Ser pueblo

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Por Juana Francisca Gómez(*)

¿Cuáles son las historias de lucha de las trabajadoras sexuales en Uruguay? ¿Qué formas de organización construyeron para resistir la violencia, el estigma y la precarización?

¿Cuáles han sido sus principales conquistas y qué queda por hacer?, esas son algunas de las interrogantes que guiaron la investigación: “¡También somos pueblo!”.

Conversamos con Eva Taberne para que nos cuente un poco más del proceso.

 

Mate Amargo – ¿Cómo surgió la iniciativa de sistematizar este material?

Eva Taberne – Este proyecto lo iniciamos en 2023 cuando hicimos una propuesta conjunta con Claudia Gutiérrez y Johanna García, que en ese momento formaban parte de la directiva de OTRAS, ambas de Montevideo. Entonces nos propusimos rastrear cuáles eran las principales problemáticas que atraviesan las trabajadoras sexuales para generar una propuesta que pudiera contribuir a ello. Ahí surge, de estas conversaciones, la cuestión de la invisibilidad social y la valoración negativa que recae sobre las trabajadoras sexuales, reduciéndolas a la actividad que realizan y -por lo tanto- deshumanizándolas. Éstas las identificaron como barreras para su implantación y crecimiento a nivel sindical. Además de múltiples formas de violencias a las que se encuentran expuestas, altos niveles de informalidad, si pensamos en la afiliación como trabajadoras independientes en BPS y la falta de alternativas laborales que sean rentables y duraderas, que es una demanda sostenida de las organizaciones. Por otro lado, aparece como una cuestión que marca, la cuestión del estigma, no solamente como una limitación externa que afecta por completo la vida de las trabajadoras sexuales, reduciéndolas muchas veces a la clandestinidad, al silencio, al ocultamiento, pero también como un constructor de una visión devaluada de sí mismas. O sea, limita que se puedan identificar como trabajadoras sexuales y participar en procesos colectivos y esto hace que las organizaciones sean débiles, que haya un bajo nivel de afiliación y a su vez, lo que es más grave, un desconocimiento de los derechos de parte de las trabajadoras en general.

Esto las coloca en una situación de vulnerabilidad frente a lo que es la violencia institucional, lo que pueden ser exigencias abusivas, riesgosas, de los clientes y también las formas de explotación veladas que ocurren en los locales, así como formas de trata y de explotación sexual. Considerando todo esto, y también la escasez de investigaciones que había sobre las organizaciones de trabajadoras sexuales en nuestro país, especialmente desde una perspectiva histórica y las posibilidades además que teníamos nosotros como equipo fue que definimos, junto a la directiva de OTRAS, generar un proyecto que contribuyera a hacer visibles las experiencias históricas de organización que lograron superar el aislamiento y la fragmentación en contextos de mayor o de menor adversidad.

Entonces, lo que quisimos fue situar a las organizaciones actuales en un tiempo histórico amplio, tomando desde 1985, que es cuando surge la Asociación de Meretrices Públicas del Uruguay, AMEPU, hasta el presente, y rescatando estas experiencias previas para colaborar en la construcción de genealogías de luchas de mujeres de sectores populares.

Yo ya venía trabajando en el asunto desde mi tesis de Maestría en Estudios Latinoamericanos en la que historicé los debates sobre prostitución y trabajo sexual en el feminismo porteño en la década de 1990. Y este fue como un salto hacia pensar qué pasaba en Uruguay, especialmente más allá de los debates feministas, en cuanto a la organización, a la acción colectiva de las propias protagonistas. Al mismo tiempo, desde mi militancia en el colectivo “¿Dónde Están Nuestras Gurisas?», había tenido un acercamiento con trabajadoras sexuales y con víctimas de explotación sexual, especialmente durante la pandemia. Y si busco un poco más, a nivel de las genealogías familiares, mi abuela, que no llegué a conocer, fue una trabajadora sexual, aunque no sé si ella se definiría de esta forma, asesinada durante la dictadura.

