Por Gabriela Cultelli (*)
Dibujo Adán Iglesias Toledo (**)
Estar aquí y ahora en Cuba, en esta Cuba de y con Fidel, nos honra como pocas cosas en la vida. A unas horas de cumplirse un aniversario más de la primera derrota del imperialismo yanqui en América Latina en Playa Girón, recordamos con el puño y el corazón apretados a los 156 cubanos que cayeron combatiendo hace ya 65 años, por todas y todos nosotros. Honor y gloria a los compañeros, hoy más que nunca en el año de centenario de Fidel, hoy más que nunca que, si se atreven, alzarán sus brazos nuevamente para defendernos. Gracias, Cuba, gracias, compañeros, compañeras.
Antes de abordar algunos elementos de la guerra híbrida actual contra nuestros pueblos, conviene recordar el marco en que ella se gesta y desarrolla. Se trata de un cambio de época signado en primer lugar, por la caída del imperialismo yanqui, el que logró una breve fase de prepotencia universal a partir de la década de los años 90 y con la caída del campo socialista, apareciendo ese mundo unipolar que hoy cede, por el devenir de los acontecimientos, ante un mundo multipolar que se va imponiendo, y que aquí, en esta región latinoamericana y caribeña, poco vamos a ver de tal gigantesco cambio, si como todo parece indicar ahora y salvo honrosos casos (Cuba por ejemplo), nos sometemos al destino impuesto de “patio trasero”, o área de influencia a la que el imperio se abraza con uñas y dientes.

Una de las características principales del cambio de época o caída del imperialismo Yanqui tal cual lo conocemos, la segunda que aquí expresamos, viene dada por una poco común caída de las tasas de ganancias, que puede incluso medirse con claridad en los países centros, recomendando en estos casos, el estudio de la labor desarrollada desde las propias cuentas nacionales, por el economista inglés M. Robert, o el trabajo del también economista, H. Tajam, que desde años atrás, estudian el fenómeno base, o sea los ciclos de las crisis capitalistas, en este caso cada vez más cortos, e incluso con grados de agudeza extrema en tanto que crisis multifacéticas, como lo fue la mal llamada crisis del covid-19 o de la pandemia, porque además de una crisis económica que se presentó en 2019, no por casualidad estalló la pandemia un año después, con el desplome en términos económicos sucedido. Muchas de las grandes economías caían a niveles similares a los de la gran crisis del 29 al 33 del siglo pasado, preámbulo del fascismo y la segunda guerra mundial, o nuevo y necesario reparto capitalista del mundo. Antes de la crisis 2019/2022, como preámbulo, se sucedieron las crisis de 2008/2009, y 2014/2015 que sacudieron las estructuras capitalistas derivando en mayores grados de concentración de la riqueza, hoy mundialmente entendida, a la par que un mundo multipolar nacía y tomaba cada vez mayores bríos.
Otra de las características (la tercera en este caso) que explica la nueva época, son las nuevas formas de capital que surgen como ejes o patrón de acumulación, dominando incluso y por diversos mecanismos a otras formas de capital, a gobiernos y otras estructuras mundiales. Nos referimos al narco capital aún desde las sombras de lo ilegítimo, que trasladó su locus geográficos desde la periferia hacia los grandes centros mundiales. Pero sobre todo nos referimos al capital digital y dentro de ello al capital comunicacional que aún sostiene el poder del imperio. Los 7 magníficos, por ejemplo, 6 o 7 de las 10 principales fortunas norteamericanas pertenecen a este sector de la producción inmaterial. ¡Qué tanto más hubiese escrito Gramsci si hubiese vivido en estos tiempos! ¡Cuánta falta hace retomar sus lecturas a la luz de los nuevos acontecimientos! Es el Capital digital, la robótica y el Capital Comunicacional, son las formas características de este cambio de época enmarcado en los avances tecnológicos, y tal vez en una nueva Revolución tecnológica que viene de atrás en el tiempo, pero que se proyecta aceleradamente en el presente y hacia el futuro. Construcción, pero sobre todo destrucción salvaje del medio ambiente y la vida.

