Por Claudia Suárez Delgado (*)
El pasado 3 de setiembre se conmemoró nuevamente el Día de la Agroecología en Uruguay, día aprobado por ley para dar visibilidad e impulso a la temática.
Para conocer sobre el estado de situación de la agroecología, charlamos con Carlos Brasesco, productor agropecuario familiar, orientador de huerta y agricultura urbana, agroecología urbana.
Trabajó en desarrollo rural del 2005 al 2012 y a partir del 2014 en el programa de “Plantar es cultura” del Ministerio de Educación y Cultura, para promover promover y apoyar huertas urbanas y periurbanas. “Era un programa nacional que funcionó desde el 2014 hasta el 2022. Y ahí desarrollamos diferentes propuestas de articulación, de trabajo vinculado a lo que tiene que ver con la agroecología en contextos urbanos, periurbano, agricultura en espacios reducidos, básicamente organopólica, con promoción del compostaje como estrategia para la producción de suelo urbano. Y a partir del 2022, 2023, creamos el programa Plantar Comunidad, que es un programa que funciona en la órbita del Centro Martin Luther King Uruguay, donde intentamos articular la experiencia de la agroecología, de la agricultura urbana y periurbana con los procesos de educación popular, que es lo que estamos trabajando ahora desde este proyecto “Plantar Comunidad”, trabajamos con huertas comunitarias y organizaciones barriales en apoyar procesos de educación popular agroecológica, de educación popular ambiental. vinculado al compostaje comunitario, la huerta comunitaria y los procesos socioeducativos vinculados a lo ambiental y a lo productivo en las ciudades.

Le preguntamos en qué medida el enfoque agroecológico estaba presente en su trabajo.
“Nosotros trabajamos con el enfoque agroecológico desde el inicio, desde que trabajamos con agricultura familiar, entendemos que la agroecología es una herramienta fundamental para el desarrollo de la agricultura familiar, contrapuesta a lo que es el agronegocio, o la agricultura de carácter empresarial, capitalista. Nosotros creemos que hay que privilegiar la lógica familiar, la lógica campesina, como modo de producción, y en ese sentido la agroecología nos brinda herramientas para un mejor desarrollo de la agricultura familiar y campesina. Por eso, tanto en el trabajo con la agricultura familiar como en el trabajo con la agricultura urbana hemos siempre privilegiado el enfoque de la agroecología como una forma de articular el cuidado y el respeto por los ciclos y los procesos naturales con los procesos de organización popular vinculados a la lucha por los bienes comunes, por el acceso, por el control, por la soberanía en el ejercicio de los derechos campesinos. Los derechos al uso, al goce y al aprovechamiento de los recursos naturales, el suelo, el agua, la biodiversidad, todos esos bienes comunes que están siendo apropiados por el Gran Capital y que la ecología de alguna manera propone algunas alternativas tecnológicas. El rescate de saberes tradicionales, saberes empíricos de los pueblos campesinos y -a su vez- formas de auto-organización popular, de acción colectiva, vinculado tanto a la parte comercial como a la parte de organización de los productores, organización de los consumidores que nos permiten situar a la agroecología como una herramienta privilegiada en ese sentido de favorecer el desarrollo rural, integrado el desarrollo rural con propiedad social…en la agricultura urbana, promover procesos de integración de las diferentes agriculturas urbanas, la agricultura de carácter educativo, vinculada al proceso de educación ambiental, la agricultura urbana más familiar, más doméstica, vinculada también a procesos de reapropiación de lo que es el conocimiento de la agricultura. Y por otro lado, la agricultura urbana vinculada a lo comunitario, procesos de organización vecinal en los cuales se busca acceder a la tierra urbana para producir alimentos. Así que la agroecología es una seña de identidad de los procesos de agricultura urbana, de la última oleada de promoción de la agricultura urbana que ha habido en Uruguay a partir del 2011 o 2012, cuando se empiezan a desarrollar y a crecer las huertas comunitarias, a partir de ahí se adopta la agroecología como una herramienta privilegiada para eso. Mismo la red de huertas urbanas comunitarias del Uruguay, de alguna manera desde sus inicios incorpora la definición de sus principios a la agroecología, la búsqueda de una producción sana sin productos químicos, de síntesis artificial, de síntesis industrial, con el no uso de productos de organismos genéticamente modificados y con la promoción de un suelo sano el uso de compost, el desarrollo de alternativas tecnológicas que minimicen el impacto ambiental y promuevan la justicia social en la distribución”.