 

M.A. – ¿Qué dificultades tuvieron?

E.T. – En cuanto a las dificultades, el proyecto se aprobó en 2024 y en ese momento OTRAS sufre una escisión interna que lleva a la conformación de una nueva directiva que no es con la que habíamos iniciado el proceso. Y esta directiva tiene la particularidad de que sus integrantes son del interior del país, tanto de la ciudad de Rivera como de Salto. Este cambio fue un gran desafío para el desarrollo del proyecto, ya que teníamos planeadas acciones que implicaban fortalecer un vínculo que ya teníamos, encuentros y actividades presenciales que nos permitieran co-construir el conocimiento.

Entonces eso se tornó mucho más difícil. Si bien logramos en cierta medida superar las dificultades, ayudados en parte por la virtualidad, también viajando e invitando a las compañeras a venir a Montevideo, bueno, en definitiva se logró una relación fluida con la nueva directiva que nos permitió llegar a los resultados a los que finalmente arribamos. Otra de las dificultades fue la hora de poder encontrar y entrevistar a militantes de AMEPU y de lo que fue la Mesa Coordinadora de Travestis que surgió en 1991 y luego se va a transformar en ATRU. En el primer caso, en el caso de AMEPU, algunas de las fundadoras allá por el 85’, 86’, ya no están vivas o están viviendo en otros países y se les ha perdido completamente el rastro. Y después con las que logré contactar, con ayuda de muchísimas personas, que son las mujeres que formaron Amepu o que estuvieron en algún momento de esos primeros años, son mujeres muy mayores, de más de 70 años. Lo que me pasó es que en general no querían brindar su testimonio ni participar de las actividades. Es decir, el peso del estigma es tan grande que aunque hayan ocupado lugares de dirección en la organización, en momentos claves como fue la propuesta de la Ley de Trabajo Sexual, ahora no quieren que se las vincule con la prostitución. Sus vidas han transitado unos caminos laborales diferentes y han forjado identidades que no se encuentran estigmatizadas, como por ejemplo ser la modista del barrio, entonces es un pasado que no quieren recordar, al que no quieren volver. En otros casos también pesó, a la hora de aceptar o no aceptar participar de la investigación, los conflictos internos que se dieron en AMEPU, que terminaron con su disolución en 2015. Y la gran repercusión que tuvo en la prensa, generando una imagen muy negativa sobre la última directiva y también sobre la organización. Entonces quienes participaron en esta última etapa también veían un poco su imagen teñida por esa difusión mediática de ese entonces.

Encontrar a las militantes travestis y trans que conformaron la Mesa Coordinadora de Travestis fue más difícil todavía. Considerando que la mayoría de las vidas travestis y trans ocurren en una enorme precariedad, con múltiples exclusiones a las que se encuentran sometidas y esto lleva a que muchas mueran jóvenes y no lleguen a la vejez. Si bien logré entrevistar a algunas militantes, algo que me ayudó mucho fueron los videos de Transur, de Sofía Saunier, y a su vez los testimonios de militantes más jóvenes que, si bien no habían vivido esos momentos iniciales, sí habían recibido como todo un legado intergeneracional de quienes las precedieron.

 

M.A. – ¿Qué cambió en el proceso de investigación? 

E.T. – En cuanto a los cambios, creo que los mayores cambios se dieron a nivel de las percepciones y de los vínculos. Cuando nosotros empezamos a trabajar con la directiva de OTRAS en Rivera, había cierta desconfianza en relación al ámbito universitario y sus prácticas extractivas del conocimiento, también hacia alguno de mis posicionamientos cercanos al abolicionismo. Y esto fue cambiando a medida que generamos confianza, fuimos estrechando el vínculo y pudimos conocernos personalmente e intercambiar de forma sincera y desprejuiciada sobre nuestras concepciones, nuestros deseos y de qué forma nos íbamos a involucrar en la investigación.

