Por Juana Francisca Gómez (*)
Conversamos con Víctor Arias integrante de la Mesa de Afrodescendencia – Tadjou, para conocer su mirada sobre la realidad de la zona y los desafíos que tenemos por delante.
M.A. – ¿Cómo se forma la Mesa del Municipio D?
Victor Arias – La Mesa del Municipio D se forma por una propuesta planteada por el municipio de hacer una actividad en el Mes de la Afrodescendencia. A mí lo que más me interesó fue formar una mesa de afrodescendencia acá, sobre todo porque las casas afros están muy en el centro, en el Barrio Sur, Palermo, Aduana, Ciudad Vieja, es lejos y no todo el mundo tiene acceso. Hay ocho municipios, y justamente la descentralización es para que la población tenga más accesibilidad. El Municipio D es uno de los municipios con más cantidad de afrodescendencias. Esto tiene un motivo, la población misma de este municipio, que es bastante grande, no lo sabe. En un momento, por las guerras y las batallas de esta zona, como la Guerra Grande, fue quedando población afro, con la Ley de Libertad de Vientres para los hijos de las mujeres esclavizadas. Esto comenzó en la zona de la Unión, pero la mayor cantidad de población siempre fue la del Municipio D, que abarca una región grande, lo que es todo Casavalle, Piedras Blancas, en las periferias fueron quedando. En este territorio hay varios Juan: Juana Acosta, Juan Arteaga, Juan Rosas y otros nombres todos pertenecientes a los 33 Orientales. Joaquín Artigas, que es un afrodescendiente que tiene toda una historia, que fue muy importante. Siempre estamos hablando de los 33 Orientales donde se nombran 33 personas, pero hubo cientos y la mayoría afro, afro e indígenas, peleando y con gran gran éxito. Eran como carne de cañón, estaban ellos siempre primeros. El tema es que la gente no tiene ni idea, mucha población afro, no tiene ni idea a veces de dónde venimos y por qué estamos acá. En realidad, no vinimos, nos trajeron, no vinimos en avión, vinimos en barcos, en las bodegas. Los africanos fueron traídos, obligados, no vinieron de paseo. Acá ya había una población, la fueron desapareciendo y después se dieron cuenta que no tenían mano de obra barata y ahí empezaron a traer esclavos. Todo este barrio era de casas-quinta de terratenientes, que valían más cuanto más esclavos tenían. Con la libertad de vientres, se quedaron por ahí, no se les otorgó tierras ni nada. Entonces, si bien hay gente que se define como afrodescendiente, no sabe su origen. Para eso fueron creadas las mesas.

M.A. – ¿También tenemos memorias más recientes de esa zona?
V.A. – Después de eso ha sido un territorio de mucho candombe. El histórico Julio Sosa Canela es de esta zona, primero con su Barakutanga y luego con Tronar de Tambores. Y acá hay un gran faro, porque realmente es una persona que vino del interior, y que hizo toda su vida acá, pero a su vez ayudando a toda la gente del Cerrito de la Victoria. Primero salió como gran bailarín en comparsas históricas. Luego empezó a sacar su Kanela y su Barakutanga y de ahí empezó a realmente colaborar con la gente, con toda la gente de lo que hoy es Casavalle, que era el Borro, Los Palomares, él era el primero en entrar a todos esos lugares, los más pobres, y colaborar con todo el mundo. Sobre todo después de la época de la dictadura, donde el Medio Mundo fue tirado abajo, toda esa gente que vivía ahí, en los conventillos, en Ansina que era una casa de inquilinato, todo eso se tiró abajo en dictadura y fueron traídos mayormente aquí. Otros fueron para Cerro Norte, después de haber estado semi esclavizados en Martinez Reina donde era la Aurora.
Entonces, bueno, se fueron haciendo familia, gente muy humilde, se fue haciendo de abajo, pero realmente su historia no la sabe.
Acá nosotros lo que tenemos es un enfoque étnico-racial y fortalecimiento de la equidad para la afrodescendencia. Ese es nuestro cometido en la Mesa. Es un tema que históricamente las personas afrodescendientes han enfrentado, las profundas desigualdades, niveles socioeconómicos, mayormente, y con índice de mucha pobreza.