Nos relata la participación en el impulso de la Ley N° 19717 – Declaración de interés general y creación de una comisión honoraria nacional y plan nacional para el fomento de la producción con bases agroecológicas-.
“Nosotros hemos sido parte del proceso que llevó a la definición de la ley…Este proceso comienza a partir de 2015, 2016, cuando comienza a movilizarse la sociedad civil, las organizaciones sociales vinculadas a la agroecología, básicamente la red de semillas, la red de agroecología. estaba surgiendo en ese momento la red de huertas comunitarias de Uruguay que se funda en 2017, 2018. Y en ese proceso se juntaron firmas, se hicieron organizaciones, se hicieron gestiones que llevaron a que el Parlamento adoptara en su agenda el tema y termina votando la Ley en 2019 que crea primero la declaración de interés general de los sistemas de producción de base agroecológica y en segundo lugar crea la Comisión Nacional para la implementación del Plan Nacional de Agroecología, que se termina de concretar en la administración siguiente, en 2020 y 2025, en el cual se establece el plan, que define metas, que define objetivos, que define acciones que se deberían llevar adelante para promover la ecología en los diversos sistemas de producción del Uruguay. Ganaderos, agrícolas, granjeros, etc., así como también en la agricultura urbana de las ciudades. Ese plan en realidad está aprobado, aunque nunca ha tenido un presupuesto propio, más allá de algunos proyectos que ha logrado captar de cooperación internacional, y sigue teniendo una institucionalidad bastante débil, porque en realidad son varios los organismos que siguen teniendo competencias en el tema. No hay un organismo, un proyecto, un plan o una institucionalidad clara en torno a la agroecología.
Lo que hay son proyectos que se han logrado, donde se han hecho diagnósticos, se han hecho proyectos de apoyo para las transiciones”.
Nos explica la importancia de los planes de transición, o sea, cómo se da el proceso de los procesos productivos convencionales hacia procesos agroecológicos o alternativos, para Brasesco esa transición no será posible sin políticas públicas que fortalezcan a los productores, técnica y financieramente. Existen, al día de hoy, proyectos en este sentido, pero no es suficiente, tampoco se ha logrado que aumente la producción de perfil agroecológico, que haya mayor oferta para el consumidor. No ha habido incentivos suficientes para la producción ni para el consumo.
Donde reconoce ha sido un proceso valioso es en la visibilización de la agroecología, marcando a la comisión que crea la ley y el plan como elementos sustanciales aportando a este objetivo. Uno de los aspectos que entiende podrían aportar a este crecimiento es ampliar la posibilidad de exportaciones agropecuarias familiares que vienen decreciendo.
