Las criminales sanciones contra Cuba

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Por Carlos Novoa (*)

 

Durante las luchas independentistas cubanas, el oficial de más alto rango en el Ejército Libertador cubano, Máximo Gómez, solía decir que sus mejores generales eran julio y agosto. Estos meses en la isla se caracterizan por elevadas temperaturas, elevada humedad y proliferación de mosquitos y otras plagas tropicales, que sin las adecuadas medidas higiénico-sanitarias, pueden provocar la reemergencia de múltiples enfermedades.

Los cubanos hoy deben hacer frente a esta circunstancia climática con el añadido de un criminal cerco petrolero y económico cuyas tuercas no dejan de apretarse. Entre el 4 y el 10 de julio, el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) colapsó en dos oportunidades. Cuando el SEN está conectado, la media del déficit en el horario pico es cercano a los dos mil megawatt. Los “apagones” en la mayor parte del país sobrepasan las 24 horas, llegando a ser de cuarenta y cuarenta y ocho en algunos lugares. Cuando se restablece el servicio, este no dura más de una o dos horas, tiempo insuficiente para recuperar los niveles de frío en los equipos de refrigeración y atender muchas otras necesidades de la vida moderna.

El resultado directo de esta realidad es el agravamiento de la cotidianeidad de las personas, mayor inseguridad alimentaria, proliferación de enfermedades estacionales, deterioro en la higiene y un largo etcétera.

Esta situación es resultado, en el largo plazo, del deterioro sostenido en las plantas generadoras cubanas, algo bastante común en la región, combinado en el corto plazo con el bloqueo petrolero establecido luego de la Orden Ejecutiva del 29 de enero de 2026 y el macabro régimen de sanciones desplegado por el Secretario Rubio sobre la base de la Orden Ejecutiva del 1ro de mayo de 2026.

 

Sanciones contra Cuba

Desde el 1ro de mayo de 2026 hasta este 13 de julio, Estados Unidos ha aplicado sanciones a más de 15 entidades cubanas e individuos. Desde asociaciones y empresas hasta ministerios. Las medidas han apuntado, fundamentalmente, a entidades en sectores críticos como la defensa, la energía, la minería y las finanzas.

Desde el conglomerado empresarial cubano GAESA hasta el Ministerio de Turismo, la empresa Cuba Petróleo, el Banco Financiero Internacional o empresas menores que son proveedoras claves de servicios técnicos o piezas y partes indispensables para la reparación de las termoeléctricas o para garantizar el funcionamiento de rubros claves de la economía cubana.

Enmascaradas bajo la retórica de la lucha contra la “dictadura” y la “defensa de la democracia”, las sanciones promovidas por el Secretario de Estado con la anuencia del presidente buscan, ante todo, empeorar sostenidamente las condiciones de vida del pueblo cubano. Al presionar a los socios internacionales para que abandonen el mercado cubano, so pena de sanciones colaterales y perseguir todas las fuentes de ingreso públicas del país, las medidas buscan paralizar en la práctica la capacidad de funcionamiento del aparato estatal. El objetivo es llevarlo al punto de colapso, ya sea por incapacidad de cumplir sus funciones como Estado, ya sea por un estallido popular ante las insoportables condiciones del día a día.

 

El máximo dolor al mínimo costo

Luego de meses de amenazas militares, el pantano iraní y la cercanía de las elecciones de medio término parecen haber convencido a la actual administración de que la opción menos costosa en lo que a Cuba respecta es agravar el Bloqueo y las sanciones más allá de cualquier criterio mínimo de humanidad. Aspiran así a conseguir los objetivos de su agenda sin arriesgar una posible operación militar que pudiera no salir como la planificaron los estrategas del Pentágono.

Económicamente el sostenimiento del Bloqueo no representa nada para la poderosa economía norteamericana. Su costo en materia de dolor y devastación es otra ecuación. Solo en indicadores como la mortalidad infantil, el Bloqueo sostenido y agravado desde 2018 ha costado la vida de más de 1800 bebés cubanos. Para los tecnócratas de Washington estos números no figuran en ninguna estimación, pero en Cuba son familias devastadas.

La respuesta de Cuba ha sido aprobar el más arriesgado paquete de medidas económicas en la historia reciente del país. 176 medidas que buscan dinamizar sectores claves de la economía, intentando sortear también el macabro aparato de sanciones contra la estructura económica estatal. Ya aprobadas y ahora mismo en proceso de implementación, incluyendo todo su aparato legal, las medidas son la expresión de un país y un pueblo que se resiste a rendirse. Más allá de las opiniones e impresiones que se pueda tener de ellas, conviene verlas contra el fondo de todo lo expresado: son la respuesta a un Bloqueo criminal, recrudecido por criminales.  

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