Si en el país hay pobreza, los afrodescendientes son aún más pobres, particularmente en la infancia.

M.A. – Hay barreras que persisten…
V.A. – Hay muchas barreras en el acceso al empleo, a la educación y a la salud. Las desigualdades de esta zona, ¿no? Sobre todo asociados al racismo y no siempre manifestados en forma visible. Muchas veces no es visible ni se dice exactamente que es una forma de racismo. Hay racismo que es un micro racismo que se le llama, que está naturalizado y sostenido en el tiempo. Estos son fenómenos que impactan directamente en la calidad de vida de los afrodescendientes, en las oportunidades en el ejercicio pleno de los derechos de la población afrodescendiente.
Hoy tenemos una ley, ¿no? Una ley que en este momento está cumpliendo más de 10 años. Hay una ley que es la número 19.122 de la cual la gente sabe muy poco. Primero la igualdad en el trabajo. Cada vez que se hace a nivel de los ministerios, de cualquier ministerio, de la intendencia, de todo lo que sea del Estado, el ocho por ciento de cada llamado debe corresponder a una persona afrodescendiente.
Lamentablemente, hoy no se está cumpliendo. Hasta el momento tenemos un tres por ciento de cumplimiento. En este momento estamos trabajando en eso, porque va a haber un foro dentro de poco, en el cual vamos a presentar esos reclamos.
Primero para que se cumplan, porque sobre todo en el empleo es fundamental y tú ves que estas zonas que le llaman periferias, que le llaman zonas rojas y más si sos afrodescendiente. Acá hay un montón de oportunidades, porque tenemos un montón de lugares donde realmente se puede aprender. Los más pobres en esta región son los afrodescendientes. Si una persona blanca tiene carencias, el afrodescendiente tiene doble, lamentablemente. Incluso cuando te presentás a los trabajos más allá de cumplir con todos los requisitos y te ven como afrodescendiente ya no te toman.
M.A. – Se evidencia un racismo estructural…
V.A. – Si. El racismo estructural, se define como un conjunto de normas, políticas, prácticas institucionales y dinámicas sociales que responden a una desigualdad racial de forma sistemática. Este tipo de racismo no se expresa de una manera explícita, sino que a través de un mecanismo arraigado en instituciones claves como el sistema educativo, el sistema de salud, acceso a la vivienda, el mercado laboral que siempre te rechaza, el sistema de justicia. Lamentablemente ese micro racismo existe desde épocas coloniales. Y el objetivo nuestro es tratar de explicarles a los afrodescendientes que son personas con todos los derechos plenos, ¿verdad? Porque además son los que han levantado este país.
Si este país se creó, se creó gracias a las afrodescendencias. Porque en aquel momento eran moneda de cambio, y eran tratados como una moneda, cuanto más esclavos tuvieran, más ricos eran. Bueno, hoy lo que queremos es tratar de que eso tenga mínimamente una reparación. Pero no se buscan reparaciones, no queremos una reparación sea exclusivamente económica, sino de oportunidades. El tema del racismo en la educación y más hoy que tenemos un montón de migración y esa migración es mayormente afro.
Y encima de tener la discriminación por ser afro, tienen la discriminación por hablar diferente. Porque suenan al hablar con sus formas y sus modismos de cada país. Y eso encima se hace todavía más evidente. En este momento la sociedad está complicada. Entonces, ayudar un poquito en eso, en la empatía y trabajar en los municipios.

M.A. – Volviendo a los inicios de la Mesa, ¿cuáles fueron las primeras actividades que realizaron para convocar al barrio?
V.A. – Las primeras que hicimos nosotros fueron en Casavalle, en lo que es la plaza Casavalle. Y en las escuelas que están alrededor, los jardines de infantes, los CAIF, todo lo que era público, de ahí se empezó a trabajar con esto. De verdad que a la gente le interesó tanto que empezamos también a traer gente de otras zonas del Municipio donde hay muchísimos afrodescendientes. Es más, este municipio es el que tiene mayor cantidad de empleados afrodescendientes. Hay muchos municipios que no encuentras un afrodescendiente en todo el municipio. Sin embargo, este municipio tiene la mayor cantidad de funcionarios afrodescendientes. Verdaderamente los llamados cumplen con el 8%.
