Las complejidades del diálogo en Asia Occidental

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Carlos Novoa (*)

 

La primera ronda de las denominadas como “Islamabad Talks” ha concluido sin ningún acuerdo entre las partes. Luego de más de 20 horas continuas de negociación, ambas delegaciones se retiraron exhaustas, culpándose mutuamente por la falta de acuerdo. Luego de esto Trump anunció el inicio este 13 de abril de un bloqueo naval estadounidense en el Estrecho de Ormuz. Bloqueo que, en la lógica de la Casa Blanca, sería una manera de forzar el fin del control iraní del Estrecho. Sin embargo, este 14 de abril trascendía a los medios de comunicación que al menos un barco chino habría logrado cruzar por el Estrecho ayer, a pesar del anuncio norteamericano.

Los principales puntos de negociación entre Estados Unidos e Irán giraron en torno a los siguientes elementos:

  • Poner fin a todo enriquecimiento de uranio en Irán por, al menos, los próximos 20 años.
  • Desmantelar todas las principales instalaciones de enriquecimiento nuclear.
  • Irán debe entregar al menos un 60% de su uranio enriquecido.
  • Aceptar un marco más amplio de paz, seguridad y desescalada que incluya a los aliados regionales (aquí léase, en primer lugar, Líbano).
  • Abrir plenamente el estrecho de Ormuz y eliminar los peajes de tránsito.
  • El monto de los fondos iraníes congelados que serán desbloqueados.

Mientras las conversaciones ocurrían, dos destructores norteamericanos con sus grupos de asalto intentaron cruzar el Estrecho de Ormuz con los sensores apagados y fueron detectados y forzados a retirarse por la Guardia Revolucionaria.

Varias fuentes han comenzado a hablar de la posibilidad de una segunda ronda de negociaciones en el futuro cercano y Trump ya salió públicamente a dar un plazo de dos semanas a los persas para cerrar un trato. Sin embargo, el delicado proceso de negociación en curso descansa sobre el más precario de los soportes. Tan precario, que quizás no resista el peso de los intereses que debe sostener.

Por un lado, Irán llega fuertemente golpeado, pero no derrotado. La resistencia, resiliencia y capacidad de respuesta de la república islámica excedió cualquier análisis posible de sus enemigos. No solo no se ha producido el cacareado “cambio de régimen”, sino que Irán ha demostrado la extrema vulnerabilidad de la infraestructura militar anglo-sionista en la región, las insuficiencias de sus ultras costosos sistemas antiaéreos y la fragilidad de toda la infraestructura energética de la región.

La doctrina militar iraní ha demostrado ser correcta y perfectamente adaptada al tipo de guerra asimétrica a la cual ha sido sometido el país. Su estructura de mosaico en la toma de decisiones y las múltiples capas sucesorias en cada nivel de dirección hacen que, por un lado, el sistema mantenga su funcionalidad sin importar las pérdidas humanas y, por el otro, evita que se generen vacíos de poder, lo que hace la estructura militar y política del país virtualmente invulnerable.

Sin dudas las pérdidas de importantes y experimentados cuadros siempre dañan la funcionalidad de la estructura, pero no la paralizan. Y su lógica del Talión en materia militar, profundamente anclada en la cultura mesopotámica y persa, ha llevado a sus enemigos a un cálculo cuidadoso de sus acciones, sabiendo que cualquier paso en falso podría desencadenar un escenario aún peor en la arena regional.

La internacionalización del conflicto, muy criticada en Occidente y usada como un elemento contra Irán, es un resultado inevitable. Los estados árabes del Golfo han aceptado, históricamente, el uso de sus territorios con fines militares por parte de Estados Unidos. Las empresas norteamericanas están fuertemente entrelazadas con el tejido productivo regional y ganan tanto con la guerra como con la extracción de los recursos naturales. Más aún, todos estos estados han permitido el paso de aeronaves israelíes en rumbo a atacar a Irán. Les han proveído información de inteligencia y han actuado como defensas tempranas contra los drones y misiles iraníes dirigidos contra el ente sionista. Si Irán quería tener alguna posibilidad real de resistir en el actual conflicto, tenía y tiene que neutralizar las capacidades enemigas en los países árabes, tanto militares como económicas.

Igualmente ocurre con el estrecho de Ormuz. El control de este paso es un tema de seguridad nacional para Irán, así como su principal basa de negociación de cara a cualquier acuerdo futuro. Irán ha demostrado que puede ejercer un control pleno e indisputado en la zona, haciendo prácticamente imposible su reapertura por cualquier potencia externa ante los potenciales costos militares. El Estrecho y su control sobre él es la principal herramienta que posee Irán para garantizar una paz duradera y la recuperación económica del país. Ceder en este punto tiene implicaciones incluso de seguridad nacional para el país, más a la luz de todas las agresiones recientes. Por esto considero poco probable que Irán acepte en cualquier proceso de negociación un retorno al anterior estatus de esta ruta comercial.