Nos explica las dificultades de la certificación de los proyectos como agroecológicos:
“El tema de la certificación, que requiere un capítulo aparte, ni la ley ni el plan han resuelto adecuadamente -creo- el tema sigue habiendo diferentes formas de certificación, sigue vigente esta teoría de que la certificación es garantizada por el Ministerio de Ganadería, pero en realidad hay actores privados o de naturaleza social que llevan adelante la certificación. Entonces hay diferentes formas de certificación. En realidad en el período 2020-2025 se echó para atrás en gran medida el proceso de certificación que se venía realizado hasta el momento, a través del sistema participativo de garantías que lo llevaba adelante la red de agroecología y que implicaba una certificación participativa… no era un privado que certifica que el productor es agroecológico para que el consumidor pueda consumir con garantías, sino que es el propio conglomerado de organizaciones, de productores y de consumidores, el que fija los criterios de la certificación… después hay equipos técnicos que certifican el componente más profesional o más agronómico …que establece algunos requisitos para la producción para que pueda ser certificada. Ese proceso se vio para atrás, estaba basado en un decreto, le faltaba institucionalidad a ese proceso y no se terminó de resolver hasta hoy y una de las luchas que hay hoy en día es reivindicar esa forma de certificar participativa, colaborativa y no una forma de certificar que sea comercial y privatizada. Yo entiendo que hay que ir a un sistema de certificación de garantía que sea participativo, pero que sea integral…que no se convierta tampoco en una carga excesiva para el productor que lleve a que el producto se encarezca, que es una de las cosas que pasa muchas veces. Que el producto final certificado tenga un precio que no esté acorde a las capacidades de consumo de la población y eso limite el crecimiento de la producción”
“Nosotros siempre hemos sido partidarios de los sistemas participativos. El Uruguay necesita optar, necesita definir un mecanismo, una forma de certificación y creemos que los mecanismos participativos son los mejores. En primer lugar porque la certificación de parte privatiza absolutamente el sistema de certificación. El Estado lo único que hace es convocar a agentes certificadores, avalarlos, y después la certificación es un negocio privado en el cual se le cobra al productor y el productor incorpora ese costo adicional al precio del producto. Eso lo que genera es un intermediario más”.
Plantea la dificultad de que si el proceso de certificación encarece, el producto siempre será solo de acceso para quiénes pueden pagar esos precios adicionales y plantea que lo que se quiere es que los productos agroecológicos, sanos, que permiten sistemas productivos más equilibrados y que la población pueda seguir arraigada en el campo, lleguen a más personas.
“Pero eso no va a ser posible a medida que la producción siga estando vinculada a nichos, a nichos del mercado de alto poder adquisitivo o de poder adquisitivo medio”
Dice Brasesco “Por eso, en mi opinión, los sistemas de certificación tienen que ser, por un lado, públicos, tiene que ser una política pública, tiene que haber una definición de criterios que sean públicos, definidos por el Estado. Y, a su vez, después, en la ejecución, tienen que ser sistemas participativos, donde los actores que realizan la certificación o el componente técnico de la certificación estén controlados por organismos donde participen los productores y los consumidores de forma organizada. Puede ser de forma nacional, formatos regionales, formatos más locales, de manera de garantizar una más amplia participación. Lo importante es que sean públicos y que sean participativos”
Le consultamos qué impactos entiende han habido a partir de la creación de la Ley.
“Creo que todo el proceso de discusión de la ley, la implementación, el desarrollo, la discusión del plan nacional y ahora la ejecución de ese plan y de los talleres y de los proyectos que se han generado en su desarrollo han permitido que la agroecología hoy tenga más visibilidad…Creo que también a ello ha contribuido, más allá de la acción del Estado, el propio desarrollo de la conciencia ambiental de gran parte de la población, de visualizar los problemas que tienen los productos de la agricultura convencional, de la contaminación, de los residuos, de diferentes problemáticas que han ido apareciendo en el desarrollo normal de la producción que han generado conciencia en torno a los problemas que tiene la producción convencional para lograr un alimento sano y accesible para la población.”
También rescata la conciencia que ha aumentado en cuanto al propio desarrollo agropecuario que ha sido “concentrador, excluyente, sacando miles de familias de la producción”, “El Uruguay tiene la posibilidad de sustituir gran parte de sus importaciones alimentarias, no solamente puede exportar muchos alimentos también puede sustituir muchas de las importaciones que realiza sin necesidad y eso puede generar mucho empleo.” Plantea que este empleo puede estar asociado a productores pero también a académicos, técnicos, trabajadores asociados a la comercialización en diferentes formatos y cómo esto puede ser una salida para que las personas jóvenes permanezcan en el campo.
