Marisa Adano: “Más que todo soy militante”

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Entrevista con la fotógrafa, guerrillera tupamara, ex-presa política y militante del MLN-T y Frente Amplio.

Por Julieta García Ríos (*)

 

Marisa Adano tenía 18 años y era estudiante universitaria, cuando en 1968, a través del entonces guerrilero Pepe Mujica, se integró a las filas del Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaro. Su vida de allí en adelante siempre estuvo en peligro. Peleó, fue perseguida, herida, encarcelada y exiliada política.

Salió de su Uruguay natal el 3 de julio de 1971. El exilio contempló a Chile, Cuba, Francia, Colombia, Venezuela y Argentina. Durante esos años en clandestinidad llevó a la par la militancia y la maternidad. Apoyó a los suyos y a los movimientos de liberación nacional de América Latina.
Acompañada de sus tres hijos: Ana, Carlos y Liliana nacidos en 1975, 1979 y 1982, respectivamente. Volvió a Montevideo, era el 22 de febrero de 1985.
Para entonces, sus padres habían fallecido. No eran pocas las compañeras y compañeros exiliados, desaparecidos y muertos.

Como fotógrafa ha jugado un rol importante en la documentación de lugares que funcionaron como Centros de Detención Clandestinos durante la última dictadura uruguaya. Su lente ha registrado todas las marchas por la Verdad, la Justicia y la Memoria.

Mate Amargo se complace hoy en conversar con nuestra compañera y colaboradora, quien el próximo 30 de junio cumplirá 76 años.

 

Julieta García Ríos (JGR)-¿Cómo se formó la militante que hay en ti?

Marisa Adano (MA)– Mis padres eran personas muy solidarias. En casa, en el barrio La Figurita, siempre estaban cobijando a alguien. No teníamos muchos medios económicos, pero ayudábamos a los más pobres. Siempre hay alguien que está peor.

Soy cristiana y mi interés por la militancia social surgió en la parroquia del Reducto, cerca de casa, donde teníamos un grupo de reflexión. Eran los años 60. Estaba en auge la Teología de la Liberación. Uno de los sacerdotes militaba en el MLN-T, por supuesto que no lo sabíamos. En nuestras reuniones fuimos viendo la gran diferencia de clases, las injusticias que se estaban cometiendo en el país. Nos marcó muchísimo el asesinato en febrero de 1966 del cura colombiano Camilo Torres. Que los cristianos estuvieran comprometidos con los más humildes y necesitados, que participaran en movimientos sociales y guerrilleros, influyó mucho en mí. El asesinato del Che en Bolivia en octubre de 1967 también nos impactó. Al igual que las marchas cañeras. Los peludos, trabajadores de la caña de azúcar, hicieron varias caminatas de Bella Unión a Montevideo que son como 600 kilómetros. Ellos vivían prácticamente en estado de esclavitud.

 

JGR- El año 1968 fue determinante en tu vida política, ¿cierto?

MA-  Sí, en el 68 estuvimos en el campamento de los cañeros en Montevideo. Junto a ellos fuimos a las manifestaciones que aquí hicieron. Ahí me vinculo, a través del Pepe Mujica al MLN-T. Ese año también ingresé a la Facultad de Química, donde empecé a militar en la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU). Inicio así mi militancia más plena: en la parte estudiantil y en grupos del MLN-´T. En el 69 ingresé a un grupo militar tupamaro, con todo lo que implicaba.

 

JGR- La participación en la Toma de Pando te obligó pasar a la clandestinidad. Luego vino la cárcel, el exilio, ¿qué recuerdos tienes del exilio?

MA- Salimos para Chile, el 3 de julio de 1971 por la famosa opción constitucional. Era el Chile de Salvador Allende. En el sentimos una efervescencia, un entusiasmo muy grande. A los meses viajamos a Cuba donde nos recibieron con los brazos muy abiertos. Cuba nos dio hogar y empleo. Era el año 1972, en ese momento la construcción en Cuba era “dale que va”. Había que construir viviendas porque la gente necesitaba tener un techo donde vivir. Y se organizaron las microbrigadas de construcción en las que trabajé en Cinco Palmas. Después quedé embarazada y nos fuimos a vivir a Alamar. Allí trabajé primero en una mueblería, que era un trabajo liviano y después que tuve a Ana, trabajé en la carpintería. En esos sitios se hacían los muebles y las puertas y ventanas para los edificios que se estaban levantando. De Cuba recuerdo la amabilidad y solidaridad de su pueblo.

