Por Claudia Suárez Delgado (*)
El pasado 5 de setiembre se celebró el Día Internacional de la Mujer Indígena.
Esta fecha es conmemorada desde el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América realizado en Tihuanacu, Bolivia, en 1983. La fecha responde al asesinato de Bartolina Sisa, el día 5 de setiembre de 1782.
Ella había nacido en Cuzco, Perú, el 24 de agosto de 1753, luchadora de los pueblos indígenas, Aymara Quechua, de Los Andes. Su lucha aun invisibilizada, al igual que la historia de nuestras mujeres originarias, nos obliga a rescatar y traer a la memoria sus historias y legado. Charlamos con Noelia Lagos, estudiante de Tecnólogo en diseño de circuitos turísticos sustentables en la UTU.
Nos cuenta : Me vinculo al movimiento indígena en el año 2020, a través de la organización del primer encuentro intercultural antirracista organizado en conjunto con FSM afro (federación sindical mundial asuntos afro) en octubre del mismo año, en el marco del 11 octubre en conmemoración del último día de libertad de los pueblos originarios. Desde ahí me sumo a la comunidad jaguar berá, perteneciente al conacha (Consejo de la Nación charrúa). Desde ese año he continuado en la lucha por la visibilización de nuestro pueblo con el objetivo, además, de visibilizar la «otra parte de la historia» que no nos cuentan. Crecimos con la historia del «país sin indios», la historia contada por los «vencedores» y que al día de hoy varios sectores políticos siguen repitiendo el mismo discurso negacionista.

Le pedimos a Noelia que nos cuente más sobre CONACHA:
Conacha se funda en el año 2005 y en la actualidad son 6 comunidades que integran el Consejo. Si bien cada comunidad tiene su autonomía y hace diferentes actividades, la mayoría de las veces las hacemos como CONACHA. Nos reunimos en asamblea general más o menos 3 veces y después más seguido se reúne el consejo directivo. Este consejo se compone de presidente, vice, secretario, tesorero, vocal y suplentes. Esto es más bien porque tiene personería jurídica y se obliga a esta conformación.
El año pasado fueron los 20 años de CONACHA y lo celebramos en una acampada en el cerro Arequita. Existe dentro la escuela Esichai (Escuela Intercultural Charrúa Itinerante) dónde se brindan talleres de historia, plantas medicinales, huerta, etc. (No siempre, pero estamos tratando de que sean talleres permanentes).
Celebramos todos los años, en torno al 21 de junio, el año nuevo indígena con ceremonia, el día de la mujer indígena el 5 de setiembre, en torno al 11 de abril hacemos la acampada en Salsipuedes en homenaje a nuestros ancestros. También estamos trabajando para la ley de reconocimiento, en conjunto con otras comunidades que no pertenecen a CONACHA, así como realizando reuniones con DDHH de presidencia y formamos hace unos años el área indígena del PIT-CNT dentro de la secretaría de DDHH. También estamos ahora armando actividades para el Día del Patrimonio”.
A su vez se apoyan proyectos puntuales como el del profesor de dibujo y estudiante de Bellas Artes Patricio Saavedra, que realizó una muestra con nuestros rostros, ya se presentó en las Piedras, en el Museo Antropológico y en estos momentos está en el Mumi (Museo de la Movilidad y las Identidades) y espera continuar itinerando por diferentes ciudades del interior del país. Este proyecto se acompaña con un conversatorio en el lugar, brindando un espacio para intercambiar sobre los pueblos originarios, su cultura y los procesos de borramiento que se han realizado.

El proceso de toma de conciencia de la identidad indígena y el derecho a militar junto a otras personas que se reconocen también descendientes, es un proceso que ha sido lento en Uruguay. Le preguntamos a Noelia como fue el suyo.
