Por Gabriela Cultelli (*)
Ciro Alegría, aquel escritor peruano que publicó su novela “El mundo es ancho y ajeno” en 1941 y murió en 1967, no sé si se imaginó que tantos años después la esencia del sufrimiento de aquel pueblo, siguiera igual cómo la contó por aquellos años. Al título de su novela debemos el de este artículo, novela indigenista que removió las almas de tantos y tantas en nuestro continente y el mundo, que nos ayudó a mirar para adentro en tiempos que un “afuera” imperial se nos venía arriba, tal como sucede hoy, y que viene sucediendo desde fines del siglo XIX, salvo algunos procesos puntuales temporal y/o territorialmente definidos en nuestra Patria Grande.
Y así sucedió en la tierra hermana el pasado 12 de abril, en la primera vuelta electoral luego del golpe de estado de hace más de 3 años, y de cambios de mandatarios por otras irregularidades desde octubre pasado. Los comicios que se dieron hace pocos días, definían al futuro presidente/a, vicepresidente, parlamento nacional y andino. Tuvieron una relativamente alta participación con poco más del 70% de los habilitados, y un 7% del total de votos en blanco, más allá de un montón de irregularidades que aparecen como denuncias, tanto en redes como en algunos medios (circuitos que no abrieron o que abrieron tarde, etc.). Como señalara la propia Oficina Nacional de Procesos Electorales del Perú en su referencia, estas elecciones “fueron las más complejas de la historia”, y por diversas razones que incluyen desde contar solo con el 58% del presupuesto requerido, como por la cantidad de partidos anotados que, y como bien sabemos los/as uruguayos/as, más que “democracia” y “transparencia”, resulta un juego a esas definiciones, pues la gente termina votando sin saber exactamente por quién, pero sobre todo, por qué votó. El resultado fue Keiko Fujimori, la ultraderechista, en primer lugar, a enfrentarse en una segunda vuelta con el progresista Roberto Sanchez, quien fuera ministro en tiempos del depuesto presidente de izquierda Pedro Castillo. El empresario Rafael Lopez-Aliaga quedó en un tercer lugar con solo 24 mil votos menos que Roberto Sanchez, lo que parece indicar un vuelco “democrático” a la derecha. Fueron 54 las muertes a raíz de los alzamientos populares tras el derrocamiento de Castillo, que hoy vuelven con fuerza a nuestra memoria.

Sin embargo, en Colombia y en la última encuesta realizada entre el 15 y el 24 de abril pasados, a un mes de las elecciones, los resultados favorecen notoriamente al candidato progresista Iván Cepeda, cosa que además refleja un crecimiento de 7 puntos porcentuales para el candidato de Petro, que ante las mejoras económicas ya notorias para las mayorías, y la estabilidad conseguida, asciende en las simpatías populares, peeeerooo… y posiblemente ante tales resultados o al menos con sus efectos no recogidos en las encuestas, un atentado terrorista cobró la vida de 14 personas, dejando a otras 35 heridas, en la zona del Cauca y en una populosa carretera, el día 25 de abril, sumándose a otros eventos de inestabilidad. Habrá entonces que esperar.
Otra tan mala como acostumbrada noticia, fue la visita de Milei, el presidente argentino, a Israel y los abrazos eufóricos con el genocida Netanyahu. Genocidio que continúa, y ya suman miles y miles las muertes, agregándose otras 6 víctimas mortales más en el último bombardeo de Israel contra la Franja de Gaza, y más niños destrozados entre los brazos y llantos de sus padres, según nos muestran las imágenes. Mientras tanto, el sionismo asesina niñas en Irán y acribilla periodistas y trabajadores de las comunicaciones en El Líbano, donde las y los colegas abatidos suman ya 27 desde la última agresión israelí del 2 de marzo. Porque informar, parece haberse convertido en un delito capital, para los nazi-sionistas de hoy.