En agosto de 1976 salí de Cuba para Francia. A cambio de una pieza en la buhardilla de un edificio hacía trabajo doméstico. Como no tenía donde dejar a Ana la llevaba conmigo. Entonces la señora de la casa me gestionó la creche (guardería) a través de Jacques Chirac, entonces alcalde de París, años más tarde sería presidente de Francia (1995 – 2007). Al año y medio regresamos a América Latina, Colombia. Ya estaba separada de Ignacio, el papá de Ana, pero seguimos militando juntos. Él se fue para Argentina, donde fue detenido y desaparecido, y nosotras nos quedamos. Ahí milité con el M-19. Seguimos para Venezuela. Militamos primero con el Partido de la Revolución Venezolana y, luego con la Tendencia Revolucionaria. Fueron años en que apoyamos a los nicaragüenses y salvadoreños. Permanecimos seis años y medio. Tuve a mis hijos Carlos y Liliana y también estuve requerida hasta que pudimos salir a Argentina. Y aunque era la democracia de Alfonsín, los Ford Falcon, autos muy usados en la dictadura en Argentina, estaban por todos lados. Con la ayuda de la ACNUR (Agencia de la ONU para Refugiados) pudimos regresar a Uruguay.

 

JGR-¿Qué tarea te encomendó el MNL-T durante el exilio?

MA- Siempre me hice acompañar de una cámara fotográfica. A donde quiera que iba montaba mi laboratorio fotográfico. Mi tarea fundamental era realizar la documentación. Soy una fotógrafa formada de retazos. Empecé la parte teórica y práctica en 1968 en la facultad de Química de la Universidad de Uruguay. Lo que más hacia era laboratorio. En la organización aprendí a trabajar la parte de fotografía gráfica para imprimir cédulas de identidad uruguaya. En ese tiempo no lo hacíamos con película gráfica, en su lugar usábamos película de rayos X. Los años de exilio fueron los de mayor desarrollo neuronal. Los pocos recursos y conocimiento que tenía me obligaron a inventar. No había manual para esas cosas.

Me gustaba el trabajo en el laboratorio. Al principio utilicé blanco y negro porque era lo que había. También utilicé diapositivas. En el año 77 empezamos con color, aprendí a los tropezones. Y bueno, después me dediqué al color y llegué a manejarlo muy bien.

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Fotografías Marisa Adano

JGR-¿Qué gusta captar el lente de Marisa?

MA – Me encanta la naturaleza. Me siento feliz si hago una foto macro de una flor y logro sacarlos pistilos en primer plano y el resto desenfocado. Vivo sacándole fotos a la luna, a los colibríes que vienen a casa. Tengo varios en el aire.  Cuando hago sociales, quiero que las personas queden de forma natural y espontánea. Como ves soy muy simple en mis aspiraciones.

Aunque Marisa se ha dedicado a la fotografía gran parte de su vida; por encima de todo, se siente militante. Reconoce que en los últimos años su prioridad son sus nietos. Pero quienes la conocen saben que sigue poniéndole el pecho a la labor política, ya sea en el Frente Amplio, MPP, el MLN-T, Mate Amargo y a nivel de la cooperativa José Pedro Valera- Zona 3 donde vive: “es muy grande, son siete cooperativas juntas con 839 viviendas, o sea, somos entre 3.000 y 3.500 personas las que vivimos acá”.

A ella lo mismo se le ve atendiendo la biblioteca, apoyando las ollas populares o en el Fondo Raúl Sendic, un proyecto que creó “el viejo Pepe Mujica” en diciembre de 2005 y del cual es fundadora.

Ahí maneja las finanzas y apoya a los emprendimientos, a esos que los bancos no les dan créditos por no cumplir las condiciones. Su vida sigue al servicio de las y los más humildes.

(*) Julieta García Ríos, Periodista Cubana, actualmente trabaja en el Museo de la Música de La Habana y colabora con diferentes medios de su país y de la Patria Grande, como Mujeres al Sur. Es miembro de la UPEC.

 

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