Días de trabajo

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(*) Michel Torres Corona
(**) Adán Iglesias Toledo

 

Conocí a Fiona en Caracas, durante un evento internacional contra el fascismo. Era diciembre de 2025 y pocos imaginábamos que, unos días después, tropas estadounidenses invadirían Venezuela para secuestrar el presidente Nicolás Maduro, asesinando en el proceso a decenas de personas (civiles y militares). El mundo era otro, definitivamente, pero el peligro era real —aunque fuese inconcebible el desenlace— y por ello tantas personas, como Fiona y yo, habíamos coincidido, en aras de dar nuestro apoyo a la nación sudamericana que ya entonces estaba sitiada por buques de guerra yanquis.

Fiona vivía (vive) en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, otrora imperio y cabeza del sistema capitalista mundial que hoy es un Estado subalterno más del imperialismo estadounidense. Apenas si cruzamos algunas palabras en inglés, en un autobús, durante una de las largas jornadas de aquel evento. Las barreras idiomáticas no fueron un gran óbice en tanto ella y sus amistades defendían las mismas ideas y principios que mis compatriotas y yo. Intercambiamos contactos y le dije que me escribiera si alguna vez visitaba Cuba.

Así lo hizo. Como parte de una de las brigadas que coordina el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, Fiona y otros muchos compañeros de disímiles países se pasarían unos días en mi país, para conocer de primera mano nuestra realidad y acompañar a nuestro pueblo durante el 1ro de mayo. Cuando me escribió, la invité a la presentación de un libro de poesía, que se realizaría, como cada sábado, en la calle de madera de la Plaza de Armas, en La Habana Vieja.

Llegó tarde y se perdió la presentación. No se lo reprocho: llegar puntual a cualquier lugar en “Cubita la bella” por estos días es complicado. Fuimos a sentarnos en un café cercano, con otras amistades suyas, también extranjeras, que llegaron más tarde aún y nos hicieron el cuento de un taxista que les había cobrado seis mil pesos por un tramo no tan largo. Apenas percibieron mi gesto de asombro, que anticipaba una aclaración o una sugerencia como local, me negaron con la cabeza: “En mi país —aclaró una de ellas, nacida en Ghana pero que también vivía en Gran Bretaña— a veces gasto en bubble tea la misma cantidad. Vale más en manos del taxista”, afirmó.

La inflación es uno de los grandes problemas de Cuba. No empezó con el recrudecimiento del bloqueo por Donald Trump, pero sí que se dispararon los precios de cualquier medio de transporte con la escasez de gasolina. 6 mil pesos cubanos son unos doce dólares. Fiona y sus amigas nos contaron que habían cambiado dinero en el aeropuerto. De nuevo mi gesto de asombro y mi aclaración/sugerencia interrumpida: “Sí, ya sabemos que la tasa oficial está por debajo, pero lo hablamos entre nosotras y decidimos que lo justo era cambiar la divisa con el Estado”. Y entonces fui yo el que pensé: “Vale más así”.

La visita de Fiona y de sus amigas —de todos los que integran las brigadas internacionalistas que viajan hasta aquí para estudiar, trabajar y conocer— tiene particular importancia por estos días: como lo fue Venezuela en diciembre, hoy es Cuba la amenazada con invasión, bloqueo, bombas y demás horrores. Y como mismo se celebró en abril el Coloquio Patria, que reunió a periodistas y comunicadores de todo el mundo, que jóvenes como Fiona puedan volver a sus hogares y esparcir la verdad de Cuba es vital para contrarrestar la propaganda anticomunista, ese arsenal más pernicioso que la pólvora.

A ellas, mientras degustamos café, no tengo que edulcorarles la realidad: la han asumido, la comprenden, incluso aunque no la padezcan a diario. Vinieron a permanecer en mi país en condiciones muy alejadas de su estilo de vida europeo, vinieron a padecer los mismos apagones que han disminuido un poco, gracias a Rusia y sus 700 mil barriles de petróleo, los únicos que han entrado al país durante todo el año.

Un deambulante se acerca a la mesa a pedir dinero y yo les explico que hace diez años cosas así rara vez sucedían. Pero han sido tiempos difíciles: las 243 medidas de renovada agresividad de Trump en su primer mandato, el gobierno de Biden y su cínica tibieza para no cambiar en absoluto la política hostil contra nuestro país y luego el regreso del trumpismo a la Casa Blanca. Dice un refrán que segundas partes nunca fueron buenas y esta ha sido una ratificación histórica.

“Pasar trabajo”, le llamamos los cubanos a momentos así. Y, en vísperas del 1ro de mayo conversé con Fiona y sus amigas sobre los días de Cuba, todos días de “pasar trabajo”. Es como el chiste que hacen las madres cubanas: ¿para qué celebrar nuestro día si todos los días son “de madre”? Un “día de madre” es un día de “pasar trabajo”, le aclaro a Fiona, a medio camino entre el inglés y el español. Y ya cuando me voy a despedir bromeo diciéndoles que todo mejorará cuando Marco Rubio sea “el dueño de todo esto”.

Ellas ríen. Antes de irme me han confesado que les emociona estar junto al pueblo cubano en un 1ro de mayo. Yo les hablo de los grandes desfiles, de las multitudinarias marchas en las que un millón de cubanos caminaban frente a la Plaza de la Revolución. Este año será un acto más modesto, por obvias razones: en la Tribuna Antimperialista, sin apoyo masivo de transportación; e irán los que puedan desplazarse, los que estén más cerca.

Fiona y sus amigas dicen que ahora odian al imperialismo con más saña. Les respondo que cosas peores han hecho, que obligarnos a hacer un acto por el Día del Trabajo más pequeño no es algo tan grave en comparación… pero para ellas es personal. Les han negado una experiencia única. “Ya volverán otro año —les digo— y celebraremos con todas las de la ley”. Ahí sí no cabe el chiste de Marco Rubio porque en Estados Unidos, donde ejecutaron a los mártires de Chicago, no se celebra el 1ro de mayo.

Para que gente como Fiona y sus amigas pueda volver a una Cuba libre, no subalterna del imperialismo estadounidense, también resistimos… y para que La Habana no sea, como Caracas, una nostalgia.

 

(*) Michel E. Torres Corona, abogado y comunicador cubano, conductor del programa «Con Filo» de la Televisión Cubana. Director del grupo editorial Nuevo Milenio, es además colaborador de varios medios de su país y el mundo.

(**) Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capitulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos, y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales y ha sido premiado por más de 40 veces en su país y otros países.

 

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