Me parece que este es un aspecto muy importante porque no siempre coincidimos con las visiones de las organizaciones que investigamos y al mismo tiempo tampoco existe una única perspectiva entre ellas, a veces expresan dentro de las propias organizaciones las diferencias por matices individuales y otras se tratan de diferencias más acentuadas entre los distintos colectivos. Entonces es necesario no negar ni ocultar estas diferencias porque además el diálogo resultó transformador para todas las partes. También cobró sentido algo para mí, que se venía repitiendo mucho en los feminismos, que es la cuestión de no hablar por otras y de contribuir a que esas voces en primera persona puedan ser audibles.

Como militante investigadora, algo que reafirmo es que no es posible abordar la problemática de la prostitución, trabajo sexual, si se ignoran las múltiples y heterogéneas voces de quienes realizan la actividad y desde su propia experiencia y reflexión han emprendido procesos de politización. Después, otro cambio que tuvimos o que tuvimos que ajustar en el proceso de investigación, fue en relación al cronograma y los ritmos que nos habíamos planteado. La vida de las trabajadoras sexuales está fuertemente atravesada por los avatares de la supervivencia, la pobreza, la informalidad, tareas no remuneradas de cuidados y eso hace que el centro de sus preocupaciones gravite en sostener sus vidas y las de sus hijos.

Entonces es lógico que a nivel colectivo se terminaran priorizando proyectos que podían contribuir a una salida laboral o algún tipo de atención en salud mental para las afiliadas. A su vez, algo que observamos es que una gran parte de las tareas que hacía OTRAS consistía en construir redes afectivas de sostén entre compañeras para ayudarse mutuamente en situaciones adversas, tanto a nivel económico, de vivienda, así como también emocional. Este tipo de militancia que se da en torno a los afectos y a la sostenibilidad de la vida suele pasar totalmente desapercibida cuando tenemos como referencia modelos más convencionales y masculinos.

M.A. – ¿Qué aprendizajes quedan para la comunidad luego de esta investigación?

E.T. – Creo que uno de los mayores aprendizajes es encontrarnos con esta historia de más de 40 años de acción colectiva de las trabajadoras sexuales en Uruguay, que es algo muy poco conocido y que, además, se ha mantenido en cierto nivel de ocultamiento.

Hay un perfil común, podríamos decir, entre las militantes que se han logrado organizar, que son mayormente mujeres y personas travestis y trans de sectores populares, que ejercen en la calle, donde una mayor autonomía facilitó esa posibilidad de agruparse. Si bien han estado atravesadas por factores como la inestabilidad económica y las tareas de cuidado, que han hecho que los grupos sean pequeños, con una alta alternancia, igualmente estas organizaciones han sabido tejer alianzas con otro tipo de organizaciones, ya sean religiosas, progresistas, con el movimiento feminista y LGTBI, y han logrado fortalecerse y desarrollar su accionar. Algo particular e interesante es que el lugar enunciativo desde el que lo han hecho, desde la pionera AMEPU hasta las organizaciones actuales, es el de ser trabajadoras, en diálogo con una fuerte tradición sindical que caracteriza la historia de nuestro país. Tanto AMEPU como OTRAS llegaron a integrar el PIT-CNT en dos ocasiones distintas, a AMEPU en 1996 y OTRAS en 2020, y asimismo ambas organizaciones reclamaron a lo largo de los años que la actividad esté bajo la órbita del Ministerio de Trabajo y de Seguridad Social.

Esto es bastante significativo en relación a lo que ha pasado en otros países de la región y del mundo, porque la dicotomía entre trabajo y violencia no ha dividido a los colectivos uruguayos, como ha ocurrido por ejemplo en Argentina, ni tampoco a los feminismos, que si bien hay diferentes posturas, ha habido una actitud mucho más de escucha hacia las mujeres organizadas. Esta construcción de identidad como trabajadoras no ha impedido que se denuncien situaciones de explotación ni de trata de personas, ni que elaboren propuestas que señalan el carácter insalubre de la actividad y la voluntad de contar con alternativas laborales sostenibles para poder tener otras opciones, que es un énfasis que hacen bastante las organizaciones actuales. Si miramos a nivel histórico, encontramos diferencias y evoluciones significativas entre las distintas experiencias.

