Las elecciones que Washington no quiere que Colombia gane

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Por Ricardo Pose (*)

Más de 41 millones de electores colombianos deciden este 31 de mayo el rumbo de su país en unas elecciones que desbordan la política interna. Lo que está en juego es si Colombia continúa el camino de la soberanía o regresa a ser plataforma de proyección militar de Washington sobre América Latina.

La campaña presidencial de Colombia llegó a su recta final envuelta en violencia política. Asesinatos de candidatos, atentados y amenazas contra dirigentes sociales y de izquierda se acumulan en el registro de un proceso convulsionado.
Más de 1.100 observadores internacionales controlarán la jornada, mientras el presidente Gustavo Petro denuncia una maniobra de desinformación diseñada para dañar la candidatura del senador Iván Cepeda, con señalamientos hacia el Hondurasgate, trama de la derecha internacional orientada a desestabilizar gobiernos progresistas en la región. La violencia en las calles y la guerra de narrativas en las redes forman parte de un mismo operativo.
A esa presión externa se suma una fractura interna en la arquitectura electoral. El Pacto Histórico alerta sobre las garantías del software de escrutinio, cuyo control recae en cuatro empresas privadas: Thomas Greg, ASD, Indra y JAHV McGregor. El cuestionamiento tiene historia. En procesos anteriores estas herramientas fueron señaladas por fallas en la trazabilidad de los votos y errores que modificaron resultados en partidos como MIRA, Colombia Justa Libres y el propio Pacto Histórico. El Estado colombiano aún no ha desarrollado la capacidad de garantizar por sí mismo la integridad del sistema, y esa debilidad pesa sobre cada papeleta.


Colombia en el tablero geopolítico

Entender por qué estas elecciones importan más allá de sus fronteras exige mirar el mapa con distancia. La tercera población más grande de América Latina, con más de 50 millones de personas, y la cuarta economía de la región no son datos menores para Washington. Colombia ha sido históricamente un enclave prioritario en la estrategia geopolítica de Estados Unidos en el continente, y los Acuerdos de Paz desmantelaron una pieza clave de esa arquitectura. El Plan Colombia había posicionado a Washington al frente de siete bases militares en suelo colombiano, convirtiéndolas en plataforma de movilización hacia el resto del hemisferio. Con los acuerdos, ese dispositivo quedó suspendido.

(TeleSur)

 

(*) Ricardo Pose, es Periodista en: Mate Amargo, Caras & Caretas, Ceiba Periodismo con Memoria; Coordinador WEB Telesur; Columnista de El Otro País, periódico España; y radial en Cadena del sol (Rocha-Uruguay), Radio Gráfica de (Bs. As.-Argentina), Voces en Conversa (Maracaibo-Venezuela). Blog personal «El Tábano». Participa en Foros de debates de Lauicom (Universidad de la comunicación Venezuela). Integra la RedH capítulo Uruguay y la Dirección (suplente) del Sector Prensa Escrita de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU)

 

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