TEORÍA DE LAS FORMAS DE CONCIENCIA SOCIAL*

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El compañero Cultelli había escrito para esta revista un trabajo original sobre la cuestión ideológica. Al cierre de la misma se resolvió no publicar en este número aquellas colaboraciones que versaran sobre el Orden del Día de la próxima Convención del MLN. Por esa razón, tomamos del número 34 de la revista venezolana Ko’Eyú, los principales fragmentos de una extensa entrevista, que el Director de esa publicación, compañero Joel Cazal, le hiciera a Andrés en Europa y que no es conocida entre nosotros. 

—¿Quiere decir que la Revolución la hará una organización de vanguardia, de cuadros? 

—Sí y no. Sí, en cuanto tienen que existir una o más organizaciones de vanguardia, de cuadros. No, si se entiende que una o más organizaciones de vanguardia pueden llevar a feliz término él proceso revolucionario. Acaso pueda ser así; pero lo más seguro y lo incuestionable es que las mayores posibilidades de garantizar el triunfo de la Revolución, las tenga un polo revolucionario, donde se practique la unidad de acción, se conexionen y coordinen el quehacer político, con todas las organizaciones revolucionarias consecuentes que existan. 

El enemigo se ha pertrechado y se ha perfeccionado como nunca. Nos impone mayores esfuerzos, sacrificios y formación que antes. Y lo que es más importante todavía: jamás podemos subestimarlo. Los tupamaros que ahora procuramos reorganizarnos, no nos proponemos hacer la Revolución en el Uruguay, sino participar en el proceso revolucionario, vanguardizado por un polo, que lo haga posible. En qué medida contribuiremos en ese sentido, lo dirá la práctica. Lo que nos interesa es no quedar al margen de la historia. Esto es, aportar real y positivamente a su realización. Pero, para ello, es necesario que seamos muy autocríticos y que cambiemos y nos perfeccionemos constantemente. 

—¿Y qué lugar ocupa en todo esto el Frente Amplio? ¿Ud. no lo tiene en cuenta o lo suprime del escenario político de su país? 

—De ninguna manera. Deseamos, por el contrario, que el Frente Amplio se desarrolle lo más posible. Que se nutra de nuestro pueblo y acreciente su militancia política, conjuntamente con el resto de la izquierda nacional. En toda formación económico-social coexisten formas más o menos desarrolladas de la producción y de los servicios, que constituyen la base material de los grupos sociales, con ubicación diversa en la distribución de la riqueza, y fundamento de las clases, categorías y capas sociales, a las que se corresponden determinadas formas de conciencia. En la génesis de las formas de conciencia social, debe incluirse la influencia de la. ideología dominante y las que se opongan a ésta en sus múltiples formas. Por ideología dominante, ya Marx y Engels definieron a la que es propia de la clase dominante. 

En otros términos: la infraestructura económica de la sociedad, determina, en  última instancia la superestructura ideológica; pero ésta a su vez puede modificar e incluso cambiar —en determinadas condiciones— la naturaleza de aquélla y su propio influjo, mediante el papel activo de la conciencia. En esta relación, tan dialéctica (infra estructura-superestructura) es que se generan las diversas ideas en que se expresa el espectro político, incluyendo la función secundaria que le está reservada a la conciencia individual y sin perjuicio de que su propia etiología se enraice, no sólo con la base material de la sociedad, sino con las formas de con ciencia social correspondientes. He aquí la complejidad del asunto. En tal virtud, es que en cada pueblo se nos presentan distintas esferas de conciencia política (o formas de conciencia social) con su infinidad de matices en tanto que pertenencia a un grupo sindical o político. Esto es lo que explica la lucha ideológica en el seno de cada grupo y de un grupo político con otro y lo que asimismo fundamenta la política de alianzas a distintos niveles o la unidad de acción con lucha ideológica. 