“Eso requiere políticas públicas y ahí hay un gran debe en tener políticas públicas eficaces y eficientes en el desarrollo de la producción familiar vinculado al desarrollo de la agroecología. Una de las herramientas que se han utilizado demasiado poco, es el de las compras públicas, las compras que hace el Estado de alimentos. El Estado compra para los hospitales, para las escuelas, para diferentes organismos, como políticas sociales, como el INDA, etc., compra, pero no está comprando todo lo que podría comprar a la producción familiar y a la producción agroecológica…hay una ley de reserva de mercado, que es de mediados de la década del 2010, esa ley genera una reserva de mercado para la producción familiar, específicamente, de las compras públicas, donde el Estado puede comprar directamente sin necesidad de hacer licitación pública, que eso termina beneficiando obviamente a los grandes distribuidores y a los grandes intermediarios, que acaparan producción y logran reducir precios. Entonces las licitaciones no son formas, como se suele decir, de la óptica del neoliberalismo, formas transparentes, sino que son formas acomodadas, donde hay algunos actores que ya se conocen que ganan todas las licitaciones porque están hechas las licitaciones para que las ganen ellos. Entonces son formas de favorecer a los grandes productores y a los grandes actores de la comercialización en todos los rubros”. «Por eso se hizo esta ley. Pero en realidad lo que termina sucediendo es que toda la operativa que implica la implementación de esta ley, tiene que haber organizaciones de productores habilitadas, que puedan comercializar, y lo que se compra tampoco es tanto, es muy limitada la oferta de compra que hace el Estado, son muy pocos rubros y muy pocos sistemas de producción los que han podido desarrollar este tipo de experiencias, aunque las que se han desarrollado han funcionado muy bien”
El propone que se generen instancias de compra directa del Estado a los productores familiares, “son muy pocos, se conocen se sabe dónde están, qué producen. Es muy sencillo organizar una logística de compra directa a los productores familiares y se podría, en ese marco, agregar el componente agroecológico. Otra área que es importante destacar, en la cual es necesario avanzar, es la agricultura urbana y periurbana, la agroecología urbana. Ahí, como ya comentaba recién, en realidad tenemos una gran dispersión de instituciones que están vinculadas a la temática, por ejemplo, las Intendencias, la Universidad de la República, la OPP, hay diferentes organismos como el Ministerio de Ambiente, el Ministerio de Desarrollo Social, que tienen intervención en el tema, pero hace falta un organismo que pueda centralizar y que pueda organizar todos esos esfuerzos que se realizan, racionalizar la inversión también que se realiza en eso, que no es poca, de modo de lograr que todo eso que se hace pueda llegar de forma más eficiente, más justa, a aquellas familias que tienen la posibilidad y el interés de poder cultivar en sus predios en las áreas urbanas. Ahí hay una experiencia que yo menciono siempre que es muy buena, que han hecho algunas intendencias en Rocha, en Treinta y Tres y en otros departamentos también, pero sobre todo en estos dos departamentos, que es el padrón productivo. Ahí hay un programa que implica que cada familia que quiera plantar en su predio tiene una bonificación de la construcción inmobiliaria. Ese es un mecanismo de incentivo claro y que permite llegar directamente a las familias que están interesadas en poder desarrollar producción para autoconsumo, para pequeños emprendimientos”.