Desde niña yo era consciente que había familia indígena, pero fue tanto el silencio que recién de grande pude comenzar a preguntar, con muchas dudas. Si era como pensaba, si me iban a responder o si me dirían que nada se sabía. No crecí con ese mito repetitivo, mi madre siempre me habló de los charrúas, conocía la historia de los «últimos charrúas», sabía que el Mburucuyá era una fruta nativa que ellos comían. De niña me sentaba en la planta que teníamos en la casa donde me crié y era feliz diciéndome «estoy comiendo la fruta que comían los indígenas!”. Para mí ese simple acto era muy importante, me sentía parte de ellos. Estuve muchos años de vida en la búsqueda, en diferentes etapas de mi vida, me apartaba de la lucha por frustración o mismo la vida me llevaba para otro lado, pero siempre volvía, había algo en mi que me pedía no abandonar.
En el 2008 comienzo con más ganas, pero sabía que a mi abuela materna ya no podía preguntarle, ella comenzaba con su Alzheimer, me seguía haciendo preguntas a mí, buscaba rasgos físicos, no me los encontraba, buscaba en internet, había muy poco. Me frustraba de nuevo. Pedía que me regalaran libros para ver qué podía encontrar o recuperar. Leía de huellas, de dientes en pala, de la mancha mogólica, pero como hacía yo para ver que algo de eso estuviera en mi cuerpo físico?
Retomo a los años, encuentro los mismos datos y ahí comencé a preguntar a mi madre, mi tío y mis tías…Poco se sabía, pero ese poco me abrió más que una puerta, me abrió mi alma, sabía que estaba en mi sangre y mi mente era la que cuestionaba todo. Mi madre también tenía el mismo interés de saber que yo, la recuerdo mirando la credencial de mi abuela con una sonrisa porque habían huellas indígenas, pero quedó en esa, ella no siguió buscando, ella seguía transmitiendo esa identidad en total silencio. Supongo que sin saber que a una de sus hijas eso le iba a llegar tan profundo para seguir rearmando nuestra identidad. Me enteré que nací con la mancha, que las credenciales de mi abuela, mi madre, tías y tío están las huellas verticilos, también en mi dedo índice, me comentan que mi tatarabuela era una india comadrona, me entero que la abuela y bisabuela de mi abuelo materno también eran indígenas, que mi padre que siempre supe de su familia italiana, tiene huellas afro e indígenas.
Tener huellas o haber nacido con la mancha no es un factor determinante de la ancestralidad, tenerlo es una confirmación, pero no tenerlo no significa que no lo seas, solo que heredaste las huellas caucásicas. Desde ese momento y en el ingreso a la comunidad voy aprendiendo cosas como algunos rituales charrúas, ceremonias, y que somos muchas personas que tenemos la memoria fragmentada, que muchos y muchas no tenemos la memoria oral que quisiéramos, que buscar nuestras raíces te va llenando vacíos y que el dolor que sufrieron nuestras ancestras no puede quedar en el olvido.
Noelia hace énfasis en la importancia de “terminar con el mito del país sin indios”, todas las personas que hemos sido escolarizadas en Uruguay recibimos el relato que se exterminó a todos pero no solo eso, sino que el desarrollo cultural, espiritual y artístico de los grupos originarios era nulo. Sosteniendo con esto el relato que debemos todo nuestro acervo a las comunidades europeas que fueron llegando con la colonización o en un segundo momento huyendo de Europa por razones políticas o económicas.
“Sabemos que somos una mezcla forzada, pero nacimos en territorio charrúa y la sangre que pesa es la nativa, no la italiana por ejemplo. El Estado como Estado Nación se gestó sobre un genocidio y eso hay que saberlo, Salsipuedes no fue una guerra, no fue porque los charrúas eran «bravos, salvajes, etc», los llevaron engañados con la mentira de defender el territorio de los brasileros. Los tenían que «exterminar» porque no encajaban en la nueva sociedad capitalista y patriarcal que se estaba formando. Fue un engaño, y con ello repiten ahora que en Salsipuedes se terminaron, pero no cuentan que muchos no fueron porque no confiaban, que hubieron más batallas después, que a las mujeres y niñeces las trajeron a pie desde allí hasta Montevideo (400 km más o menos), que muchas fueron entregadas en el camino, en Durazno, Santa Lucía y Canelones.
Que otras tantas llegan al cuartel de dragones en Ciudad Vieja y son repartidas en las casas de las familias pudientes como esclavas domésticas, que las niñas y niños fueron repartidos también. Que el genocidio se siguió gestando en las mujeres con la pérdida de identidad, con un silencio obligado como única forma de sobrevivencia, les quitaron sus hijos, les quitaron su familia, sus compañeros. Las obligaron a parir hijos de los blancos (violaciones sistemáticas) con el fin de blanqueamiento y de ir perdiendo identidad”.
La importancia de conocer la historia, romper con el relato negacionista y que vuelve a nuestros pueblos ancestros como ajenos, convirtiéndolos en imágenes de libro, folklorizadas.
Nos dice Noelia: “Para mí no es solo rescatar la espiritualidad que en sí también es muy necesaria, recuperar nuestras costumbres, nuestros rituales, nuestra medicina natural, es también generar conciencia en la historia, interpelarnos, ¿qué historia me contaron? Hasta dónde creo que esta es la verdad? Es recuperar nuestra memoria rota, es darle voz a quienes tuvieron que resistir todas las formas de violencia.
Este proceso de rescate de la historia y enunciación no puede ser realizado solamente a iniciativa y esfuerzo de la comunidad, el Estado debería tomar un protagonismo reparatorio al respecto.
A nivel legislativo en Uruguay solo tenemos la ley de Declaración Del «Día De La Nación Charrúa y de La Identidad Indigena», le consultamos qué impacto a tenido y qué otras acciones entienden necesarias por parte del Estado
“Si, la ley 18.589. la única que hay y que poco se lleva a cabo, tiene sólo 2 artículos, el primero reconoce el 11 de abril como día de la Nación charrúa
El segundo dice que en torno a esas fechas el poder ejecutivo y la ANEP deben realizar acciones para la visibilización. No se cumple, y en el gobierno anterior menos todavía ya que quitaron del sistema educativo todo lo relacionado al tema y hasta geografía uruguaya. Lo bueno es que este gobierno cambió esa reforma educativa y debe tratar el tema, la historia y la actualidad. En estos momentos estamos en un proyecto de ley de reconocimiento de la población indígena del Uruguay, tiene por ahora unos 5 artículos para ser tratados en el senado”, pero Noelia es escéptica y plantea que hay sectores que siguen negando sus derechos y existencia.
Dentro del programa del FA se recogen los reclamos de los pueblos originarios, “algunos Inchalá (hermanos/as) pudieron participar de las mesas y del plenario. Dentro de ellos plantean la ratificación del convenio 169 de la OIT que solo Uruguay y Surinam no lo tienen ratificado. El convenio trata de los derechos de los pueblos indígenas”.
En este momento se está gestionando poder instalar una placa como homenaje a las mujeres que fueron traídas desde Salsipuedes a Montevideo. Una parte sustancial del borramiento y desvinculo de la población uruguaya con sus orígenes, su cultura e historia tienen que ver con ajenizar los relatos, que nos resulten extraños, cosas que pasaron en lugares y tiempos muy lejanos a nosotros.
Nos explica Noelia cómo vienen gestionando la instalación de la placa con la Intendencia de Montevideo.
Se realizó con la secretaria étnico racial de la IM. La placa ya está hecha, pero por trámites ajenos a nosotros no salió el año pasado, de todas formas hicimos allí el acto simbólico, este año también, aunque la placa sigue sin estar colocada.
Ahora se está viendo el tema del lugar de colocación, después debería pasar al Municipio B para su aprobación para que al final pase a votación a la junta departamental.
“En el cuartel de dragones estuvieron retenidas 94 mujeres, 43 niños de pecho y 23 hombres. Los hombres fueron enviados a los barcos sin poder volver, las mujeres fueron repartidas a las familias el 3 de mayo de 1831 por orden del ministro José Ellauri. Los niños a orfanatos”.
Se propuso inicialmente ubicar la placa en ese espacio, el cuartel de Dragones en Sarandí y la rambla, en este momento se está negociando con la intendencia en qué espacio poder ubicar este recordatorio de nuestra historia.
(*) Claudia Suárez Delgado es licenciada en Psicología, ceramista, especialista en Gestión Cultural, militante en organizaciones de la economía solidaria, feminista, integrante de la Red de intelectuales y artistas en defensa de humanidad (REDH) y de la Fdim, parte del colectivo Libertadoras antifascistas.uy