Por Colectivo Mate Amargo (*)
Mate Amargo, continuando el homenaje a Raúl “Bebe” Sendic en el acto del pasado viernes 24 de abril.
Compañeras y compañeros, nuevamente nos encontramos aquí, como Tupamaros, para rememorar a Raúl Sendic. Su legado de lucha, su compromiso, su entrega militante, pero -sobretodo- su pensamiento, poco entendido por la izquierda de su época, poco valorado hoy en día, pero con una vigencia temeraria.
Raúl entendió, rápidamente, que la estructura de la tenencia de la tierra era un determinante histórico de la injusticia social, del atraso tecnológico del país, de las condiciones de trabajo esclavas de nuestra gente en el medio rural y de una gran masa de paisanos que quedaban al margen de las riquezas generadas por nuestros recursos naturales (básicamente explicadas por la interacción pasturas y vacas, como los cultivos -industria).
Esas condiciones estructurales latifundistas de nuestra tierra, de nuestra oligarquía cipaya, corrupta e inmoral, que durante décadas gobernó nuestro país, fue creando y modelando un estado y una administración urbana, centralizada y excluyente. Dejó olvidado a parte de nuestro pueblo, los hizo invisibles. A esto hay que sumarle el conjunto de intereses extranjeros que renovaban una nueva era de saqueo más institucionalizada, más financiera, pero injusta de cualquier manera, situación que no era muy diferente en el resto de nuestra América latina que padecía las mismas presiones.
Este contexto internacional en el que EEUU disputaba su hegemonía política e intensificaba sus prácticas imperiales, encontraba en los gobiernos títeres de la región, los mejores aliados, erosionando los marcos legales, tejiendo redes de corrupción, infiltrando el funcionamiento y atentando contra todo proceso de cambio.

América latina era un territorio en disputa de las potencias mundiales, de las tensiones de la guerra fría, y de los movimientos sociales que proponían otros modelos económicos de desarrollo. La lucha armada fue el escudo de los pobres, de los históricamente postergados, la resistencia a la violencia del estado, infiltrado por el imperio y sus planes de control y sumisión.
Sabíamos y sabemos que no existe cambio posible si no hay procesos de liberación nacional, esa premisa estructuró una manera de entender los procesos políticos, las alianzas nacionales, regionales y continentales, la necesidad de la juntanza, la necesidad de identificar aliados coyunturales para la construcción del pensamiento estratégico a largo plazo, quemar etapas y construir poder popular.
Raúl puso foco en dos temas centrales: la estructura de la tierra y la dependencia financiera internacional. Y hoy, aunque han pasado varias décadas de estos planteos, seguimos defendiendo el acceso a la tierra como la mejor manera de distribuir riqueza, sabemos que solo con la tierra no alcanza, pero es el paso fundamental.
Necesitamos que la tierra esté formando parte de una estrategia de desarrollo y que las condiciones de acceso sean dignas e integrales, con transporte disponible, salud, educación, seguridad, ocio, y cuidados, en especial de los veteranos, ya que es una población envejecida y aquejada del trabajo duro.
El Uruguay de estos días sufre unos de los peores momentos de concentración de la tierra, hoy el 8% de las explotaciones de mayor tamaño concentran el 63% de las tierras del país. Mientras que el 40% de las explotaciones están en predios menores a 50 hectáreas, superficies de subsistencia, dependiendo del rubro y la ubicación.
La lechería viene sufriendo perdidas de tambos año a año, pese a los esfuerzos de las políticas públicas y la institucionalidad vinculada, y pese a ser un sector que es de los más organizados y activos en el medio rural. Es un proceso difícil de revertir, concentrador, ya que se produce más con menos unidades de producción. Este sector afinca su producción en un área que es 50 % arrendada, presentando problemas de estabilidad, incertidumbre en la renta y en la realización de inversiones a largo plazo.
Pese a conocer esta situación de la lechería, de las familias tamberas, algunos personajes de la política actual, los “carrasco boys” del agronegocio le dan con un caño a la compra de María Dolores y al Instituto de Colonización. Y no es por el precio, no es por el lugar, ni por el número de beneficiarios porque poco les importa, es por lo que simboliza haber trancado fuerte con los intereses de los ricos y los mercenarios del medio rural, es por tener claro que es una línea de gobierno y que hay más de 100 millones de dólares para compras de tierra. Es dolor simbólico, como les dolió las 8 horas del trabajador rural, es humo, es desgaste y enchastre de una institución relevante para achicar las brechas sociales del medio rural y ser vigía del mercado de tierras ante los especuladores.
Desde el año 1980 hemos perdido 28.000 explotaciones agropecuarias, hoy en día tenemos apenas unas 41.000. Perdimos una población residente del medio rural de alrededor de 170.000 mil personas y redujimos el trabajo asalariado en 50.000 puestos de trabajo, quedando hoy en día unos 110 mil trabajadores. Estos datos nos hablan de un proceso de concentración acelerado de la producción, con una reducción de la población rural que ronda el 4% y nos deja siendo unos de los países con menos gente en la ruralidad de toda América Latina.
