Cuba: de guerra y resistencia

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Por Anaclara León Pérez (*)

 

Vivo en Cuba, un país en guerra. El país se encuentra en un cerco petrolero, donde el gobierno de Estados Unidos no permite la venta y entrada al país de barcos con crudo y amenaza con destruir los que vengan. Cuba necesita 8 barcos de petróleo para funcionar cada mes, desde enero solo ha entrado uno en abril. Actualmente el petróleo que permiten entrar es gestionado por el sector privado, en menor escala y vendido a otros privados a precios elevados.

Son las mujeres quienes pagan el costo más alto de esta policrisis. Si en 2018 (1) las mujeres realizaban 14 horas semanales más que los hombres de trabajo no remunerado en el hogar, ahora, las cargas de cuidados han aumentado esa brecha también. En un país donde solo se produce energía con un escaso crudo nacional y un sistema fotovoltaico nacional en desarrollo, la disponibilidad de brindar servicio eléctrico es poca comparada con la demanda. Los cortes de electricidad en la capital han superado las 24 horas seguidas en algunas ocasiones, y en otras regiones del país pueden llegar a superar las 48 o 72 horas. La disponibilidad suele ser entre 1 y 4 horas diarias o cada dos días, ese es todo el tiempo para realizar todas las tareas que requieran energía eléctrica.

La electricidad resulta una de las fuentes primarias para la elaboración de alimentos. Las cubanas deben alterar sus horarios de descanso para compaginar las horas de electricidad con las horas de trabajo de cuidados, coincidiendo a veces con el horario de la madrugada. Además, de no tener electricidad deben levantarse antes de lo previsto para encender el carbón y preparar desayuno o merienda para su familia. El carbón es una de las alternativas empleadas para cocinar diariamente, tanto en espacios urbanos como rurales.

Los hogares que no cuentan con un respaldo energético propio (paneles solares, estaciones de carga, plantas generadoras de energía con petróleo o gas) presentan dificultades para el almacenamiento de alimentos que requieran congelación. Los largos cortes pueden significar comida podrida en una heladera que funge como closet de alimentos.

El acceso al agua potable también se dificulta pues depende de la electricidad para el bombeo. Lo que implica que todas las actividades de cuidado se organicen en torno a la disponibilidad de agua para realizarlas o no. Son las mujeres quienes están – en su mayoría – pendientes de almacenar agua en sus hogares para realizar por varios días tareas básicas como cocinar, fregar y bañarse.

La falta de electricidad también dificulta actividades como estudiar, trabajar y acceder a internet. Varias regiones del país se encuentran totalmente incomunicadas durante los cortes de electricidad, pues en ocasiones ni siquiera hay señal para realizar llamadas o enviar mensajes. Las antenas de transmisión de la señal también dependen de la electricidad.

Existen estrategias para sobrevivir a esta crisis, colectivas, nacionales y con apoyo de la solidaridad internacional. Los paneles adquiridos por el gobierno y los donados por organizaciones solidarias sostienen una parte importante de la generación de energía del país. Estos paneles solares tienen fundamentalmente dos destinos: los parques fotovoltaicos nacionales para incorporarse al Sistema Electroenergético Nacional o garantizar electricidad en lugares específicos de interés social. Algunos de estos últimos lugares son policlínicos de salud pública, centros de cuidado diurno de personas adultas mayores (Casa de Abuelos), centros para el cuidado especializado de gestantes (Hogares Maternos), centros escolares, hospitales, emisoras de radio y televisión, así como hogares de profesores universitarios, científicas y científicos destacados.

Gracias a la solidaridad internacional los hospitales cuentan con alguna disponibilidad de analgésicos, antiinflamatorios, sueros para la deshidratación y otros medicamentos más especializados. A su vez, las doctoras y doctores han desarrollado estrategias para suplir las carencias en medicamentos o materiales de atención. El sector de la salud ha sido uno de los más golpeados por la asfixia de Trump y Rubio, pues la ausencia de insumos y de energía ha significado un aumento de la mortalidad o una disminución de la tasa de supervivencia a determinadas enfermedades.

La ayuda brindada por la solidaridad internacional, de conjunto con la organización comunitaria de la sociedad civil han hecho llegar donaciones a los sectores o personas más vulnerables. La distribución de las donaciones por la sociedad civil tiene un nivel más comunitario, dónde se benefician poblaciones específicas con un menor alcance. Mientras que la organización estatal se realiza para identificar a nivel macro cuáles son las prioridades para hacerles llegar esas donaciones. Se identifican los centros donde resulta más necesaria cada ayuda. También para realizar una distribución equitativa en el país, beneficiando a personas de otras provincias del país.

Cuba es un territorio en guerra que resiste gracias al esfuerzo de su pueblo y  la solidaridad internacional. La lucha contra el imperialismo colonial sigue y aquí hay un pueblo cansado pero que no se rinde. A diario se liberan batallas por la sostenibilidad de la vida y por mantener la esperanza. Aquí hay un pueblo digno que resiste como puede ante la asfixia gringa. Venceremos.

 

Nota:

(1) Resultado de la Encuesta Nacional por la Igualdad de Género

 

(*) Anaclara León Pérez, Socióloga feminista.

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