MEVIR, urbanización y desafíos territoriales
Por Diego Duarte Calleja (*)
Lo que este artículo propone es una lectura de MEVIR no solo como política de vivienda, sino como una política pública que, en la práctica, produce ciudad en buena parte del interior del país.
Desde hace más de medio siglo, la política habitacional desarrollada por el Estado uruguayo a través de MEVIR ocupa un lugar singular en la historia del país. Creada en 1967, a impulso del Dr. Alberto Gallinal, la Comisión Honoraria Pro Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural (MEVIR) surgió como respuesta a una problemática estructural: las condiciones de vida de miles de familias rurales que habitaban viviendas precarias, carentes de servicios básicos y expuestas a múltiples formas de vulnerabilidad social.
A lo largo de las décadas, MEVIR se consolidó como una de las políticas públicas más reconocidas y valoradas del Uruguay. Su modalidad de esfuerzo propio y ayuda mutua no solo permitió mejorar sustantivamente la calidad material de la vivienda, sino que también fortaleció la organización comunitaria, promovió el arraigo territorial y contribuyó a sostener la vida social en amplias zonas del interior del país. En territorios históricamente relegados por el mercado y con escasa presencia estatal, MEVIR logró construir continuidad institucional, legitimidad social y resultados sostenidos en el tiempo.

No obstante, como toda política pública de larga trayectoria, MEVIR ha desplegado su acción sobre un territorio profundamente dinámico. El Uruguay rural de fines de los años sesenta difiere sustancialmente del actual. En las últimas décadas, la población rural dispersa disminuyó de forma sostenida, las actividades productivas se reestructuraron y muchas pequeñas localidades comenzaron a concentrar población, servicios y funciones que tradicionalmente se asociaban a lo urbano.
Desde los estudios urbanos y territoriales, estos procesos han sido interpretados como formas de urbanización, en las que las fronteras entre lo rural y lo urbano se vuelven porosas. En países con alta primacía urbana, como Uruguay, buena parte de estas transformaciones no ocurre en las grandes ciudades, sino en pueblos, ciudades pequeñas y áreas periurbanas del interior. En estos espacios intermedios, la acción del Estado adquiere un rol especialmente estructurante, dado el carácter débil -y en algunos casos inexistente- del mercado inmobiliario y de suelo.
Es en este contexto donde una parte significativa de las intervenciones actuales de MEVIR adquiere una nueva dimensión. Hoy, numerosos programas habitacionales se desarrollan en localidades pequeñas y áreas periurbanas que ya no pueden pensarse únicamente desde la lógica de la ruralidad dispersa. Allí, la construcción de viviendas implica necesariamente la apertura de calles, alumbrado público, recolección de residuos, generación de espacios públicos y de servicios, extensión de redes de agua, saneamiento y energía, la generación de nuevos barrios y la redefinición, explícita o implícita, de los límites urbanos.
Estas intervenciones no solo producen vivienda, sino que generan suelo urbano, infraestructura y equipamientos. Esto permite afirmar que la política habitacional no actúa únicamente sobre el déficit habitacional, sino que incide directamente en los procesos de producción del espacio urbano.
Reconocer que la política de vivienda “hace ciudad” no supone alterar el sentido social de MEVIR, sino comprender la amplitud de sus efectos territoriales. La ciudad, entendida desde la planificación urbana, no es solo un conjunto de edificaciones, sino un entramado de infraestructuras, normas, usos del suelo, prácticas cotidianas y relaciones sociales que organizan la vida colectiva. Cada intervención habitacional, especialmente en localidades pequeñas, incide de forma acumulativa sobre ese entramado.
En estos contextos, la localización de los núcleos de viviendas, su relación con la trama preexistente y su articulación con los servicios y equipamientos urbanos adquieren un peso significativo. En localidades de escala reducida, donde cada intervención representa una proporción relevante del tejido urbano total, los efectos territoriales de la política habitacional se vuelven particularmente visibles.
Desde este punto de vista, resulta pertinente identificar algunos desafíos estructurales asociados a estos procesos. Uno de ellos es profundizar la articulación entre la política habitacional y los instrumentos de ordenamiento territorial, de modo de fortalecer la integración urbana de los nuevos barrios y anticipar las demandas futuras de infraestructura, servicios y equipamientos. Este desafío no es exclusivo de MEVIR, sino que involucra a los gobiernos departamentales y municipales, responsables de la planificación y la gestión del suelo urbano.
Otro aspecto relevante es el impacto de la inversión pública en vivienda sobre el valor del suelo y la estructura urbana de las localidades. En territorios donde el mercado inmobiliario es débil, la política habitacional se convierte en uno de los principales motores de transformación urbana. Reconocer este rol permite avanzar hacia una mirada más integrada entre vivienda, suelo, infraestructura y espacio público, fortaleciendo la eficiencia territorial de la inversión pública.
Asimismo, desde una perspectiva socio-territorial, resulta valioso seguir profundizando los mecanismos de integración de los nuevos barrios al conjunto de la localidad. La experiencia histórica de MEVIR en materia de organización social y participación constituye un activo fundamental, que puede seguir potenciándose en contextos urbanos incipientes, favoreciendo la construcción de vínculos comunitarios más amplios y la apropiación colectiva del espacio urbano.
Estas reflexiones buscan aportar al fortalecimiento conceptual e institucional de MEVIR, en un contexto territorial cambiante. Pensar la vivienda desde una perspectiva que incorpore explícitamente su dimensión urbana y territorial permite anticipar desafíos, reducir costos futuros y maximizar los impactos positivos de una política que ha demostrado una notable capacidad transformadora.
En un país donde buena parte de las dinámicas urbanas se juegan en pueblos y ciudades pequeñas del interior, resulta clave visibilizar estos procesos. La ciudad no se construye únicamente a través de grandes planes urbanos: también se construye de manera cotidiana, a través de políticas habitacionales que inciden directamente en la forma de habitar, convivir y producir comunidad.
Asumir estos desafíos abre la posibilidad de profundizar una política habitacional que, además de garantizar el derecho a la vivienda, contribuya de forma más consciente a la construcción de ciudades y territorios mejor integrados.
(*) Diego Duarte Calleja es Licenciado en Trabajo Social (Facultad de Ciencias Sociales – Universidad de la República). Especialista en Estudios Urbanos e Intervenciones Territoriales por Facultad de Ciencias Sociales (UdelaR) y Doctorando en Estudios Urbanos por la Universidad Nacional de General Sarmiento UNGS de Bs As Argentina. Desde hace 10 años trabaja en MEVIR, Treinta y Tres