Mate Amargo, continuando el homenaje a Raúl “Bebe” Sendic en el acto del pasado viernes 24 de abril.
Por Colectivo Mate Amargo (*)
Buenas noches compañeras y compañeros.
Hoy nos encontramos en esta esquina para homenajear a Raúl Sendic, al “Bebe”. Nos reunimos a recordar a aquél compañero que marcó tantas vidas, que donde pisó dejó su huella, como nos hizo notar “Pinduca” al principio. Pero sobre todo nos encontramos a reivindicar su legado, y la senda que con su ejemplo dejó trazada.
Raúl Sendic, si sólo fuera por su nombre, podría haber pasado a la historia como un abogado más, de aquellos que en aquel entonces sólo sabían defender los intereses de grandes empresas extranjeras. No lo hizo: decidió ir hacia otros lugares, más al norte, donde las letras de las leyes y los derechos laborales no llegaban a conocer la realidad. Donde el trabajo no conocía jornadas de 8 horas, descansos, etc. pero mucho menos conocía incluso de salarios, donde la suiza de américa era -más que en ningún lado- un cuento de hadas. De allí en más, decidió dar la vida a organizar. A que, colectivamente, se pueda luchar para alcanzar otra realidad.
Ese ejemplo, precisamente, es uno de los mayores legados que nos dejó.
A 61 años de aquel 24 de abril de 1962 en el que un puñado de peludos y peludas decidieran marchar rumbo a Montevideo, muchas cosas han cambiado, pero otras siguen teniendo -quizás de otra forma, pero teniendo al fin- los mismos problemas que por aquel entonces.

Cuando hablamos del “Bebe”, una de las primeras cosas que se nos viene a la mente -o por lo menos a mí- es aquel inolvidable “POR LA TIERRA Y CON SENDIC”, que surge desde -como él mismo decía- los “comensales de clase B” y que denota la trayectoria de entrega y lucha que mantuvo durante toda su vida; pero no solo eso, también deja claro lo presente que tenía ciertas luchas como por ejemplo el acceso a la tierra por medio de Colonización.
Hoy, el despoblamiento de la campaña es más que nunca un problema. En este marco queremos reivindicar la importancia trascendental de que los jóvenes comiencen a acceder a la tierra para contribuir a la modificación del modelo productivo llevándolo a la creación de empleos dignos, a la agricultura familiar y la autogestión del trabajo, promoviendo la inserción laboral de los jóvenes en el medio rural y así involucrarnos para asegurar el recambio generacional, la sostenibilidad de recursos, y una justa distribución de la riqueza. Generando espacios para impulsar la educación en el territorio donde poder implementar la educación popular, ya que la formal en estos temas no está logrando los resultados necesarios para revertir los procesos de extranjerización y concentración de la tierra, así como tampoco una mirada crítica sobre el modelo extractivista de producción.
Las capacitaciones deberían verse reflejadas en los ingresos que se perciben, la mayoría de las veces no es el caso, un ejemplo de ello son los estudiantes de las mencionadas especializaciones que acceden a ciertos puestos de trabajo percibiendo como peón no especializado, promovido por la asociación de cultivadores de arroz en la creación de nomenclatura de categoría laboral en los consejos de salario año 2010, y es intención de las patronales que se mantengan así hasta el día que se jubilen.
Factores como estos terminan socavando derechos y develando la resistencia en las empresas rurales para llevar adelante procesos organizativos que promuevan cambios en materia de salud y seguridad laboral, imperiosa necesidad de ellos para revertir la infame estadística encabezada por una gran cantidad de compañeros muertos en sus lugares de trabajo.
La vigencia del pensamiento del “Bebe” sobre el cuidado de los bienes comunes en la contemporaneidad, la lucha por revertir el cambio climático y el cuidado del medio ambiente es poner al ser humano en el centro y la distribución de la tierra es incorporar luchadores a esta trinchera.
Viendo esta realidad y cómo me toca ya que pertenezco a uno de los núcleos familiares de la Colonia Daniel Viglietti ,una colonia de asalariados rurales, me atrevo a decir de que hay que trabajar en condiciones de acceso diferenciadas para el ingreso a la tierra, porque no es lo mismo al inicio que jóvenes y asalariados rurales en su mayoría descapitalizados ingresen pagando el mismo monto de renta -por decir algo- que productores con 200 há o más índice coneat 100 que ya cuentan con un colchón que los respalde.
Aquellos que ya han pasado por ese proceso, o lo están pasando, son los que con su experiencias tienen que ayudar a allanar el camino de los que asumen el desafío, hoy día se presentan anualmente alrededor de 1.500 familias solicitando el ingreso a tierras del INC, instituto que ha sufrido sistemáticos embates por parte de los modelos neoliberales, y en este periodo recibió la estocada de recorte presupuestal de 30.000.000usd anuales pero como decía el “Bebe” Sendic “el río da muchas vueltas pero sabe a dónde va”
También es importante que los técnicos asuman un rol activo en la construcción y organización de estos procesos transformadores para que con su conocimiento puedan contribuir a la modificación de la matriz productiva y a la conservación de nuestros recursos para las nuevas generaciones.
Si no generamos herramientas que aseguren la sostenibilidad y mejoren la calidad de vida de las familias en el campo, si no se establece un ingreso mínimo para las escalas más pequeñas de la producción, si no se entiende el rol protagónico que deben de tener la mujer en la ruralidad, si la reforma jubilatoria no contempla la injusticia histórica que se ha hecho con los trabajadores y trabajadoras rurales y pequeños productores familiares, vamos a fracasar con total éxito con lo de llevar adelante un modelo de producción más amigable y mitigar la histórica problemática de la migración del campo a la ciudad.
Para todo eso, la organización es clave. Así se ha ido demostrando durante años y así lo demostraron los gurises del IAVA, que a un par de cuadras de acá lograron que Silva y Cherro tengan que recular en chancletas en su estrategia constante de persecución a los gremios y sindicatos de la educación. Así también se demuestra cuando cada 21 de abril somos más recordando el terrorismo y cómo asesinaron a sangre fría a Laura, Diana y Silvia, cuando cada 20 de mayo somos más pidiendo memoria, verdad, justicia y nunca más, porque la verdad la queremos toda.
El germen que dejó plantado el “Bebe” sigue desarrollando sus raíces.
Si usté es hombre esté alerta
que el momento llegará
Raúl Sandí se encargará
de pegar a tiempo el grito
y en este Uruguay bendito,
otro gallo cantará
En la estrella tupamara se refleja el compromiso de cada compañera y compañero que lucha por un mundo mejor, por justicia, por igualdad, por la tierra, por un frente grande donde quepamos todas y todos, sin excluidos.
¡Habrá patria para todas y todos!
(*) Colectivo Mate Amargo es un colectivo integrado por las y los compañeros que construimos a diario este medio de comunicación popular y alternativo.