Mientras que si pensamos en AMEPU, estuvo conformada exclusivamente por mujeres y género, y esto se debe en parte a las normativas previas al 2002, que se agregaban a la población travesti, trans y de esta forma impedían que se politizaran conjuntamente, más allá de que hubo importantes alianzas e incluso compartieron el mismo local de reunión. Pero las organizaciones posteriores ya surgen en un contexto de movilización masiva por la diversidad sexual. Entonces logran integrar tanto a mujeres cis como a personas trans e incluso a varones cis en tiempos más recientes.

Otros cambios se pueden ver en lo que han sido las perspectivas legales y estratégicas de las organizaciones. AMEPU, podemos decir que transitó entre el reglamentarismo y el laboralismo, lo que derivó en el espíritu de la ley 17.515 que fue impulsada por la organización, más allá de que después no quedaron conformes con el texto final aprobado ni con las modificaciones que le había hecho Daniel García Pintos. Se trata de una legislación que definió a la actividad como un trabajo, que brindó resguardo frente a la persecución policial y a su vez posicionó a la asociación como una pionera en la región, en América Latina, en cuanto a derechos de las trabajadoras sexuales.

Sin embargo, es una ley que mantuvo una visión higienista y criminalizante sobre las trabajadoras sexuales. Es por eso que las organizaciones actuales, como el Grupo Visión Nocturna, OTRAS y COMPERTS, han llevado adelante y han nacido para modificar la Ley, para darle un carácter de derechos humanos, de autonomía, centrado en los derechos de las trabajadoras y no de los dueños de los locales, y en una visión integral de la salud de la persona que no tenga un fin de cuidar a los clientes. Entonces, esta postura que sostienen, que es muy novedosa, porque es una creación propia en estas latitudes que le llaman reduccionismo, hibridiza de alguna forma elementos laboralistas y abolicionistas para reivindicar precisamente esto que decía, la autonomía, combatir la trata e impulsar un cambio, una reforma en la ley actual que esté centrada en los derechos humanos.

Otro aspecto que me parece significativo también es cómo estas organizaciones más recientes, tanto el Grupo Visión Nocturna, que en realidad tiene sus años, desde 2007, y OTRAS de 2018, lo que hicieron fue descentralizar el movimiento, al otorgarle cierta centralidad a las trabajadoras del interior del país, particularmente en las zonas de frontera, en el norte y noreste del Uruguay, disputando así una narrativa que era fuertemente capitalina. Otro aspecto novedoso, COMPERTS realiza como una ruptura en lo que se venía dando en torno a que empieza a admitir la afiliación de personas con y sin libreta médica, logrando superar las restricciones y los mecanismos de control que ha impuesto el Estado, y ampliando de esta forma las posibilidades de participación de todo el sector. Y lo último que quiero decir es que me parece que en una actividad tan atravesada por el estigma, la precariedad y la violencia, agruparse para exigir derechos en estas condiciones y ser refugio una de la otra, es una actitud por lo menos valiente, que habla de la capacidad que tienen las personas oprimidas para resistir y para generar cambios en un marco de grandes desigualdades estructurales.

M.A. – ¿Recordás algún momento de la investigación que te haya movilizado especialmente? 

E.T. – Lo más movilizador fueron las actividades que hicimos, a las que llamé ejercicios de memoria, y las entrevistas. En estas instancias, con las trabajadoras sexuales afloraron recuerdos muy dolorosos en torno a lo que fue la represión policial en el interior del país en la década de 1990. Situaciones que limitaban su libertad de circulación en whiskerías de pueblos que tenían vínculos muy estrechos con las autoridades locales, con la policía, enfrentamientos con Naná, y redes de cuidado muy potentes desde lugares impensados, como el patio de la jefatura de policía de Montevideo, porque es allí donde nace Amepu.