También nuestra población general sigue rondando los 3 millones y medio de personas, eso determina un mercado acotado, con un poder de compra limitado que tiene en jaque a los sectores que producen alimentos frescos de la tan nombrada granja y de la industria láctea.
Ya nadie se asombra en los comercios cuando ve una bondiola brasilera, unos chips de papa argentinos, aceite o chacinados de España, espinaca de Holanda, papas fritas de Brasil, vino argentino, vegetales cortados y pelados de Europa, puré de papa deshidratado de la región, durazno enlatados del mundo o mermeladas envasadas en Uruguay de origen extranjero, salsa de tomate de muchos orígenes, ninguno de Uruguay, ajo chino y es larga la lista.

Los cambios en los hábitos de consumo, el predominio de alimentos congelados, enlatados, salsas, jugos y carnes de origen extranjeros, están jaqueando nuestra economía, en especial al sector granjero. El contrabando, las importaciones desmedidas, la falta de agroindustrias procesadoras y la falta de una estrategia de desarrollo que ordene el sistema alimentario, fragmenta toda posibilidad de desarrollo del sector.
Ante los desafíos, se está trabajando en recomponer el tejido social rural, fortaleciendo las organizaciones de base, se activaron las mesas de desarrollo rural como espacios de diálogo de las organizaciones y el estado. Se está trabajando en planes de acceso al agua, tanto de los grandes productores como de la granja, se reafirmó el compromiso de fortalecer al Instituto de Colonización, con recursos para compra de tierras, pero también formando parte de los principales programas agropecuarios planteados para el quinquenio. Se atacó el principal problema tecnológico que tenía la ganadería del país, la necesidad de que nacieran más terneros, ahí está el programa procría trabajando con 1.000 productores ganaderos de pequeña escala, de los cuales casi la mitad son colonos, acercando el mundo del conocimiento técnico a los problemas de la gente, una excelente política de extensión rural que va a repercutir en más trabajo. Se está trabajando conjuntamente con el control de garrapata como política sanitaria productiva, probando vacunas y ajustando el manejo.
Son muchos los esfuerzos, de diferentes instituciones, centrados en generar desarrollo rural. El cambio tecnológico es un hecho, las potencialidades muchas, desde el conocimiento vinculado al agro, hasta la institucionalidad construida. Pero hay un contexto que nos interpela, hay un contexto que nos pide actuar con urgencia, tomar acciones, construir grandes acuerdos que aseguren una vida digna en el medio rural y que redunde en un país más próspero y con justicia social.
Pero las inercias y las lógicas de desarrollo son difíciles de cambiar, la inversión extranjera directa, el agronegocio, las industrias de la celulosa, la concentración y extranjerización de los frigoríficos y los molinos, la concentración en la industria láctea, los capitales especulativos que empezaron a jugar fuertemente en el agro y en las cadenas, el lavado de activos, los esquemas ponzi de inversiones…fueron y son factores determinantes que nos desafían y ponen en riesgo las estructuras productivas desarrolladas por años, y forman parte de nuestra reputación en el comercio exterior.
Este quinquenio es determinante, tenemos que definir nuestro rumbo productivo, nuestra inserción internacional en un mundo convulsionado por la guerra y las presiones arancelarias. Como tomadores de precios es central diversificar nuestra matriz productiva.
Este quinquenio nos desafía a transformar los sistemas de producción a sistemas sostenibles, donde el cuidado de los bienes naturales y los ecosistemas sea parte central de la estrategia de desarrollo. Tenemos que pensar y poner foco en los sistemas de alimentación de nuestra población, porque aquí están los niños y niñas del futuro, nuestras capacidades y nuestra soberanía alimentaria.
Hoy estamos aquí presentes, sabiendo los desafíos de estos tiempos, pero estamos aquí también presentes y trabajando porque tenemos propuestas. Sabemos que podemos torcer esta realidad terca e injusta, porque somos portadores de esperanza y porque trabajamos en colectivo. Con el compromiso intacto
Nuestros veteranos nos interpelan, somos herederos de militantes sociales, de revolucionarios que dejaron su vida en la transformación social. Veteranos que cargan con heridas, con años de cárcel, con discusiones interminables, y muchos sueños. Veteranos que nos enseñaron a cultivar la esperanza, a construir organización, a caminar ahí en los terrones duros de la realidad.
Ahí está el “bebe” Sendic y en él, todos los luchadores de nuestra América Latina.
Las ideas nunca mueren, ¡Habrá patria compañeros!
(*) Colectivo Mate Amargo, es un Colectivo integrado por las y los compañeros que construimos a diario este medio de comunicación popular y alternativo