En el seno de la población, siempre podemos hacer un círculo correspondiente al campo del pueblo. El que puede ser muy grande, como ocurre hoy en el Uruguay, en el que la oposición al régimen se ha generalizado o, no ser tan grande o menor, como cuando la correlación de fuerzas era harto favorable a las alturas gubernamentales. Sea como fuere, en el mismo campo del pueblo o en su propio círculo, pueden observarse innumerables círculos menores, que van de mayor a menor y que expresan y delimitan determinados grados cualitativos de conciencia de clase, como formas de conciencia social,  ya sea en el plano sindical o político. Por supuesto, que ya no es posible (nunca lo fue y hoy menos que nunca) separar lo sindical de lo político. Lo sindical no es más que una especie de lo político o lo político moviéndose en un ámbito distinto o bajo distintas formas. Es que un paro de cinco minutos, cualquier movilización reivindicativa de  un gremio, se ve como un acto de oposición política, cuando no se caracteriza de subversivo, por los servicios de inteligencia del Estado, vestidos con la doctrina de la seguridad nacional, como expresión político-militar del neo-fascismo reinante. 

En suma: en el campo del pueblo tenemos muchos círculos de conciencia social y política; grados de conciencia de clase a los que se corresponden niveles determinados de lucha. Más o menos amplios. Con un grado de comprensión mayor o menor. Hasta llegar al revolucionario consecuente y al cuadro del Partido marxista-leninista de combate, que lo entrega todo —hasta la propia vida si es necesario— en aras del desenvolvimiento del proceso revolucionario. Los distintos niveles o círculos de conciencia y de lucha política a que hemos hecho referencia, podemos compararlos con una gran pirámide. Puesta con la base o esfera más ancha para arriba y construida con diversos anillos o círculos que se proyectan hacia abajo. Hacia lo que es de más en más angosto, como si fuera un embudo que se asentara en la parte más fina del cuello. En definitiva, el cuello o círculo que encierra el ámbito de los cuadros es el menor de todos, casi un punto en el espacio. El anillo siguiente hacia arriba o algo más ancho, —en esta pirámide invertida— correspondería al espacio que ocupan los revolucionarios integrantes de las diversas organizaciones políticas y entre los que también hay niveles, como en la esfera propia de los cuadros, los que pueden ser de conducción o intermedios, etc. 

El círculo, anillo o escalón siguiente de la pirámide puede corresponder al Frente Revolucionario, sus estructuras y su contorno. El que le sigue —ya próximo al medio de la pirámide— puede corresponder al ámbito del Frente Amplio y a su influencia política. El círculo que le sigue a este último, sería el que ocupan los sectores progresistas de los partidos tradicionales o burgueses. Más arriba aún vendría el círculo de los que integran las corrientes centristas o sencillamente burguesas, con todos sus matices. Y al final o dentro de los círculos fi nales, se agruparían los que abrazan ideas conservadoras y reaccionarias y los que  respondiendo a los designios del sector dominante de la economía (el capital financiero y los monopolios en el Uruguay) prefieren el neo-fascismo antes que la Revolución. Todo esto no es más que un esquema, pero basado en una aproximación a los hechos. Estos son tan dinámicos y dialécticos, como lo son las formas de conciencia social e individual. La dialéctica de la conciencia, hace que de un nivel de conciencia se pase a otro, de un círculo mayor a otro menor, ya que en la pirámide invertida de que hablamos, lo cualitativo se da bajando, no subiendo la escalera, o sea en los círculos menos masivos o más selectivos. Igualmente pueden registrarse situaciones recurrentes o conciencias que retroceden en-vez de avanzar; que no cambian al ritmo de los cambios vertiginosos que se dan en tiempos revolucionarios y  que el proceso de lucha deja de lado, en tanto que militantes. La clase obrera es, a su vez, la fuerza motriz de la historia. La que tiene mayores potencialidades como clase; la más consecuentemente revolucionaria, independientemente de la conciencia que pueda expresar un obrero aislado o un grupo de obreros determinados, que pueden o no corresponderse con las cualidades de conciencia de su clase, que pue den hallarse desfasados de ella e incluso estar al servicio de los enemigos de la clase a que pertenecen o votar por Pa checo Areco u otra escoria ultrareaccionaria del espectro político nacional. Los obreros y trabajadores en general pueden y deben tener una doble militancia: la sindical y la política, y según el grado de conciencia de clase que manifiesten se ubicarán en los distintos niveles o círculos de conciencia de la pirámide ya aludida. Las capas medias, tan numerosas y tan pauperizadas hoy en el Uruguay, tienden a radicalizarse políticamente, como ha venido ocurriendo desde el comienzo de la crisis económica, o sea, desde fines de la década del 50 para adelante. 