Son memorias subterráneas que nos hablan de una democracia incompleta que no había llegado para todas las personas, y dinámicas de continuidad de la dictadura, si pensamos en la represión y la tortura, solamente que aplicadas a sujetos que se encuentran en los márgenes, como fueron las trabajadoras sexuales y la población travesti trans. Considero que esas memorias tienen que salir a la luz porque tienen mucho para decir sobre lo que es la democracia uruguaya, y quiénes han accedido y quiénes no a los derechos de ciudadanía. Algo que no puedo dejar de pensar es en las militantes más grandes, las mujeres cis, que se llamaban a sí mismas meretrices y que sufrieron todo tipo de violencia institucional, y que hoy viven en la extrema pobreza, en el abandono total del Estado, sin ningún tipo de reconocimiento ni de reparación. Ellas fueron las que pusieron el cuerpo e iniciaron el camino de lucha en un momento en que ese gesto podía costarles la vida. AMEPU incluso registró asesinatos y situaciones de violencia extrema en manos de la policía.

También algo que fue muy emocionante fue el encuentro intergeneracional que se produjo en las actividades abiertas, porque hubo mucho espacio para la escucha, para el intercambio y también para disentir. Yo siento que aprendí muchísimo con ellas, y además me alegré porque algunas salieron motivadas para vincularse y para generar nuevos espacios de militancia.

M.A. – ¿Cómo sigue? Me imagino que quedaron líneas de trabajo para seguir profundizando… 

E.T. – Las que integramos el equipo formamos parte del Grupo de Estudios sobre Trabajo, Izquierdas y Género, GETIG, que es un espacio interdisciplinario de formación, de investigación y de extensión sobre lo que es el amplio campo de la historia de la clase trabajadora. Este espacio reúne tanto universitarios como docentes de enseñanza media y militantes sociales. Y desde ahí es que vamos a continuar abonando esta temática, que ha sido de nuestro interés desde el inicio del grupo, entre otras relacionadas a las organizaciones de mujeres de sectores populares, como son las trabajadoras domésticas y los archivos de las militantes feministas y sindicales. El proyecto dio varios frutos. La publicación digital “También Somos Pueblo, 40 años de organización y luchas de las trabajadoras sexuales en Uruguay, 1985-2025”, y la serie de audiovisuales “Recordar para Resistir”, en la que trabajamos en conjunto con la documentalista Victoria Giménez, y que se encuentra completa en YouTube. En este momento lo que nos interesa es que los materiales se difundan y se conozcan. Y algo muy interesante es que las organizaciones como COMPERTS y OTRAS son las que se están encargando de la difusión y que usan los materiales que generamos para defender sus derechos, que es lo realmente importante.

El próximo 2 de junio, Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales, se va a hacer una actividad en el Centro de Referencia LGBT de la Intendencia, a las 18 horas, y fue a partir de la iniciativa de Claudia Gutiérrez de COMPERS que se va a proyectar allí uno de los audiovisuales que generamos.

Es verdad que queda todavía un camino abierto para seguir investigando, ya que este fue apenas un puntapié, y ojalá que puedan surgir nuevos proyectos que profundicen y discutan lo que hicimos, y a su vez que nos permitan ahondar en otros aspectos como son las diferentes propuestas legislativas para modificar la Ley 17.515 de Trabajo Sexual. Sería interesante generar un debate amplio sobre este tema, ya que en general suelen ser muy reducidos los ámbitos en los que se discuten las propuestas y no llegan a la ciudadanía en general.

 

(*) Juana Francisca Gómez es escritora y miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)

 

Apuntes para seguir:

https://getig.wordpress.com/2026/04/24/tambien-somos-pueblo-publicacion-digital/

https://www.instagram.com/dondestan_uy/

https://www.youtube.com/@aureafrodita

https://www.mateamargo.org.uy/2026/04/26/derechos-de-otros/

https://www.retinalatina.org/peliculas/en-la-puta-vida/

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