañamente no fue acompañada de su hija, amiga de Deysi, la suya, y su perrito.

Fue sobre las seis de la tarde que Deysi, reclamó una vez más para ir a ver los tambores, que los muebles y las paredes “cobraron vida”, iniciando un movimiento brusco que hasta ese momento nunca habían vivido.

Lara tomó de la mano a Deysi y abrió la puerta del apartamento, pero el movimiento de las paredes en el pasillo, le dio como el presagio de que no saldrían, así que sin dudarlo volvió a entrar y junto a su hija se colocaron debajo de la mesa del comedor, en el momento en que el edificio se desplomó.

 

La mesa quedó rodeada de escombros, pedazos grandes de lo que alguna fue una pared y techo, una nube de polvo que demoró en asentarse y permitir ver algo.

Cuando Lara calló sus propios gritos para dedicarse a calmar a Deysi, sintió un silencio profundo, apenas interrumpido por algún lejano grito casi ahogado pidiendo auxilio, algún llanto que venía de algún lugar imposible de determinar.

Como si fuera un milagro, en una de las sillas de la mesa del comedor, había un bolso y como un segundo milagro, dentro del mismo, un trozo de pan, y un chifle, un sobreviviente del cotillón del reciente cumpleaños de Deysi, que cumplió 9 años.

Lara intenta captar con sus oídos algún sonido que de una señal de movimientos externos; en el bolso también hay un cuaderno y unos lápices de colores; servirá para distraer a Deysi.

El miedo las mantiene paralizadas en la misma postura en la que las agarró el derrumbe, en cuclillas, casi rodillas contra rodillas y cara a cara; con movimientos muy lentos, atenta a algún sonido de la mesa que indique pueda estar cediendo, y una vez que Deysi logra controlar su agitada respiración, se sientan.

Cada tanto se siente un leve movimiento y algunas piedritas de revoque que caen; Lara valora si usar el chifle, pero decide esperar a escuchar algún movimiento o voces de afuera; chiflar por chiflar es gastar parte del aire que no sabe por cuánto tiempo habrá.

Pasada lo que supone Lara fue la primera media hora, nadie ha respondido a sus gritos de auxilio, y solo escuchan el llanto entrecortado de un niño que suponen es Marcos, su vecino del apartamento de arriba, que parece estar al otro lado de la losa, encima de su mesa.

En algún lugar inalcanzable quedó el celular, que sonó una sola vez, y fue una brisa de aire que ingreso por algún sitio, que le dio cierta esperanza a Lara, mientras traducía para Deysi, lo que era un terremoto.

La noción del tiempo transcurrido también se derrumba y Lara desecha la posibilidad de salir de allí por sus propios medios; una muralla de escombro y la desorientación del lugar exacto donde se encuentran, despeja cualquier intento.

No sabe a qué altura puede encontrarse su apartamento de un sexto piso, en un edificio de siete.

Pensando en que hay que sobrevivir hasta que llegue el rescate, Lara ordena a Deysi hacer muchas miguitas de pan, que irán comiendo poco a poco.

Fuera de los escombros, vecinos convertidos en rescatistas voluntarios, ya están trabajando en búsqueda de encontrar o abrir posibles túneles que permitan llegar a las personas que quedaron atrapadas.

La información es profusa y caótica; intentar confirmar quiénes y cuántos estaban dentro de los edificios en el momento del derrumbe, la desesperación de los familiares pidiendo rescatar a los suyos, las primeras cuadrillas del gobierno, de Bomberos, Protección Civil, del ejército, equipos de salud, que llegan a un sitio devastado, y que hay que valorar si el edificio derrumbado ha dejado de seguir cayendo, entre otras valoraciones técnicas.

Y desde las primeras horas de acaecidos los dos terremotos de 7.5 de intensidad, con diferencia de 30 segundos entre uno y otro, la extrema derecha, utilizando la desesperación de la gente, intenta sacar redito político.

Envía mensajes por redes convocando a rescatistas voluntarios hacia La Guaira, congestionando las rutas de acceso; el gobierno que ya trabaja en el lugar, responde militarizando la zona.

La extrema derecha y algún incauto, responde a su vez, anunciando la eventualidad de un maremoto.

Lara despierta del breve sueño que el cansancio y la angustia han generado, y sentir la brisa de aire sigue siendo una bendición.