El Partido de Vanguardia y el Frente Revolucionario, deben construirse con un enfoque de clase y los obreros deben ser uno de los principales componentes, conjuntamente con los militantes y cuadros proletarizados, que provengan de la pequeña burguesía. Entre unos y otros círculos y formas de conciencia social, dentro del marco de la izquierda nacional hay diferencia. Sin diferencia entre una y otra cosa,  no puede haber relación, interacción, conexión, transición en el marco de un proceso o sistema determinado. Es decir, no puede haber dialéctica. Pero para que haya diferencia tiene que haber identidad. Entonces, la lógica dialéctica es inseparable de la lógica formal o se complementa con ella, a pesar de su carácter auxiliar y de las simplificaciones o el desconocimiento que a su respecto registran los manuales de filosofía mar xista-leninista sobre este punto nodal. 

Lo importante en el tema que nos  ocupa, es que los militantes revolucionarios y de la izquierda en general, dejen de ver la diferencia que existe en una organización política y otra o entre uno y otro nivel de conciencia en el campo del pueblo, a la luz de la lógica formal. Es decir, como cosas excluyentes. Poniéndose la camiseta de los tupas, o del Frente Amplio o del Partido Comunis ta y estableciendo una raya de incompatibilidad o declarando el absolutismo político (igual sectarismo) de su organización, para proclamar, conforme al principio de contradicción de la lógica formal, que si dos cosas son diferentes y de suyo se oponen, una de ellas no es válida o debe carecer de validez. Por el contrario. Si advertimos que no puede haber estrategia ni táctica política sin filosofía y si ésta no puede ser científicamente otra que la marxista leninista, (de la que se desprende la lógica dialéctica) habrá que estar conteste en que  la organización política a que pertenecemos es válida como herramienta para el logro de los fines revolucionarios perseguidos y que igualmente puede serlo, en todo o en parte, aquella que se diferencia de la nuestra, por su amplitud o concepción; pero que pertenece al campo del pueblo, y, por tanto, también coadyuva al proceso revolucionario en alguna medida y según sea el nivel general alcanzado por la lucha de clases o la situación concreta. Para la lógica dialéctica, una cosa puede ser ella misma y otra a la vez. En la Ciencia de Lógica, Hegel pone en crisis, el principal principio de la lógica formal, o sea, el de identidad, al demostrar, que A, es no sólo igual a A, sino también a no A. (Ver: la tercera edición de Solar/ Haccette, págs. 359 a 375). Por tanto, aunque haya diferencia y de suyo contradicción entre una y otra organización de la izquierda nacional, puede y debe haber cierto grado de unidad de acción. La contradicción misma es una unidad dialéctica, que en el terreno político no se da sin lucha ideológica. Y la lucha ideológica es, precisamente, la forma que  adquiere la contradicción en el orden político. Esta, generalmente, no tiene carácter antagónico, cuando se da en el campo del pueblo o como podría hacer lo creer la lógica formal, a causa de su rigidez y unilateralidad, lo que la hace tan vulnerable, insuficiente y superficial, comparándola con la multilateralidad profunda y esencial de la lógica dialéctica. 

Por eso, en relación con el Frente Amplio —y en observancia de la lógica dialéctica— tenemos que conservar nuestra identidad de tupamaros y a la vez despojarnos de ella, a los efectos de comunicarnos con la otra organización política con la mayor amplitud. Sin pre juicio o sectarismo alguno, con la grandeza de espíritu que a todos nos impone la necesaria unidad, como condición indispensable para que la Revolución sea posible. Somos, pues, partidarios ardientes de la unidad de la izquierda y creemos que  la política de alianzas tiene que llevarse a cabo a todos los niveles. Entre las formas de lucha de clases y  de conciencia posible en el campo del pueblo, privilegiamos o pondremos el acento en las que son más afines a las nuestras y que se materializarán en el Polo Revolucionario. El Polo Revolucionario no es más que una forma o esfera de conciencia social,  como el Frente Amplio, lo es otra. En tanto que diferentes, podrá haber entre ellas contradicción. En otras palabras: unidad dialéctica o con lucha ideológica. En suma: puede haber alianza política en el curso de la lucha. Por ejemplo, entre nuestros compañeros y los del Frente Amplio, en la acción política barrial y a propósito de movilizaciones reivindicativas. Lo mismo puede ocurrir en la esfera estudiantil o en el seno de una fábrica, donde se organice una huelga y  se requiera el apoyo de todos los trabajadores, independientemente de la organización o corriente política a que cada uno pertenezca. 