Permanentemente se trabaja con el municipio y con sus empleados, quienes atienden a la gente, para explicarle la atención correcta hacia los afrodescendientes. Porque uno no se da cuenta, pero el racismo, el micro racismo, es que uno mismo fue enseñado y educado de esa manera, que ya lo traemos de épocas coloniales. A veces cuando llamamos a las personas, en lugar de llamarlo por su nombre, lo primero que le decimos es “el negro tal” o “mi negrito” o “el negro fulano”. No, las personas tienen nombre, tenemos que empezar a enseñar que cada persona tiene nombre y necesitamos ser llamados por nuestro nombre.
Tenemos todos los derechos. Eso a veces no se ve. Es increíble, pero los afrodescendientes no tenemos las mismas enfermedades que tiene la gente blanca, que cuando vas a las policlínicas a hacer charlas, esto no se sabe. Si en las Policlínicas de acá, sí se preocupan, hay una red salud y sí nosotros trabajamos mucho con ellos. Entonces ahí se les va transmitiendo que realmente es y ahí es cuando recuerdan o casualidad recuerda cuando aprendieron. Pero si nosotros no se lo recordamos de verdad que no lo saben. Por ejemplo, una negación de las enfermedades, que es tan simple como cuando tenés una anemia. El médico si considera que puedes tener una anemia, te manda un examen de anemia. La anemia que tiene el afrodescendiente y la población indígena, no es la misma anemia que tiene el resto de la población. Nosotros tenemos una anemia que se llama falciforme, vos no te puedes hacer una extracción de sangre y a la semana saber si tenés o no tenés anemia. El único aparato que hay acá para saber si tenés anemia falciforme, está en el Pasteur. Se tarda de 30 a 35 días para saber si tenés esa enfermedad.
Entonces te dan medicamentos como si tuvieras cualquier otra enfermedad, cuando la anemia falciforme, aún no tiene cura, pero tiene tratamiento. Parece una tontería, pero no lo es. Es algo gravísimo que los mismos médicos no lo sepan, y como no saben te dan medicamentos para el reuma, anemia u otras cosas, pero no tratan la enfermedad. También en la educación, los libros de historia de este país, los escribieron personas blancas.
Entonces, en algún libro hay algún pedacito, y hoy se está incluyendo algo más. Desde este municipio, se generó una organización que se llama Olelé. Esta organización empezó a hacer talleres de ancestralidad, se dedica al descubrimiento de la tierra, de las plantas curativas y esto lo enseñan en las escuelas, desde tercero en adelante, también se hizo un libro que ya está en forma digital en las ceibalitas. También es importante porque las afrodescendencias hablamos también de nuestra religión, de nuestra matriz afro. Porque parece que nuestra religión no existiera o fuera mala. Históricamente se ha visto así.
Las mesas son abiertas, pueden venir de cualquier partido político y de cualquier religión. Hay que tratar de ampliar las redes, de hecho, este municipio tiene muchísimas redes, tiene muchas organizaciones sociales muy importantes que conforman nuestra mesa.
M.A. – ¿En qué otras zonas se está trabajando al día de hoy?
V.A. – Hoy ya hay siete municipios con mesas de afrodescendientes. Cada municipio tiene sus características. No todos los municipios son iguales. Ahora se formó la red.
M.A. – ¿Qué actividades tienen previstas para el mes de la afrodescendencia?
V.A. – El 24 de julio a las 17 horas está previsto un conversatorio con mujeres referentes de nuestro Municipio. Luego pintaremos un mural homenaje en casa de Julio Sosa Kanela, que se inaugurará con música en vivo y tambores de su querida Barakutanga.
(*) Juana Francisca Gómez es escritora y miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)
Apuntes para seguir la conversación
*”Todavía me queda voz” de Ibrahim Ferrer
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