“La agricultura urbana y periurbana tienen diferentes objetivos. Hay gente que produce para poder ocupar su tiempo libre, hay gente que produce para generar ingresos, para complementar sus otras vías de ingreso, hay gente que lo quiere como una forma de vida también, como una forma de producir sus alimentos y va a generar algunas pequeñas industrias domésticas vinculadas a la agricultura. Y hay gente que también lo hace por sus usos terapéuticos, usos educativos. La agricultura urbana es multifuncional y multifacética, tiene diferentes objetivos también. pero puede ser una fuente de ingresos importante sobre todo de para sectores sociales vulnerables donde tenemos ciudades que tienen espacios en los cuales se pueden desarrollar cultivos que pueden permitir mejorar la alimentación y a su vez generar ingresos, generar emprendimientos que generen ingresos emprendimientos individuales o asociados, vinculados a la producción de alimentos frescos, pero también de procesamientos en pequeña escala, de manera artesanal, de algunos productos de la huerta…se requiere una planificación por parte del Estado y para ello necesitás institucionalidad. Se necesita institucionalidad y es lo que hoy está haciendo falta. Hay propuestas arriba de la mesa para articular, para generar planes. Desde mi punto de vista hace falta un organismo que pueda impulsar el desarrollo de la agricultura urbana y periurbana en todo el país y que pueda desde ese lugar conveniar con las redes, la red de huertas comunitarias de Uruguay, con las otras redes que hay, como la red de Semillas, como la red de Agroecología, que pueda conveniar con las intendencias, con los gobiernos municipales, para abarcar toda la diversidad que tiene la agricultura urbana y periurbana, las huertas educativas, las huertas terapéuticas, las huertas productivas, las huertas de autoconsumo, las huertas familiares, que son de nivel más individual, y que tiene huertas que son comunitarias, que son vecinales, que apuestan más a lo colectivo”
Se detiene a resaltar la importancia de la educación ambiental y la necesidad de que “en cada escuela, en cada liceo, en cada CAIF, en cada centro educativo no formal, haya un espacio de huerta que permita integrar todos los conocimientos, que permita integrar el suelo con el agua, con el mundo vegetal, el mundo animal. La huerta es un espacio de integración, un aula a cielo abierto que permite trabajar en cualquier institución educativa desde la primera infancia hasta la universidad hasta la tercera edad, poder trabajar la formación y la educación en lo que tiene que ver con la valoración de nuestros sistemas vivos. Tenemos que realfabetizarnos ecológicamente y la huerta es una herramienta para poder comprender cómo funcionan los sistemas vivos a través del manejo de los mismos, del diseño, de poner en ejecución sistemas de producción en áreas donde no hay producción, por ejemplo, las ciudades, o donde no hay espacios verdes, o donde no hay sistemas vivos…Creo que no basta con articular, y complementar lo que hacen diferentes organismos, sino que necesitamos generar institucionalidad. Uruguay nunca tuvo institucionalidad clara en materia de agricultura urbana, nunca le prestó demasiada atención al tema, no lo jerarquizó. Hubo un programa que se llamó Programa de Huertos en Centros Educativos, que funcionó durante más de 10 años, que trabajó en todo lo que tiene que ver con la huerta educativa y que logró generar un montón de conocimientos, que logró generar un montón de vínculos, trabajando de forma general, de forma nacional, con diferentes escuelas, sobre todo del sur, que fue lo que tuvo más capacidad de llegar, promoviendo la huerta escolar. También tuvimos el programa de Plantar es cultura, que fue un programa de promoción de la huerta comunitaria y que de alguna manera aportó a generar todo este movimiento que se ha ido desarrollando vinculado a la agricultura urbana, a la agroecología urbana, y que hoy en día tiene a la red de huertas comunitarias como un actor más, como un actor importante, como un interlocutor que a lo largo de los años ha ido consolidando”.