La sensación de sed se agudiza con el polvo, que se ha pegado en las fosas nasales y en la garganta.

Despierta a Deysi que tiene una respiración tranquila, y que viene actuando maduramente para sus nueve años, logrando mantener el pánico a raya.

Los rescatistas luego de mover escombros, primero con sus manos y luego con palas, logran abrir un túnel, pero necesitan una persona muy delgada para entrar por él.

Sin que Deysi la vea, Lara moja su mano con orina y bebe para calmar la sed que ya la está atormentando.

El agujero abierto casi de 5 metros, llega a una suerte de túnel natural que han formado unas losas apoyadas unas sobre otras; ese agujero fue logrado abrir en la tarde del 25 de junio y la rescatista que se introdujo en él, debió rescatar varias veces su propio casco de lo estrecho del mismo.

El túnel allá adentro se abre en un espacio más grande; en los restos de una escalera esta la vecina, fallecida, aun con los mandados en la mano, que nunca llego al apartamento donde su pequeña hija y su mascota, fallecieron debajo de un fogón que usaron como protección, pero olvidó la niña con sus manos, proteger la nuca.

Lara estimula a Deisy ahora que se acabaron las migas a dibujar, a escribir pequeñas notas, cuando cae en la cuenta que hace horas, (¿días?) que no escucha el sollozo de su vecinito de arriba.

Deysi ya conoce por su familia y por el relato de su madre, la existencia de Dios; Lara le habla calmada, oran juntas, y ahora Lara, acudiendo a la convicción más profunda de su fe, le abre una perspectiva nueva, que Deysi intenta asimilar.

Le cuenta de la cierta posibilidad de que Dios les permita reencarnarse, volver a vivir en otro ser, y la charla premonitoria de la muerte, se disipa en el juego, de imaginar cómo serían ellas viviendo, reviviendo, en otros seres.

En las primeras horas de la mañana del 27 de junio, del espacio de lo que alguna vez fue un apartamento y pasillo empieza a emerger un eco de voces que llega a oídos de la rescatista y esta grita hacia el túnel con todas sus fuerzas: ¡VIDA!

Lara y Deysi se abrazan, lloran de la emoción, gritan, tocan el silbato con todo el aire que queda en sus pulmones.

Los escombros se empiezan a mover lentamente, se abre como un portal (diría Deysi después), y primero aparece la mano de la rescatista, luego su rostro, mientras se sigue cavando y ensanchando lo más posible el túnel.

La rescatista les explica que primero van a sacar los cadáveres y luego a ellas y otros sobrevivientes.

La salida por los improvisados túneles, en particular éste de 5 metros hacia arriba, es más lenta que su ansiedad; una vez fuera inmediatamente equipos de salud le dan los primeros auxilios, los primeros sorbos de agua, luego de tres días atrapadas entre escombros.

Lara y Deysi forman parte de más de las siete mil personas rescatadas de los escombros, por la acción urgente de vecinos y los equipos de rescate y de salud del gobierno bolivariano.

Al 19 de julio, las cifras de fallecidos ya superaban los cinco mil.

(El testimonio fue recogido por el autor en su casa de amparo en la zona del Valle, mientras esperan la reconstrucción de viviendas que el gobierno viene reconstruyendo).

 

(*) Ricardo Pose, es Periodista en: Mate Amargo, Caras & Caretas, Ceiba Periodismo con Memoria; Coordinador WEB Telesur; Columnista de El Otro País, periódico España; y radial en Cadena del sol (Rocha-Uruguay), Radio Gráfica de (Bs. As.-Argentina), Voces en Conversa (Maracaibo-Venezuela). Blog personal «El Tábano». Participa en Foros de debates de Lauicom (Universidad de la comunicación Venezuela). Integra la RedH capítulo Uruguay y la Dirección (suplente) del Sector Prensa Escrita de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU).

(**) Marina Cultelli, Es una de las artistas uruguayas contemporáneas más versátiles, integrante de la RedH y de su colectivo feminista Libertadoras. Es Licenciada en Artes Escénicas, Magister y fue Profesora en Facultad de Artes (UDELAR), donde integró órganos directivos además de dictar cursos en otras universidades latinoamericanas. Recibió premios nacionales e internacionales. Fue Asesora en Educación y Arte. Desarrolló trayectoria teatral y es autora de varias publicaciones individuales y colectivas. Realizó exposiciones de pintura y performances.

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