Por Martín G. Delgado Cultelli (*)
Dibujo, Adan Iglesias Toledo (**)
El próximo 31 de mayo se va a estar realizando en Colombia, la primera vuelta electoral para las presidenciales. Pero estas no solo son simples elecciones, no solo por el contexto regional de avances de las derechas alineadas al Tío Sam, sino porque la campaña electoral de Ivan Cepeda y Aida Quilcue rompe con todos los esquemas electorales de los últimos años.
La izquierda en el gobierno colombiano, representada en el liderazgo de Gustavo Petro, ya había mostrado un estilo que ha cierto progresismo conosureño le vendría bien recordar. Petro, además de tener un liderazgo carismático y de impulsar una agenda progresista, no tuvo miedo de confrontar cuando fue necesario. Y no solo con la oligarquía vernácula sino también con las presiones geopolítica, comerciales y militares de Israel y Estados Unidos. Incluso cuando enfrentaba fuertes oposiciones de parte de la derecha local o de Trump, llamo a la movilización social para que lo respaldara y respaldara su agenda de derechos. En cierta medida gobernó con los sectores sociales movilizados, algo que ha cierto progresismo se le ha olvidado.

Cepeda no solo se monta en esta ola impulsada por Petro, sino que le da su propio estilo. Al igual que Petro, Cepeda no teme en confrontar con las oligarquías locales y las presiones imperialistas, así como también llamar a la movilización popular en la defensa e impulso de las conquistas sociales. Pero a diferencia de su antecesor, él tiene un estilo mucho más sobrio. Explícitamente Cepeda ha dicho que detesta la política del espectáculo y que él viene a hacer política seria para la gente. Su tono sobrio y alejado de los grandes medios no quita la potencia de su mensaje, ni su capacidad de confrontar con los sectores poderosos en beneficio para los de abajo.
Pero su alejamiento de la política del espectáculo también esta en el hecho de que ha rechazado la contratación de grandes empresas de marketing político y se ha reusado a gastar millones en la campaña electoral. Su campaña es realmente humilde y modesta, apelando más a la militancia que a los politólogos profesionales y los grandes medios.
Su designación de la lideresa indígena nasa Aida Quilcue como su vicepresidente, no estuvo alejada de controversia. Muchos dijeron que la “india” no juntaba votos. Otros que para ganarse a los “moderados” e “indecisos” había que poner de segundo a un empresario blanco y centrista. Sin embargo, él estuvo firme en que había que reconocer la potencia del movimiento indígena colombiano. Que Quilcue, representa a la Colombia diversa y humilde que viene de los territorios golpeados por el narcotráfico y la guerra. Que esa Colombia multiétnica y campesina era la que le iba a dar la victoria.
Rompiendo todos los esquemas de marketing político que sigue el progresismo desde los años 90, el Pacto Histórico se lanzo a una campaña electoral con candidatos bien de izquierda, que no temen confrontar y económicamente modesta. Con menos show y cámaras de tv y más militancia de base. Con single pegadizo, pero con consignas sociales fuertes. Y muchos reels de redes sociales sin ocultar la identidad política de la izquierda.

Cualquier analista político y de marketing diría que eso no le va a funcionar políticamente. Sin embargo, las encuestas dan a la formula Cepeda-Quilcue como primera con un 44%, muy por delante de los candidatos de derecha (casi duplicándolos). Incluso se esta manejando la posibilidad de que el Pacto Histórico pueda ganar en primera vuelta, con más del 50% de los votos y no sea necesario un balotaje. Esto demuestra que no es necesario el moderadismo y abandonar banderas para que la izquierda pueda ganar una elección.
Es más, en las últimas elecciones en Latinoamerica, a los progresismos les ha ido muy, pero muy mal. Incluso los que han logrado ganar, lo han hecho de forma muy empatada. Esto significa que el modelo electoral político neoliberalizado que ha incorporado el progresismo desde los 90, no es eficaz para enfrentar a la derecha radical. Estamos viendo el agotamiento del modelo progresista emergido desde los 90.
Si el Pacto Histórico en Colombia logran ganar las elecciones en primera vuelta, no solo darán un impulso a un progresismo agotado. No solo lograran defender un bastión progresista en una región que gira hacia el conservadurismo. Sino que nos mostraran una nueva forma de hacer política. Nos mostraran un nuevo camino para la izquierda, un camino en donde no tenga que claudicar banderas para ganar una elección. Un camino en donde no se sacrifica la identidad política. Colombia es la esperanza del continente. Todos los ojos en Colombia.
(*) Martín G. Delgado Cultelli, militante charrúa y del movimiento Indígena latinoamericano. Experto en Pueblos Indígenas, Derechos Humanos y Cooperación Internacional, Universidad Carlos III de Madrid.
(**) Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capitulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos, y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales y ha sido premiado por más de 40 veces en su país y otros países.