Plantea cómo este actor organizado ha logrado empezar a proponer, expresarse y la importancia que el Estado logre escuchar y convertir esto en políticas públicas para todo el país, que puedan en cada territorio tomar en cuenta las especificidades. Resaltando experiencias que han funcionado como “los mercados de cercanía, los sistemas de circuitos cortos de comercialización, es decir, acercar al productor al consumidor…donde hay proximidad, en la ciudad tenemos la ventaja de que la producción está cerca del consumidor, entonces el circuito corto se hace más viable, más práctico, más funcional, solo con un pequeño impulso muchas veces es posible generar ferias, generar mercados de cercanía que funcionen de manera permanente donde el consumidor pueda tener más opciones para acceder a la producción agroecológica y que a su vez el productor tenga condiciones y costos de comercialización que sean más reducidos y que le permitan realmente generar ese excedente que se necesita para poder invertir y hacer las transiciones que hay que hacer para poder realmente producir de forma agroecológica”

A modo de resumen plantea:
“Yo diría que hoy en día el movimiento de la agroecología está pasando por un momento clave, bisagra, de ver hacia dónde va. Hay disyuntivas ahí. Hay una tendencia, sobre todo de algunos actores del mercado y algunas presiones también del mercado, que tienden a una agroecología que esté muy inserta en lo que son los sistemas de comercialización y muy centrada en los sistemas de comercialización y muy centrado en lo que es la valorización de la producción agroecológica y que termina siendo funcional a las reglas de juego del capitalismo. Es decir, incorporar la alternativa como una forma de diferenciación dentro de lo que ofrece el mercado. Esa forma de cooptación de la agroecología por parte del mercado, se ha dado con la agricultura orgánica en gran medida…Hay un proceso de cooptación, de subordinación, digamos, de lo que es la producción agroecológica a lo que son los sistemas de comercialización controlados por los grandes o los gigantes de la alimentación. Ese es un riesgo.Y por otro lado está la disputa en el campo político, en el campo ideológico, disputar la construcción del sistema agroalimentario, que sean más justos, más inclusivos, que logren incorporar las demandas de la población, que logren incorporar la salud de la población, que logren incorporar los derechos de la población, de los consumidores y también de los agricultores, que logren incorporar el derecho de los productores a poder conservar y reproducir e intercambiar sus semillas, por ejemplo, que logren incorporar los derechos de los agricultores y de los consumidores en la producción sana, segura y económicamente accesible. En esa disyuntiva juega mucho el rol de las organizaciones sociales y de las políticas públicas. Las organizaciones sociales hoy en día, que están vinculadas a la agroecología, son redes, la red de semillas nativas y criollas, la red de agroecología del Uruguay, la red de huertas comunitarias. Las redes tienen la ventaja de tener esta posibilidad de tener mucha amplitud, de poder tener mucha flexibilidad en su organización y por eso a veces son más resistentes y más capaces de afrontar diferentes momentos históricos. Pero también tienen la debilidad de no tener una estructura organizativa que pueda sostenerse en el tiempo durante un período largo, ese es un problema y que sean capaces de tener esa estructura para dar las peleas que haya que dar en las redes es muy difícil movilizar, poder hacer presión, la capacidad de presión que tiene la agroecología hoy en día y el conjunto de la producción familiar diría -en general- es muy poca. ¿Cómo se logra esa capacidad de presión? Cuando no tenés capital tenés que hacerlo con movilización, mostrando lo que hacés. Y ahí creo que la alianza que se pueda construir desde el movimiento agroecológico, desde el movimiento de la agricultura familiar con la clase trabajadora de las ciudades, con los trabajadores organizados, es fundamental, porque ahí es que se puede lograr hacer pie y lograr la capacidad de presión, la capacidad de organización, la capacidad de lucha necesaria para hacer frente a la cooptación, para hacer frente a la lógica del mercado y para hacer frente a las dificultades propias de la producción cotidiana. Y también a la lógica extractiva que tiene el sistema hoy día, que tiende a desplazar, que tiende a contaminar, que tiende a excluir. Y bueno, eso solo se puede evitar y se puede combatir con organización, con movilización, con solidaridad organizada y efectiva y arraigada en los territorios. Y ahí yo creo que hay una simbiosis que hay que lograr entre agricultores familiares, agroecología y trabajadores organizados que es fundamental.”
(*) Claudia Suárez Delgado es licenciada en Psicología, ceramista, especialista en Gestión Cultural, militante en organizaciones de la economía solidaria, feminista, integrante de la Red de intelectuales y artistas en defensa de humanidad (REDH) y de la Fdim, parte del colectivo Libertadoras antifascistas.uy