Adicionalmente, llega a este proceso de negociación con una profunda desconfianza. Estados Unidos e «Israel» ya han atacado arteramente en medio de dos procesos de negociación previos y no es descartable que lo hagan nuevamente. A esto se añade que la guerra ha reforzado la cohesión de la población iraní en torno a la República Islámica y sus objetivos militares, lo cual, sumado a los logros en el campo de batalla, colocan al país en una muy ventajosa posición negociadora.

Estados Unidos, por el contrario, llega en una posición de debilidad relativa que no pueden ocultar las altisonantes declaraciones victoriosas y fanfarronadas del presidente, su secretario de Guerra y otros voceros. Irán ha golpeado o destruido la totalidad de la arquitectura militar estadounidense en la región de Asia Occidental. Las pérdidas en equipos y hombres son significativas. Los radares, pieza clave en el entramado defensivo anglo-sionista, han sido diezmados críticamente, reduciendo las capacidades de alerta y respuesta. También sus stocks de costosos misiles interceptores y de crucero, los cuales se han agotado a un ritmo varias veces superior a la capacidad de producción de su industria.

Para cubrir el equipo dañado, Estados Unidos ha debido traer baterías antiaéreas de otras regiones, dejando desprotegidos a aliados como Corea del Sur. Europa ha debido plantarse con firmeza, al estilo de la tibia firmeza europea, por supuesto, para que Estados Unidos no desmontara también los sistemas ubicados en la frontera oriental con Rusia.

Como un elefante en una cristalería, Trump ha lanzado ofensas y amenazas a todos sus aliados por no aceptar sumarse a una guerra de cuyo inicio no fueron informados y para la cual no fueron ni siquiera consultados. Siendo ellos, los europeos, sobre todo, los más dependientes de las importaciones petroleras del Golfo. El presidente norteamericano ha vuelto a retomar sus ataques contra la OTAN, organización a la cual llegó a calificar como “tigre de papel”, al mejor estilo maoísta. 

Adicionalmente, el prolongado cierre selectivo iraní del estrecho de Ormuz, ha disparado los precios del petróleo y con ellos los costos de la vida en los Estados Unidos. Aunque el país es un gran productor de petróleo, su producción se cotiza al precio del mercado mundial, lo cual implica que, si sube el precio de referencia, sube el precio del diésel y la gasolina que se bombea en las gasolineras del país. Esto, en un año de elecciones de medio término, tiene consecuencias más pronunciadas en la opinión pública interna que el asesinato de cientos de niñas en una escuela en Irán, por desgracia.

A la torpeza del presidente se suma la del inexperto y arrogante secretario de Guerra, que en pleno conflicto se ha dedicado a despedir a una docena de generales, todos cuadros experimentados, con conocimiento operativo y liderazgo en las estructuras militares. La clave de esta decisión parecen ser los crecientes cuestionamientos a la guerra en curso y la forma que se ha gestionado, en contra incluso de los criterios de numerosas voces en el Pentágono. Si el pantano iraní no se resuelve en una forma que la administración pueda vender como una victoria, no es descartable que Hegseth se convierta en el “chivo expiatorio” de una guerra criminal y absurda, iniciada sin un fin claro.

Trump es sumamente sensible a las encuestas y la bolsa, y ambas están arrojando números preocupantes. Mantener la guerra implicaría, forzosamente, escalarla, con consecuencias aún más catastróficas. Un acuerdo de paz, salvo que los negociadores norteamericanos logren alguna sorpresiva capitulación iraní, implicaría hacer concesiones al país persa difíciles de vender como victoria.

El ente sionista, por su parte, no parece estar especialmente contento con la perspectiva de una paz. Sobre todo, porque esta fortalecería a Irán, su imagen y sus aliados en la región, incluyendo al temido Hizbullah, que como el fénix renace con más fuerza cada vez que “Israel” cree haberlo derrotado. Es muy probable que el sionismo empuje para provocar una ruptura del diálogo y un reinicio de la escalada. 

Estados Unidos entró a la guerra sin objetivos claros o impulsado por los objetivos israelíes. “Israel” tiene un plan claro: desmontaje de la República Islámica y concreción del proyecto colonial del Gran Israel, lo cual incluye, en lo inmediato, concluir la obra genocida en Gaza, Cisjordania y Líbano. Un Irán fortalecido, con capacidades militares intactas, pleno control del estrecho de Ormuz, sin sanciones y llegando a un posible entendimiento con Estados Unidos es la peor pesadilla del genocida Netanyahu y los intereses que representa.

(*) Carlos Novoa, periodista y escritor venezolano

(**)  Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capitulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos, y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales y ha sido premiado por más de 40 veces en su país y otros países.

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