“Siempre el mundo será ancho, pero ya no será ajeno…”
“Los tiempos están cambiando,
Están cambiando, qué bueno,
Siempre el mundo será ancho
Pero ya no será ajeno”
(Daniel Viglietti, “Cielito de los muchachos”, fragmento)
Y así nos cantaba Viglietti por aquellos años, y su canto, como lo descrito por la misma novela del Peruano Ciro Alegría, a la que también el cantor hace alusión, sigue igual de actual.
Capaz que el cambio es diferente, o no, a como lo pensamos, pero cambiante al menos en sus formas esenciales. El “capaz” o “tal vez” es probable que incluya hoy cambios esenciales, cosa que no sabremos sino hasta dentro de una o dos décadas. Porque a pesar de la peligrosidad del momento, ponemos la esperanza siempre en la vida. Porque aunque de guerra climática se esté hablando, proyectos como H.A.A.R.P. mediante, sequías en Irán y cambios de nubes, ciertos o no, lo que sin dudas es cierto, es el peligro de desastre nuclear. Pero igual repetiremos, una y mil veces, que ponemos la esperanza en la vida.
Se trata de cambios tan trascendentales como la caída del imperialismo yanqui que ya se vislumbra, o sea de ese cambio de época que estamos transitando, desde un mundo unipolar a otro multipolar, con estocada de muerte al patrón dólar y al poderío, incluso militar, del imperio de turno. Ya no es solo Irán, como muestran los trabajos, en este mismo medio publicados, de Carlos Fazio y otros comunicadores, también fue o está siendo, la guerra que en territorio ucraniano la OTAN y EEUU desataron contra Rusia. De hecho, ambas guerras son contra China, en tanto que aliados de ese mundo naciente, con los BRICS+ como agrupación no imperial, o de no subordinación geopolítica por el momento.
Por ahora esos cambios no parecen tener efecto inmediato en una América Latina colonizada, “patio trasero” como nos sigue llamando el imperio, en una Patria Grande hoy fragmentada y débil.
Pero las cosas suelen cambiar más tarde o más temprano. Cuba es ejemplo de ello. Cuba no tiene petróleo, solo tiene dignidad soberana, causa de una peligrosísima amenaza. Sin embargo, cuando pregunto sobre el tema en la calle, me contestan que “están acostumbrados”, que “llevan más de 60 años así”, y que “habrá que ver a qué tocamos”, atreviéndose a desafiar a un gigante como si tal cosa. Saben (y lo dicen) que están corriendo tanto peligro o más que en tiempos de Girón o de la Crisis de octubre. La calma contagiosa es lo que cunde, porque si se atreven aquí los esperamos preparados y preparadas para lo que sea.
Y sigue el canto, la música, el día a día de la escuela y el trabajo, resistiendo a la falta de transporte, a los apagones. “Ahora que vino el barco ruso, mejor que pongan la luz unas 5 horas nada más… para ahorrar” me decía una amiga desacostumbrada ya al fluido eléctrico por tantas horas.
En lo personal creo que ahora se ven más fuertes que hace unos meses, cuando vinimos para participar en un evento de FDIM. Es que cuando el enemigo se radicaliza, es lógico que un pueblo en Revolución se radicalice también como respuesta.
El pueblo firma por la paz y en apoyo a la Revolución por aquí y por allá. Se moviliza así en los distintos centros de trabajo, formas creativas de mostrarse en momentos que resulta difícil trasladarse de un lugar a otro, por la falta de combustible.
Mientras escribo esta nota, precisamente la entrañable Casa de las Américas cumple 63 años. Esa Casa de Haideé Santamaría, de Mario Benedetti, de Galeano, en donde vi por última vez en Cuba cantar a Daniel Viglietti y homenajear a Raúl Sendic, pocos días después de su muerte en abril de 1989. Casa que como dicen otros compañeros/as es “la que resiste en alto en medio de la guerra”. Felicidades pues desde Mate Amargo, un agradecimiento infinito, y más que larga, infinita vida a su creación, porque de alguna manera, ella es nosotros, es la creación, es la vida.
Para el 1ero de mayo, les prometemos una cobertura desde la misma movilización en La Habana.

(*) Gabriela Cultelli, Licenciada en Economía Política (Universidad de La Habana), Mag. en Historia Económica (UdelaR), escritora, columnista y Directora de Mate Amargo. Coordinadora del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (REDH)
(**) Foto de portada de la autora, La Habana abril 2026