Por Juana Francisca Gómez (*)
La historia de lucha de Flor de Maroñas es larga, hoy conversamos con Stella Godoy y Solange Montandón, ambas integrantes de la Comisión Vecinal de Memoria Flor.
Mate Amargo – ¿Cómo surge esto de trabajar con la memoria de Flor de Maroñas?
Stella Godoy – Nosotros habíamos empezado acá en el Complejo Crece con el tema de memoria barrial. Había venido la gente del Centro de Fotografía y la idea era poder recabar fotos del barrio. Porque además la gente que está en el Crece no tenía noción de la historia del barrio. Nos costó mucho, confirmamos que no hay fotos de estos territorios, la Intendencia no tiene absolutamente nada de estas zonas de acá. Parece que no hubiéramos existido. Entonces primero empezamos por eso y después dijimos que era también bueno trabajar la memoria reciente. A todo esto vino la pandemia, la marcha que no se hizo. Y bueno, entonces algunos dijimos de poner un pasacalle y de que cada uno, por su cuenta, cuando quisiera fuera y pusiera margaritas en la Plaza.
Y ya después, sí, yo te diría que por el 22 ya el grupo era mucho más, más fuerte, pero al principio empezó de esta forma de que algo había que hacer. Y fuimos dándonos cuenta que el barrio no tiene conciencia del tema. En cada actividad que realizamos siempre hay alguien que se acerca a preguntar. Entonces con eso decimos que ya valió la pena la actividad.

Solange Montandon – Memoria Flor abarca todo lo que es la memoria histórica de nuestro país, pero también la memoria barrial, rescatar todo lo que es para fortalecer la identidad del barrio, la memoria a través del relato de vecinos, de historias, de fotos, imágenes, archivos, entonces como que el grupo trabaja un poquito en todo eso.
Ahora que se pudo reanudar la Marcha, hacemos una actividad el 19 de mayo, ahí plantamos margaritas, invitamos a los vecinos, también ponemos la foto de los desaparecidos y bueno entre todos vamos dejando siempre la Plaza como un testimonio de ese momento y al otro día nos encontramos en la marcha, el 20.
S.G. – Acá Bellizzi vivía a pocas cuadras de Santa Gema, y más para el lado de Piedras Blancas, Felix Ortiz. Nosotros tuvimos la intención de poder empezar a hablar con viejos compañeros que militaban, porque además están muriendo los viejos. Para nosotros la fuente de historia del barrio era “el Gallego” pero falleció. Lo que hicimos fue empezar a conversar con compañeros que eran muy gurises en esa época, que nos fueran contando cómo alguno de ellos terminaron presos. Cada uno nos fue contando qué fue lo que pasó y cómo lo vivieron en el barrio. Más que nada, lo que apareció acá es como que la dictadura no hubiera pasado, como: “que acá no pasó nada, el barrio siguió viviendo, todos estuvimos tranquilos”. Y el trabajo es darnos cuenta cómo nos fue afectando a todos más allá de que no tuviéramos militancia política.
M.A. – ¿En la zona había muchas fábricas, mucha gente?
S.G. – Las fábricas en los 90’, marcharon. Pero en la época de la dictadura sí había. Nosotros estamos acá en el barrio, se ha rodeado de textiles, estaba la ILDU, Sadil, Campomar, todas textiles muy importantes en su momento. Y para el lado de Belloni tenías curtiembres. Acá estuvo la lucha de la gente para poder mantener los derechos, para algunos fue como mantener los derechos jubilatorios, o gente ya grande que no los tomaban en ningún lado, y la gente desesperada por buscar trabajo. El cierre de las fábricas va de la mano con el crecimiento de los asentamientos, prácticamente es paralelo, este barrio es así.
En los cincuenta años del golpe hicimos una actividad en el Crece, y la gente empezó a contar cuál había sido su experiencia y cómo habían vivido, o el golpe, o la resistencia, o algunos el exilio, ¿no? Una de las que habló sobre el tema de las textiles es hija de una vieja dirigente ya muerta. Ella contaba que con su madre -por mucho tiempo- no tuvo techo fijo, dormían en distintos en distintos lugares por un tema de seguridad.
Nosotros hicimos la muestra sobre Andrés Bellizzi, que era de acá de la zona, a partir de una convocatoria a gurises de territorio para que ellos compartieran sus problemas y sus visiones. Les contamos quién era, qué hacía dibujos, Silvia Bellizzi, fue a hablar a varios lugares, a contar sobre su hermano. También hicimos una exposición que estuvo circulando. El tema violencia afloró mucho como preocupación y dolor en los testimonios de los chiquilines. Dar a conocer a Bellizzi, un desaparecido, conversar de él y también rescatar y trabajar cuáles son las cosas que sienten los chiquilines.