NOTA: Concluyendo o para emprolijar algo las cosas, tenemos: 

1) Que una forma de conciencia social puede ser espontánea u orgánica o desbordar lo orgánico. Es orgánica cuando se expresa por la organización política, sindical, social, mediante sus órganos competentes: congresos, asambleas, plenarios, comisiones directivas, etc. Nosotros esperamos que nuestra próxima Convención o Congreso, sea la más alta expresión de la forma de conciencia social alcanzada por el MLN. 

2) Que las formas de conciencia social diferenciales, van desde la organización política de vanguardia o desdé el polo revolucionario —principal motor del proceso de transformación como un todo— hasta el frente grande. Pasando por el Frente de Liberación Nacional; por el Frente Amplio, en cuanto coadyuve al proceso revolucionario o sustituya a aquél, en caso de que su transformación sea tan esencial, que haga las veces de dicho Frente de Liberación Nacional o cumpla su misión histórica. A todos estos agrupamientos de formas cualitativas de conciencia social se corresponden determinados niveles organizativos, los que a su vez determinan en  cada etapa, la esencialidad de las formas de lucha y su cualidad, en el seno de las masas como un todo. Digamos, finalmente, que las formas de conciencia social diferenciales no sólo se dan entre una organización política y otra, sino en el interior de cada una de las existentes. Porque las bases materiales de existencia de los militantes no son iguales entre sí; aunque pueden ser semejantes por su condición de clase. Sin perjuicio de lo cual el papel activo de la conciencia individual y su maduración, es un proceso dialéctico intransferible y único, en cada militante. Depende de múltiples aspectos que hacen a la interacción entre el individuo y la sociedad y entre su personalidad y el nivel de participación y de formación que le haya podido proporcionar la organización que integra. Las formas de conciencia social constituyen el fundamento de todo esquema y concepción organizativa del MLN o de cualquier otra organización política. Pero este esquema no sólo ha de tener en cuenta la forma de conciencia social global configurada por la organización política o social de que se trate y los intereses a que responde. Debe, igualmente, comprender las sub-formas de conciencia social diferenciales que se dan en su seno, conforme a los distintos niveles políticos e ideológicos de sus militantes y sus cuadros. No obstante, esto no basta. Porque para que la revolución sea posible, es necesario articular el esquema y  la concepción organizativa apropiada a cada una de las formas y suthformas de conciencia social que se manifiesten en el proceso o en la acción política hacia la profundización del quehacer revolucionario como un TODO, sin excluir ninguno de sus niveles. Los que se expresan desde la organización revolucionaria de vanguardia hasta el frente grande. Esto es, desde lo más estrecho, exigente y selectivo hasta lo más amplio y menos comprometido. Comprendiendo todos los eslabones intermedios: polo revolucionario, frente de liberación nacional, Frente Amplio, movimiento obrero, sin perjuicio dé que es de principio salvaguardar la independencia de clase de este último o de las asociaciones de trabaja dores en que se agrupen; según su actividad o centro de trabajo. En suma: en la estrategia de la revolución y su aplicación concreta, es ineludible —atento a la exigencia de concebir la concepción organizativa como un todo— disponer de una línea organizativa que no excluya ninguna forma de con ciencia social susceptibles de requerir un círculo o esquema organizativo determinado. Ésta es la dialéctica de nuestro asunto. Si por el contrario, nos quedamos con un corte o fragmento del campo del pueblo, desembocamos en la unilateralidad, o sea, en el enfoque de la lógica formal. Esta unilateralidad se manifiesta en el sectarismo ultraizquierdista y pequeño burgués, que supone que la revolución es posible sólo con la organización de cuadros y de militantes de vanguardia, sin las masas. O que jerarquiza el centro o lo más amplio aún y cree que con ello —o con las masas populares sin más— ya basta para que la revolución sea viable. Con lo que se cae en una concepción popu lista, amplia, pero sin destino y que no conduce la revolución, tal cual lo enseña la historia y en especial la latinoamericana de las décadas de los cuarenta y los cincuenta, en que fracasaron ¿todos los intentos políticos de este tipo, la tesis desarrollista, con o sin un gran caudillo carismático al frente del movimiento o movimientista. 

