Por economiapolitica.uy (*)
Héctor Tajam (**)
Dibujo Prof. Adán Iglesias Toledo (***)
En la última década (2016-2025) el crecimiento de la actividad económica en el Uruguay se ha reducido a niveles de cuasi estancamiento. En efecto, medida por la evolución del PIB (Producto Bruto Interno) creció 12% en dicho período, lo que significa una tasa acumulativa anual de 1%. Es obvio que hay una sintonía entre crecimiento económico y empleo. En este caso, el empleo aumentó solamente 6,2% (0.6% anual), medido por la variación del número de personas ocupadas. Esta disparidad entre producción y empleo, dio lugar a un aumento de la productividad por trabajador ocupado (6%), menor al aumento del salario real que fue de 8%. Intentaremos ver esta realidad por sector económico para observar más de cerca la dinámica entre producción y empleo.
Una característica se ha mantenido en este ciclo de lento crecimiento económico: la pérdida de importancia de la industria manufacturera, una tendencia des industrializadora que desentona con la gran disponibilidad de recursos e insumos naturales por habitante que goza nuestro país. Este proceso se ha generado a medida que se diversificó la producción en el sector primario, principalmente el agropecuario, pero cuya transformación última en la cadena de valor específica se ubicó fuera de nuestras fronteras. Es lo que se ha denominado modelo extractivista, donde sin duda destacan la expansión del cultivo de soja y las plantaciones forestales, que lideran, junto con la carne, el ranking de las exportaciones. A su vez, la competencia exterior prácticamente ha liquidado al sector de vestimenta y calzado, otrora muy dinámico en la demanda de puestos de trabajo.

Este fenómeno se inscribe a su vez en la evolución de la actividad económica de los sectores de la producción material (Agro, Industria manufacturera, Construcción y Electricidad, Gas y Agua), siempre por debajo del PIB global, como apreciamos en la gráfica 1 del Anexo. El soporte principal entonces del crecimiento se ha situado en la oferta de servicios, privados y públicos. El aumento del empleo se corresponde con este perfil productivo (Gráfica 2), pues la creación de empleo en los sectores productores de servicios ha sido determinante para el resultado global al cabo de la década. En cambio el nivel de empleo de 2025 en los sectores de la producción material apenas supera el registrado en 2019, pero con un volumen de producción superior ha aumentado la productividad un 11% con respecto a 2016.
Cuando se habla de mejorar la competitividad, cada vez más urgente en una coyuntura de apertura de la economía nacional (acuerdos con los países europeos de la UE y de EFTA, y también con China), se hace imprescindible incrementar la productividad, especialmente de los productores de bienes transables (exportaciones) que se ubican en la producción agropecuaria y en la industria manufacturera. Lo ideal es hacerlo con igual o superior personal ocupado, pero se ha hecho disminuyéndolo, especialmente en la industria manufacturera.
En efecto, la industria manufacturera es el sector con mayor crecimiento de la productividad por personal ocupado, pero lo ha hecho de una manera espuria, en función de un débil crecimiento productivo con una mayor disminución del empleo (Cuadro 1 del Anexo). Sin duda podría ser consecuencia de la introducción de nuevas tecnologías que sustituyen mano de obra, lo cual es improbable, pero si es indudable en los servicios, especialmente en el sector financiero y en el relacionado con la informática y las comunicaciones, ambas de mayor dinámica productiva y con aumento del empleo.
En la industria manufacturera es generalizado el aumento de la productividad a expensas del empleo, incluso en los segmentos más importantes que procesan materias primas agropecuarias, como la industria de la carne, la fabricación de productos lácteos, la industrialización del arroz, la producción de malta. Las actividades industriales que más crecieron en el período, productoras de vidrio y sus productos, de abonos, plásticos, de maquinaria, equipo y vehículos automotores, lo hicieron con menor empleo al registrado en 2018, y por tanto con grandes ganancias en productividad y beneficios. Encontramos solamente dos industrias relevantes que manifestaron crecimiento en su producción asociado a un aumento del personal ocupado, la producción de pesticidas y la fabricación de pasta de celulosa, esta última seguramente asociada a la puesta en marcha en 2023 de la nueva planta de UPM en Durazno.
Hay todo un desafío en esta situación, cuando el desarrollo futuro de las políticas públicas está tan sujeta al crecimiento económico, pero especialmente aquellas dirigidas a las situaciones de emergencia social que no tendrán una solución sostenible si no se enmarcan en un proceso de empleo genuino y estable. Pero además debemos considerar que dichos aumentos en productividad no se han visto reflejados en las remuneraciones de los trabajadores de las industrias manufactureras, aunque desde otra perspectiva han balanceado la pérdida de competitividad de los exportadores y de muchos productores para el mercado interno fruto del famoso “atraso cambiario”. Lo cual nos indica que el ajuste se ha venido realizando por el empleo, nada nuevo cuando el poder real empresarial no ha dejado de aumentar.
Empleo y salario determinan el valor de la masa salarial recibida por los trabajadores. En el año 2016 el valor de las remuneraciones de los trabajadores representaba el 42% del PIB (Producto Interno Bruto), y los beneficios empresariales el 38%. En 2022, última información del BCU (Banco Central del Uruguay) la situación se había emparejado en 40% de participación tanto para el trabajo y como para el capital. De allí en adelante, en función sobre todo de la recuperación salarial, a 2025 seguramente el trabajo haya recuperado su lugar en el PIB del año 2016. Una década sin cambio estructural en la distribución del ingreso nacional.
ANEXO
Gráfica 1

Gráfica 2

Cuadro 1

(*) EconomiaPolitica.uy es un Programa de asesoramiento, investigación y formación en Economía Política.
(**) Héctor Tajam es Economista, Director del Programa EconomiaPolitica.uy y Columnista de Mate Amargo. Fue Diputado (2005/10) y Senador (2010/15) por el MPP – Frente Amplio. Miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)
(***) Prof. Adán Iglesias Toledo, Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC. Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero.