Por Ricardo Pose(*)
Cuando el dirigente derechista Luis Lacalle Pou triunfó en el balotage de noviembre del 2019, y ante la derrota de la reforma “Vivir sin Miedo”, una propuesta de militarización de la Seguridad Pública, anunciaba por parte de uno de sus voceros, el senador Jorge Gandini, que una de las políticas de seguridad iba a ser el control de la población, enfocado en aquellos que por su forma de andar y vestirse tuviera “apariencia delictiva”.
Esta visión estrictamente clasista y aporofóbica, desconocía que en su política sesgada de clase, en la sociedad uruguaya siguen operando las mismas lógicas en el mundo del delito, tanto espera un ladrón acechando en una esquina oscura de Montevideo o detrás de un escritorio jurídico, vestido de impecable traje y corbata.

Deuda
Desde que los seres humanos realizan intercambios, incluso antes de la aparición del dinero como valor de cambio, que existe la práctica del Préstamo y la generación del concepto de Deuda.
El desarrollo del sistema bancario instaló en la sociedad el concepto (y la práctica) de que de todas las transacciones humanas, el Préstamo financiero (y las deudas generadas del mismo), no sólo son las más importantes sino que terminan rigiendo la vida de las personas, o de las naciones.
Tanto así que si le preguntamos a la IA, encontraremos que “la deuda es una obligación financiera o compromiso de pago que una persona, empresa o gobierno (deudor) contrae con otra parte (acreedor) para devolver una cantidad de dinero prestado, generalmente con intereses, en un plazo establecido. Representa un pasivo y un mecanismo para obtener financiación inmediata”
La palabra compromiso no es casual, impone una categoría moral porque se supone que en el vínculo que hizo posible la transacción, se pone en juego la confianza, la actitud ética de devolver lo prestado.
La evolución institucional de las sociedades, y entre ellas las encargadas de administración de la Justicia, resolvió la Justicia Civil (aunque en verdad su naturaleza es la defensa de la propiedad privada) para mediar en los diferendos entre préstamos y deudas, pues había que encontrar un sistema donde el cobro de la deuda no se realizara por la fuerza, porque incluso -como veremos más adelante- la generación de deuda puede ser y es una estrategia del prestamista.
El Código Civil de Uruguay regula las deudas (obligaciones) principalmente en su Libro Cuarto, estableciendo que pueden ser pagadas por el deudor, un fiador o un tercero, incluso ignorándolo el deudor. Las deudas pueden extinguirse por pago, remisión (perdón), o prescripción, y la ley protege la integridad del patrimonio, (N de R.: esto implica que tu patrimonio no termine siendo rapiñado por los acreedores).
Entre otras definiciones, el Código establece la prescripción de la deuda, los plazos tras los cuales las deudas ya no son exigibles judicialmente. La Central de Riesgos del BCU no publica deudas con más de 15 años de vencimiento o ya prescritas.
Contra todo esto, varios estudios jurídicos uruguayos se ponen al servicio de los acreedores para cobrarse las deudas, incluso yendo contra el patrimonio personal, actuando por fuera de la Justicia Civil. Una suerte de policía que condena a una persona por un delito, sin que llegue al juez.
El negocio es la deuda
El sistema se presenta como “bondadoso”, disfrazando su naturaleza de solo pretender obtener la máxima rentabilidad mediante la generación de deuda; por un lado cada vez hace más sencilla la capacidad de endeudarse (exige menos ingresos, aumenta la cantidad de cuotas, reduce la tasa de interés), al tiempo que trabaja sobre el concepto “moral” de la devolución y de lo justo de que el sistema cobre un plus valor sobre el monto prestado.
De alguna manera, dicen los ideólogos del préstamo, a nadie se le obliga a pedir prestado, y todos son conscientes que voy a pedir -en la devolución- los riesgos corridos por la inversión.
Esto parte de una estafa original que reside en el sistema bancario, primigenio del resto del sistema financiero, pues el capital que se declara patrimonio del banco es el producto de la suma de los patrimonios de los ahorristas, que el banco gestiona y administra.
La otra estafa es, que el negocio de este capital no es el préstamo, por más pomposos nombres y campañas publicitarias que pretenden, para los incautos, casi acercarse a la filantropía.
El negocio no es prestarte plata o acceder a determinados bienes materiales, desde una tostadora a un campo, sino que debas. Si eres un buen pagador la financiera seguirá negociando con la devolución de tu préstamo en la que están incluidas la tasa de retorno, y cuando cumplas con el pago le habrá quedado un importante margen de rentabilidad.
Las tasas de interés de las casas de crédito varían según el producto, pero en promedio rondan una Tasa Efectiva Anual (TEA) de 85% para compras en pesos con tarjeta y del 39% al 87% para préstamos personales.
El artículo X que compraste según te ofrecieron en cómodas 12 cuotas, te lo vendió a un costo de mil pesos; sin dudas en otros sitios lo encuentras más barato, pero tenías que pagarlo en una sola vez o en efectivo.
Doce cuotas, doce meses, un año, si no te atrasas, pagarás finalmente tu producto en 1870 pesos, casi el doble del precio ofrecido, y esto hay que tenerlo en cuenta porque el costo de mil pesos era un fetiche, una vez realizada la compra, ese valor no existe más.
Pero supongamos que no pagas en fecha, allí la mayoría de las empresas aplican una multa por atraso dentro de las primeras 48 horas de 50 UI (Unidad indexada), hoy a $6,55, que aplicada sobre el total de los $1870 son $12.248,50 y aplicado sobre la cuota mensual de $155,83 ($1870 a doce cuotas), son $1.020 en el mes.
Pero si no pudiste pagar, la mora es del 99%. Pasaste de una deuda de $1870 a casi $3740, que en la medida que pase el tiempo seguirá creciendo.
Y esto no es un método de expropiación solo a escala vecinal, es la estructura de un sistema financiero que somete personas y naciones, una lucha que es tan abarcable como la propuesta de Fidel Castro a mediados de los 80’ del No pago de la deuda externa, como tu abuela, que ahora está a punto de ser rapiñada, por distinguidos abogados.
Patoteros perfumados
En Uruguay, uno de los principales promotores del acceso al crédito para los sectores humildes ha sido el ex ministro de Cultura del gobierno de Lacalle Pou: Pablo da Silveira, que tiene un buen conocimiento del sistema por ser uno de los principales accionistas de una de las más importantes empresas financieras de crédito uruguaya.
Hombres y mujeres amables y de buena performance en locales agradables y bien iluminados, con una constante campaña en los grandes medios de comunicación, realizan la puesta en escena para que la gente sienta que en la decisión de ingresar al mundo de la deuda, halla la felicidad que le provoca el consumo.
Pero no todos los deudores consumen cosas banales.
Luisa no ha tenido mucha experiencia con el manejo de los préstamos, pero la primera vez que no pudo pagarla a una tienda donde compró ropa, que coincidió con la muerte de su esposo, el que traía los ingresos del hogar, al tiempo recibió un cedulón de un juzgado civil.
Años después, cuando el ingreso era la pensión que cobraba y la deuda fue por unos libros que compró para el estudio de su nieto, antes del cedulón se enteró que había ingresado en el clearing, un registro de deudores del sistema financiero para que no pudiera sacar nuevos préstamos y realizar algunas transacciones. Sistema que tiene y cruza todos sus datos, increíble en un país donde el secreto bancario es casi una religión.
Pero ahora Luisa está horrorizada, porque su vecina Norma, le cuenta que hace una semana que ya no puede casi ni dormir.
Estaba esperando que fuera el lunes para ir a refinanciar una deuda que era consciente tenía con una casa de crédito, que solo usaba para comprar alimentos a pago diferido, cuando recibió una llamada de alguien que se presentó como el abogado tal, del estudio jurídico cual, en nombre de la casa crediticia.
La llamada pretendía saber los motivos de la deuda y de cómo iba a pagarla, y que el posible convenio de pago junto con la casa de crédito, debía hacerla con el estudio de abogados, pues ahora también les debía a ellos.
“Me hablaba como si fuera una delincuente” se queja Norma, que hace una semana, además, recibe -al menos- una llamada por día de ese estudio jurídico.
Al 2025, alrededor de 800.000 personas (en promedio menores de 35 años) en el sistema financiero tienen dificultades de pago, lo que representa el 40% de los deudores totales. El endeudamiento, impulsado por tarjetas de crédito y consumo, genera «estrés financiero».
En Uruguay no se puede ir a prisión por deudas, según el artículo 52 de la Constitución. Sin embargo, el acoso de estudios jurídicos a deudores opera como un perfil represivo.
Las deudas en Uruguay suelen prescribir a los 10 años, tras lo cual no se pueden realizar acciones judiciales, aunque el registro de la deuda puede persistir y el sistema crediticio (junto a los estudios jurídicos) te pueden hacer la vida a cuadritos durante 10 años.
GM GROUP es en Uruguay una de las principales empresas de “recuperación”, una suerte de caza recompensas del siglo 21 en las onduladas llanuras rioplatenses.
Sin ningún tipo de desparpajo, explicita en su página web, que realiza extra judicialmente “una cobranza preventiva que inicia días antes del vencimiento de un crédito y abarca hasta los 30 días posteriores”.
Si esto falla, “existe la posibilidad de recuperar su cartera vencida en un contexto de negociación personalizada, oportuna y ética” (lo de ético corre por cuenta del diseñador de la página web claramente).
Si esto también fallara, “una vez agotadas las oportunidades del acuerdo extrajudicial, puede procederse al inicio de acciones judiciales para el cobro de una deuda” (al fin muchachos algo de institucionalidad que tanto tiempo le costó a la humanidad encontrar).
Como el negocio (al menos lo dicho públicamente) de ésta empresa es cobrar una comisión si logra la recuperación, es que te siguen hasta abajo del agua para cobrarte, no importa si con lo que le pagas excede el valor de la deuda y te hacen vender el auto u otros bienes.
Forman parte de una lista no completa, Aguirre Ramírez, JBB (Javier Barrios), Bustamante & Asociados y Estudio Cabillón.
Otro camino
La izquierda se perdió la oportunidad (pero aún está a tiempo) de librar una batalla ética contra el sistema financiero y hacerse portavoz de los sectores más humildes y castigados por el régimen.
Miró con desconfianza la propuesta de reforma del ultraderechista sector de Cabildo Abierto en su campaña por una “Deuda Justa”, por marcar un perfil que aspiraba tuviera redito electoral, pero sacrificó, una vez más el rédito social.
Una visión miope además, porque tanto sectores de izquierda como de ultraderecha tienen en los sectores más postergados, su fuente electoral u social.
Podría haber aprovechado para dotar a esa campaña, de lo que la derecha no le daría, y eso es la organización y movilización social, que fuera hacia una propuesta superadora.
En todo caso, la organización de la autodefensa ante la patota perfumada, es una tarea pendiente.
La solidaridad contra la codicia
Algunos sectores dentro de la izquierda, llevaron adelante una práctica desmitificadora: no es cierto que los préstamos generen por si solo deuda y deba ser una fuente de inversión.
Se puede generar un sistema basado en la confianza, como cuando le prestas plata a un familiar o amigo que está en apuros.
El “Fondo Raúl Sendic”, fue esa propuesta y práctica militante.
(*) Ricardo Pose, es Periodista en: Mate Amargo, Caras & Caretas, Ceiba Periodismo con Memoria; Coordinador WEB Telesur; Columnista de El Otro País, periódico España; y radial en Cadena del sol (Rocha-Uruguay), Radio Gráfica de (Bs. As.-Argentina), Voces en Conversa (Maracaibo-Venezuela). Blog personal «El Tábano». Participa en Foros de debates de Lauicom (Universidad de la comunicación Venezuela). Integra la RedH capítulo Uruguay y la Dirección (suplente) del Sector Prensa Escrita de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU)