Por Darío Rodriguez(*)
IDP negó el Velódromo Municipal para alojar gente en situación de calle. Da la impresión, -en algunas circunstancias-, que el gobierno departamental de Paysandú ingresa en la lógica que imprime un sector del Partido Nacional a la relación con la administración del Frente Amplio (FA)
El año pasado, la Intendencia de Paysandú (IDP) facilitó el Velódromo “Milton Wynants” para ser utilizado como refugio para gente en situación de calle. Este año, lo negó.
El Intendente dijo que el mismo no tiene capacidad; sus directores dijeron otra cosa.

(Intendente: ¿El Velódromo?, olvídate!)
El Director de Servicios de la IDP, Carlos Batista, señaló que la Institución no cedió el Velódromo por otras razones. Similar posición esgrimió la directora de Desarrollo Social, Guadalupe Caballero.
El fallecimiento en la ciudad de Paysandú, en junio, de una persona en situación de calle, disparó, un furibundo ataque de ciertos integrantes del Partido Nacional (PN); particularmente de cierto edil que otrora fue responsable departamental del Ministerio de Desarrollo (MIDES) y volanteaba canastas durante las elecciones municipales.

(¡Batista, no a los vándalos!)
¡Vayan a casa!
Tras la negativa de la IDP, la directora departamental del MIDES, Licenciada en Trabajo Social María Inés Firpo, en un caso inusual, puso una casa de su familia, sin costo, para que sea usada de refugio.
En la reciente visita de Orsi al pueblo Gallinal, el presidente del Centro Coordinador de Emergencias Departamentales, (CECOED), Nicolás Olivera, a la sazón intendente, dio a los medios, su punto de vista sobre la negativa de ceder el Velódromo.
El intendente adujo que el MIDES “debe liderar la respuesta durante la emergencia nacional, articular con las demás instituciones y garantizar que ninguna persona duerma en la calle durante los días de alerta roja”.
“¿Quién puede decir que no es la referencia el MIDES? Si uno habla en Uruguay de personas en situación de calle, no piensa en una Intendencia, no piensa en ANEP, piensa en el MIDES”, afirmó.
Olivera argumentó que el Velódromo, que en otros momentos se facilitó, no tiene las condiciones adecuadas. Ese fue su argumento central.
Al parecer la IDP tampoco dispondría de otros inmuebles. Aunque no está claro si la “casa del intendente”; otrora utilizada por algún director, está en uso.
De todas maneras, para Olivera, la emergencia nacional obliga a fortalecer la coordinación interinstitucional.

Ni omisos, pero sin horas extras
En un protocolo del Sistema Nacional de Emergencias (SINAE) del 6 de mayo, se estableció que el sistema debe evaluar los “espacios provistos preferentemente por los gobiernos departamentales”
El 1° de julio, el director Batista, desmintió, en cierta medida, al intendente.
En nota en el matutino local, expresó que la IDP no cedió tal infraestructura, debido a “los hechos que fueron de público conocimiento e incluyeron vandalización de las instalaciones, situaciones de violencia entre las personas que pernoctaban en el espacio” y “problemas con los vecinos”.
El funcionario agregó, -siendo una medida de un buen administrador-, que “la recuperación de ese espacio costó mucho”.
Subrayó que el intendente le habría dado los fundamentos a la directora departamental del MIDES. Sostiene que la IDP no fue omisa; ya que “colabora con el traslado de las personas y la disponibilidad de vehículos. Ese es un tema saldado”.
Sin embargo, otros actores vinculados al programa “alerta roja” señalaron que “no era tan así. En general, el Ministerio pone el chofer” por qué la IDP aduce “que se le complicaba pagar horas extras. Hay contradicciones todo el tiempo” dijo la fuente consultada.
Una Intendencia que maneja unos 100 millones de dólares por año y quiso, presupuestalmente, crear cargos, no tendría problemas en cargar unas horas extras a choferes de su plantilla para atender compatriotas en situación de calle.
Andaban “alrededor del salón”
Ya desde fines del año pasado, la IDP iba esbozando la idea de no prestar el Velódromo para que fungiera de refugio.
El 30 de mayo, la directora de Promoción Social, Guadalupe Caballero, -recientemente sancionada-, informaba desde el matutino local que “al retorno de la actual administración nos encontramos que el Farol Velódromo había dejado de cumplir la función de centro referente de esa zona para pasar a la tarea de refugio de personas en situación de calle”. Cuestión que le disgustaba.

(Velodrómo, desde lejos)
“Una vez que cesa la alerta, irónicamente en octubre, volvemos a recuperar ese espacio que fue destrozado no solamente el edificio, sino cañerías e instalaciones de la luz”. Por tal situación “los vecinos perdieron (de hacer los) talleres y distintas actividades”.
La funcionaria colocaba más elementos al sostener que “seguimos recibiendo denuncias porque a altas horas de la noche, en el lugar donde antes pernoctaban, ahora se congregan personas que siguen en situación de calle ante el refugio (Santa Elena) desbordado”.
Al finalizar la alerta roja del año pasado, “no había comenzado a funcionar el refugio por 24 horas y se había vuelto costumbre que las personas en situación de calle se quedaran alrededor del salón. En la madrugada del viernes 24 (de mayo), día del funcionario municipal, ingresaron al local por una abertura, rompieron muebles y se llevaron comestibles que son utilizados en los talleres. En el farol hubo que recolocar reja y poner vidrios en la banderola, además de reponer la materia prima para las clases. Estas situaciones nos llevan(ron) a contratar serenos prácticamente las 24 horas, pero ante cualquier descuido vuelven los robos y la vandalización de los lugares donde se realizan distintos talleres durante el día”.
Boquitas sucias
“Es imposible tener (un vigilante) permanente en cada espacio municipal por los costos que implica. Por eso, apelamos al aporte de los vecinos y que llamen al 911 para que nos avisen. En cualquier caso, entendemos que el problema se traslada de lugar porque cuando se van del farol, siguen siendo personas en situación de calle”.
La funcionaria desliza la responsabilidad hacia la gente en situación de calle. Aunque reconoce que, en otras dependencias de la IDP tienen “la misma problemática” como es el caso del “farol, comedor y policlínica Chaplin”. Ella verificó que “allí pernoctan e insultan a los funcionarios cuando ingresan al día siguiente”.
Ni en tránsito los queremos
Por esos días de mayo se desató una feroz lluvia que inundó a varias familias en algunas zonas. Y a diferencia de situaciones anteriores, según fuentes institucionales, la IDP no albergó a gente en el Velódromo. Familias que, a diferencia de la que están en “en situación de calle”, lo hacían transitoriamente.

(Bajar el pulgar)
En tal emergencia, la IDP no alojó gente que iba en forma transitoria. Tampoco ofreció alternativas, siendo que el presidente del Cecoed es el propio intendente y el tema requiere del concurso de una diversidad de actores (MIDES, Policía, ASSE, Intendencia, etc)
Ahora, en el Velódromo, comentó Caballero, se realizan cursos de reconversión laboral.
Cinismo
Hay que apuntar a cierto cinismo social. Hay sectores que reclaman por la gente que vive en la calle; pero aspiran que los refugios estén lejos de sus domicilios.
Quienes tienen lugares apropiados o no alquilan (al MIDES) o como el dueño del Ex sanatorio Pasteur, en cada reunión va subiendo el precio del inmueble.
Que estos pobres se vayan lejos y, si es posible, los escondan.
(*) Darío Rodríguez es Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UdelaR), periodista y asesor en temas de cooperativismo, vivienda y hábitat