S.M. – Tratamos de rescatar las historias de vida de esos desaparecidos del barrio, los sueños que tuvieron, sus luchas para que no queden en el olvido. Por ejemplo, los adolescentes también pueden hacer sus propios fancines reivindicando derechos. La mamá y la hermana de Andrés están muy ligadas a este grupo, son integrantes de este grupo, entonces acercar un poco eso a los vecinos. Pero también están las historias de cómo fue cambiando la policlínica del barrio, el fútbol, la escuela, todo eso se va trabajando.
Hace muchos años los vecinos organizados hicieron una policlínica, la policlínica Solidaridad, que daba servicios para los vecinos, había vacunaciones, odontología y eso era una policlínica muy chiquita que estaba llevada adelante por los vecinos, se hizo bloque a bloque por vecinos.
Luego, cuando llega el Crece, se fusiona la policlínica de la Intendencia y pasó a tener otra dimensión. Ahora ya hay médicos de familia, psicólogos, trabajadores sociales, entonces se van viendo todos esos movimientos que han habido. También en cuanto a los Desaparecidos, también hemos hecho marcas en lugares emblemáticos, y pintado margaritas. Por ejemplo en la casa de “el gallego” que siempre estuvo ahí mano a mano, y le hicimos una placa hecha de retazos de baldosas.
M.A. – ¿Y dónde se juntan?
S.M. – Nos reunimos en el Complejo Crece Flor de Maroñas, que es un centro cultural, de salud, de prácticas corporales y que se ha insertado en el barrio trabajando los diferentes temas. Está integrada mayoritariamente por los vecinos y también funcionarios de Crece, pero casi todos somos vecinos con diferentes formaciones, por ejemplo yo soy maestra que me jubilé ahora, de acá de la escuela que está frente a la plaza. Después también tenemos la Radio Comunitaria Flor de Maroñas. Hay vecinos que han estado de toda la vida, que han aportado, que han visto los cambios y las permanencias en el barrio y eso ayuda a ir guardando la memoria, ir haciendo testimonio. Porque son testigos de todo lo que ha ido pasando en el barrio y también testigos de los desaparecidos barriales, lo que nos lleva a que sea un espacio de reflexión, un espacio educativo para que la historia no se olvide, para que siga presente, ese es nuestro cometido.
Flor de Maroñas tiene una red comunitaria fuerte y eso ha hecho que siempre los vecinos, de alguna manera, se estén agrupando o ayudando para poder dar una mano en lo que sea y hemos tenido centros acá, que han sido de resistencia, por ejemplo la parroquia Santa Gema, que siempre ha estado ligada y ayudando en todo lo que es derechos humanos.
S.G. – Nos desafía, porque somos todos militantes barriales, tenemos que administrar el tiempo, pero lo hacemos porque creemos que es necesario trabajarlo, creemos que es necesario que los gurises sepan qué pasó y bueno después tomen sus propias decisiones en relación a lo que uno les puede compartir. También es importante que nos demos cuenta que la dictadura no pasó por nuestras vidas impunemente, que nos afectó a todos de distintas formas.
En sí, es buscar cosas puntuales que nos permitan mostrar y conversar. La última vez pasamos cine en la Sala Lazaroff, había un grupo de mujeres que estaban terminando la primaria. Entonces, son esas cosas que serán posiblemente muy chiquitas, pero que la opción es trabajar capaz que en eso, en pequeños grupos, distintas propuestas que permitan dar otra visión y generar un espacio.

S.M. – Esta Comisión lo que intenta es visibilizar el terrorismo de Estado, que se desplegó en todo el país, que se haga visible en el barrio, que no quede en los libros de historia, que acá también pasaron cosas en el barrio y que no fue solo en los grandes centros de detención, que estamos hablando de vecinos, que fueron estudiantes, como pueden ser el hijo del vecino y de aquel con sus sueños, sus ilusiones y con sus luchas. Fortalecer el compromiso de las nuevas generaciones para promover una ciudadanía activa con un diálogo crítico, para que pueda reflexionar sobre lo que pasó y podamos modificar el presente y el futuro.
S.G. – A mí me sorprendió, en esta última Marcha del 20 de Mayo, que el cordón de seguridad era de jóvenes. Capaz que los gurises lo que están buscando es lugares para ellos también ser significativos, que digan que vale la pena dedicarle tiempo a esto. Nosotros, año a año vemos que se suma gente a estas actividades que hacemos. Aparecen distintos veteranos, pero también aparece algún joven.
M.A. – ¿Están armando una revista nueva, no? ¿dónde se consigue?
S.G. – La primera salió ahora con la historia de Bellizzi. Se puede conseguir en el Crece. Ahora en julio sale otra.
S.M. – Vamos a trabajar con el testimonio de Ramón Dos Santos, que es uno de los vecinos que empezó con la policlínica, tener ahí su testimonio, acompañado con fotos, con imágenes para que se vea todo el proceso.
(*) Juana Francisca Gómez es escritora y miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)
Apuntes para seguir en diálogo
https://desaparecidos.org.uy/bellizzi-bellizzi-andres-humberto-domingo/ https://desaparecidos.org.uy/ortiz-piasoli-felix-sebastian/
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