Decíamos antes y ahora lo marcamos como una cuarta característica, dada por el mundo multipolar que está naciendo, y que en definitiva se muestra detrás (o delante) de las últimas guerras provocadas por EEUU en ese intento desatinado a veces, en tanto que desesperado, de no perder poder. Y así se sucedió, y entre otras, la guerra de la OTAN y EEUU contra Rusia utilizando territorio ucraniano, y no les fue tan bien como esperaban al menos, y así está transcurriendo la guerra de EEUU e Israel contra Irán, donde parece que tampoco les está resultando tan fácil.
Si miramos las tasas de crecimiento de los BRICS en comparación con el poco más de 2% que marca la de EEUU, vemos que por ejemplo China, crece y a pesar del enlentecimiento de su economía, a un 6,4% promedio desde el 2008 al 2025 (Datosmacro), y de forma similar lo hace la India, mientras que la evolución de la producción de los otros fundadores de los BRIC resultó menos destacada, aunque Rusia y a pesar de la guerra creció en más de un 4% entre el 24 y 25.
Ese mundo multipolar se expresa además en el comercio mundial, su peso y sus tendencias crecientes, en el avance tecnológico de punta dejando atrás al viejo continente y a los propios EEUU, y en el declive del patrón dólar que parece no tener vuelta.
En quinto lugar podría señalarse un nuevo reparto del mundo donde, como dijimos, desde nuestro continente no parece haber otro cambio en el corto plazo que el advenimiento del fascismo en sus nuevas formas y el avance de las derechas por aquí y por allá. No sé si el ejemplo más tétrico es Perú, o al menos impresiona cómo luego de sucederse un golpe de Estado con medio centenar de muertes o más, vuelve la derecha por vía electoral. Similares sucesos tenemos en Argentina, Ecuador o el propio Bukele en el Salvador, entre otros. Debilidades del progresismo, sin dudas, pero avance de la derecha que se fortalece robando nuestro propio discurso.
Se trata de la Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno de EE.UU. donde uno de los tres elementos estructurantes es la apropiación de los bienes comunes geoestratégicos para volcarlos a la industria bélica, los combustibles fósiles y la digitalización, donde América Latina y el Caribe, con su abundancia en recursos naturales, se vuelve protagónica para el sostén del imperialismo estadounidense, que no puede permitirse la menor fisura.
Pero la guerra no es solo de bombas, la industria militar no es la única que se fortalece en todo esto, aunque parece reforzar su peligrosidad al mejor estilo keynesiano, en los marcos de estas crisis que parecen asfixiar al capital en su propio terreno, con manifestaciones internas a las que ya no estabamos acostumbrados. El círculo vicioso (no virtuoso) cada vez se cierra más, no solo porque lo que se produce requiere ser consumido para completar el proceso de creación, comercialización y consumo de plusvalía, y el consumo en el caso de la industria militar es la guerra, sino porque no es la única industria ni producción que existe. Son estos de los momentos más peligrosos que ha vivido la humanidad a lo largo de su historia: Hitler y la Alemania nazi no llegaron a tener bomba atómica, Trump y EEUU hace rato que la tienen.
La llamada industria del conocimiento, y la industria de las comunicaciones se suma a todo esto. Se trata de adormecer los sentidos, confundir las realidades, opacar las inteligencias colectivas de las grandes masas, y aquí permítanme destacar los textos de Fernando Buen Abad, el lenguaje de los signos, el mensaje de dominio, el pensamiento y el ser, colonizados.

La Solidaridad en tiempos de debilidad
La solidaridad nos fortalece, se ejerce desde lo colectivo y solo así tiene fuerza. Se trata de salvar al otro, salvándonos; o salvándonos al salvar al otro, y esto no es un trabalenguas, es una constatación en el caso de Mate Amargo, de un medio inserto en las luchas de su pueblo. Y es parte de eso mucho más grande que se da a llamar comunicación popular, o al menos a eso apunta
Es la hora de los pueblos, decía Petro, volviendo una y otra vez a la frase de Artigas: “Nada podemos esperar si no es de nosotros mismos”, porque, como decía Martí a fines del siglo XIX, “Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz”. Es por tanto la hora de todos nosotros, de tejer y entretejer coordinaciones, redes, también en el ámbito comunicacional, o sobre todo en ese ámbito, donde en estos tiempos de guerra se juegan los sentidos y por tanto el accionar cotidiano y futuro.
Ese abrazo gigante que implica la solidaridad, comunicar, educar pensando, o pensar educando como términos dialécticos y colectivos, pueden ser elementos que permitan no ver más que luz mañana. Es la hora de movernos en búsqueda de grandes unidades antimperialistas, y por tanto antifascistas, si queremos la paz
(*) Gabriela Cultelli, Licenciada en Economía Política (Universidad de La Habana), Mag. en Historia Económica (UdelaR), escritora, columnista y Directora de Mate Amargo. Coordinadora del Capitulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (REDH)
(**) Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capitulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos, y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales y ha sido premiado por más de 40 veces en su país y otros países.