3) Que a menudo se incurre en error al interpretar la categoría marxista de “ser social”. Se recordará que en el famoso Prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política, Marx sostuvo: “No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.” En el contexto en que Marx afirma que “el ser social es lo que determina su conciencia”, (la individual) se está refiriendo al “ser social” como equivalente a la estructura económica de la socie dad o infraestructura, sobre la que se asienta la superestructura política, moral, religiosa u otras formas de conciencia social. En vez de estructura económica de la sociedad, también puede emplearse —con la misma significación— el término: “base económica de la sociedad”. Pero la dificultad interpretativa aumenta porque en el texto trascrito, Marx no sólo se refiere al “ser social”. También está aludiendo al “ser del hombre”, como tal. Y en otro lugar ya dijo que “El hombre es un ser social”. Lo que es distinto y atañe al hecho de que aquél vive y es condicionado por lo social.  O sea, por las formas de conciencia social, que se presentan como eslabón intermedio entre la base económica y la conciencia individual, la del hombre o la de su ser. Ejemplificando, resulta que el primer nivel —el “determinante en última instancia”— es la base económica o “ser social”. Que esta base económica o “ser social” determina la superestructura de la sociedad e interacciona con ella. (Segundo nivel o eslabón intermedio). Y que las formas de conciencia social conforman e interaccionan con la conciencia individual. (Tercer nivel). Esta propia conciencia individual está saturada por formas de conciencia social. Sobre todo, por las que resultan de la lucha de clases en sus distintas formas, así como determinada por las condiciones materiales de existencia del hombre de carne y hueso. De ahí que el hombre es un ser social, determinado sustancialmente y en última instancia por otro “ser social”. Es decir, por la estructura económica de la sociedad. 

4) A la cuestión política planteada por el compañero Cazal, le dimos un enfoque más bien filosófico. Es que consideramos que la política es inseparable de la filosofía y sus ramas: la dialéctica, su lógica, la teoría del conocimiento, el método. Claro, que cuando hablamos de filosofía, debe entenderse que nos referimos a la científica. A la fundada por Marx, Engels, Lenin. No estamos, pues, aludiendo a lo que se entiende por filosofía en general. Especialmente, en los medios académicos, en los que se explica la filosofía burguesa. E incluso la metafísica, tal cual la expusieron Platón, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y tantos otros de ayer y de hoy. El propio Engels, ya puso en su lugar este asunto, cuando en “Feuerbach y el Fin de la Filosofía Clásica Alemana, expuso: “Pero esta interpretación (la marxista) pone fin a la filosofía en el campo de la historia, exactamente lo mismo que la concepción dialéctica de la naturaleza hace la filosofía de la natu raleza tan innecesaria como imposible. 

Ahora, ya no se trata de sacar de la cabeza las concatenaciones de las cosas, sino de descubrirlas en los mismos hechos. A la filosofía desahuciada de la naturaleza y de la historia no le queda más refugio que el reino del pensamiento puro, en lo que aún queda en pie de él: la teoría de las leyes del mismo proceso del pensar, la lógica y la dialéctica.” 

Es, pues, a partir de Marx, Engels, Lenin que nace y se desarrolla la filosofía como ciencia. Quizás esto explique que haya quienes por no conocer suficientemente la filosofía marxista o por estar influidos por la enseñanza que de ella se da en los cursos medios y universitarios, (o por no haberse podido desprender del sistemático bombardeo del diversionismo ideológico o resistencia de clase a esta “filosofía científica”), no advierten la importancia que ella tiene para nosotros o la consideran como una “creencia” a igual título que la filosofía en general. Baste decir, que el propio método dia léctico o método científico, se desprende de esa filosofía científica, que, por su misma naturaleza es revolucionaria, tal como lo puntualizara Marx, al referirse “a su método dialéctico”, al término del Prefacio de la Segunda Edición de “El Capital”. 

ANDRÉS CULTELLI

 

  • Artículo publicado en la revista Germen Año 1, Número 1, 1987

 

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